Capítulo 1
En aquel Diciembre de 1941, Moscú era nieve,
hielo, tempano, … era un general invierno que
solo comandaba para los soviéticos. Después de tres sangrientos meses
el indomable pueblo de Stalin había logrado frenar la ofensiva nazi
contra esa ciudad. Tanto El ejército
rojo, como los moscovitas alistados
voluntariamente, defendieron con
inquebrantable valor su patria, su
libertad, y sus vidas… La
valentía y el coraje de los bolcheviques era el resultado de sus convicciones y de su propia
educación, los rusos siempre habían sido feroces guerreros, y probablemente lo
serian por siempre.
Ese
Otoño de 1941 sería recordado como el más
crítico y difícil periodo de toda la gran guerra Patria, cuando los nazis, se atrevieron a creer que
podrían atacar al corazón de la Unión Soviética... y salir indemnes de ello.
Quienes osaron con la idea de tomar Moscú, nunca imaginaron que para ello deberían, primero, descender hasta mismísimo infierno rojo.
**********
Al Hospital Militar día a día llegaban cientos y cientos de heridos, sin distinción
de rangos, sexos, ni edades. Todos eran soldados que defendían a la madre
patria. Todos vivían o morían por sus ideales en una heroica lucha por la
libertad.
Al Pabellón Uno, ingresaban los heridos de
extrema gravedad, los heridos penetrantes de vientres o de tórax, los heridos de cráneo, los heridos
con miembros amputados, y los heridos con
quemaduras de rostro, cuello y aparato respiratorio.
En Moscú el invierno se había
adelantado, y con él, la oscuridad y el frio.
Las horas diurnas eran escasa, el sol si es que se le ocurría asomar se
escondía muy temprano. Nada era habitual en ese Diciembre de 1941, nada era
esperado, nada era soportable.
Normalmente la nieve comenzaba a mediados de noviembre en el centro de
Rusia y el frío intenso en la segunda quincena de Diciembre. Pero en
ese 1941, la temperatura a
niveles bajo cero había comenzado mucho, mucho antes. Congelando y oscureciéndolo todo.
Una de esas largas e interminables noches, llego
al Pabellón Uno, un hombre herido de
gravedad, un joven soldado. Podría haber sido un paciente más destinado al área
de los casos extremos, sino fuera por la cantidad de estrellas y medallas que llevabas colgadas en su uniforme.
Evidentemente ese soldado era un oficial de alto rango, alguien que no tenía
por qué estar en ese lugar. Al médico que estaba a cargo esa noche del pabellón
no se le paso por alto ese detalle, ni
tampoco pudo evitar prestar atención a la desesperación que se evidenciaba en
las dos mujeres que estaban a su lado, y menos aún, si una de ellas era su
alumna de inglés, la eficiente y bonita enfermera Serkin. Se acercó hacia el trio y vio que el militar ruso iba perfectamente uniformado,
llevaba guantes, chaqueta larga, pantalones acolchados, gorras de piel con
orejeras y botas de fieltro, muy bien protegido en comparación con lo cientos
de tiritantes pacientes que habían
llegado en los últimos días. Cuando
estuvo prácticamente a su lado pudo
distinguir el emblema en el cuello de los oficiales superiores, y contó cuatro
estrellas en sus galones, era un coronel general del ejército Rojo... Y tenia , aparentemente, una grave herida en su costado izquierdo.
El
curioso médico se realizó de inmediato dos preguntas ¿qué hacia ese
hombre en ese lugar? Cuando los
oficiales de mayor rango eran atendidos en un área de primera línea del
hospital, y ¿cómo podía estar vivo cuando toda su largo abrigo estaba
impregnado totalmente de con su propia sangre?
Se acercó con rapidez, y apoyo sus
dedos a un lado del cuello, para tomar el pulso cardíaco, quiso comprobar él
mismo sus signos vitales. No podía confiar en la enfermera Serkin, porque se la
veía totalmente desencajada.
–Aún vive– y dirigiéndose a su
compañera de trabajo dijo– Enfermera
Serkin, quítele el abrigo, lo llevaremos a la sala de operaciones.
– ¡Claro que vive doctor Lédev!
–exclamo la chica con impulsiva vehemencia. Y lo fulmino con la mirada. “como
se atrevía ese medico a dudarlo, el no moriría, no podía morir”
–Doctor, le pido por lo que más quiera
salve a mi esposo! –le pidió la otra mujer con la voz quebrada.
– ¿Qué le ha sucedido? ¿Cómo llego
aquí? ¿Porque no lo han llevado al piso de los oficiales están mejor preparados
que nosotros? Aquí no hay radiología, y el equipo quirúrgico está incompleto.
–Sus hombres los trajeron aquí… porque
él así lo ha pedido, doctor.–susurro la enfermera.
– ¿Qué lo trajeran aquí? ¿A la sala de
los enfermos extremos y terminales?
–Doctor, solo le ruego que lo salve…
por favor. Salve a mi esposo…–intercedió la otra mujer.
–Es una herida de metralla – le informo
la enfermera Serkin, crispada.
El médico y ella sabían la gravedad del
asunto, conocían que esas heridas solían ser
mucho más graves, en general, que las de bala, pues sus proyectiles son generalmente cortantes y agudos, y realizaban
grandes destrozos. A no ser que el
fragmento de metralla fuera pequeño y la velocidad de penetración escasa.
El Dr. Lédev
corrió la chaqueta y observo.
–Es un orificio sin salida. Voy a
preparar la sala de operaciones, usted encarguese del paciente, hoy será mi asistente quirúrgica.
– Si doctor, eso no hace falta ni que
me lo diga.
La enfermera con el rostro bañado en lagrimas miro al hombre que tenia entre sus brazos, y con las manos temblorosas comenzó a quitarle el abrigo.... La última vez que ella lo había visto fue en el
desfile tradicional de tropas por el día de la revolución bolchevique, que se había celebrado, pese a todo, como
todos los años, un mes atrás, en la Plaza Roja, el
pasado 7 de noviembre. El día en que el ejercito rojo marchaba a combatir a los alemanes...
Cinco horas más tarde, el Coronel Nikolay
Volkov, libraba la batallaba más importante de su vida, y era en la cama de un
hospital.
La enfermera Natasha Serkin le
explicaba a Elena Volkova, el resultado de la cirugía y la importancia de las
próximas cuarenta y ocho horas.
–Gracias a Dios no hay ningún órgano
vital afectado. Se le extirparon las esquirlas óseas sueltas, y se
le ha realizado una extracción minuciosa de
los cuerpos extraños, doy fe de eso. Además se le practico lavados
intensos para desinfectar la herida, con
agua oxigenada y éter, que conseguimos milagrosamente a último momento. Luego se ha cocido lo mejor posible. Lo ideal hubiese sido un pequeño drenaje, pero no tenemos los
elementos necesarios.
– ¿entonces, corre el riesgo de una
gangrena?
–Hemos sido cuidadosos al extremo, pero hay que pedirle a nuestro señor que eso
no ocurra, sino deberemos abrir nuevamente la herida. Son cuarenta y ocho horas a partir de este
momento. Fiebre tendrá, eso es inevitable. Pero hay que controlársela, para
evitar convulsiones. Cuando logremos estabilizarla, recién ahí, podremos
administrarle antibióticos… No podrás
quedarte a su lado Lena, yo me encargare
– ¡No! No puedes hacerme esto, no
puedes. Es mi marido, yo debo estar su
lado, yo debo velar por el.
–Él está en cuidados intensivos, al
lado de personas tan o más graves que él, no pueden permitirte quedarte. Yo soy
la encargada de esa área, y estoy en el turno noche durante esta semana,
déjame a mi atenderlo.
– ¡No!
–Ni siquiera sabrá quien está a su
lado, estará inconsciente, no seas tan necia por favor.
Lena Volkova, levanto la cara, con su habitual altivez, y dijo.
–Solo esta vez, te saldrás con la tuya…
pero eres muy egoísta Natasha Serkin.
Natasha no daba crédito a semejante
planteamiento, estaba acostumbrada a sus palabreríos, pero en ese momento no
estaba para soportarla.
–Lo mejor que puedes hacer por él, es
rezar, rezar mucho… para que logre atravesar estas próximas horas. Dio media
vuelta y se alejó de ella.
Cuando
el coronel abrió los ojos ella, estaba sentada a su lado vestida con su
uniforme de enfermera y una mantilla oscura en sus hombros, escribía con evidente atención sobre su tableta de
informes. Se la veía absorta y
ensimismada en su labor, como quien se esmera en no cometer ningún
error, como quien decide hacer su trabajo con verdadera entrega. Como quien no
estaba en ese instante bajo un ruidoso e incesante bombardeo. Él la conocía, sabía
que ella amaba lo que hacía, sabía que ella, su Tasha, su pequeña mujercita, su
valiente heroína, creía que estaba en este mundo para cumplir un deber, y así
vivía, evitando que la guerra y el destino la consumieran.
Ella pasó la mano por la frente y
acomodo bajo la cofia, un mechón rebelde
de su hermosa cabellera, que él también conocía a la perfección. Color miel
como sus ojos y suave como su piel. Tasha, era la mujer más hermosa que él
había conocido en su vida. Tenía el
cabello rubio casi blanco, como una autentica rusa, sus ojos eran de un penetrantes y profundo tono avellana, sus
rasgos faciales asimétricos, lo cual
hacia que su cara sea armoniosa y se distinguiera del restante género femenino. Natasha Serkin, era preciosa. Y eso nadie
podía negarlo
–Tasha –susurro
–Kolia –dijo ella–con una voz profunda
y suave.
El contuvo el aliento cuando ella se le
acerco.
–… ¿cómo te sientes?
–como si me hubiese atravesado un tren…
¿Qué ocurrió?
–Te
trajeron con una herida… de metralleta, te operamos… ¿no recuerdas?
Hicieron un breve silenció, que fue
interrumpido por un fuerte descarga de bombas.
–Algo recuerdo… ¿Cuánto tiempo ha
pasado? ¿Y a propósito cómo vamos en el frente?
–Seguimos resistiendo… Y hace siete
días, que estás aquí.
– ¡¿Siete días?!
–Así es, estuviste muy mal,… y todavía estas muy delicado. Recién en el día de ayer hemos comenzado a
administrarte antibióticos,…Así que no hables mucho, ni te alteres, no puedes
tener ni siquiera una línea de fiebre más, tu cuerpo no lo resistiría.
–Debo salir de aquí, mis hombres me necesitan…
–Kolia, eso es imposible, ahora deberás pensar en ti. –Y acercándose al él le beso la frente, y muy
emocionada dijo– Yo te necesito, tu hijo te necesita…–luego se enderezo y toco
su vientre.
Y la miro con ternura.
–Mi hijo… aun me cuesta creerlo. ¿Lena…
ya lo sabes? Porque seguramente abra estado aquí
–Claro que ha estado aquí, todo el
tiempo. Y si, lo sabe, me ha visto, me ha preguntado, hemos hablado, y lo más
curioso es que me dijo que ella lo sospechaba, un cotilleo le había llegado
sobre que yo estaba en estado.
El cerró los ojos. Y afirmo con la
cabeza.
–Solo en la noche puedo quedarme a tu
lado Kolia, aquí en cuidados intensivos
no se permiten acompañantes para los pacientes. Pero durante el día, ella lo
mismo se presenta aquí y permanece afuera de la sala esperando que los médicos le permitan verte. Junto a
ella normalmente esta tu hermana, o tu
cuñada, la media hermana de Lena.
El comprendió.
–Y entonces, a ti no te dejan ni
acercarte a mí.
–No. No me lo permiten, pero yo cada
noche estoy aquí tu lado, cuidándote, y eso me alcanza… Kolia, necesito que seas fuerte y que trates
de reponerte pronto. No pienses ni en Lena, ni en mí, solo piensa en recuperarte,…
nosotras sabemos lidiar con esta situación. ¿Está claro?
El asintió.
–Yo recuerdo que cuando me hirieron, cuando me
dieron, sentí que había llegado la hora,
y lo único que quería era morir a tu lado… repetía tu nombre como un loco…
necesitaba verte por última vez.
Ella se mordió los labios, no quería
desmoronarse delante de él.
–Yo nunca voy a olvidar, cuando tus
hombres entraron al hospital llamándome a los gritos y contigo en sus brazos…
nunca voy a olvidarlo, si algo te pasaba, no sé si lo hubiese resistido… –y
ella le acaricio el rostro– mi guerrero de ojos azules… nunca más vuelvas
hacerme eso.
Él le tomo la mano y se la beso.
–Algún día, Tasha, me gustaría
olvidarme de todo… y que nos marcharamos de aquí… lejos, sin que nada nos detenga… empezar de nuevo, una vida nueva, tu y yo.
– ¿y ella? ¿Qué pasaría con
ella…?–susurro Tasha
El cerró los ojos…y no respondió.
–Hoy por hoy eso es una utopía,
soldado… escucha lo que sucede allá afuera, hay una guerra, y nosotros metidos en medio de ella. Estamos en el lugar y en el momento equivocado. –Tasha tomo
aire y luego le dijo– El mismo día que te trajeron herido, por esas cosas del
destino había venido Lena a echarnos una mano, después de tres meses de
ausencia apareció por aquí, ese mismo
día, como si nada, repentinamente. Yo la vi de lejos, pero no me acerque a ella
en todo el día, para evitar que vea mi embarazo, sabía que pronto se iría y tal
vez no volvería por mucho tiempo. …Pero ella estaba presente, cuando irrumpieron tus
hombres en la sala desesperados y cargando contigo. Llámalo casualidad,
coincidencia o lo que quieras, pero cuando llegaste a morir en mis brazos como
tú dices. Estaba aquí mismo esperándote tu esposa Elena. Ni siquiera tú última voluntad se te hubiese
cumplido, ¿entiendes? ni con tu muerte podemos torcer lo que nos ha tocado…
Nikolay permaneció en silencio por
interminables segundos, luego le pregunto:
– ¿puedo tocar tu vientre… Tasha?
–Sí que puedes Kolia. –y ella se acercó
más a él para que el pudiera tocarla...
–Es pequeño, muy pequeño, pero creo que
es muy proporcional a tu cuerpo.
–Es pequeño, porque es una niña.
– ¿cómo lo sabes?
–Lo siento… sé que es una niña.
Y él la miro con tanta ternura que Tasha, tuvo que hacer
un esfuerzo para no echarse a llorar.
“lo amo, lo amo, lo amo… y no puedo soportar
la idea de nunca será mío”
Un mes después Tasha llegaba al
hospital caminando con una inusual
lentitud, el constante e intenso frio estaban haciendo meollo en su
cuerpo así lo había pensado unas horas antes cuando debió hacer una esfuerzo
sobrehumano para poner sus pie fuera de la cama. A pesar de que hubiese deseado
con todas sus fuerzas quedarse todo el día bajo la calidez de sus sabanas, lo
mismo se envalentono, y como cada mañana
de los últimos días se puso de pie y emprendió la marcha hacia a su lugar de trabajo. A preguntar cómo se encontraba él, y que había de nuevo en su
recuperación.
Al llegar a las inmediaciones del
Hospital general, vio un vehículo estacionado, que reconocería en cualquier
parte, era el automóvil de Kolia. Y vio que bajaban Lena e Irina,
la hermana de él. Ella apuro el paso para alcanzarlas, pero las mujeres
se alejaban muy aprisa, casi sin aliento logro gritar
–¡Lena! –mientras levantaba la mano.
Elena Volkova, dio media vuelta y la
vio. La otra mujer alta, de cabello oscuro y de ojos azules, la similitud
física con su hermano era muy notable,
también la miro, y no disimulo su disgusto, que inmediatamente se
reflejó en su rostro, Lena le dijo algo al oído, la otra asintió y se retiró,
entonces la esposa de Kolia camino hacia
ella.
–Tasha… ¿Qué haces aquí? Pensé que ya
no venias a trabajar.
–Vine… a buscar unas vitaminas que prometieron conseguirme –mintió.
–En tu estado no deberías andar con este frio, si te enfermas perjudicaras a tu bebe.
–Soy muy fuerte, y mi bebe está bien
protegido donde está.
–Si tú lo dices.
– ¿cómo esta él? –Tasha le pregunto
algo que ya sabía, puesto que a ella eso se lo informaban sus compañeras de trabajo.
–Nikolay está mucho mejor, a Dios
gracias. Y Ayer a la tarde he logrado un permiso para trasladarlo a la sala de
oficiales, al menos ahí tendrá calefacción permanente.
Eso sí que lo desconocía.
–Ah, claro, estará mucho mejor.
Entonces si van a trasladarlo, significa que ya puede
ponerse de pie.
–Sí, ya se está levantando por sus
propios medios, apenas logra ir al sanitario, pero es un gran avance.
–Sí que lo es. Esto es una buena
noticia…–titubeo antes de hablar– Elena,
yo quisiera…
–No creo que sea buena idea.
–Solo será un minuto.
–No quiero alterarlo, ya sabes… es
mejor para él.
–Te lo suplico Lena, ya no podré venir
más por aquí, falta muy poco para que mi bebe nazca… te lo pido, no por mí,
sino por mi hijo. Solo será un minuto… luego no volveré a molestarte.
– ¿para qué quieres verle? ¿Qué
pretendes? ¿Romperle el corazón? Conoces bien a Nikolay, solo le darás más
pena, de la que ya le das. Estos días hemos estado hablando mucho sobre tu…
embarazado. Y los dos estamos de acuerdo en no abandonarte en esta situación,
en ayudarte en lo que necesites, pero no
es necesario estar viéndote tan seguido.
Mi esposo en este momento tiene otras prioridades, como comprenderás.
Debe estar tranquilo y pensar en su salud.
A todos nos conviene, incluido a ti, que Nikolay logre salir de este
hospital pronto. En el estado en que esta ahora, nada puede hacer por ti.
Elena cuando quería podía ser cruel.
–No voy a pedirle nada, ni necesito que haga nada por mi, solo quiero
despedirme de él, probablemente regrese a
Leningrado.
–No puedes regresar allí, si esto es un
caos, allí es el mismísimo infierno.
–pero mi gente está ahí.
– ¿tus dos hermanas? …no entiendo
porque ellas no han huido cuando han podido, deberían estar aquí contigo.
–pero sirven al ejército en aquellos
frentes, ellas están defendiendo su ciudad…
–Bien,
como digas… –y mirándole con atención dijo– te dejare pasar a verlo,
porque conozco lo tozuda que puedes ser, y seguramente intentaras hacerlo a mis
espaldas. Así que haremos esto más
simple, entraras verás a mi marido, lo despedirás…y no le dirás en ningún
momento lo que pretendes hacer en tu futuro. No quiero que se preocupe. ¿Está
claro?
–Si Lena, está claro.
–ya sabes… luego la culpa no lo dejara
vivir, él tiene un corazón muy
blando, al igual que yo, Nikolay siempre se ha sentido atraído por los humildes y los desprotegidos, la
compasión es la debilidad de mi esposo.
Sí que sabía ser cruel Lena Volkova,
cuando se lo proponía. Pero Tasha no la juzgaba, si al fin de cuenta Kolia era
su marido, y Natasha Serkin para ella,
no era más que una ingenua enfermera que
había permitido que su esposo se
la llevara a la cama, una noche en que
el vodka le había nublado el
entendimiento.
Eso era Tasha para Lena, una noche de
alcohol de su marido, una noche de descontrol con un mal resultado, un niño en
la barriga de la chica.
–Gracias Lena, solo será un minuto.
Cuando Tasha entro a ver a Kolia, dejo
a Irina y a Lena discutiendo en la puerta de la habitación. La hermana de Kolia
odiaba a Tasha, como si ella fuese la noche negra de su propio esposo.
–Kolia.
–Tasha… ¿viniste? Estaba preocupado, no
sabía nada de ti. Ayer me desespere y me puse de pie para ir a buscarte… pensé
que tal vez...–y miro su vientre.
–Aún falta, pero… han decidido
que lo mejor es que yo no trabaje por un tiempo. Mi paga continuará intacta.
–Me siento muy impotente aquí, no puedo
ayudarte como corresponde en estos momentos.
–Yo estoy bien, Nosotras estamos bien…
–dijo ella sonriendo mientras apoyaba su mano en su ya abultado vientre.
–Estas radiante Tasha, eres la
embarazada más bella que alguna vez he visto.
–Gracias.–respondió ella con timidez–
Kolia, escúchame, no tengo mucho tiempo. Lena me ha dado solo un momento. Es muy amable esa esposa tuya, cualquier otra
me hubiese corrido a patadas.
–Lo sé, ella es una gran mujer.
–Van a trasladarte Kolia. Te llevaran a
la sala de los oficiales, ahí estarás muy bien atendido. Yo ya no tendré
ninguna posibilidad de verte, ni de saber de ti… Porque allí si será difícil
dar una explicación sobre mis… intromisiones. Pero trataré de escribirte, de
enviarte correspondencia… y te avisare cuando llegue el día del parto.
– ¿lo harás?
–Sí que lo haré… claro que lo haré, tu
eres su padre. Ese derecho nunca te lo quitaré.
–Gracias Tasha, gracias por ser tan
considerada conmigo, pese a todo.
–No tienes nada que agradecerme, y
ahora yo solo quiero que te pongas bien… ¿sí?
–Si –le contesto el capital
absorbiéndola con su mirada azul.
–Adiós Kolia.
–hasta pronto Tasha, esperare tus
mensajes…
Ella salió de la habitación, y del hospital, acelerando sus pasos por primera vez en el
día. Lloraría, lloraría delante de él delante de ellas, delante de todos… sino
se apuraba a salir de ahí…
Días después, el coronel Nikolay Volkov ya había recuperado el dominio de todos sus
miembros. Durante las mañanas salía a dar una vuelta por el hospital, para fortalecer las piernas,
y de paso aprovechaba para visitar a muchos de sus hombres que estaban en otra
ala del nosocomio. A esas alturas Moscú
se había liberado definitivamente de la
amenaza mortal nazi, y el gobierno
comenzó a la organizar la tarea de
limpieza de las ciudades cercanas para
evitar epidemias y enfermedades que solían acarrear las guerras, las órdenes de los jefes gubernamentales eran claras, se les pedía
a la población, a los ciudadanos
que estaban en condiciones de hacerlo, la tarea de retirar los escombros
de los edificios bombardeados y los cadáveres de las calles, para poder
enterrarlos. También se comenzaron a arreglar
las tuberías del agua, se restableció el suministro eléctrico, y en la
capital Volvieron a circular de a poco los tranvías y los trolebuses con
normalidad. Levantaron el estado de sitio, y algunos sobrevivientes, de los que
habían sido evacuados meses anteriores, regresaban a sus hogares. Casi un millón de soviéticos murieron entre la fase de ofensiva y
defensiva… por defender el corazón de la patria, la orgullosa ciudad de Moscú.
Al ingresar al Pabellón Uno, donde él había estado internado al principio, un parco y
sobrio médico le sonrió. Kolia quiso devolverle la sonrisa pero sus
pensamientos eran tan preocupantes que solo quedo en un intento.
–Buenos días coronel, no puedo no
decírselo… ¡Es usted un hombre muy afortunado! Después de como llego aquí,
verlo ahora caminando tan apaciblemente
por las salas del hospital…es admirable.
– ¿Lo soy? ¿Soy afortunado? –él lo
dudaba, tenía todo su costado izquierdo quemado y una herida en forma de bola
con horrendas suturas…
–Claro que lo es, hace tan solo unos días, entro por esa puerta
desangrándose y con un hueco del tamaño de mi mano en su estómago, hoy lo veo
caminando lozano y fuerte entre nosotros… claro que es un hombre afortunado.
–Ta vez se deba, porque aquí, en este
lugar… me han salvado la vida… ¿doctor?
–Lédev. –Y le extendió la mano– soy el
cirujano que lo opero.
–Entonces es a usted a quien debo
agradecer este milagro. –le dijo mientras le daba un fuerte apretón de mano.
–Si así lo desea, puede hacerlo,
Coronel. Pero sobre todo deberá agradecérselo a la enfermera Serkin.
– ¿ella… estuvo presente durante la
operación?
– ¡Vaya si lo estuvo!... me enloqueció
esa noche, jamás volveré a solicitarla como ayudante quirúrgica, de eso estoy
seguro. Natasha, además, luego fue su enfermera personal. Durante siete días
seguidos ella permaneció a su lado,
hasta que logro bajar la fiebre y pudimos administrarle antibióticos.
–Estuve muy mal, lo sé, mi esposa ya me ha contado...
– ¿que si estuvo mal?.. No me gusta
inquietar a los pacientes, pero como usted es un coronel del Ejército Rojo, no
veo porque no hablarle con la verdad. Estuvo muy mal… estuvo más del otro lado
que de este.
Kolia lo entendió.
–Pero vuelvo a reiterarle, la enfermera
Serkin ha hecho un excelente trabajo. Más de uno ha creído que era ella su
esposa, con eso le digo todo.
Nikolay se sorprendió por un momento al
escuchar aquello, y después se rio por lo bajo, al tiempo que meneaba la
cabeza. “su esposa”, “¿cómo sería Tasha como esposa?”
–Cuando la vea le agradeceré.
–Esta mañana muy temprano, casualmente ha estado por aquí, y le pregunte por usted.
Me ha dicho que ella ya no lo ha vuelto a ver,
pero que estaba en muy buenas manos, que lo habían trasladado a la sala
de oficiales … Pero voy a decirle algo coronel, que
quede entre nosotros– y el medico sonrió antes de hablar– ni siquiera allí tienen una enfermera como
Natasha, pero no hay que decirlo en voz alta, para que no quieran quietármela.
“esta mañana muy temprano ha estado por
aquí”…“¿Qué no quieran quitármela” “ ¿pero quién se ha creído que es este doctor Ledev, y por qué Tasha no había tratado de hablar con él si había ido al
hospital?”
–Bueno
Coronel debo ir hacer mi ronda, me alegro de verlo recuperado, tal vez
la sangre de ella sea milagrosa…
– ¿la sangre de ella…? ¿Me podría
explicar doctor? –Nikolay sentía que el
médico, le hablaba con... ¿cierto, desden…?
– ¿Acaso no lo sabe?.. Bueno coronel,
ya veo que no le han contado todo…–y movió la cabeza con gesto negativo–He
tenido que firmar semanas atras la licencia de Natasha Serkin, mi mejor enfermera…
“¿mi mejor enfermera? ¿Mi?.. Golpearía a ese medico sino dejaba
de referirse a Tasha, como si fuera de su propiedad”
–… con todo el dolor de
mi alma, tuve que obligarla a que dejara este lugar, porque se negaba a aceptar que debido a su estado,
a su avanzado embarazo me refiero,…era muy peligroso seguir donando sangre…–y volvio a gesticular con la cabeza de un lado a otro– no, no podía permitirlo. Durante todo un mes lo ha hecho… debía impedírselo de una manera u otra.
¡¿Dónde se ha visto, una enfermera, embarazada le diera de su propia sangre a
un paciente que nada tenía que ver con ella?!
– ¿Qué…qué ha hecho que?
– ¡Lo que escucho! –Y su tono de
reproche era indudable–Usted había perdido mucha sangre, y estaba demasiado
débil, nos ha costado conseguir sangre últimamente, analizarla antes y todo
eso…conseguir sangre segura, en una palabra.
Pero ella desde el primer le donaba de la suya, siete días seguidos lo
hizo… y luego dos veces por semana. Hasta que le he tenido que correr de aquí.
Es inadmisible, está embarazada y a punto de dar a luz… ¿me entiende verdad?
Pude tener una gran vocación, pero no debe perder la cordura, no puedo
permitírselo, ni a ella ni a nadie.
–Lo entiendo… doctor, lo entiendo todo.
El medico se acercó a Nikolay y le
observo el semblante.
–Es mejor que regrese a su sala coronel, ha empalidecido… ¿se siente usted mal?
¿Si se sentía mal?... ¿que era
sentir?... él no lo sabía. Tal vez habría que preguntárselo a Natasha Serkin,
ella sí que tenía sentimientos, ella sí que conocía sobre emociones, sobre
impresiones…sobre eso que era sentir.
Nikolay sin poder seguir hablando dio media vuelta y se alejó del
médico. Quien en ese momento lo miraba con… evidente…rencor.
Esa misma tarde una enfermera mayor con
cara de pocos amigos se acercó a él, que estaba acostado tratando de dormir y
le dijo.
–Esto me han dado hoy, para que le
entregue en sus propias manos, y mañana a esta hora pasare por si quiere
responder. –dicho eso se fue.
Querido
Coronel Volkov.
Solo
quiero que sepas que estamos bien, que ya tengo comida en mi armario para los
próximos días, así que solo volveré a salir de aquí, el día que vaya a
dar a luz... Algunas veces no sé qué pensar de todo esto, no sé si hago bien en
mantenerte informado sobre mi vida, no sé si hago bien en hablarte de todo
esto, sé que no fue tu hijo deseado…
pero, me consuelo cuando recuerdo tu
mirada llena de ternura al ver mi vientre de embarazada. Me duermo y me despierto todos los días ansiando
que llegue el momento de conocer a mi bebe…
estoy en paz y me siento amada, por él...
¡Diez
días, solamente! Y ella estará a mi lado, mi pequeña Anna estará a mi lado. Espero que mientras
llega el momento logres recuperarte por completo y encuentres en Lena el lugar donde consolarte,
Yo al menos lo he encontrado en mi hija, No te preocupes por mí. Estoy bien,
como siempre.
Tasha.
P/D. El día que me interne te
avisaré, por si quieres conocer a tu hijo o mejor dicho tu hija, porque cada
día estoy más segura que es una niña.
El
coronel solo pensó después de releerla cientos de veces…“no te merezco, no te
merezco ni a ti, ni a Lena”
Al otro día la enfermera paso a buscar
la escueta respuesta de él.
“No
olvides avisarme inmediatamente cuando nuestro hijo quiera nacer, me gustaría
mucho acompañarte en ese momento”
N.
V
Dos semanas, ha habían pasado dos
semanas desde que había recibido la carta de Tasha… y a pesar de no haber podido conservar la misiva, para evitar que Lena la encontrara. El
recordaba perfectamente cada palabra en ella escrita, y decía diez días para
dar a luz.
Diez días… Pero ya habían pasado quince. Una enfermera a quien él le había preguntado al respecto el día anterior,
le dijo que era normal que en los embarazos las fechas de partos no sean
exactos, que podían demorarse o podían adelantarse.
Pero la inquietud de él esa mañana era
incontrolable. Después de tardar poco más de la cuenta en levantarse y
abrigarse, salió a buscar el área de
maternidad del hospital.
Cuando llego, se acercó a una chica que estaba detrás de un
mostrador demasiado grande para ella.
–Buenos días señorita, necesitaría
averiguar si una amiga mía se ha internado o a venido a controlarse en estos
días.
Una información de ese tipo no estaba
permito darse, a no ser que fuese a un familiar. Pero eso a lachica poco le
importo, quien miraba boquiabierta al alto y apuesto hombre que tenía frente a
ella, el soldado más increíblemente atractivo que hubiese visto jamás. Sin
dejar de mirarlo, sin siquiera pensar por un momento en negarse a dar la
información que le pedía, pregunto:
–Nombre de la paciente.
–Natasha Serkin.
La chica asintió, y debió hacer un
esfuerzo para despegar los ojos de la mirada azul de él y de reaccionar luego
de escuchar esa voz ronca y grave que
salió de esa atrayente boca…
–mmm, déjeme ver… Serkin, Serkin… mmm…
aquí esta.
A él le subieron las pulsaciones.
– ¿está aquí mismo?
–mmmm…. No, ya no… estuvo aquí. Pero
ayer, si, casualmente ayer, le han dado
el alta médica.
Él no podía reaccionar, no entendía,
que eso estuviera sucediendo. Natasha había dado a luz, había estado ahí a
metros de él…y no le había avisado que su hijo,
el hijo de ambos había nacido. Debía haber un error.
–Señorita, podría decirme si la
señorita Serkin,… ¿ha dado a luz. O solo ha venido tratarse?…no entiendo.
– ¿Qué no entiende señor? Si estuvo en
esta maternidad, es porque ha venido a dar a luz. –Y volvió a mirar la
planilla–si, efectivamente hace tres días tuvo un parto normal. Y en el día de
ayer ella y su hijo han sido dados de alta.
Él se aclaró la garganta.
– ¿podría usted decirme si ha sido niño
o niña? –pregunto el
–No, señor… eso no está registrado
aquí…aunque –la chica quería ser amable con él, quería retenerlo un rato más–
tal vez, la enfermera de neonatos pueda ayudarlo. Ella registra a todos los
niños que nacen aquí.
– ¿y donde esta ella?
–Venga lo acompañare. A los pocos
minutos estaban frente a la mujer de cabello canoso que había actuado de
mensajera entre ellos días atrás.
–Ah,… hasta que apareció.
Él la miro sorprendido.
Luego la mujer le dirigió una impaciente ojeada a la chica recepcionista, quien sin decir
palabra se alejó con celeridad de ellos
dos.
–No vine antes porque no tenía idea que
Tasha había dado a luz.
–Yo misma le lleve el recado.
– ¿Qué? ¿De qué recado está hablando?
–El recado que escribió con su puño y
letra Tasha, ya había roto aguas, cuando me pidió papel para escribirle a
usted… y me rogo que se lo llevara. Pero su hermana lo recibió, sé que debía
dárselo personalmente, pero estaba apurada quería estar aquí con Tasha…
A él se le nublo la vista.
– ¿el recado se lo entrego a mi
hermana?
La mujer afirmo con un gesto.
–Por lo menos eso me dijo ella, era una
mujer alta de cabello oscuro con sus mismos ojos. .. Mi coronel. En fin,
lo lamentable fue que Tasha lo espero
durante los siguientes días, Estuvo pendiente de esa puerta durante todo
ese tiempo. Esperando a que usted apareciera… No sé cómo es su relación con
ella, no soy de preguntar, pero solo le puedo decir, que en todo este tiempo
que llevo en este hospital, nunca he conocido a una persona como Tasha Servín,
es la joven más entregada, más responsable, y la de mejor corazón con la que he
tratado en todo estos años. No sé cómo usted ha hecho para enredarla, para
embarazarla, y dañarle su futuro… Porque
le aseguro que aquí, han sido muchos los que han hecho filas para poder ganársela, no hay un solo médico, no hay un solo oficial
ni soldado que no se halla enamorado de ella y haya estado dispuesto a entregar
por ella, mucho más que lo que el mismo Stalin les ha pedido.
–No tengo dudas de…ello.
Y antes de irse pregunto.
– ¿Qué ha sido…?
–Una niña. Preciosa, como su madre.
Él inspiro con fuerza, y luego se fue de ahí, totalmente
abatido.
Cuando llegaron esa misma mañana Lena e
Irina, él ya estaba vestido con su uniforme de coronel, que días atrás su
esposa le había colgado en el pequeño armario para cuando dejara el hospital.
–Nikolay! ¿Qué haces? ¿Qué sucede?
– ¿Qué sucede?...me marchó de aquí, eso
sucede.
–Tú todavía no te has recuperado, no
puedes irte aún, corres el riesgo que tu herida se abra… Irina ve y llama al
médico
– ¡Irina, no vas a llamar ningún
médico! –y dirigiéndoles una mirada fría a ambas dijo– Ninguna de ustedes dos,
volverán a tomarse ningún tipo libertades ni atribuciones que no le
corresponden…¿entendido? Ya no estoy
muriéndome, así que de ahora en más de todo lo referido a mi salud me encargare yo mismo.
– ¿Por qué estas enfadado Nikolay? … si
se puede saber –le respondió la hermana con acento irónico en su voz.
– ¿debería estar enojado Irina? –le
respondió él con su inmutable serenidad.
Delante de Lena no le diría a su
hermana lo que opinaba de sus acciones, no pretendía lastimar a su esposa en
ese momento, ya bastante lastimado estaba él.
–Lena, puedes irte a la casa con Irina,
yo tengo un coche esperándome afuera. He llamado al cuartel para que vinieran a
buscarme
– ¿Cómo?... ¡no! de ninguna manera…tú
te vienes conmigo a casa. Nikolay por el amor de Dios, que te hayas dado tú
mismo el alta médica ya es bastante preocupante, pero que además pretendas irte
al cuartel, eso ya es inaudito. Hablare con mi padre de inmediato… le diré lo
que sucede.
El la miraba con estupor. Elena,
su transigente y complaciente Lena,
estaba tratando de manejarlo a su antojo... ¿Qué diablos estaba sucediendo?
Acaso las personas que lo rodeaban no sabían
que a él solo lo había herido una
metralleta en su abdomen, no había recibido ningún golpe grave en el cerebro, a éste aun lo
mantenía intacto.
–En este momento no tengo tiempo para
esto Lena, más tarde hablaremos.
Con dificultad se colocó su extenso
abrigo, tomo su gorra, se dirigió a la puerta y antes de que saliera, ella le dijo:
– ¿Vas a ir a verla verdad…? …¿Mi
esposo va a ir a conocer a su bastarda?
El quedo paralizado. Elena también lo
sabía. No se volvió a mirarla… no le respondió, simplemente suspiro y se alejó
de ahí… la perdonaba, la disculpaba…seguro que ella estaba sufriendo, por eso
su reacción, por eso la impiedad en sus palabras… Conocía muy bien a su esposa solía
tener ese tipo de arranques, pero en el
fondo tenía un corazón comprensivo e indulgente.
Afuera, un soldado lo esperaba, con el
encargo que él mismo le había hecho, un
bastón de madera con una buena empuñadura, necesitaría algo fuerte por unos
días para apoyarse, hasta que lograra afirmarse con normalidad.
Media hora más tarde, estaba frente a
la puerta de la vivienda de Tasha, ubicada dentro de un monoblock, compuesto
por centenares de unidades de dudosa calidad,
en un barrio pobre y marginal de Moscú.
Era la segunda vez que iba a su
apartamento, debió subir tres pisos de escaleras hasta que llego a la puerta
verde con el numero 23 pintado en negro… intento recordar
como
lo había hecho hacia nueve meses atrás, y no pudo, no recordaba casi nada de
aquella noche.
– ¿Quién es?
Escucho la voz suave de ella.
–Soy yo, Nikolay.
Unos breves pasos llegaron a la puerta…
y ella abrió.
–Kolia ¿tu?
–Hola Tasha… ¿puedo pasar?
–Claro, pasa.
El recinto era pequeño con poca luz, pero a él inmediatamente lo envolvió una calidez y una sensación de haber
entrado… a un sereno hogar.
Había pocos muebles, casi nada, una
pequeña mesa cuadrada de madera, con dos sillas. Una alfombra en el medio de la
sala y al lado de la chimenea una vieja butaca de pana color verde… Donde se
suponía que debería estar encendido el hogar había una pequeña estufa a gas que
irradiaba bastante calor y una tenue luz. El ambiente era pulcro, limpio,
aseado en profundidad y despedía una fragancia a esencias, a bálsamo a perfume
de bebe…
–Quiero ver a mi hija... a nuestra
hija– murmuro él, intimidado por todo
aquello.
–Toma asiento, ahora la traeré,
permíteme el abrigo. –Y lo ayudo a
quitarse el largo y pesado sobretodo de paño que llevaba ese día. – permíteme
tu bastón. Le pidió ella con delicadeza. Luego lo sostuvo en sus manos y lo
miro con extrañeza.
–No debes acostumbrarte a utilizarlo
Kolia, luego se te hará costumbre. le dijo con enojo.
–Estoy algo débil aun…. Hay veces,
que hasta me mareo, y esa desestabilidad
sumada a mi altura pueden llevarme
directo al piso. No es a una caída a lo que le
temo, sino que mi herida de abra y deba pasarme otro mes y medio más
dentro del hospital. Ya no podré contar con tu atención y con… –iba a decir
sangre, porque sabía muy bien que en sus venas corrían litros de sangre de
ella, pero hizo silencio, el coronel Volkov, no tenía la seguridad, en ese
momento, de que si lo mencionaba en voz
alta… no rompería a llorar.
–De todas maneras, un bastón, es signo
de debilidad…
–Te reitero, mi altura me
desestabiliza… Tasha, y no seas tan dura conmigo. Lo utilizare hasta que vuelan
mis fuerzas.
Ella asintió. Mirándolo por ese lado,
lo entendía perfectamente, Kolia Volkov, media un metro noventa o mas, era uno
de los hombres más altos que ella conocía. Cuando lo tenía muy cerca, se sentía
impresionada, y demasiado pequeña, su metro sesenta era muy vulnerable en
cuanto a la altura de él…
–Ya recobraras tus habituales energías,
ha sido una herida grave…y demasiado rápido has vuelto a caminar. Ahora mismo,
el subir tres pisos por escalera, es un gran esfuerzo.
–Tenía que venir hasta aquí… hoy, como
fuera. Porque recién esta mañana me he enterado que he sido padre, que mi hija
ya había nacido.
– Entonces… ¿no lo sabias?
–No, no lo sabía… tu mensaje fue a
parar a las manos de Irina.
–Y tu hermana…te lo oculto, no le
importo saber que su sobrina llegaba al mundo.
–No, no le importo – dijo él, agobiado.
–Aguárdame un momento.
Y Tasha desaprecio tras una puerta, que
seguramente daba a la recamara, pensó él. A una recámara en la que él había
estado, e infamemente no la recordaba.
¿Podía existir un tormento más grande
para un hombre, que el de saber que
ha pasado una noche con la mujer que más
ha deseado en su vida; y al mismo tiempo
no poder recordarla?
Miró hacia la pequeña ventana, que tenía una suaves y transparentes cortinas de voile, y atreves de ella se veían tejados, techos y cúpulas cubiertas de nieve. Por un instante sintió, que estaba en otro país en una lejana tierra donde la guerra no era más que un mero fantasma… Él pudo apreciar, que dentro de ese pequeño hogar, no existía ni una huella de la ofensiva rusa, ni una señal de los combates que se libraban alrededor, ni una marca de algún enfrentamiento, ni pelea… ni conflictos. No había ningún rastro la gran guerra patria que sacudía aquel país… era un irreal paisaje…
Miró hacia la pequeña ventana, que tenía una suaves y transparentes cortinas de voile, y atreves de ella se veían tejados, techos y cúpulas cubiertas de nieve. Por un instante sintió, que estaba en otro país en una lejana tierra donde la guerra no era más que un mero fantasma… Él pudo apreciar, que dentro de ese pequeño hogar, no existía ni una huella de la ofensiva rusa, ni una señal de los combates que se libraban alrededor, ni una marca de algún enfrentamiento, ni pelea… ni conflictos. No había ningún rastro la gran guerra patria que sacudía aquel país… era un irreal paisaje…
–Kolia aquí está tu hija –le dijo ella
sobresaltándolo.
Él se había sentado en la butaca de
pana al lado del hogar y Tasha se aproximó con la niña envuelta en un gran chal
de lana blanca, luego la coloco, con mucho cuidado sobre los brazos de un Kolia tan conmovido
como impresionado…
–Anya te presento a tu papá.
Él tomo al pequeño ser entre sus brazos
con tanta delicadeza y ternura, que Tasha no pudo contener las lágrimas.
El coronel, mientras tanto, miraba
fijamente la carita de su pequeña hija, con un gesto hipnótico, íntimo y
entrañable…
–Es hermosa, gracias a Dios, es igual a
ti…
Ella no podía responder, no quería
hablar, solo quería abrazarlos quería
acercarse a ellos y envolverlos en sus
brazos. Luego llorar, reír, festejar
juntos…por esa hermosa y perfecta hija que habían engendrado.…. Pero no
pudo, porque debía aceptar, que esa no
era su familia, ese no era su marido. Ella solo era la madre de esa niña, y la
mujer que amaba en silencio a un hombre que no le pertenecía… La Unión Soviética los había convertido en
otro de sus tantos sueños irrealizables.
–Me gusta el nombre Anya, Anna Volkov.
Me gusta. Mañana la registraremos Tasha, mañana vendré por ustedes e iremos a
regístrala como mi legitima hija.
–Gracias Kolia, gracias por ese noble…
gesto.
–Es mi hija, joder, como se te ocurre
agradecerme.
– ¿y… será oportuno…ir mañana? Escuche
en la radio que el registro civil, solo estaba otorgando certificados… de… de
defunción, en estos días. Que los
certificado de nacimiento, los certificado de cambio de nombre, de matrimonio,
de anulación de matrimonio y otros, por ahora no serán otorgados de inmediato,
que abra que pedir turnos.
–Yo no tengo tiempo para pedir turnos,
los soldados no tenemos ese privilegio… a mí me inscribirán a mi hija, mañana.
Y ahí estuvieron por mucho tiempo más.
El coronel Volkov debió hacer un
esfuerzo muy grande para dejarlas en aquel pequeño y al mismo tiempo acogedor
departamento…ubicado entre las orillas
del centro de Moscú.
Cuando llego a donde vivía con Elena,
la mansión del general Hans Vasíliev. Sintió que todo lo que a él en otro
momento le había parecido confortable por su majestuosidad y estilo, habían perdido el encanto, el atractivo y la
fascinación de antaño… no solo por todo la destrucción y la desolación de la
que había sido testigo en los últimos meses durante su campaña militar, sino porque no podía quitarse de la cabeza
el pequeño recinto con fragancia a esencias del que acaba de salir.
Toda el ala norte de la mansión estaba
ocupada y destinada al matrimonio Volkov. La única hija del general se había
casado cinco años atrás años con el
entonces capitán Nikolay Volkov, pero nunca dejo solo a su padre.
Elena Volkova, como se llamaba ahora
Lena, quien después de casada tomo el
apellido de su esposo. Apenas lo vio, sin ningún tipo de reproche ni en su
mirada ni en sus palabras, simplemente le dijo:
–Querido, supuse que vendrías con
hambre, hoy he preparado personalmente tu almuerzo.
–Gracias Lena, pero no tengo apetito.
Iré a recostarme un rato, creo que
hoy me he excedido. Me he esforzado demasiado, estoy muy cansado.
–Sí, es lo que trate de hacerte
entender esta mañana,…. Ven entonces te acompañare a nuestra recamara, y te
daré tus medicamentos. –le contesto ella con inmenso cariño tomándolo de la
mano.
El coronel durmió toda la tarde, por la
noche solo ceno un plato de sopa.
Luego
se dispuso a leer con meticulosidad el
cuaderno de notas, que recogió, luego de la visita a su
hija, por las
oficinas del Kremlin, que estaba en manos de ayudante personal, el oficial
Popov. Era un informe, secreto, un informe que solo su hombre de confianza y él
conocían. Generalmente era el propio
coronel el encargado de redactar los agregados, pero debido a que las últimas
semanas habia estado imposibilitado fue Andrey quien debió apuntar
los nuevos acontecimientos, los nuevos hechos, y testimonios, que se hubiesen presentado en los días que él estuvo en el
hospital recuperándose de su herida. Kolia
comenzó a leer siguiendo un orden cronólogo, releyó desde el mes de Junio, notas
apuntadas por su propio puño:
“Todos
éramos consciente de que el tratado
entre los máximos líderes dictatoriales del mundo, era una falacia. Stalin buscaba a través del El Pacto de no agresión Germano-Soviético, de
1938 el tiempo necesario para
reconstruir su ejército, fuertemente debilitado por las purgas de 1937. Y Hitler, un conquistador de territorios,
claramente ambicionaba Rusia, la nación más grande del mundo. Ese pacto no era más que una pulseada entre oportunistas. Las
incompatibilidades, la oposición ideológica y la rivalidad de dos grandes
potencias, no podían disimularse. Por
eso, la sorpresa no radicaba en el
inminente enfrentamiento, la sorpresa se daría
en la fecha de su comienzo, y de quien lo iniciaría”
“La
Operación Barbarroja, que contempla la invasión relámpago de Rusia por parte de
Alemania, comenzó el 22 de junio de
1941.Pero no fue tan sorpresiva como quieren hacerle creer al pueblo soviético”
“En
primavera el ejército alemán se colocó en pie de guerra en nuestras fronteras, los
generales soviéticos observaron movimientos
extraños de tropas, y dieron aviso de inmediato
al kremlin dando la voz de alarma y pidiendo autorización para desplegar
fuerzas. Pero nuestro camarada Stalin, paranoico como siempre, temió que se
tratara de una emboscada, les respondió
textualmente (doy fe de ello, estaba presente al igual que unos treinta y cinco
personas más en ese momento)”:
–“Tienen
ustedes la cabeza llena de aserrín, Alemania nunca se embarcara sola en la
guerra contra Rusia”
“El
16 de Junio un espía ruso transmite un mensaje” “Ataque inminente”
Pero
Stalin persiste con su incredulidad respondiendo:
-“es
un desinformador, pueden mandarlo al carajo” Y no
dicto ningún tipo de medida preventiva.”
“El
21 de Junio de 1941, en víspera de la inminente ofensiva, un desertor alemán atravesó
la frontera y aviso que se realizaría un ataque al alba.
La
sentencia de Stalin fue:” –Es una trampa, que lo fusilen”
“El 22 de Junio, comenzó la tan poco
sorpresiva invasión. La que todos a esas alturas ya estábamos esperando, menos
Stalin, y Alrededor de cuatro millones de soldados Alemanes atacaron la Unión
soviética”
“Los
cables llegaban sin cesar, incluso los
civiles enviaban información al kremlin”
“Nuestros soldados vagan sin objetivos
concretos, como perdidos, desorientados, nos han abandonado a nuestra suerte,
nos han condenado a la muerte” transmitía una maestra rural.
“A
ocurrido algo terrible, esto es lo más vergonzoso que deberemos atravesar como
hijos de Lenin, han tomado prisionero a Jacob, al primogénito de Stalin. Quien
huía disfrazado de campesino de un pueblo vecino” Ese Fue un cable de otro
civil.
“Hoy
estoy encerrado en mi oficina, no voy a asistir a la toma de decisiones, porque
estoy cansado de mi papel de espectador impávido, yo ya se lo que le informaran
a Stalin, he estado presente al recibir información de la inteligencia rusa:
El
plan maestro es el siguiente: “Hitler no desea dividir sus fuerzas y repetir el
error de Napoleón Bonaparte de invadir un país tan extenso mediante un solo
bloque de tropas; Por eso ha estructurado tres grupos de ejército asignados
para conquistar regiones y ciudades grandes de la Unión Soviética... El Grupo
de Ejércitos Sur intentara tomar la totalidad de Ucrania, sin dejar de lado la
conquista de Kiev y continuar hacia el río Volga, teniendo como objetivo
conquistar finalmente la región montañosa del Cáucaso, muy rica en petróleo.
El Grupo de Ejércitos Norte fue
asignado a la conquista de los países bálticos y de Leningrado. El Grupo de
Ejércitos Centro, el más poderoso en hombres y material, invadirá Bielorrusia,
participara en la toma de Smolensk…antes de dirigirse hacia la conquista de del
corazón rojo, Moscú”
Ahora,
ya todos ya conocemos los planes alemanes, también todos tenemos ideas y estrategias, pero
solamente es él quien decide, solamente es él quien manda.”
“Aunque
nadie lo admita, en nuestros fueros internos sabemos que el único responsable de
lo que ha sucedido es Stalin: En este momento tiene su estado mayor diezmado, nuestro
armamento está desfasado. Y durante su “gran purga”, durante su época de
paranoia, ha eliminado a veinte mil oficiales soviéticos experimentados”
“El
responsable de nuestra situación es Stalin, pero nunca lo admitirá. Y como
siempre ha buscado nuevos culpables. Ahora acusa a los soldados. A los miles de
soldados que diariamente sin otra salida se rinden ante el invasor”
“¿Cuál
es el plan de guerra de nuestro camarada jefe?
Matar a más de los nuestros. Acaba de enviar
al frente unidades especiales encargadas de vigilar a los soldados. Sus órdenes
son muy explicitas:
“-En
caso de retiradas, fusilen inmediatamente a los cobardes desertores” y avisen
al resto que si ellos también lo hacen,
sus familias serán deportadas”
Fines
de Julio
“Necesitamos
un líder político que reaccione rápidamente, Stalin se esconde tras los muros
de kremlin y no reacciona. El pueblo necesita escucharlo, necesita oír la
seguridad de sus palabras.
Esta
abatido, y está tomando malas decisiones, una tras otras. Stalin se ha formado
como un líder que no admite consejos, se cree omnipotente y autosuficiente,
pero en este momento debe escuchar a sus colaboradores, por una vez en su vida
debe oír otras voces que no sea la suya propia”
“Hoy
ha sido uno de los golpes más duros hacia la URSS. El responsable nuevamente ha sido nuestro camarada
Stalin. Él prohibió la evacuación de Kiev, pese a que todos sus generales le
explicaron la necesidad de hacerlo. El resultado de ese empecinamiento, ha sido
que los nazi han capturado a más de quinientos mil soldados. Es la mayor
captura jamás realizado por un ejército”.
Nikolay
interrumpió su lectura, mucho había cambiado desde aquel imperdonable asalto
nazi al Kiev. En los meses siguientes, él mismo, fue testigo de cómo sus
camaradas soviéticos, luchaban y resistían ferozmente hasta la muerte, la
palabra rendirse desapareció del vocabulario ruso. "Simplemente
no se puede creer hasta que lo ves con tus propios ojos. Los soldados del
Ejército Rojo, incluso quemados vivos, continuaron disparando fuego desde las
trincheras ardiendo". Tomo aire inflando sus pulmones de un incontrolable
orgullo, y continúo leyendo sus notas:
“Se
había determinado que el Ejército Rojo estaba en desventaja numérica respecto a la Wehrmacht
precisamente en las guarniciones.
Pero
nosotros teníamos un punto a nuestro
favor, éramos mayoría, si su ejército estaba formado por pocos un
más de tres millones y medio de
hombres, el nuestro podría haber
superado los cinco millones de soldados.
Una gran oportunidad que nuestro líder
ha desaprovechado, por no haber querido advertir la numerosas
luces de alarma que se encendían con anterioridad al ataque, si hubiese
sido por un breve instante cauto y precavido el Ejército Rojo podría haber movilizado a sus millones de soldados preparados para el
mes de junio de 1941, incluyendo en la
movilización, obviamente, a las tropas
soviéticas desde Siberia y Asia Central y haber contraatacado con rapidez
impidiendo el avance y la masacre por la que estaba atravesando el pueblo ruso…”
–Nikolay… ¿qué haces, acaso no piensas
descansar?, tendrás una recaída, sino te cuidas como es debido… – él se
sobresaltó con la presencia de su esposa. De inmediato cerro su cuaderno de
notas y lo oculto entre los papeles que tenía sobre su escritorio.
–Enseguida voy Lena.
Después que ella se retiró de su
escritorio, guardo bajo llave su diario
de guerra, como él le llamaba. Algo que estaba totalmente prohibido para un soldado
ruso, y mucho más para un comandante del ejército.
Mientras se dirigía a su dormitorio,
pensaba en las anotaciones y a pesar de que no había llegado hasta las últimas
notas, de algo estaba muy seguro, de la
enorme capacidad de la Unión Soviética para crear nuevas divisiones con nuevos hombres, inmediatamente de que otras eran abatidas. Eso,
sumado a la temprana llegada de uno de los peores
inviernos en la historia de Rusia, fueron unas de las muchas causas de la derrota
alemana en la batalla de Moscú
Esa noche, al meterse en la cama, Lena,
se acurruco a su lado, rozándolo con su
sensual cuerpo el de él. Pero a pesar de
que hacía mucho tiempo que no estaba íntimamente con su esposa, Nikolay no tuvo
ni deseos, ni energías, ni ánimo.
Aun debía reponerse de su herida,
decididamente su cuerpo estaba flácido e inerte como nunca en veintiocho años.
Beso suavemente los labios de ella y le
dijo:
–Tenme paciencia Lena, en poco tiempo
estaré totalmente saludable y recuperado, para ti.
–esposo amado, mi paciencia es mi mejor virtud.
Mucho más tarde, dormían uno en brazos
del otro.
Por la mañana Kolia se dio una anhelada
ducha caliente.
–Ya había olvidado lo que se sentía. –
le dijo a Lena al salir y secarse con una toalla, ágilmente, su cabello
oscuro, que en ese entonces lo tenía bastante largo.
Kolia se diferenciaba de la mayoría de
los rusos por el color de cabello. Lena decía que Dios lo había agraciado con
ese color de cabello para que el azul de sus ojos pudiera ser doblemente más
notable.
–Necesitare que me ayudes con el
vendaje... –le dijo a Lena, mientras ella lo miraba absorta,
–Me envolveré en muchos metros de esta
larga venda, así puedo caminar con más soltura. Ayer tenía la sensación que
esta cosa se abriría de un momento a otro. Presiona con toda tu fuerza.
– ¿No pretenderás salir, nuevamente
hoy, Nikolay?
–Saldré hoy nuevamente, y mañana, y
pasado…ya he estado demasiado tiempo inactivo, estamos en guerra, no puedo
darme el gusto de quedarme meses en la cama. Debo hacer los preparativos
necesarios para volver al frente.
– ¡pero Nikolay! Casi mueres ahí
afuera… deja que otros hagan tu trabajo por unos días, al menos por una semana
más.
–No puedo Lena.
Ella rabio un poco más, y luego lo
ayudo con las vendas, y a vestirse.
–Espérame un momento, aunque mejor, desayuna tú,
mientras yo me visto y me arreglo así
te acompaño al cuartel.
– ¿Qué me acompañaras al…Kremlin?
–Sí, quiero ir a saludar a mi padre
hace tres días que no viene a dormir.
A él no le quedo opción que aceptar.
Elena, la mayoría de las veces se comportaba como una niña caprichosa, si él se
oponía a todo, solo lograba ponerla de mal humor.
–Está bien, pero date prisa… antes debo pasar por lo de
Tasha.
Un silencio mortal cayó sobre ellos.
Luego que lo dijo, él se maldijo, por el poco tacto que había empleado al
referirse de Tasha con su esposa, como si fuese lo más común y habitual del
mundo. Por más que Lena entendiera que
Tasha no era ninguna amenaza para ella, él
le debía respeto y consideración.
Su mujer lo había perdonado en aquel
entonces, porque él nunca tuvo ningún amorío con la ella, ni nada por el estilo. Natasha Serkin nunca fue,
ni su amiga íntima, ni su novia, ni su amante, ni su querida… no fue
nada de eso.
Para Nikolay, Tasha fue desde el día que la conoció, el sol que eclipso toda su vida anterior.
Para Lena, Tasha fue un
tropezón de su esposo en una
noche plagada por el vicioso veneno
ruso, el maldito vodka. Un mal paso que lamentablemente había tenido
consecuencias, las consecuencias que ellos no habían podido lograr en los
cincos años de intenso ardiente y fogoso
matrimonio.
–Voy a registrar a la criatura.
–¡No!... no puedes hacerlo Nikolay.
–La niña no tiene la culpa, debo darle
mi apellido… no puedo actuar como un desalmado, Lena.
–Pero…– y ella guardo un sabio e
inteligente silencio–…si, tienes razón.
Entonces, regístrala, pero como hija extramatrimonial.
–Claro, eso haré... –y luego mirando a
su esposa atentamente– Lena es mejor que tú no me acompañes, no quiero hacerte
pasar por todo esto.
–Iré, tú eres mi esposo… ¿Recuerdas, en
las buenas y en las malas?
Él no le respondió, no le veía nada de
“malas”, registrar a la pequeña Anna, pero no se lo dijo a la esposa.
Al cabo de una hora, estaba llamando frente a la puerta verde con
el número veintitrés...
– ¿Kolia eres tú?
–Sí, soy yo.
–Pasa, pasa…
Él entro con mucha cautela, cerro tras
de sí, y espero que ella lo mirara... Se la veía muy atareada en ese momento.
Kolia inspiro hondo el aire de aquel
ambiente…
“Si, efectivamente, la fragancia era
exactamente la misma que la del día anterior. ¿Sería que siempre olería así ese
lugar? Pensó”
–Aguárdame un instante, ya casi estoy lista, es que a la
niña hoy le ha llevado el doble de
tiempo alimentarse –se detuvo y lo miro de arriba abajo con esos ojos color
ámbar que a él tanto lo subyugaban –Veo que no has traído tu bastón, mejor, te
parecías a un viejo–y sin esperar respuesta
se alejó y continuo moviéndose
dentro del pequeño departamento.
El la observo ir de un lado a otro. Ese día llevaba puesto una
prenda muy elegante, y bastante ceñida al cuerpo, un vestido de lana negro que le delineaba con exquisitez su cintura,
su busto y su pequeño y firme trasero… Estaba preciosa, no parecía para nada
una mujer que había dado a luz apenas días atrás. Busco su bolso se puso de pie para
correr la cortina, y el volvió a mirarle su trasero, sintió inmediatamente una
puntada en su entrepierna “¿Qué es
esto?” “no puedo, no puedo ni siquiera… pensarlo”
… Ella se acercó al espejo que había al
lado de una puerta entreabierta donde se veía un pequeño toilette, y mirándose
comenzó a prenderse la parte delantera del vestido, él pensó rápidamente que
Tasha acababa de decirle que había estado alimentando a la niña… o sea, que
tenía su pechos…cerro los ojos. No quería pensarlo. No quería, no podía.
Ella giro y lo miro, directamente a los
ojos, como diciéndole, “sé en lo que estás pensando”
– ¡Listo!, busco mi abrigo, a la niña y vamos…
–Si. Date prisa que afuera esta gélido…
y Lena está esperando en el auto.
Ella se detuvo, asimilo rápidamente lo
que él le puntualizó y sin vacilar, le pregunto:
– ¿Cómo es eso? ¿Has venido con Lena
para ir a registrar a nuestra hija?
–Aunque no lo creas no fue esa mi
intención, pero al final, termino acompañándome…. Además, no le veo nada de malo, no tiene por qué
molestarte.
Natasha, con el rostro encendido se
acercó a escasos centímetros de él.
– ¿No tiene por qué molestarme? ¿Cuánto
más debo soportar, Coronel Volkov? ¿Hasta cuándo van a seguir haciéndome pagar
por mi debilidad, y por mi falta de carácter? …Por haber sido demasiado
fácil…aquel día –le dijo ella con los ojos llenos de lágrimas
Kolia la miraba desde toda su altura,
la tenía a escaso treinta centímetros, o
menos, porque ella había levantado la
cara hacia él… Aunque ella, en ese momento estaba furiosa, él solo podía prestar atención a sus hermosos y carnosos labios, y al mismo
tiempo advertía una puntada creciente y urgente en su masculinidad… un deseo
desesperado por besarla, por incrustar su labios sobre los de ella, por aspirar su aliento, por penetrar su
sensual y sugestiva boca…
–Tasha, necesito besarte… lo deseo como
nunca he deseado nada… quiero besarte en este preciso… instante. –susurro él,
con la voz más ronca de lo habitual.
Ella se alejó de él, con unos cortos pasos hacia atrás.
–Kolia,.. ¿Qué pretendes? ¿Qué quieres
de mí?
–Te quiero a ti… y también… quiero besarte...
El sufría, él agonizaba, él moría en
ese instante… sabía que deseaba con el lama besar a una mujer, mientras abajo
estaba otra esperándolo.
–Hoy no..., hoy no podemos besarnos. Porque hoy,… hoy no podemos amarnos…–y a ella le brillaron
los ojos– porque estoy segura Kolia Volkov, que luego de que nos besemos, me desearás nuevamente, me desearás tanto…que no te conformaras con mis labios,
querrás más, querrás mí cuerpo,
querrás mi alma… mi espíritu… ¿Y sabes
una cosa? Yo te lo daré, te lo daré todo, como te lo di aquella noche, sin
reparos, sin objeciones, sin límites… Esa noche en que nuestros cuerpos fueron
uno, en que nuestras almas se reencontraron, en que la pasión y el amor
rompieron la barrera de la perfección.
Kolia gimió…
–Defínemela, defíneme aquella noche…
– definirla sería limitarla.
El volvió a gemir…
–Te amo Kolia, te amo desde aquella
noche… te amo desde que el fruto de esa perfección comenzó a crecer en mí. Te
amo desde el día que flaqueaste ante nuestra pasión, te amo y voy amarte el resto de mi vida. Sólo
me bastará cerrar los ojos y recordar tu piel… para que mi amor por ti no muera
nunca.
Cuando llegaron a metros del automóvil.
Tasha le pregunto:
– ¿Por qué conduce Elena tu automóvil…?
–Porque estoy herido… ¿recuerdas?
–Te han herido hace bastante tiempo
Kolia… déjate de tanta condescendencia, eres un soldado del ejército Rojo, no
necesitas que tu mujer haga las cosas por ti... Recuerda que hay una guerra por
ganar todavía… ¿o acaso hace falta recordarte,
que aún no hemos roto el
cerco?... Ahora tienes una hija que necesita …un futuro.
–A mí no me hables como a los soldados
con quien tratas en tu trabajo, que le
regalas una sonrisa le das una palmadita y los envías al frente de nuevo. No
necesito que nadie me diga lo que debo hacer, ni porque, ni por quien…
Los dos se atravesaron con la mirada y
no dijeron nada más...
Un alborotado grupo de niños se acercó corriendo, llamándola a ella por su
nombre:
“–¡Tasha! ¡Tashi! ¡Tasha! ¡Tashi… ¡muéstranos a la pequeña Tashita!
¡Queremos conocerla!”
–Que no toquen a mi hija –dijo él secamente,
y sin mirarla camino hacia el auto donde estaba Lena observándolos sin tapujos.
Ella iba a contestarle, pero lo dejo
pasar… si de cualquier manera, sabía qué
tan solo un momento antes, le había estropeado el día, la semana y tal
vez el mes entero…
“aunque no recuerdes esa noche, al
menos la imaginaras” murmuro para sí.
–Está bien niños, se las enseñare, pero uno a uno y solo unos segundos, es
demasiado pequeñita y hoy hace mucho frio… y no se llama Tashita, su nombre es
Anya, Anna Volkov. –Dijo ella mientras miraba hacia el automóvil que estaba
aguardándole, Kolia había hecho bajar a Lena y el mismo había ocupado el lugar
del conductor.
Ella sonrió complacida, podría haber perdido la batalla, pero estaba
segura que ganaría la guerra… porque
Natasha Serkin, pese a todo, creía en el amor.
Capítulo
2
Primavera de 1942.
En aquel mes de Abril, Tasha se encontraba en
el pálido y frio apartamento del monobloc moscovita, con su pequeña hija de
apenas tres meses de edad sobre su regazo, leyendo con infinito dolor lo que su primo
Sergey le había entregado días
atrás. El hijo de su tía pertenecía a la policía secreta soviética, y
podía llegar a meterse en graves problemas si alguien se enteraba que él había filtrado
ese tipo de documentación. Por tal motivo, cuando se lo llevo le había pedido
encarecidamente que luego que finalizara de leerlo lo quemara, que no dejara
ningún rastro de ese informe. Algo que ella aún no se había decidido a realizar,
pese a que sabía que era su obligación hacerlo… Lo habían releído cientos de veces, además lo había
estudiado con minuciosa profundidad, buscando una frase o una palabra alentadora, una señal, algo que le diera una mínima esperanza, de que podía ser una
equivocación, o una mala interpretación…
pero nada de eso logro encontrar. No
había márgenes de error. El texto era
una clara, fría y contundente exposición
de datos, que describía la aterradora situación en que se encontraba
Leningrado. A pesar de que aquello era un secreto a vivas voces, la crudeza de
ese documento era aterrador.
“(…) Una rodaja de pan por habitante, es la ración
diaria diaria de alimento que recibe la gente.
Para sobrevivir los leningreses comen
hierba, cola para empapelar,
hierven el papel de las paredes, los cinturones de cuero, ¡los libros...! (…)
se hace imposible intentar cruzar la ciudad,
se ven cadáveres mutilados por todas partes,… distritos enteros de
Leningrado están siendo invadidos por… ciudadanos caníbales. (…) El
apocalíptico deseo nazi, se está haciendo realidad. (…)
Meses
atrás los soldados soviéticos, junto a estudiantes de colegios, de
universidades y maestros construyeron
una infranqueable defensa alrededor de la ciudad, barricadas antitanques. También camuflaron con extensos tejidos de mayas las edificaciones históricas para protegerlas
de los bombardeos nazis, y colocaron explosivos por todo el subsuelo para volar
Leningrado en el caso de ser tomado.
Aunque
esto último, ha sido innecesario, porque Hitler nunca tuvo la intención de hacerlo, no
pretendió tomar meramente la ciudad, su objetivo, su propósito, desde un
principio fue sellarla y matar de
inanición a toda la población civil, nunca estuvo en sus planes mantener, nutrir y sustentar a
casi tres millones de habitantes. El Führer,
instruyó que se sitiara Leningrado y que se dejara morir a todos sus ciudadanos
de hambre y... frío, porque aunque cueste creerlo es uno de los peores inviernos que ha tenido
que atravesar esta ciudad, las
temperaturas han llegado alcanzar los treinta grados bajo cero. No hay gas, ni
ningún otro combustible, que sirva para poder paliar el duro, gélido e
impiadoso clima invernal. La
desesperación de los habitantes para no morir congelados en el mes de
Diciembre, los obligó a quemar la biblioteca de la ciudad, esfumándose con ella
sus doscientos años de cultura y
memoria. (…)Los alemanes saben dónde atacar, “atacaron los almacenes, graneros,
los silos, los depósitos” (…) “Con toda
seguridad hay infiltrados, y probablemente algunos compatriotas se están
vendiendo por un trozo de pan...es la única explicación coherente para poder entender porque ellos siempre se adelantan un paso a los planes soviéticos, siempre logran destruir el valioso y urgido alimento” (…) Luego de más de doscientos días
en que los alemanes iniciaron el cerco, La
hambruna se adueñó de la ciudad... ya no
quedan perros, ni gatos, ni ningún otro animal vivo… Mueren miles de personas
por días...
(…)
“este, sin ninguna duda, es el peor periodo del asedio. Los datos son
concluyentes, entre finales de Enero y principios de Febrero de 1942, la
situación se ha descontrolado, la población rusa sitiada está en una agonizante
lucha por la supervivencia, y este padecimiento los ha llevado por un camino
sin retorno, a realizar actos de antropofagia
y mercadeo de cadáveres. Leningrado o lo que queda de este ha emprendido un forzoso
viaje sin retorno”.
Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos
NKVD.
Tasha con los ojos llenos de lágrimas,
luego de releer aquel confidencial documento, abrazo fuertemente a su hijita.
Natasha "Tashi" Serkin era la más joven de las hijas del matrimonio
del carpintero, Mijaíl Serkin, y la costurera, Sofia Serkina. Su padre murió
pronto, cuando ella tenía solo seis años, dejando a Sofia con tres hijas a su
cargo, Nina, Irina y Tashi. Las mujeres
de la familia salieron adelante y
siempre fueron inseparables. Todas, excepto Tasha, que se había marchado hacia
Moscú para estudiar y trabajar, bajo la protección de su tia Alina residían en Leningrado. Cuando estalló la guerra, la madre y las
hermanas decidieron que Tasha continuara en Moscú, porque era a su manera de
ver el lugar más seguro en ese momento, nada más lejos de la realidad. Cuando
se enteraron de la intención de Hitler
de invadir la capital rusa, ya era
demasiado tarde para que la menor de la familia se evacuara. Además Tasha ya
llevaba en su vientre el hijo de Kolia, algo que su familia desconocía, porque
ella no quería sumarles otra preocupación más.
Cuando el 8 de Septiembre de 1941 el grupo de
de los ejércitos “Nord” llego a Leningrado desde el sur,y desde el norte se
acercaron los finlandeses, la ciudad quedo cercada. Ese mismo día tuvo lugar el primer
ataque aéreo cerca del puerto de Leningrado, y una de las primeras víctimas que
se cobró el asedio nazi, fue la vida de Sofia Serkina, quien había salido a
entregar a sus clientes unas prendas que
le habían encargado.
Natasha se enteró de la muerte de su
madre, recién un mes después, por boca de su primo Sergey, quien se había
infiltrado a Leningrado, para recabar información para el gobierno soviético.
Sobre sus hermanas, Sergey le dio información casi técnica, de sus vidas “se
levantan cada día cuando aún no ha amanecido. Caminan siete kilómetros hasta la
fábrica de armas, trabajan durante dos
turnos cada día haciendo carcasas para minas. Después del trabajo suelen donar
su sangre.
Natasha, lloro… lloro, al imaginar
a sus hermanas, y a sus débiles cuerpos,
hasta cuando aguantarían, si es que aún estaban vivas.
Tasha presiono con furor el documento que tenía en
sus manos y releyó la peor parte del
informe secreto de Sergey… “ este, sin ninguna duda, es el peor periodo del
asedio…–a ella se le nublaba la vista, ya conocía de memoria las diez palabras que le
seguían– “… distritos enteros de la
ciudad, fueron invadidos por ciudadanos… caníbales”".
La bebita emitió un agudo grito.
Tasha se asustó. La miro con
desconcierto, probablemente la había
presionado con la misma firmeza en que lo hizo con aquel repulsivo escrito, al
que aplasto con furia, en un arranque de
pánico.
–Perdona a tu madre Anya, por ser
tan impulsiva… Pero hija mía, deberás
acostumbrarte a esto, como yo he tenido que hacerlo, lamentablemente has nacido en medio de la barbarie y la atrocidad
humana… Y además…–acerco a su hijita a sus labios y le beso su rostro, su cuello, sus manitos.–… no puedes esperar
mucho de una madre de veinte años… ¡vaya que no puedes! – luego la miro dulcemente, y con nostalgia en su voz
dijo–…yo desde pequeña solo quería arreglar a la gente como lo hacía con mis
muñecas, … pero esta guerra, rompió mis sueños.
Para Natasha Serkin ya no se trataba de sanar enfermos, de transmitir sus recetas de
remedios milagrosos, de traer niños al mundo y cuidar a los ancianos…no, ahora se trataba de remendar
personas, sin preguntar
que les ha pasado, se sobreentendía.
Y normalmente debía
oír lo que no quería oír. Que le contaran del frío, del hambre, de que extrañaban a sus
mamás, a sus hijos, a su familia….Y a veces, solo a veces los escuchaba quejarse por el dolor de sus
heridas.
La niña emitió otro quejido.
–Mmm, lo que tú quieres es alimentarte ¿verdad?... no te interesan mis
lastimosas excusas… y tienes razón –Tasha desprendió su desgastada pelliza,
libero su blanco y ahora abultado seno,
la pequeña Anya se prendió con rapidez, succionándolo con impaciencia,
ella dejo que su hija se atiborrara de su leche materna, – Muy bien
hija, Aliméntate, hazlo tú que puedes… benefíciate de mi cuerpo, de mi amor... Gracias
a Dios soy yo la que puede producir tu alimento.
Tasha observaba a su hija mientras le
daba de mamar, y se emocionaba. Aunque
ella frente a los demás era fuerte y valiente, cuando nadie la veía era frágil
y vulnerable.
–Esta casa será pequeña, nuestra
ropa será humilde, pero en mi leche
tibia, te entrego mi espíritu, mi esencia… mi alma, hijita mía. Para que la
lleves contigo, aun si yo no estoy a tu lado.
Porque Natasha debía marcharse, tenía
que ir a buscar, a salvar, a sanar a sus
hermanas. Si no lo hacía, ella no podría vivir, no podría perdonarse nunca no
haberlo al menos intentado. Y menos podría perdonarse el haberlas dejado
abandonadas entre las garras de la guerra. El amor entre las tres, siempre fue grande
y verdadero, siempre fueron confidentes, cómplices… amigas de sangre, no necesitan necesariamente contarse todo,
ellas tan solo podían sentarse en una
habitación, estar juntas, compartir silencios y al mismo tiempo saberlo todo una de las otras.
Tasha era consciente de la encrucijada en
que estaba, debía dejar a su bebe, para
ir e busca de ellas…
Debía decidir, siempre se trataba de
una elección.
–Julya y Nina deben estar esperando por
mí– susurro– ellas saben que pueden
contar conmigo…–y cerrando los ojos, rezo en silencio– “Dios mío, ¿Por qué me
pones en esta situación? Ir allá, significa, adentrarme a la muerte… pero sino
voy el remordimiento me perseguirá hasta el último minuto de mi vida. –con lágrimas
en los ojos le suplico a Dios: – Solo te
pido, que me des la oportunidad de encontrarlas y salvarlas…, que las mantengas
vivas, hasta que yo llegue. Y te ruego mi
señor, que protejas a mi niña hasta mi regreso, porque si de algo estoy segura es de que yo regresaré,
hare lo imposible para mantenerme viva para mi hija y… para su padre”
Mientras amamantaba a Anya Volkov, Tasha
recordó el día que había conocido al teniente coronel Nikolay Volkov.
Fue
un tiempo después de que ella había logrado ingresar a trabajar en el Hospital
de urgencias Sheremétevski, el ex Hospicio Sheremetev. Tasha, había insistido
durante meses para conseguir ese puesto, si bien el ser demasiado joven no era
un impedimento, si lo era el hecho de
que ella aún no había finalizado con su carrera, y en ese centro sanitario, buscaban personal idóneo, preferiblemente fueran profesionales y no gente sin
experiencia.. Pero el temperamento insistente, amigable, diplomático, y deseoso de ayudar de ella, fue lo que convenció al director, y finalmente le dio un empleo en la estación
de Ambulancias, el área que se especializaba
en dar ayuda profesional a los
pacientes mientras iban en camino al
hospital.
Sin
embargo, a los pocos meses se vio
envuelta en una fuerte disputa con las damas del comité hospitalario, quienes
bajo ningún motivo, le permitían
participar en las labores de auxilio y
emergencias para la cual las ambulancias estaban destinadas. Los médicos
ambulantes no eran suficientes, muchos habían sido trasladados a la guerra de
invierno al frente con Finlandia, y no habían regresado. Entonces Tasha veía como una necesidad, la presencia de
alguien con conocimientos de medicina en
los traslados, alguien que brindara al menos los primeros auxilios, y siempre y cuando fuera necesario, porque a veces a los
pacientes se los podía atender tranquilamente en el sitio, sin necesidad de
emplear las ambulancias, y así se las podría destinar para verdaderas urgencias. Esa diferencia de
opiniones, fue la que la llevo a presentarse en el Kremlin, ante el esposo de
una de esas tercas y susceptibles damas…
“–Señorita,
el coronel Volkov está mañana, se
encuentra muy ocupado, tome asiento, y yo
mismo atenderé su cita ¿Cuál me dijo que es su nombre?... –le pregunto un joven
y formal oficial que se encontraba detrás de un pequeño escritorio, Tasha
observo con atención la oficina de aquel
coronel, le parecido tan
impresionantemente grande, que de inmediato se sintió cohibida y apocada. En ese
instante se arrepintió por su obstinación en la trifulca con las damas del comité,
si al fin de cuenta, sería como le predijeron sus compañeras, nunca le darían la razón ,no solo porque
nadie tenía tiempo para pensar en esas ideas, cuando estaban en guerra, sino
porque además eran ocurrencias, de una simple e inexperta enfermera.
–Soy
la enfermera Serkin, Natasha Serkin.
Tasha,
pudo distinguir la presencia de otra persona,
en el fondo del recinto, al otro lado de un ancho divisorio de vidrio, pero como el cristal
poseía un pronunciado relieve, resultaba
imposible tener una imagen nítida de esa
persona.
–Bien,
señorita Serkin… déjeme ver –y luego de buscar ágilmente en la agenda, y leer
algo en voz baja– Vaya señorita, veo que usted brinda sus apreciados servicios
en el ex Hospicio Sheremetev, ahora
convertido en un hospital militar.
–Exactamente,
pero eso es provisorio, es por un tiempo hasta que pasen estos conflictos,
luego volverá a funcionar el Hospital de urgencias y el instituto de traumatología.
Alguien
carraspeó desde el fondo del recinto.
–Se
refiere… ¿a cuando esta guerra termine? Porque no es un conflicto, señorita Servín,
es una guerra.
–Sí,
señor…lo sé. Pero Rusia no está involucrado, a eso me refiero. Discúlpeme si no
exprese la palabra adecuada, tal vez no quería alarmarlo. – y agrego–…aunque
eso le correspondería a usted, el hecho de no angustiar a una mujer…
Ella
escucho el mismo carraspeó del hombre que se encontraba detras del divisorio de vidrio.
–Señorita
a cada cosa por su nombre, estamos en amenaza de guerra, muy cerca nuestro se
está gestionando un conflicto bélico descomunal, con consecuencias para todo el mundo, solo que no
sabemos en qué momento nos tocara involucrarnos a nosotros… –Le respondió el
oficial, entre ofendido
–
¡Señor, nunca pretenda ofrecerle asistencia a un suicida!
Alguien
corrió una silla con fuerza, el incógnito hombre que estaba detrás de la mampara.
–
¡Señorita Serkin! ¡No olvide donde se encuentra usted en este momento! En la
oficina de un coronel bolchevique, aquí al suicidio lo consideramos una alta
traición a la patria. –Ella se mordió los labios y el oficial, muy divertido al
ver el efecto que había causado esas palabras sobre ella continuo su plática–
Ahora vamos al asunto en cuestión, aquí veo que usted, está causando problemas
y malestares en su lugar de trabajo, alterando y perturbando a todo el personal
sanitario del lugar, con ideas sediciosas, agitadoras y perturbadoras, en
momento muy delicado del país.
–
¡¿Qué?! ¿Así le han llamado a mis sugerencias, las retrogradas damas del comité? ¡Evidentemente, esas mujeres, son dueñas de ideas y actitudes propias
de tiempos pasados! Se horrorizan
y escandalizan cuando una mujer
con conocimientos médicos, pide permiso para montarse en una ambulancia a
socorrer enfermos y heridos, pero miran para otro lado cuando sus pares femeninos en antaño han tomado el "trabajo de hombres", sirviendo al
país en momentos como estos... ¿cómo le llamo, recién? ¡Delicado momento!
Se
escuchó un fuerte ruido proveniente del fondo de aquella estancia. Tasha miro hacia
ese lugar y vio que el hombre que estaba aparentemente tras de un gran
escritorio se había puesto de pie. Y era alto, muy alto.
–Señorita
Serkin, controle sus palabras, aquí no estamos para discutir el rol de las
mujeres en los conflictos bélicos. Le
respondió el oficial con voz mas baja.
–Discúlpeme
oficial –ella lo miro irritada, con
autentico desdén. Pero noto que al
soldado no parecía molestarle su mirada de enfado, hasta parecía que se estaba deleitando con esa conversación ¿o con
ella?– Podría entonces, decirme de una vez por todas… ¿para qué me han citado a
la oficina de un Coronel del Ejército Rojo?
¿Hay otro motivo? ¿Alguno que realmente revista importancia? … además
que del que ya me he dado cuenta, que es
el de hacer de celestina entre nuestras amorosas diferencias con la…señora
Volkova
El
oficial palideció, y ella se sintió una autentica revolucionaria.
–Andrey,
yo atenderé a la señorita Serkin, tu
puedes ir a la oficina de
telégrafos, estoy esperando un mensaje
importante –la voz a través del vidrio, hablo. Era una voz profunda y pausada.
El
oficial se puso de pie, mirándola con reprobación…y salió como un rayo de aquel
lugar.
El
coronel Volkov, pensó Tasha, lo había sospechado desde un principio. Ahora
conocería al respetable y distinguido
esposo, de la respetable y distinguida
esposa. A ella esas cosas la indignaban, no podía tolerar que en medio de la
mayor amenaza que haya sufrido jamás el mundo, un coronel del ejército perdiera
tiempo en esas cuestiones femeninas. Ella entendía que algunas mujeres quieren verse "débiles", ante su
marido, para que éste las proteja y las ampare bajo sus alas…. ¿pero a ese
extremo? ¿A involucrarlo en un asunto de poca monta, cuando la seguridad del
país estaba flaqueando?
Elena
Volkova, no solo tenía en su haber el honor de
ser la hija de un general de la nación, ella además contaba con una
hermosura sensual y subyugadora, eso no
se podía negar. Tasha, entonces entendía perfectamente que llevara a su marido
por las narices, pero asimismo la consideraba lo suficientemente inteligente
como para saber lidiar y resolver sus propios problemas.
No
lograba interpretar esa falta de disposición y de decisión de Elena, para
acabar ella misma con la disputa interna entre ambas. Como Tasha era consciente
que ese tipo de mujeres, no son las que le tiembla el pulso para tomar ninguna
determinación, acabo aceptando que lo que perseguía Lena, era la comodidad y el alivio, de que fuera su
esposo quien lidiara con sus propios asuntos.
En fin, espero resignadamente, en aquel momento, a un esposo molesto, que
seguramente, al igual que su esposa, le daría un sermón sobre “no te metas
donde no te llaman, solo estas para obedecer”
La niña se movió en sus brazos, había
terminado de alimentarse, y Tasha tan distraída con sus pensamientos, no lo
había percibido. Advirtió que había
mojado toda su cabecita con su leche… –sonrió ante semejante imagen, la limpio
con cuidado, luego se acomodó sus prendas, y se puso de pie.
–Muy bien Anya, ahora haz tu provechito. – Tasha camino hacia
su pequeña ventana, corrió la cortina, y noto que la noche ya estaba cayendo.
Comenzó a mecerse lentamente…balanceándose de una pierna a otra, con su
hija acomodada en su hombro… dándole suaves palmaditas en su diminuta espalda.
Recordó, ese momento. Recordó ese
instante… Recordó aquel día, como si lo estuviese viviendo.
La
imagen de aquel Coronel Volkov resulto ser incompatible con la imagen del
Coronel Volkov que Tasha se había formado.
Ella esperaba a alguien con rostro severo, con semblante áspero, con
gestos duros, y hasta con expresión
rígida, a alguien que tuviese un aire más formal, como debe ser un coronel del
ejército… Pero sobre todo, y lo que más
la conmocionó, es que ella esperaba
encontrarse a un hombre mayor,… como debe ser el esposo de una mujer mayor.
Elena
Volkova, tenía treinta ocho años de edad, ella misma había leído su carta de
presentación cuando había buscado información sobre el comité y sus
integrantes… y al frente de ella, su esposo, el coronel Volkov no podía tener más
que… ¡apenas unos años más que ella misma! … él era un coronel,…abrumadoramente
¡joven!
–Hola
–le dijo simplemente, mientras extendía la mano– Lena me ha hablado mucho de
ti.
–Coronel…
buenos días, hola.
Ella
lo miro con ojos soñadores, y nunca más pudo apartarlos de él.
Nikolay
Volkov, no era un hombre con rostro severo, vaya que no… él era un hombre
joven, atractivo, apuesto, con cuerpo delgado, armonioso e imponentemente
alto. Su
mirada era azul, profunda e incisiva,
y la acompañaba con una
suave y acogedora sonrisa.
Mientras
ella le estrechaba la mano, y se perdía en esos penetrantes ojos. Tuvo la
certeza y la convicción de que era el hombre perfecto, de esos que resultan
imposible encontrar, de los que no se puede escapar, de los que no se quiere
escapar…
Natasha
amo a Nikolay Volkov, desde el mismo momento que sintió el contacto de él en
sus manos, desde que una electrizante y
desconocida sensación sacudió todas las
fibras de su ser. No se detuvo a pensar en nada, no le
intereso ni que él fuera casado, ni el
hecho de que ella fuera una
insignificante jovencita al lado de la sensual y voluptuosa Lena, en ese
momento dejo de importarle todo. Propio de su naturaleza indisciplinada y
rebelde.
No se detuvo a pensar, ni por un
segundo, en el fantasma de la guerra que en ese tiempo los
acechaba, ni en el insondable abismo
que los separaba… Natasha Serkin solo
sabía, que él era un sueño… y no descansaría hasta
conquistarlo. Como
siempre, en sus deseos predominaban más
los sentimientos que los pensamientos reflexivos.
Ella
le explico que solo había querido mostrarse más activa, en una época donde los
radicales cambios, así lo requerían. Y que en ningún momento quiso ser la
disidente de la esposa de un líder. Y entendía perfectamente que en esos
tiempos era mejor unir fuerzas, que dividirlas, por eso mismo, no volvería a
polemizar sobre ese asunto.
Él
solo había asentido al escuchar su descargo verbal, porque si algo
caracterizaba a Natasha Serkin era
que nunca se encontraba perdida por
falta de palabras, aun cuando ella misma
era consciente que con frecuencia habla sin pensar.
A
pesar que el coronel nada acoto, más que ese simple gesto. Tasha tuvo la
impresión que había acertado al comportarse diplomáticamente, y haberse
expresado con ánimo y entusiasmo, sin intentar complicarle la existencia a ese
hombre con altercados femeninos.
–Me
parece muy conveniente y pertinente ese planteamiento. Entonces no hay nada más que
agregar,… aunque… ahora que lo pienso me gustaría interiorizarme sobre un
asunto que tengo pendiente con el hospital militar . Conversemos un
poco… y tal vez hasta te haga un pequeño
encargo, para mantenerte…más activa, si es lo que buscabas con tus ideas
“sediciosas”.
Y
ambos rieron con complicidad.
El
coronel le había pedido informes detallados,
de nombres, cargos y dolencias, de los
pacientes que llegaron a las salas
del hospital en los últimos meses, desde
la guerra con Finlandia. Le solicito un informe
diario y no muy extenso. La
instruyo para que dividiera en partes la
información que encontraría en los archivos hospitalarios, luego le extendió una orden con ese pedido con su puño y letra para que le
entregara al director del hospital Militar, y a ella le
recalco que recibiría esos informes personalmente.
Natasha
acepto con entusiasmo su nueva tarea, y entonces sin perder tiempo regreso al día
siguiente, y al otro, y al otro… y con el tiempo los dos se hicieron
inseparables. Sin duda alguna ella era
mucho más fácil para llevarse que él, para Tasha la vida era una alegre y
agradable experiencia, cargada de optimismo y entusiasmo. Nikolay en cambio, era tan tranquilo y sereno que jamás se
agitaba ante las circunstancias que lo
rodeaban. Él había tomado, entre ellos, el simple papel de espectador, sin demostrar
en absoluto ningún tipo sentimientos, escudándose detrás de su carácter reservado y
de su actitud siempre correcta y cortes, para evitar de esa manera que se
percibiera cualquier mínima emoción.
Tasha,
sin ningún tipo de reparo vivía en las nubes por él, se había enamorado
como una desquiciada, y no hacía nada para que no se le notara. Cada vez que lo
veía, simplemente se derretía. Ella no conocía la sutiliza, era ingenuamente
obvia. Solo se pasaba el día,
deseando que llegara la hora para
encontrarse con los ojos, con la sonrisa,
y con la voz de Nikolay.
Se
veían de lunes a sábado, menos los
domingos, que el coronel, iba a la iglesia con su esposa y luego almorzaba con
su suegro.
Algunas
veces, él la acompañaba hasta las aproximaciones del monobloc donde ella vivía,
habitualmente iban caminando…y cuando él la notaba muy cansada, debido a sus largos días laborales en el hospital se ofrecía
a llevarla en su vehículo, ella aceptaba
todo, complacida y encantadamente.
Natasha respiraba con su aire, miraba por sus ojos, escuchaba a través de
sus oídos…
Si
Nikolay compartía sus sentimientos, Tasha nunca lo supo, porque jamás lo menciono ni lo dio a entender.
El
coronel Volkov solo se limitaba a comportarse como un amigo, como un compañero,
le hablaba de su trabajo, Tasha se enteró, a través de él, que después de la Guerra de Invierno, el
Kremlin inició el proceso de reubicar oficiales calificados, y modernizar a sus
fuerzas, una decisión que permitiría a los soviéticos resistir la posible invasión
alemana. Nikolay también le hablo de sus padres, que habían
emigrado años atrás a América, de su hermana, casada con un diplomático
soviético, de sus dos sobrinos, y a veces de su esposa… Natasha sentía que lo
conocía de toda la vida.
En
los meses siguientes, todo fue igual. Pero a
finales de 1940, una tarde ella
llego a la oficina del coronel con el parte diario del hospital, y Lena estaba
ahí. Al principio se sorprendió, pero luego como una esposa resuelta, le dijo que en adelante no hacía falta que ella se tomara el trabajo de llevar
esos informes, que se los diera a ella en el hospital y ella misma se los
entregaría a su esposo. Nikolay, como era de esperar, no lo objeto.
Así
fue como Tasha, pasó de reunirse diariamente con coronel Volkov a hacerlo en su
lugar con su esposa Elena. Tasha no podía negar que la mujer, además de ser una
dama culta y distinguida, era una persona agradable y de buen corazón. Elena
Volkova no solo era la presidenta del
comité directivo del hospital, sino que era una afanosa y diligente voluntaria.
En muchas ocasiones se la podía encontrar entre las cama del hospital cuidando
enfermos, o leyéndoles la biblia a los
pacientes en grave estado.
Por
lo que con el tiempo Tasha comprendió, que seguramente esa forma de ser de Lena,
era lo que a Nikolay le había enamorado, aparte de su profunda y serena belleza. La edad de las personas se ve en el corazón,
concluyo con el tiempo.
Pese
a que Tasha con el tiempo le comenzó a tener una gran estima a Lena, pese a que
ambas solían pasar horas
conversando con jovialidad y la mayoría de las veces compartían ideas, risas y buenos momentos. No podía dejar de
añorar a su joven coronel de ojos azules, ella seguía profundamente enamorada del esposo de
Lena.
Quería,
amaba y extrañaba a su prohibido Kolia,
como Tasha le decía cuando solían estar solos…
Él,
con o sin intención, le había arrebatado
el corazón y la razón a Natasha Serkin, despojándola de toda su fuerza de voluntad, de toda duda, temor o recelo. Por primera vez en su vida fue egoísta, fue
incapaz de ponerse en el lugar de otra persona,
no le importo ser justa, honesta
o moral. Solo deseaba acabar con
el sufrimiento de no poder ni siquiera verlo.
Hasta
que ese deseo se hizo realidad. Fue un día
de Abril, de 1941. Ya casi finalizaba el verano.
Ella ese día salió de trabajar
tarde y en la acera descubrió que estaba estacionado el auto de Kolia. Su corazón dio
tumbos y más tumbos. Entonces él bajo y
la miro con suavidad, como solo él sabía hacerlo, y su saludo
fue demasiado normal, “Hola Tasha, llevo
un buen rato esperando afuera”, así, como si tan solo la hubiese visto apenas el día
anterior, como si no abrían atravesado océanos de meses desde su último encuentro. Aunque ella noto una extraña e inquietante timidez en su voz, luego se acercó hacia ella, se acercó
demasiado, casi pegando su alto cuerpo
al menudo de Tasha, y así, sin más, sin
preparación, sin vueltas, sin aviso, la
tomo por su cintura y por primera vez… la beso…, larga, prolongada
y dulcemente. Para Tasha, esa fue la sensación
más maravillosa que sintió en su vida, juntar los labios por primera vez con
alguien, fue una experiencia extraña y a la vez emocionante…. Tal fue así, que
su sensibilidad le gano, y aunque hizo lo imposible por evitarlo sus lágrimas
comenzar a correr por sus tersas
mejillas.
–No
fue mi intención, hacerte llorar. Perdóname –le dijo el sorprendido
–No
tengo nada que perdonarte, fue hermoso.
–
¿hermoso?... ¿y por eso lloras?
–Nunca
me entenderías.
–
¿Kolia has bebido?– ella había percibido el gusto y el aliento a alcohol
–Si
Tasha, he bebido… me he tomado un par de vasos de vodka en mi oficina… ¿y sabes
porque lo he hecho?
Ella
negó con la cabeza.
–Para
ver si bebiendo, lograba quitarte de mi cabeza, al menos un rato…Quería Dejar
de pensarte aunque sea, un breve lapso…
Necesitaba una pausa en mi cabeza. Pero te cuento, que fue peor… mis
pensamientos ahora se han convertido en una tempestad.
Kolia
quiso acompañarla caminando hasta su apartamento y ella acepto de
inmediato, cuando llegaron insistió con
subir, y ella se lo permitió, le resultaba impensable negarle algo a él. Luego le pidió vodka para beber, ella como toda soviética
guardaba una botella sin abrir, entonces
le sirvió un trago, luego él le pidió otro y ella volvió a servirle… y así
estuvieron por un buen rato... El bebiendo, fumando y mirándola con sus ojos
azules, que esa noche estaban mucho más oscuros que de costumbre, Y ella
embelesada y encantada por su presencia.
Entonces
el joven coronel volvió a besarla…y esa
vez le insto a abrir la boca y a recibirlo por completo.
–Eres
tan inocente,…tan casta, tan perfectamente pura…
Se
besaron durante mucho tiempo, al principio con mesura, con moderación, con
sensatez… luego fue con arrebato, con
ímpetu, con urgencia… De pronto una mano paso por el cuerpo del otro, y el
procedimiento fue el mismo, primero con
inseguridad, con temor, con vacilación,… luego fue con impaciencia, con ansiedad , con
desesperación. Y entonces, ella , arrastrada
y embriagada por una desconocida y
delirante pasión, y él
arrastrado y embriagado por los efectos del alcohol, no
pudieron detenerse, ya no pudieron parar, y sin pensarlo si quiera, cruzaron la pared invisible,… y abrieron la veda.
Esa
noche para Natasha Serkin la magia se transformó
en realidad y el mito en una maravillosa certeza. Esa noche ella
perdió su inocencia, su candor, su ingenua virginidad, le entrego a
Kolia Volkov su cuerpo y su alma.
Y
con esa entrega, con ese acto de amor, abrió un nuevo capítulo en su vida, un
nuevo y oscuro capitulo.
Porque
partir de aquel día, el mundo entero se le vino abajo. Sus
ilusiones fueron las primeras en desmoronarse, cuando el otro día Lena se presentó
ante ella con los ojos hinchados de por el llanto y el dolor, debido a que Kolia le había confesado lo que había sucedido.
No
solo le había confesado que se había despertado en la madrugada entre los
brazos de Tasha, sino que él no recordaba prácticamente nada, solo que llego
ahí, que bebio vodka, que se habian "acostado"...pero no lograba
recordar bien lo que paso entre ellos.
–Tasha,
yo te entiendo, se lo que mi esposo despierta en una mujer. Yo mismo, lo he
sentido… ¡pero él es mío, es mi marido, es mi vida!... Yo lo amo y el me ama,
lo nuestro trasciende todo tipo de
convencionalismo –Y le hablo como solía hacerlo su madre Sofia, o su
hermana mayor, cuando querían hacerle entender algo– No vayas a creer que para nosotros ha sido
fácil estar juntos, y llegar a donde hemos llegado,… no, ha sido muy duro.
Hemos tenido que luchar mucho tiempo contra el prejuicio y el escrúpulo de la
gente que nos rodea, quienes despiadadamente nos han acusado, juzgado, y sentenciado… Para la
mayoría de esas personas, él es un trepador, que se ha casado con la
hija del general Vasíliev para poder ascender. Y yo soy la rica solterona que ha comprado un joven
marido…. Pero lo que todas esas personas desconocen, es que nosotros nos amamos
por encima de todos, más allá de todos, e
incluso, querida Tasha, más allá de ti…
–Lena,
no quiero justificarnos pero…
Elena
levanto la mano y la interrumpió:
–Habla
por ti Tasha, a él no lo involucres… mi esposo ya me ha pedido perdón por haberse
emborrachado, y por haber perdido el
juicio. Y yo lo he perdonado, ¿o acaso puede haber un acto de amor más grande,
que el sentirse arrepentido por haberle faltado a la persona que ama, y
sincerarse con ella?... se siente
terriblemente mal por haber mantenido relaciones sexuales contigo.
Tasha
casi grita, cuando Lena recalco esas dos palabras “relaciones sexuales” La
mujer la miro fijamente y continúo:
–Claro
que se… lo he perdonado. Pude entender que no es perfecto y que está bajo mucha
presión, por eso ha bebido de más anoche... El
vodka en exceso les hace esas cosas a los rusos. Además sé que tú eres una tentación para
cualquier hombre… Nikolay y yo ya hemos aclarado todo, y te aseguro que lo superaremos juntos, como siempre hemos hecho con cada obstáculo que han
aparecido en nuestra relación…
–Tienes
razón Lena, hablare solo por mí. De verdad me alegro que tu marido halla tenido
la valentía de haberte ido con la verdad, al menos así podré… seguir
respetándolo… Pero a diferencia de él, yo no voy a pedirte perdón, porque eso
sería admitir una culpa… que a rigor de verdad, no la siento. Pero si voy
a prometerte algo. Te prometo que nunca
más él y yo volveremos… hacer el amor.
Lena
se mordió los labios, al escucharla cuando ella recalco las últimas palabras
“hacer el amor”
–Nunca
más… mientras él continúe casado contigo.
–Realmente
has resultado ser muy valiente, al menos no eres una hipócrita… Bien, ¿puedo creer en tu palabra?
–Claro
que puedes…tienes mi palabra, no volverá a pasar nada entre Kolia y yo,…
mientras continúe casado contigo.
–Nikolay,
continuara casado conmigo…hasta que la muerte nos separe, eso dalo por sentado.
Ese
fue el primer golpe que recibió Natasha después de esa noche. En su reloj
pulsera había visto con nostalgia la hora,
menos de doce horas había durado su dicha, su felicidad y su ilusión de
sentirse correspondida en el amor.
Su primera vez, su maravillosa entrega hacia
el hombre que irremediablemente amaba, se había convertido en una noche de olvido, de vodka, de lujuria y de arrepentimiento para Nikolay
Volkov.
El
segundo cachetazo lo recibió un mes
después, en mayo de 1941, cuando noto la ausencia de su periodo… de inmediato
se realizó un análisis de sangre en el hospital, y el embarazo fue confirmado.
Ella
no había vuelto a tener noticias de él, solo veía a Lena, casi diariamente.
Quien en ningún momento había modificado
para nada la afable actitud hacia Tasha,
solo le dijo que no era necesario que ella siguiera preparando los informes
para el coronel, porque ya no era una información relevante..
Aunque la relación entre ellas continuo exactamente
igual de cordial, abierta y amistosa… Tasha tenía bien en claro que algo se
había roto.
Una
mañana falto a su trabajo y fue directamente a la oficina de él, para
informarle lo del embarazo. Pero para espanto de Tasha, éste se negó a
recibirla, excusándose con que tenía demasiado trabajo.
Al
otro día una mirada acusatoria de Lena, le hizo comprender que ella ya se había enterado de su visita al coronel.
El
tercer sacudón lo tuvo dos meses después de esa fatídica noche, el domingo 22
de Junio de 1941. Ese día estaba de
guardia hospitalaria, cuando por la radio informaron, a las 3:15 de la
madrugada que en un frente de mil seiscientos kilómetros entre el mar Báltico y
el mar Negro, los alemanes pusieron en marcha cerca de cuatro millones de
hombres, cuatro mil tanques y cuatro mil aviones, para invadir a la Unión
Soviética.
Al
mes de aquel ataque, el ejército soviético se derrumbó. La invasión era
arrasadora, las pérdidas calamitosas… más
de ochocientos mil soldados fueron tomados prisioneros. Los Nazis avanzaban rápido y directamente hacia su objetivo, Moscú.
El
hospital comenzó a prepararse, para la guerra. Tasha ya no volvió a ver a
Lena, alguien le dijo que había dimitido
su puesto de presidenta del comité, porque estaba al frente un Asilo que daba alojamiento a niños huérfanos que llegaban de
las provincias invadidas.
En
agosto de 1941 Tasha, sufre otro nuevo revés. Leningrado, su ciudad , junto a su familia estaba siendo asediada por los alemanes. Ella ya llevaba cuatro meses
de embarazo, y cuatro meses sin ver a Nikolay...
En
el mes de Septiembre, se decidió y fue a enfrentarlo. En el hospital le habían
dicho que el Coronel Volkov y sus hambres habían regresado el día anterior,
regresaban de la batalla de Smolensk, el
primer enfrentamiento sobre el Frente Oriental, donde los soviéticos habían sufrido considerables pérdidas.
El
oficial Popov, a quien ella ya conocía lo suficiente y hasta le había cogido
estima, le flanqueo la puerta.
–No
te puedo dejar entrar Natasha.
–No
te preocupes, yo me hago responsable, solo dame unos minutos.
Al
entrar lo vio sentado tras su
escritorio, y su rostro reflejaba el
abatimiento y el desánimo que estaba
atravesando.
Al
verla, Inmediatamente se puso de pie y sin detenerse avanzo hacia ella, extendió
sus brazos y Tasha se abalanzo a
refugiarse en ellos. Se abrazaron hasta que sus cuerpos gimieron…
–No
sabes cuánto lamente, haber ido al frente sin despedirme de ti, me arrepentí
cada día que estuve ahí.
Ella
no respondió, no pudo hacerlo, porque no quería llorar.
–Te
extrañe Tasha –le dijo mientras se desprendía de su abrazo, tomándole las manos
y sin alejarse la besaba con la mirada.
El
corazón de ella parecía desbocarse.
–Y
yo a ti Kolia.
Ella
vacilo, y él noto la tristeza de ella.
–
¿Qué sucede?
–Kolia
necesito decirte algo, y no sé cómo vas a tomarlo.
–
¿Qué pasa?
–Ahora
no puedo explicarte, debemos hablar tranquilos, ven a verme esta noche a mi
casa así conversamos tranquilos.
–Eso
no será posible– dijo él sin soltarle
las manos– aunque es lo que más desearía en el mundo, tener cinco minutos a
solas contigo. Para que hablemos, para que escuches lo que tengo para decirte…
–
¿por qué no puedes?
–porque
en dos horas regreso al frente,
–
¡Oh!, ¿nuevamente?
–Sí,
los alemanes han tomado Kaluga
–
¡pero eso es apenas a doscientos
kilómetros de aquí!
–Por
eso mismo debemos impedir que continúen avanzando, hay que aumentar la ofensiva, sino queremos
que invaden en días Moscú.
–De
acuerdo, debes ir, pero debes prometerme soldado que te mantendrás a salvo,
porque de lo contrario...
Antes
de que ella pudiera terminar la frase, Kolia la beso… Y ella se dejó besar,
ella le ofreció su boca y respondió con deleite al maravilloso acto que
significaba rozar sus labios contra los
labios de él.
–¿
que querías hablar conmigo..? –pregunto
Kolia sobre su boca, sin aflojar la presión sobre su cuerpo.
–
¿hablar?... ahora mismo, no lo veo fácil.
Nikolay
le beso la boca, la mejilla, le beso el
cuello… y luego, luego introdujo de a poco,
su mano entre su abrigo y muy
lentamente comenzó a desabotonarle la chaquetilla de su uniforme.
–Kolia,
para… por favor.
–No
puedo, no puedo parar, no quiero… me gustas, me gustas mucho, te deseo, te
extraño, te necesito.
–Alguien
puede entrar Kolia.
–Nadie
entra sin llamar como lo has hecho tú hace un momento, pero si quieres echaré
llave. –respondió él sonriendo sobre sus labios. Pero sin soltarla.
Ella
quería encontrar el coraje, de parar, de impedir que él volviera hacerla flaquear.
Quería pensar en la promesa que le había hecho a Lena… Pero no tenía fuerzas,
no podía detenerlo, solo quería desesperadamente, sentir lo que había sentido esa
lejana noche. Era la primera vez que se encontraban después de aquello, y ella volvía
a ceder, volvía a perderse en él. Sentía
que lo merecían, que era lo más
natural entre ellos, sentía como que uno era digno del otro…
Y
entonces los minutos se volvieron segundos.
Ella
lo dejaba hacer. Cerraba los ojos, sujetaba sus propias manos. Instintivamente,
pensaba en cruzar los brazos, pero eso sería como rechazarlo, y ella no quería
eso, no quería que él se alejara… Tasha escondía la mirada. No sabía cómo
reaccionar, no sabía qué hacer, en ese momento quería saber más, tener
experiencia, quería saber cómo complacerlo.
…
Y él, él sí que sabía que qué hacer,
cómo moverse, donde besar, por dónde
pasar sus labios, donde mordisquear….donde tocar. Conocía perfectamente
como como nublar su razón, como apagar
su luz mental, como anular sus sentidos...conocía como
hacerla volar. Sabía en qué momento
presionar su cuerpo hacia el suyo, sabía cómo tensarla y como aflojarla, sabía cómo
marcar el compás de los escalofríos. El conocía todos los trucos, sabía cómo
hacerle fluir la sangre… y cómo hacer que su corazón latiera tan fuerte que
sintiera que estaba a punto de estallar.
–Kolia,
yo también quisiera saber qué hacer,
quisiera tener más experiencia, discúlpame –gimió ella con la voz entrecortada.
–
¿De qué hablas Tasha?... si eso es lo que adoro de ti, tu falta de experiencia...
–y le beso con infinita delicadeza su frente. – Y además en esto no se
necesitan instrucciones porque es nuestro instinto el que siempre domina la situación.
La
mano de Kolia, seguía en movimiento,
y en ese momento llego hasta… sus ¡pechos!
–Han
crecido…–murmuro. Ella se aturdió ante ese comentario ¿Cómo lo había notado? Si
tan solo los vio y los había tocado una
vez, y no recordaba. ¿Será que
él, le media sus cuerpo con solo observarla? ¿Será que cuando ella sentía que
él le atravesaba sus prendas con su azul mirada, realmente lo hacía?
Sus
manos seguían acariciando su busto, el presionaba sus… pezones…
–Espera
Kolia, espera… déjalo ya, por favor.
–
¿Qué pasa Tasha...? No me rechaces
Ella
levanto la vista y lo miro a los ojos
–Es
que debo decirte algo… y no sé cómo hacerlo.
Kolia
se tensó.
–Abre
la boca… y habla conmigo, es sencillo… ¿acaso, has conocido…a alguien? –le dijo
el, mientras le quitaba un mechón de su pelo del rostro, en el arrebatado
abrazo, a ella se le había caído la cofia y toda su larga cabellera se le había desparramado sobre sus hombros y
espalda.
–No,
claro que no, como crees, yo solo te quiero a ti.
Él
se aflojo
–Habla
entonces, dime… ¿Qué sucede?... no me preocupes
–No
es fácil… Lo que sucede… es que te extrañe tanto Kolia. ¡tanto! ¡tanto!
Se
pegó a su cuerpo nuevamente.
Y
él volvió a reaccionar… Ahora sus dos manos eran las que actuaban, le quito el
abrigo, y comenzó a quitarle…la chaquetilla
–No,
no lo hagas.
–
¿por qué no? Te necesito, deseo mírate, necesito llevarme una imagen tuya, una
sensación de vida en mi piel.
Ella
suspiro, y asintió. Dejo que le descubriera sus hombros, que arrastrara su
blusa por sus brazos, que cayeran sus prendas a sus pies, que la dejara desnuda
frente a él…
Y
entonces, se detuvo, abruptamente, él, dejo
de desnudarla.
…Kolia
hizo un paso atrás. Miro sus pechos y su pequeño y apenas abultado vientre. Y
lanzo una exclamación.
Ella
inmediatamente levanto sus prendas y se cubrió asustada. Comenzo a vestirse
rápidamente.
–
¿Qué diablos?... ¿qué significa…? –pregunto él con la voz, demasiado baja
–Es
lo que quería decirte– respondió ella tímidamente.
Él
se pasó la mano por la cabeza, se tomó la frente…
–Dios,
no es posible
–Si Kolia, si es posible, estoy esperando un hijo tuyo,… ya tengo cinco
meses de embarazo.
–
¡Joder!... ¿cinco meses!
¡Si,
cinco meses! Quería gritarle ella, pero
no podía hablar. Estaba atemorizada por
la reacción de él.
–
¿y ahora que haremos? ¿Hace cuánto que lo sabes...? ¡Bah!.. Que pregunta
ingenua, si tú eres enfermera, lo habrás notado en el momento.
–Sí
es cierto, lo se hace bastante… y no hace falta ser enfermera para que una
mujer se dé cuenta que está embarazada.
–
¿y porque demonios no me lo dijiste antes?
–¿Por
qué? Bueno te cuento, que cuando vine hablar contigo sobre esto, no me
recibiste, habías dado órdenes que no querías verme… y luego hasta fuiste corriendo
a decírselo a su esposa.
–
¡de que estas hablando! ¿Quién te crees que soy? … ese día que viniste, estaba
reunido con el general Vasiliev, por eso no pude recibirte. Y jamás se me
ocurriría ir a decirle nada a Lena, ¡por quien me tomas!
Kolia
se alejó de ella, dándole la espalda, la noticia lo había sacudido, y no podía
mantener su acostumbrada serenidad.
–
¿Tienes idea de lo que está sucediendo ahí afuera Tasha? ¿Sabes que estamos en guerra?
Que día a día caen y caen más de nuestras ciudades, los alemanes han rodeado Moscú, esta
ciudad también puede caer en cualquier
momento… –moviendo la cabeza con gesto negativo dijo; –Pronto comenzaran las
evacuaciones, es más, todo el
cuerpo diplomático moscovita hoy mismo está armando sus valijas.
–Pero,
nuestro camarada Stalin aún permanece en Moscú– expreso ella con orgullo.
–Sí,
Stalin está aquí, pero no creas que a él le va a temblar el pulso para enviarte
a ti y a toda la población civil a
combatir si eso fuera necesario, así no hayan visto un arma en sus vidas…Su Nacionalismo
ruso, significa no capitular, él solo insta a salvar a la “Madre Rusia,” sin justificar
los medios. Estamos dentro de una guerra de desgastes, algo que cualquier
general o mando del ejército aborrece.
-Yo
confió en nuestro camarada supremo, y en nuestros soldados… Stalin no permitirá que el enemigo ponga jamás un pie
en Moscú.
A
él le conmovió su inocencia.
–
¿A costa de qué?...tal vez desconozcas que tu supremo camarada cree que la
muerte soluciona todos los problemas, “sin hombres no hay problemas” Y Hitler por su parte, les ha dado la consigna a sus oficiales de no respetar la
más mínima convención humanitaria, de no solo aniquilar a los combatientes, sino también a los civiles.
Los dos son las caras de la misma moneda, uno utilizo el
nacionalismo y el otro el comunismo,
–
¿por qué me dices todo esto Kolia? ¿Quieres…
atemorizarme?
–No
creo que nada de lo que yo te diga logre atemorizarte, hay cosas que las
personas solo las comprenden cuando las ven con sus propios ojos… pero si
quiero que entiendas lo que está sucediendo, permítemelo al menos ,
informártelo: estos invasores fascistas
que nos atacan sin tregua, quieren sobretodo
humillarnos y minar nuestra moral, no
solo matando y arrasando a nuestro
pueblo... sino tomando a nuestras mujeres –Y cerró los ojos con dolor– "Al
vencedor le pertenece el botín" ha sido un grito de guerra desde hace
siglos, y ustedes Tasha, son parte del botín de guerra… ¿entiendes?... no sé cómo
protegerte. Y ahora… ¿cómo hare para proteger a un hijo?– su
voz, por poco se quiebra– en esto por primera vez en mi vida, deberé darle la
razón a tu camarada supremo cuando dice “un verdadero bolchevique no debería tener familia”
–Kolia,
por el amor de Dios..., si nuestros soldados van al frente pensando en sus
familias, en sus seres queridos, ellos son el motivo que los moviliza. Y ahora,
tranquilízate, yo se cuidar de mí, y de la misma manera cuidare a mi hijo. Además
no dudo, de que nosotros ganaremos esta
guerra, venceremos… Nuestro ejército está compuesto por hombres fuertes, son el
arma más poderosas que tenemos. Nuestros
soldados,… tan recios para pelear, y tan reacios a rendirse o a darse por vencidos…–ella
no podía controlar la pasión al hablar– ¿Qué pasa coronel? ¿Tan pronto has perdido la
fe?
–
¿qué pasa?... ¿qué pasa? ...Encima
preguntas. Hoy mismo vuelvo al frente, no sé qué pueda suceder conmigo,
no se siquiera si regresare. Y entonces... no sé qué sucederá contigo y ese
niño.
Se
miraron uno al otro, sin hablar. Porque ambos sabían que no había vuelta atrás. La mirada de ella fue segura, fue fuerte, fue
jubilosa.
…Para
ella era mucho más fácil, porque ya había tenido cinco meses para afrontar y aceptar
el hecho de que su hijo llegaba en el peor momento de la historia de su
país. El día que escucho que estaban en guerra, con todo su
espíritu se aferró al futuro
y a la esperanza de que la unión soviética soportaría el ataque nazi, y lucharía por la victoria… hasta vencerlos.
Él,
le tomo las manos, con indescriptible ternura.
–Tasha,
entonces… Nosotros, en unos pocos meses… tendremos un hijo.
–Si
Kolia, tendremos un hijo, fruto de…
aquel encuentro. –no podía decir fruto de su amor, porque él jamás le había
dicho que sentía por ella, Tasha no sabía si Kolia la amaba, como ella a él.
–Entonces,
voy a confiar en ti, creeré lo que me has dicho hace un momento, que cuidaras de ti y de mi hijo. Prométeme que te mantendrás a salvo. Prométeme también que no te sepultaras durante días en
el hospital, que no andarás por las calles a altas horas de la noche, y que no te acercaras por la plaza roja, bajo ningún
motivo – en ese lugar se concentraba diariamente para reabastecerse todo el ejército siberiano– Aquellos soldados
que tu tanto admiras, estos días se
parecen a perros rabiosos, que pueden dañar a cualquiera que se le acerque sin
importarles que sean de los suyos.
–te
lo prometo, pero quien querrá hacerle daño a una mujer embarazada? Te das
cuenta Kolia, este niño hasta será mi escudo.
–Tasha
no seas tan ingenua… cualquiera que te vea, se olvidaría de su decencia. y por estos días, esos hombres, han sido despojado de su alma.
–Está
bien... Pero te diré algo, Dios, no permitirá que nada me pase, mientras lleve
a tu hijo en mi vientre. Y tampoco permitirá que nada le pase al padre de este
niño.
Luego de escucharla, Nikolay enmudeció y de
inmediato la estrecho en sus brazos. Tasha con mucho agrado se amparó en él.
Ese
21 de Septiembre, cuando comenzaba el Otoño Ruso, Kolia volvió al frente a combatir a los nazis, ese día ellos no se entregaron con el cuerpo, ellos se
entregaron con el alma, y comprendieron aquella vedada noche de Abril no solo
germino una vida, sino que se originó un inquebrantable vinculo, una milagrosa y perfecta trinidad,
madre, padre e hijo…
Tasha dejo de mecerse sobre sus piernas, dejo de
moverse rítmica y lentamente, su niña ya
dormía en un profundo y sereno sueño sobre su hombro, la oscuridad había
cubierto por completo el apartamento, y el frio nocturno crecía impiadosamente.
Miro la hora, era muy tarde. Se dirigió a su habitación, y se arropo en la cama abrazada a
su hija…. Estaba inquieta, tantos recuerdos la habían aturdido.
Cerro los ojos, y las imágenes se le
presentaron como quien lee su diario íntimo:
A
los días que él se marchó, ella recibió la noticia de que su madre había
muerto…y de que Leningrado estaba agonizando. La última vez que ellas habían
hablado fue en los últimos días de
Agosto, pero luego habían quedado
totalmente incomunicadas. El 8 de
Setiembre cortaron todas las líneas
telefónicas su ciudad natal, por lo que ella ya no volvió a tener noticias ni
de su madre ni de sus hermanas. Natasha
esperaba entonces, correspondencia epistolar de su familia, cuando un telegrama
de su primo Sergey, le comunico sobre
el deceso de Sofia Serkina, quien había
perecido bajo un bombardeo nazi.
En
aquel momento lloro, lloro sin consuelo,
por su madre, por esa mujer tan
integra, tan magnánima, tan legítima, tan llena de ideales. Que desde pequeña
le repetía sin cesar “La Patria debe ser para ti la cosa más grande después de
Dios”, “Para un soldado cristiano el morir por la Patria es un acto sublime de
caridad”, Natasha siempre supo que su madre se
lamentaba en silencio, sobre la ironía de la vida, ella que poseía tan arraigado esos ideales, había
nacido mujer, y no solo eso… sino que había engendrado tres hijos,…y los tres
eran mujeres.
En
aquellos días extraño a sus hermanas, a su familia, a su antigua vida.
Y
fue precisamente Lena quien la saco de ese aturdimiento. La esposa de Kolia había ido a llevar
flores frescas a la virgen que estaba en la capilla del hospital y la encontró a ella sentada un banco de la iglesia, en un
lastimoso estado. Lena se acercó,
y solo le apoyo la mano en el hombro, con condolencia, con
humanidad… le dijo palabras acogedoras, reconfortantes, y agradables. Tasha siempre evocaría ese día, aunque no
recordara las palabras que le había dicho, nunca olvidaría la calidez y el
alivio que sintió.
Elena
Volkova no se percató de su embarazo, y Tasha
agradeció a Dios por eso, no hubiese tenido fuerzas para enfrentarla.
El
veintidós de octubre de 1941 se
estableció el estado de sitio en Moscú y comenzó la evacuación de los
organismos del poder y de las representaciones diplomáticas al interior del país,
la capital era bombardeada diariamente,
los ruidos ensordecedores y el pánico corroían el ánimo de Tasha, quien se había refugiado junto a su tía
Alina, y al resto de la población en el metro de la ciudad, por aquellos días era el único lugar
seguro de Moscú. En una zona de la
estación subterránea, se había improvisado un espacio hospitalario donde ella, pese a su estado, colaboraba, en las horas que no estaba
prestando servicio en el hospital militar. También se especulaba que el máximo poder
soviético, Stalin y su comitiva de generales ocupaban otro sector de aquel amplio espacio.
De
Kolia nada sabía, y eso la empujaba cada día que pasaba a un inevitable estado de desesperación. Leía
todos los periódicos, escuchaba la radio todo el tiempo, estaba atenta a los
informes que traían del frente sus
colegas cuando regresaban de las incursiones que recogían heridos, recababa información entre aquellos soldados heridos, buscaba
alguna novedad, alguna señal del coronel Volkov y sus hombres. Novedades
que nunca llegaron.
Pero
el un día de Noviembre, mientras ella estaba de guardia
nocturna en su trabajo, llego a las tres
de la madrugada una invitación al director y al subdirector del hospital, para
que acudieran ese mismo día a la
ceremonia militar en la Plaza Roja, organizada
por el propio Stalin. Se llevaría a cabo
el tradicional desfile militar en honor a la revolución bolchevique, con la presencia de la mayoría de las tropas soviéticas, que en ese momento
marchaban hacia la ciudad. Todo había
sido organizado en un absoluto y mortal secreto, y apenas unas horas antes se
anoticio a los invitados y a las mismas tropas. Seguramente era para que no se
filtrara la información y fueran blanco de inminentes ataques. Ella corrió rápidamente a la estación del
metro y busco ropa adecuada para la ceremonia, llevaba en su bolso una de las
invitaciones dirigidas a sus superiores,
que había tomado sin permiso, y sin ningún
tipo de reparo o escrúpulo mientras nadie la veía. Esa sería la única oportunidad de verlo, si es
que aún estaba con vida. Y no la desaprovecharía por nada del mundo, ella necesitaba desesperadamente una prueba, una evidencia, un motivo para continuar creyendo
Pese
a las suplicas de su tía, a las ocho de la mañana Tasha estaba firme frente a
la plaza Roja. A esa hora en Moscú era
de noche, y había baja visibilidad por la tormenta de nieve que azotaba a la ciudad desde la madrugada… Tasha era
consciente de que los alemanes podían atacar en cualquier momento, pero también comprendió que la hora que era y el clima estaban ayudando. De repente, se
iluminaron las estrellas rojas que había
en las torres del kremlin, que desde los
inicios de la guerra estaban cubiertas con fundas de camuflaje… Y los tanques y
las tropas comenzaron a desfilar, venían
directamente del frente y por lo tanto estaban
armados… Stalin estaba parado sobre la tribuna del mausoleo de Lenin. Y de
inmediato dio rienda suelta a su inmortal discurso, fue tan impresionante que logro reactivar
a todas las tropas presentes... Tasha al
escucharlo sintió una emoción tan grande, que por poco no se hecha a llorar,
por mucho tiempo recordaría una parte de ese extenso discurso, una parte que le
quedo grabado en su corazón de rusa.
(…) …Camaradas soldados y marinos
rojos, jefes
y colaboradores políticos, ¡partisanos y
partisanas!
Todo el mundo ve en ustedes la fuerza capaz de aniquilar
a las bandidescas hordas de los invasores
alemanes.
Los pueblos esclavizados de Europa,
caídos bajo el yugo de los invasores
alemanes,
los ven
como a sus liberadores.
Les ha tocado cumplir una gran misión liberadora.
¡Sed dignos de esta misión!
La guerra que sostendran es una
guerra de liberación, una guerra justa.
Que los inspiren en esta guerra las
viriles figuras
de nuestros antepasados.
Alexandr Nevski, Dmitri Donskói,
Kuzmá
Minin, Dmitri Pozhárski, Alexandr
Suvorov, Mijaíl Kutúzov!
¡Que flamee sobre vosotros la bandera
victoriosa del gran Lenin!
¡Por la completa derrota a los
invasores alemanes!
¡Muerte a los ocupantes alemanes!
¡Viva nuestra gloriosa Patria, su
libertad y su independencia!¡Bajo la bandera de Lenin, adelante, hacia la victoria!
Y
en esa blanca y nívea mañana, entre más
de veinte mil soldados, en un acto que solo duro veinticinco minutos, Tasha con
los ojos ardidos por el frio y el inclemente viento, pudo distinguir al coronel
Kolia Volkov, vestido con su uniforme de
gala, y portando un rostro tieso, severo y distante. Ella al ver aquel semblante
se conmovió, porque entendía que para Kolia como para cada uno de los
integrantes de esas tropas, ese desfile,
mas que un desfile
era un reto, un mensaje hacia el enemigo, era el crepúsculo
de la guerra Patria, era el amanecer de
una victoria, era el presentimiento de un triunfo.
Natasha
Serkin, y todos los moscovitas presente en
la plaza roja cantaron el himno de La Gran Guerra Patria con la mano derecha
puesta en su corazón, y a ella como a
muchos les corría lágrimas en sus mejillas, a pesar de que su condición de
soviético no le permitía dar muestras de debilidad en público. Más de uno se
hubiese, también persignado, pero el camarada Stalin estaba presentes.
El gran país se está levantado
se está levantando para la mortal batalla,
contra las oscuras ordas fascistas,
contra sus hordas endemoniadas.
Deja que nuestra ira
azote como olas,
¡La Guerra Nacional Marcha!,
¡La Guerra Sagrada!
¡Que una noble furia
hierva como las olas!
Esta es la guerra del pueblo,
¡Una guerra sagrada!
Repeleremos a los estranguladores
de las ideas ardientes.
Violadores, saqueadores,
Torturadores del género humano.
Cuando
nadie la vio, tomo la cruz que llevaba colgada en su cuello, la beso, se
persigno, y rezo…rezo con todas sus fuerzas. Luego los genes que dominaban su naturaleza rusa
le hizo gritar:
–¡Gloria al ejército rojo!
No
volvió a encontrarse con él hasta el
siete de Diciembre de 1941, el día que sus hombres lo llevaron agonizando al hospital
militar. Dos días después de que la
Unión Soviética lanzara un masivo contraataque contra el ejército alemán, que estaba a
escasos treinta kilómetros de la capital.
y que el ejército Soviético finalmente lograra estabilizar el frente de Moscú.
La
gravedad de su herida, no impidió que Coronel
Nikolay Volkov, el ex capitán siberiano, el padre de su hijo, el amor de su vida… Pudiera vencer a su propia muerte…
Capítulo
3
Esa misma noche, a cientos de
kilómetros de ahí, en la soledad de su refugio un hombre con la
mirada azul profundo y rostro
circunspecto estudiaba con esmero un plano con las ubicaciones de las tropas nazis, a un margen de esos gráficos estaban transcriptas las ordenes que
debía cumplir en ese nuevo plan de
guerra el Décimo Noveno Ejército
Soviético, compuesto por tropas siberianas recién reclutadas y bajo las ordenes
de su comandante, el coronel general Nikolay Volkov.
Incluso
mientras la ofensiva alemana todavía ganaba terreno, el alto mando soviético estaba reuniendo fuerzas de choque al sur de Rusia. Todas las reservas militares que había
disponibles en el inmenso país eran enviadas
hacia esa zona, se
sabía que el ejército alemán tenía como
objetivos, primero la captura de puntos fuertes en el Volga, y posteriormente el avance sobre los yacimientos del Cáucaso.
El joven coronel se encontraba dentro
de una fría y extensa tienda de campaña.
Encendió un cigarro, bebió un trago su
vodka y pensó en las órdenes de Lenin. “¡No permitir ni un paso nazi hacia los yacimientos!”
Bebió otro sorbo del ardiente trago para
intentar entrar en calor y pensó cuan extensa e implacable resulto ser esa temporada invernal.
Reflexiono
sobre ese infrecuente fenómeno, el invierno ruso de 1941. El General Invierno
como todos le llamaban, que solía durar
cinco meses, de noviembre hasta finales de marzo, pero aquella vez se había
presentado con premeditada anticipación
y aparentemente aun no tenía intenciones de abandonarlos. Para Nikolay y para el resto de los
soviéticos, esto solo podía ser, un buen
augurio ruso. Es bien sabido, que cuando alguien escucha la palabra Rusia, lo
primero que se le viene a la mente es: frío
extremo y mantos de nieve, el primer
consejo que se escucha es “¡Si vas a
Rusia lleva abrigo!” En el ámbito militar
ocurría algo parecido, existía un mito
sobre ello, que Napoleón en 1812, al
igual que muchos otros invasores que también
intentaron conquistar ese país, fueron derrotados por el "General Invierno". Un mito que de tanto repetirlo se había
convertido en una verdad histórica, no puedes combatir en Rusia sin tener el
abrigo adecuado, prueba de ello eran los mismo soldados de Hitler, quienes meses
atrás, en las puertas de Moscú, no habían podido permanecer durante más de una hora tumbados dentro de un agujero excavado en la nieve, resistiendo
temperaturas entre 30 y 50 grados bajo cero. A rigor de verdad, ningún hombre puede contra esas condiciones. A menos que,… carguen una
piel de cordero para tumbarse sobre ellas, que usen botas de fieltro para proteger sus
pies, en lo posible uno o dos talles más
grandes para poder rellenarlas con lana o con paja, que lleven un gorro de piel
sobre en su cabeza o que cubran sus manos y dedos con guantes acolchados, y que utilicen pesados
abrigos, como lo hacían solamente los
soldados soviéticos.
Por tal motivo, los nazis en esos días, como tantos otros en otras épocas, combatían contra
dos frentes, contra los soldados rusos, y contra el General Invierno, en un muy
poco literal sentido.
Nikolay nuevamente soplo el humo del
tabaco, pero más animado, juzgando que al
menos, el frio era su más fiel aliado.
Luego,
murmuro con voz grave –“No les va a resultar fácil malditos, y ahora prepárense
para el soportar otro inclemente general, el rasputista”.
Salió a la oscura noche, y el gélido
aire golpeo su rostro. Dedujo que serían las últimas heladas, la primavera había
llegado, de un momento a otro comenzarían a fusionarse las nieves, y romperse
los hielos, entonces sus aguas
infiltrarían los suelos, y se formarían los acostumbrados mares de lodo, cuando ese ciclo se completaba era señal que había
llegado “El general,… Rasputista”. Los rusos, conocían a la perfección ese fenómeno, y eran
conscientes que ni siquiera ellos mismos
podían evadirlo. Fue por eso que habían tomado la iniciativa de adelantarse,
salieron por detrás de Moscú y atravesaron
con premura los caminos que pronto serían casi imposibles
de utilizar, anticipándose a las tropas Nazis, que se encaminaban hacia el sur
del país. Ahora solo quedaba confiar que
los tanques más poderosos de sus enemigos, al iniciar su marcha coincidieran
con el rasputista primaveral, y quedaran
en consecuencia, varados e inutilizables.
Estaban a mediados de Abril, se esperaba que el
encuentro se realizara en un mes o poco más.
Aun no conocían con certeza los planes de Hitler. Los espías soviéticos no
habían vuelto a interceptar ninguna información concreta, solo que marchaban al
sur, hacia Stalingrado, y a la zona de
los yacimientos petrolíferos. Aparentemente el
Führer para proteger los planes de su nueva campaña de guerra que había denominado la Operación Azul, prohibió tajantemente la transcripción de
órdenes; todo debía comunicarse de manera verbal.
Mientras tanto él,
planificaría una y otra vez. Luego
se dedicaría a valorar el plan. Y si era
necesario volvería a planificar, porque Nikolay no pensaba arriesgar ni su vida
ni las de sus tropas por las necedades de Stalin y sus generales. Si era necesario,
llegado el momento, silenciaria sus radios, y desoiría ordenes, pero no
perecería por seguir mandatos irracionales. Decididamente
él no solo dominaría su arma, sino que también dominaría sus pasos y la situación.
Para ello debería utilizar todo su cautela, su autocontrol y su juicio. Lo haría a su manera. No pensaba
respetar el viejo precepto de Stalin, el de iniciar rápidamente una posición
tras otra, disparando al enemigo sin ton ni son y sin siquiera
pensarlo. Ya conocía de sobras, esos resultados, la mayoría de las balas se desperdiciaban y los soldados terminaban acribillado a tiros. Nikolay poseía
la agresión de un guerrero ruso, pero una agresión controlada.
Aspiro una pitada más de su cigarrillo
y luego lo aplasto bajo su pesada bota. Ahí en la oscuridad de la noche con una
botella de vodka en su mano, el enfrentaba su revuelta de pensamientos… que en
ese momento no lograba controlar.
Muchas veces él mismo se cuestionó esa
faceta, la obsesión de controlar
hasta sus propios impulsos… Sin embargo, había aprendido a lidiar con eso,
puesto que era parte de su personalidad. Aunque Nikolay admitía que existía
alguien que había logrado romper con esa inalterable regla personal, alguien que de un día para otro había
logrado derrumbar toda su estructurada, ordenada y controlada vida.
¡Natasha Serkin!
Tasha…
Tasha… su preciosa Tasha. Desde antes de
haberla visto siquiera, desde antes de decidirse, aquel ya lejano día, a franquear el bastidor de vidrio de su
despacho hacia donde se encontraba ella hablando con Andrey, él
estaba completamente seguro de lo que encontraría, no podía esperar nada menos de la
dueña de una voz cálida, relajada, armónica y agradable voz, esas cualidades,
sin dudas, solo podían aludir a alguien guapa y atractiva…. Aunque claro, después de encontrarse con aquel rostro
celestial, con dos gotas de miel en
lugar de ojos, con aquella mirada translucida,
natural, límpida, con su larga, resplandeciente y plateada cabellera, decirle guapa o atractiva
era tergiversar los hechos, faltar a la verdad, y no hacerle justicia, porque sencilla y claramente ella resultaba ser la mujer más bella que él hubiese visto
jamás.
Desde
el instante en que la vio, Nikolay ya nunca tuvo retorno. Natasha Serkin era de esos
seres especiales, que cuando te sonríen,
lo hacen desde el fondo de la
inocencia humana… desde ese lugar especial, que todos anhelan llegar, y cuando lo conocen nadie quiere abandonar…
Fue
así como ocurrió, desde que sus ojos se
encontraron, él se
perdió irremediablemente en ella. El
coronel del ejército rojo fue víctima de un violento arrebato emocional, de un
flechazo que logro alterar y
descontrolar toda su tranquilidad interior. Lisa y llanamente se enamoró de Natasha, se
enamoró como un loco, sin detenerse
a reparar que tal cosa le estaba prohibido, puesto que él ya estaba
comprometido a otra mujer.
"Nikolay
cerró los ojos brevemente, y la recordó, .... la añoró, la veneró.
Nunca había conocido a un ser con el alma blanca, con un alma sin sombras, sin culpas, sin tormentos, a un ser libre de
impurezas. Cinco minutos frente a ella, cinco minutos bastaron, cinco minutos y ese ser celestial penetró su corazón.
Aunque el destino conspiró cruelmente en contra de él al
hacer llegar a ese a ese amor de manera impuntual a su vida. ...igualmente, para el joven coronel Natasha Serkin era una incitación a lo sublime, era una reacción del sentimiento contra la razón"
¿Y cuál era el resultado por desafiar ese hecho, y no aceptarlo
tal como era?
Que ahora tenía un corazón dividido.
El coronel Volkov, no solo estaba en medio de una guerra con el ejército alemán, él estaba en medio de otra guerra, en un combate moral, en una lucha de espíritus. Entre un debo y un quiero. En el bolsillo izquierdo de su abrigo tenía una carta de Lena, que días atrás había recibido, y que aún no respondía.
El coronel Volkov, no solo estaba en medio de una guerra con el ejército alemán, él estaba en medio de otra guerra, en un combate moral, en una lucha de espíritus. Entre un debo y un quiero. En el bolsillo izquierdo de su abrigo tenía una carta de Lena, que días atrás había recibido, y que aún no respondía.
Al pensar en su esposa, lo embargo una profunda y espontanea culpa. No le gustaba mentirle,
pero no tenía otra alternativa. Ella le
reclamaba su falta de interés, su abandono, sus parcas palabras en sus frías y
esporádicas misivas. Pero él estaba
atravesando por el peor un momento de su vida, y no era justo pedirle a ella
que lo entendiera. Lena le decía en sus cartas que se aferrara al amor que
existía entre ellos, para poder afrontar esos difíciles y
peligrosos tiempos, que no olvidara sus palabras en ningún momento. Nikolay que ya era un ducho conocedor de cómo debía actuar en aquellas condiciones, y como correspondía comportarse en medio de una
guerra, sabía que su esposa estaba absolutamente errada, en la guerra un
soldado para sobrevivir debe convertirse en un arma letal, y para ello no solo necesitaba
una mente ágil y despierta, sino que principalmente estuviese liberada de
todo aquello que pueda perturbarlo. Y si
Lena pensó que sus palabras
podían penetrar su espíritu, también estaba equivocada, porque a
ese lugar un combatiente solo deja entrar a Dios.
El coronel, bebió otro trago de ese
liberador aguardiente.
–No
Lena, ningún soldado puede aferrarse a
nada, ni puede permitir que sus relaciones humanas,… sus debilidades se manifiesten en su mente.
Eso no está permitido en medio de tanta destrucción, cuando en el aire solo se respira… el olor a muerte.
–susurro con amargura
Sin embargo, los hombres de la guerra suelen tener en esos días, meses, y años, en el peor de los
casos, que
duran los conflictos bélicos, algunos
momentos de soledad, para pensar
en sus seres queridos, en sus familias,
en sus amores, en sus pasiones.
Aquella noche de Abril para él era uno
de aquellos momentos.
Llevaban
cinco años de casados con Lena; se habían visto por primera vez en 1935, él
tenía 23 años y ella 33, en aquel entonces el mundo aún estaba libre de guerra. En Rusia, Stalin había ordenado el abandono de la anterior
táctica de clase contra clase, que solo había hecho facilitar el ascenso de
Hitler al poder, y en agosto de 1935, la asociación comunista
internacional, Komintern, admitió que el fascismo constituía una grave
amenaza para la URSS y la paz mundial, en consecuencia autorizo la búsqueda de
alianzas, tanto con la burguesía progresista como con otros grupos de
izquierda, incluidos los aborrecidos socialistas, era imperioso construir
alianzas antifascistas. Kolia que en ese entonces tenía el grado de capitán, en
el ejército siberiano, y viajo a Moscú desde Siberia para custodiar a sus superiores, que participarían
en aquel Congreso convocado para unir
fuerzas
Fue
en esos días que conoció a la hermosa y
refinada hija del General Ruso Hans Vasíliev, e
inmediatamente quedo prendado con esa enigmática y sensual mujer. Elena Vasíliev una mujer culta, sociable e
inteligente, sobresalía por poseer ideas
progresistas y tener fe en el futuro
soviético. Ella, además comprendía mejor
que nadie, la obsesión y la pasión de la política militar, pues su padre y la
mayoría de los hombres de su círculo social compartían ese oficio, Lena era lo que él necesitaba.
Aunque
al principio, a Lena le inquietaba y preocupaba la diferencia de
edad entre ambos, y la reacción que generaría entre la gente de su clase, con el tiempo doblego esos prejuicios, se
entregó a esa relación, y dejo que solo
decidiera su corazón. Ella hablo con su padre para pedirle su apoyo, y el general sin dudarlo
respaldo la felicidad de su única hija, fue el mismo Hans
Vasíliev quien movió cielo y tierra para
lograr el traslado de Nikolay, de un ejército a otro. Pese que era algo muy poco inusual, no
resulto imposible, el ejército Rojo
respetaba a los siberianos, quienes eran como
un ejército de elite de la Unión Soviética, y fue así que finalmente el general lo logro y el Capitán
Volkov fue transferido a las tropas del Ejército Rojo. Luego los ascensos en su
carrera, corrieron por cuenta del mismo Nikolay.
Él, secretamente, también solía tener sus
dudas sobre las diferencia entre ellos, tanto sociales como de edad, no obstante debió reconocer que en su pasado ya había salido con varias chicas, que, en el mejor de los casos, podían
ser calificadas como jóvenes de su edad y de su misma clase social, pero
ninguna había despertado lo que el carácter
independiente y generoso de Lena
lograba avivar en él. Físicamente sabían complementarse muy
bien, Lena siendo una mujer con experiencia logro estimular en él una faceta nueva, más
ardiente y salvaje. Ella lo hacía sentir diferente, seguro y amado, por eso sin titubear le había propuesto
matrimonio.
Luego
de casados, a pesar de las muchas horas que él dedicaba al trabajo, ella
resultaba ser comprensiva. Y durante los
difíciles primeros momentos de la
guerra, cuando solía necesitar a alguien que lo abrazara y lo contuviera,
Lena nunca le falló.
Pero
él sí que le había fallado, y lo seguía haciendo. Cada vez que pensaba en Tasha
le fallaba a Lena. Cada vez que añoraba a Tasha le fallaba a Lena. Cada vez que
se aferraba a Tasha condenaba a Lena.
Nikolay
para serle leal a Lena debía olvidar a Tasha… ¿pero acoso alguien creía que eso
sería alguna vez posible?... ¿Acaso alguien pensaba que un
hijo, no era suficiente
recordatorio para mantenerla toda la
vida presente, como podría olvidar a la madre de Anya? …Era impensable. Estar cerca de su hija, e ignorar a su madre,
era como ignorar al sol durante el día…
Ya
en el pasado, un tiempo atrás, lo había intentado y eso de nada había servido. La primera vez
que se distancio de ella fue cuando una tarde Lena y Natasha se encontraron en
el Kremlin, Tasha, como todos los días, había
ido a llevarle una lista parcial con los
datos de los pacientes militares que constaban en el registro del hospital, información
que para él era fácil acceder, sin la necesidad de intervención de ella, pero
esa había sido la primer excusa que se le había ocurrido cuando la conoció para
tener la oportunidad volver a verla. Si Elena se sorprendió al encontrarla ahí, lo oculto muy bien. Pero como era de esperar de su esposa, reacciono de
inmediato y se hizo cargo de la
situación, primero la interrogo con
mucha sutiliza sobre que hacia ahí, desde cuando estaba realizando esos
encargos, en qué consistía precisamente su tarea y demás, luego le agradeció por tanto trabajo, por tanto
esfuerzo y sacrificio de trasladarse hasta
ese lugar diariamente, y
finalmente le pidió a Tasha que esos informes se los entregara de ahí en más a ella en el hospital, sin que hiciera falta
que volviera a ir al Kremlin. Él, por
supuesto no pudo objetar nada, porque sintió que lo habían encontrado en alguna
falta. Elena nunca le pregunto nada al respecto, ni porque no le había
mencionado sobre la tarea que le había encomendado a la enfermera Serkin, ni porque paso por alto el hecho que ellos si
se habían conocido, cuando meses atrás
él le había referido que la entrevista con la chica la había llevado a cabo Andrey, y que la
enfermera había entendido que no debía interferir en la política del hospital,
por lo tanto ya no causaría problemas. Su
esposa, nunca le reprocho nada, ni hablo
sobre ese asunto, ni jamás le menciono el nombre de la enfermera, solo
le dejaba sobre el escritorio de su casa,
en silencio, los informe que Tasha enviaba, sin hacer nunca un mínimo
comentario. Pero a veces el silencio
dice más que las palabras, estaba implícito
que ella era consciente que a él no le era indiferente la mujer que un día ella misma había enviado hacia él.
Los
meses que paso sin volver a ver a Tasha,
solo sirvieron para aumentar su deseo y
su desesperación, al punto de trastornar por completo sus días…Tal fue así
que el resultado fue una insensata y
pasional noche, que al
final hirió a Natasha y lastimo a Lena.
Busco en su memoria la imagen que guardaba de aquel día, e
inmediatamente surgió ante él. Sin dudas, nunca se le borraría, la tenía
grabada a fuego en su mente y en su alma.
Ciertamente
no tenía ningún recuerdo preciso de lo que sucedió un año atrás entre ellos
dos, esa noche de Abril. Pero si
guardaba una irrevocable visión de un
determinado momento: Cuando él despertó
en aquella madrugada, fue en un estado de confusión
total, el vodka ruso impiadosamente le cobraba su tributo, no solo sintió que la cabeza le iba a estallar
en mil pedazos, sino que además ni siquiera entendía dónde se encontraba, en qué lugar estaba… Aunque pudo despejar esa duda a los pocos segundos, en el tiempo que lo que le llevo girar la
cabeza hacia su derecha y ver a su lado…
a Natasha,… a Natasha completamente desnuda. Tenía sus brazos desnudos, sus piernas desnudas, sus
pechos desnudos,… todo su cuerpo desnudo. La imagen de la belleza al desnudo de
Natasha jamás podría olvidarla, su
figura parecía moldeada a la perfección, como salida de una pintura barroca, pequeña cintura, armoniosas caderas, el
volumen de sus senos era mediano, ni pequeños
ni grandes, firmes,
bonitos, tersos, con pequeños pezones rosados, el color de piel de ella era de un tono marfil satinado, y en
su rostro esa piel era adornada con pequeñas y doradas pecas, ¡Y su monte de venus! Oro plateado como el color de sus cabellos… Primero pensó que solo era un
sueño, pero luego al escuchar su respiración lenta y profunda, lo supo, era
real. Instintivamente se acercó y pego su cuerpo al de ella… y en arrebatador impulso, le beso suavemente y con infinita delicadeza los labios, el
rostro, la garganta…los pechos, ella dormía en un sueño tan profundo, tan
tranquilo tan pacifico, que él no pudo seguir… en completo silencio se alejó de ella, salió de la cama y mientras se vestía a tientas, en la ya
entrada madrugada, volvió a mirar hacia
donde Natasha descansaba… La cama
desecha, las sabanas revueltas, ¡ y!… y
ahí, en medio, de toda esa vorágine de pasión… había una pequeña mancha
roja. Él había cerrado los ojos hasta
que le dolieron. Significaba que ella era de él, solo de él, nunca hubo nadie… Ella
le pertenecía…
Sin
embargo Nikolay no podía reclamarla como suya, no podía y lo sabía… entonces, con todo el dolor del mundo, debió irse y
dejarla sola, durmiendo,… segura,
integra, perfecta.
Al
llegar al ala norte de la mansión Vasíliev, encontró a su esposa levantada, aguardándolo,
en el frio y sobrio hall de entrada, no
había dormido en toda la noche, su cara, sus ojeras, y su mirada lo delataban.
Él
no tuvo el valor de mentirle, simplemente no pudo ocultarle lo que había
sucedido.… Le pidió que lo perdonara, y le dijo que se iría de inmediato de la
casa, como correspondía… Pero Lena a pesar de todo, lo persuadió, lo convenció. Le hizo creer que fue un error que los hombres suelen cometer, pero que los matrimonios también saben superar, que ellos se amaban por sobre todo
eso. Lena lloro, grito, lloro, aulló,
volvió a llorar… le rompió el corazón mil veces a Nikolay, fue imposible
dejarla, aunque era lo que debía hacer después de semejante falta. Él estaba tan atormentado por Tasha, por
Lena, por el mismo, que dejo que su esposa se hiciera cargo de la situación…y
por primera vez en su vida, sintió que se estaba equivocando.
Para Lena fue
suficiente con que él haya
admitido ese error, se conformó con la honestidad que tuvo su esposo al confesar su
falta, y le basto con que a partir de ese momento se tomaran medidas para que ellos pese a todo pudieran permanecer
juntos y Natasha quedara en el pasado. Pero Nikolay no lo vio tan sencillo, no creía que fuese posible
continuar como si nada y olvidar a Tasha,
pero de todas maneras lo intentaría, se
lo debia a su esposa.
Y el tiempo le dio la razón. Cuando se volvieron a encontrar al cabo de cinco
meses, la tarde que ella se presentó en
su oficina del Kremlin, llevando un hijo
de ambos en su vientre, basto solo mirarla, para descubrir que era ella era lo
que él necesitaba, que ella era su energía, su fuerza vital.
Al
tenerla en frente, al volver a ver la sonrisa
de Tasha, su cuerpo y percibir su aroma,
todos los sentidos de Nikolay volvieron a
encenderse, y termino rindiéndose
definitivamente ante ella.
Luego
de que hablaron, él comprendió cuánto
daño le había causado en todo ese tiempo, la única que había sufrido era ella. Pues debió
enfrentarse sola a Elena y escuchar de
la boca de su esposa que él le había arrebatado su virginidad en medio de una
borrachera, sin siquiera guardar ni un solo recuerdo… Y luego
debió atravesar en inhumana soledad la noticia de que esperaba un hijo de un hombre
casado, que la había abandonado a su suerte. Natasha no merecería todo lo que
paso después de conocerlo, si al fin y al cabo el único pecado que había
cometido fue enamorarse de él, cuando él ya se había enamorado de ella.
Muchas
cosas se dijeron, muchas caricias se proporcionaron, muchos besos se dieron…y
mucho se prometieron. De lo único que no se atrevieron a hablar fue del futuro…
porque ambos sabían que estaban en
guerra, que vivían en un mundo en tinieblas,
que la muerte los acechaba en cada momento y en cada lugar… que tal vez
no habría futuro para ellos. Lo único
que se juraron aquel día fue que ambos se aferrarían con toda sus fuerzas…
a tratar de sobrevivir.
Así
lo hizo él, o al menos lo intento, hasta el día del gran enfrentamiento por la
soberanía de Moscú, que súbita e imprevistamente recibió un impacto de una metralleta en el lateral
izquierdo de su cuerpo, derrumbándolo
en medio del feroz combate… En pocos
minutos su vista se nublo por completo,
su corazón comenzó a latir tan violentamente que lastimaba, y su cuerpo comenzó
a sufrir descontroladas convulsiones … Nikolay
conmocionado por verse imposibilitado a levantarse, acepto que probablemente moriría, su razón lo arrastraba y lo alejaba
de la realidad… llevándolo hacia un profundo y oscuro túnel… hasta que todo
se volvió definitivamente negro… él en
medio de la oscuridad y el caos, solo repetía
un nombre y murmuraba que la llevaran a
su lado.
Su último deseo era destinado a ella, a Natasha... “Dios, antes de morir quiero abrazarla una vez
más”
Tasha era para él, tan inevitable como
respirar, era el oxígeno que corría por
su cuerpo.
Elena, su esposa, era sin duda
alguna una auténtica pasión. .. Ahora lo sabía. Él debió atravesar profundas
dudas e incertidumbres para poder al fin comprenderlo. La pasión dentro de una pareja sino está
acompañada de amor, resulta ser un sentimiento frágil, vulnerable, y quebradizo, con una
fogosidad fugaz, que con los años finalmente
decae, y deja que sea invadido por otros sentimientos o por otra persona….
El sentimiento que existió desde un principio en su matrimonio, se había transformado al cabo de
cinco años, un profundo estado de seguridad, de calma, en una unión satisfactoria y feliz
entre él y Lena, pero eso no era amor.
A pesar de ello, él comprendía que la vida de su esposa estaba
estrechamente entrelazada a la suya propia… por lo que romper ese vínculo
podía resultar duro y doloroso.
Tal vez si nunca hubiese conocido a
Tasha, él hubiese continuado viviendo con la firme convicción que él amaba a
Lena. Pero ahora ya conocía la
diferencia. Sabía lo que era amar…
Amar
era sentir cerca a la otra persona a pesar de la distancia, era cerrar los ojos
y soñar con escuchar su risa. Amar era anhelar con el cuerpo y con
el alma, era un deseo vehemente de la carne pero también del espíritu.
Por eso mismo estaba en una lucha entre el deber y el querer.
Y presentía que por muy
fina que pareciese la línea que
separara ese querer del deber, existía un
profundo vacío en el medio, y alguien podría caer en ahí…. ¿Qué era lo mejor…?, ¿hacer lo
que se debe o lo que se quiere…? Él
todavía no tenía la respuesta, pero de
algo estaba seguro, y era que esa sería solo su decisión. No permitiría
que nadie lo vuelva a convencer sobre cuales eran o no las pautas correctas, y
por ello las decisiones que debía tomar.
Lo que lo que se quiere debía ser decisión propia, y lo que se debe seguramente
sería la decisión de alguien, de alguien
que él esta vez…no escucharía.
En esa lucha entre el deber por un lado, y el querer por otra. Estaban ellas. A Lena le debía
lealtad y la quería. A Tasha la quería y le debía una enmienda.
Pero lejos de todos ellos… estaba su indefensa y pequeña hija, la única
inocente en esa historia.
Nikolay
encendió otro cigarrillo, y bebió un largo trago de vodka, luego miro la botella, mientras murmuraba:
–esto es lo que le hace el alcohol a
los soldados, a veces los envenena, otras los cura… y otras los atormenta.
Llevo la botella hacia el interior de
la carpa, apago el farol…, se colocó el abrigo y fue a meterse a las barricadas de madera con
sus hombres. La noche estaba muy oscura... para dormir…
–Coronel– saludaron al verlo.
–Teniente. –y luego de decidirse le
dijo– Voy aconsejarle que haga
descansar esta noche lo mejor que pueda
a nuestra tropa. Tenemos arduo trabajo para los próximos días.
El teniente Ivanov, le respondió.
–Muy bien señor. Estábamos al pendiente de las nuevas órdenes. ¿Debemos
seguir avanzando hacia el sur, como estaba previsto, o esperaremos a nuestros refuerzos
para que ocupen este lugar?
–No teniente, nada de eso.
El teniente, y ahora el Capitán Morozóv,
que también estaba presente lo miraron
expectante.
–Debemos preparar un minado defensivo,
un campo transversal de Este a Oeste.
– ¿anticarros o antipersonas? –pregunto
el capitán
– ¿Usted qué cree capitán, que
dejaremos atravesar la infantería, se supone que a los carros y a los tanques
lo detendrá el lodo del rasputica?
–Claro, señor. .. Antipersonas, entonces.
–Colocar minas es mi juego favorito–ironizo
el teniente. Los siberianos odiaban ese trabajo, ellos consideraban que eso era
labor para las guerrillas. Pero en ese momento no estaban para discutir
ordenes, y seleccionar trabajo, querían ganarle esa guerra a los alemanes, a
como diera lugar...
– ¿Cuánto es el área a minar, señor?
–pregunto el alto y fornido teniente Ivanov
El coronel no contesto, su expresión se
tornó ilegible para sus hombres. Busco de su chaqueta sus cigarrillos y les
ofreció a sus camaradas, luego el mismo exhalo profundamente el suyo y miro hacia la oscura noche.
Al cabo de un rato, volvieron hacerle
la pregunta:
– ¿De qué distancia estamos hablando
señor?
–No querrá saberlo antes de dormir,
teniente.
–Señor, prefiero un golpe directo y seco antes que estar a la expectativa
durante horas.
–La línea a minar debe cubrir un largo
de setenta kilómetros...
– ¡Setenta kilómetros!–repitió
horrorizado el teniente, al comprender las dimensiones del terreno que deberían minar.
Un completo silencio callo sobre ellos.
Nikolay sin volver a dirigirles la palabra a sus hombres, maldecía para sus adentros
las estrategias de Stalin.
Capítulo
4
Lena colgó el teléfono.
Lo mismo del día anterior, y del
anterior, y de prácticamente toda la semana que había transcurrido. No sabían
darle información. El coronel solo telegrafiaba, no utilizaba ningún otro medio para comunicarse al kremlin, y Andrey ya le había advertido que era muy difícil que eso se revirtiera, por temor a que los nazi interferían los llamados por radio.
Tampoco contestaba sus últimas cartas.
Algo estaba mal, muy mal. No solo se trataba de que él estaba en el medio de la guerra y no
tendría tiempo para esas cosas. No. Nikolay siempre se hacía tiempo para todo,
excepto que este bajo combate, y en plena batalla, lo cual ahora no era el
caso, porque las tropas del el Décimo Noveno
Ejército Soviético era un grupo
que por el momento actuaba en las sombras, de incognito, ellos solo preparaban ataques
sorpresivos a los alemanes. Al menos eso
le había explicado su padre cuando ella fue a recriminarle por enviar a su
marido a los campos de batalla. Su padre le aseguro que no corría peligro, ni
riesgo alguno en esos días, aunque llegado el momento su obligación era combatir a los alemanes, y
por supuesto que Nikolay lo haría, porque antes que nada era un alto mando
soviético que debía liderar a sus tropas. Lena odio a su padre, a Rusia a
Stalin, y a su esposo por arriesgarse a ir al frente cuando meses anteriores
casi pierde la vida en otro enfrentamiento.
Ella conocía a varios camaradas que por
heridas muchos menores, estaban en sus hogares al lado de su familia. Pero
claro, ninguno de ellos era un soldado siberiano como lo era su esposo.
Elena movió la cabeza negativamente, algo
estaba mal, de eso no tenía dudas.
Fue
a sentarse en el amplio sofá, donde un
rato antes había estado leyendo un libro. La casa se hallaba silenciosa a esa hora, el personal ya se había
retirado a descansar y Evia su nana aún
no había regresado del orfanato.
El asilo para niños huérfanos estaba
desbordado, y los esfuerzos para
mantenerlo en condiciones eran heroicos, no solo se trataba de conseguir
alimentos, vestimenta y medicamentos para esos niños, sino de tratar de
contenerlos emocionalmente, la mayoría no solo habían perdido a su familia
entera, sino que además habían sido testigos de hechos aberrantes en contra de
sus seres queridos, y hasta ellos mismos eran víctimas de algún abuso o
episodio violento. Sabía que ella tenía el apoyo del gobierno ruso en esa
institución, que nada les faltaría, pero la parte más dura era la de enfrentar
diariamente esos rostros que solo
reflejaban sufrimiento y pena. Ese día no tuvo el valor para ir a cumplir con sus obligaciones como presidenta de la institución
de beneficencia, pero en su lugar envió a su fiel ama de llave, Evia, su nana, quien era como una madre para ella, la que
siempre se ocupaba de todos sus asuntos desde que era pequeña.
Esa mañana se había levantado
preocupada, inquieta y desconcertada... Y así transcurrió el día entero. No
tenía nada que ver con el asilo, puesto
que ella sabía separar los asuntos
laborales, los domésticos y los
personales. Cuando estaba en su casa los problemas institucionales los dejaba
en la puerta de entrada. Lo que la
inquietaba era algo referido con Nikolay, no sabía exactamente qué pasaba, pero
tenía la seguridad que algo sucedía, ella ya hacia un tiempo que presentía algo extraño en su
esposo.
Claro que después de lo de Natasha, las
cosas habían cambiado entre ellos.
Y que además, luego se empeoró con lo del embarazo y el nacimiento
de esa criatura. Pero Lena creía que igualmente la situación estaba controlada,
ahora lo dudada, porque tenía la extraña sensación de que algo se le estaba
escapando.
“¿pero qué? ¿Qué es lo que está mal? … ¡piensa
Elena!” Se concentró en los hechos, en
los detalles, en todo lo que se refería a su matrimonio y a ese maldito asunto
de Natasha y su hija.
Pensó, pensó y pensó.
“algo que me lo haya advertido” “¿Qué
dijo… él? ¿Que hizo…él?”
Tiene que haber algo…
En las últimas conversaciones, en las últimas
líneas… “Me dijo que no me preocupara, que estaría a salvo. Luego dijo que estaba bien, que el viaje había
sido largo pero seguro. Que sus hombres eran de los mejores, que no corría
riesgos…”
No, no se trataba sobre la campaña
militar… era otra cosa fuera de su misión, de sus tropas…
Se concentró en su esposo.
Lo amaba. Claro que lo amaba de eso no tenía dudas, no
solo era un hombre guapo y encantador, sino que se había convertido en su pilar
de apoyo, su vida se sostenía al lado de él. Después de años de soledad la vida
le puso en el camino a una persona que la escuchaba, la protegía, le tenía
paciencia. Nikolay Volkov era un hombre
que no conocía la avaricia, ni la envidia, no era grosero,
ni egoísta, no se irritaba por cualquier cosa y no era rencoroso. Sobresalía por ser inteligente,
recto y equitativo.
No solo se trataba de ese cúmulo de
virtudes, sino que era un excelente compañero, un marido excepcional. Ella lo
admiraba por su sinceridad y su franqueza. Recordó que después de salir varias
veces con ella, el día que se le declaro le dijo “déjate llevar Lena, esta
relación es para valientes… nunca hay
certezas ni seguridad en la vida, pero
piensa que sin riesgos y sin peligro seria aburrida”.
Aquellas palabras, le hicieron perder
todos los temores. Y sin seguir dudándolo se lanzó a los brazos de ese joven
hombre de apenas veintitrés años de edad. Diez años menor que ella.
En los cinco años siguientes Nikolay se
había convertido en todo lo ella había soñado y deseado. Por más que el trabajo de él no los dejaba
pasar mucho tiempo juntos, ella siempre se mostró comprensiva y trato que los
momentos que compartían fueran intensos y profundos, sin dejar que sus quejas
los perturbaran.
Todo era perfecto y armonioso entre
ellos, solo lo ensombrecía el hecho de que en todo ese tiempo ella no haya
podido encargar un hijo, por más que los médicos le habían afirmado que no existía
ningún impedimento en su salud para que eso sucediera, ella no dejaba de
angustiarse por no haber podido quedar embarazada en todos esos años . Elena no
pudo…pero…
“¿Y…esa otra mujer?”
“¿Ella sí pudo?”
Su mente finalmente estaba descubriendo
el problema, estaba sonsacando las causas de su angustia e inquietud.
“¡Claro! Seguramente… eso era lo que
estaba sucediendo” “su esposo estaba metido en
un conflicto de valores, ahora tenía una hija… y eso cambiaba las cosas”
Tenía una hija, y no con su esposa.
Tenía una hija con otra mujer.
Elena Volkova se estrechó con fuerzas sus finas manos.
“¿eso
era lo que estaba mal en su marido?”
No quería pensarlo, ahora que estaba
logrando entender lo que sucedía, ya no quería, ya no quería… saberlo.
“Natasha Serkin”. Le susurro su mente.
¡Eso era!
“Natasha Serkin”, volvió a pensar. Ella era el cerco que rodeaba a Nikolay, y no
permitía que Lena se acercara.
Poco a poco debería aceptarlo. Que al final la chica no resulto ser solo una
aventura de una noche de Nikolay, no resultó ser un error que se podría
perdonar y olvidar….
Si tan solo, si tan solo no hubiese
quedado embarazada.
“que desafortunado detalle” “¿cómo pudo
suceder algo así?... “si solo fue una vez,
él solo la toco…una maldita vez”. Un simple encuentro.
En ese momento, no le había dado tanta
importancia. Ella conocía lo que los hombres casados solían hacer cuando estaban bajo los efectos de una
borrachera frente a una cara bonita, no hacía falta que nadie se lo contara, en otros tiempos fue de
vivir esas aventuras con algún que otro
caballero comprometido. Aunque aquellas acciones pertenecían a su
pasado, al menos le habían servido de experiencia para saber que de esos
encuentros nunca surgía nada útil ni beneficioso, solo eran momentos de
arrebatos que quedaban prohibidos para la memoria de los
protagonistas… A no ser, que esos
momentáneos deslices tuvieran
consecuencias, a no ser que esos lujuriosos descuidos tuvieran su fruto… Como
le sucedió a Nikolay Volkov.
Y ahora al recordar, al recordarlo todo…
quizás, tal vez, al fin entendería lo
que sucedía.
Seguio pensando, concentrada…
escrutando detalles.
Ella continúo liberando recuerdos….
Hasta sacar a la luz lo que su subconsciente había ocultado, hasta rememorar lo que ella vio el día que fueron los tres al registro civil a inscribir a la
pequeña Anya… hasta recordar la cara de Nikolay…
Lena se estremeció.
Él había mirado a Natasha, de una
manera, … de una manera diferente.
Lena estaba a escasos metros de su
esposo y la enfermera Serkin, estaba con
la criatura en brazos cuidándola unos momentos, mientras ellos realizaban el trámite pertinente. Y fue cuando
vio…la mirada de su esposo.
Él estaba de pie, al lado de Natasha, y ella se inclinó para firmar el libro de acta sobre el escritorio del oficinista que estaba
tomándoles la declaración, y de repente
levanto la vista y le sonrió a Nikolay, y él… él la miro, cerró los ojos, y movió afirmativamente la
cabeza… entonces Natasha se dispuso a
firmar, y fue ahí cuando Nikolay… se le
quedo mirando…
¿Qué había en los ojos de su marido?
En ese momento, lo dejo pasar. Pero
ahora, debía enfrentarlo…
¿Entonces, que decía esa mirada?
¡Oh Dios! ¡No lo sabía!
Lena
no lo sabía, porque antes nunca había
visto esa mirada en sus ojos. Nunca. Nunca a ella la miro de esa manera.
Un repentino vértigo le invadió el estómago.
Tal vez Nikolay solo se comportaba como era, él era protector
con la gente que lo necesitaba. Él era bondadoso…
Si, debía ser eso… ¿pero si…?
Lena considero la otra posibilidad, la
que se negaba a admitir.
Y por primera vez, desde que había saltado
ese problema, tuvo miedo. Tuvo mucho miedo.
¿Y si él está enamorado de ella?
¿Si es eso lo que le estaba sucediendo
a su esposo?
Se llevó las manos temblorosas hacia su
rostro, y tapándoselo, rompió en llanto.
Lena lloro, lloro un largo rato…
– ¡¿cómo pude estar tan ciega?! ¿Cómo
no me di cuenta antes? –decía en voz alta.
“Pero si es una niña. ¿Cómo es posible
que una jovenzuela haya enamorado a su esposo?”
“Porque él también es joven”… Le
respondió cruelmente su razón.
Elena Volkova se puso de pie de un
salto, su estómago se retorcía, sino lo
controlaba terminaría vomitando… y además su cabeza le comenzó a latir dolorosamente.
Pero ahí, en medio de la suntuosidad de
su hogar, ante la luz de su ciudad natal, en plena guerra mundial, con su
cuerpo colapsando. Adopto la firme
decisión de no perderlo, de no permitir que ella se lo arrebate. Nikolay era su esposo, y no dejaría que nadie
se lo quite, había luchado demasiado por ese amor, para tolerar que eso suceda.
Y
sabía perfectamente que jamás volvería a encontrar otro hombre como él. Si
había tenido la valentía para perdonar y soportar la infidelidad de
Nikolay entonces, la tendría para luchar
por él.
No era justo, que una simple relación
sexual con una mujer más joven y exteriormente más bella, haya llegado hasta
tanto.
Lena se juró a sí misma, llegar hasta
las últimas consecuencias.
Nikolay la dejaría para irse con Natasha Serkin, únicamente
el día en que la nieve…sea negra.
Capítulo
5
Otoño
de 1942.
Ambas se miraban fijamente, sin
moverse.
La chica que tenía frente a ella, vestida con ropa de miliciano, con el cabello
muy corto y el rostro derrotado, no dijo nada,
no realizó ningún gesto, no movió un solo musculo de su cara, ni siquiera pestaño. Tasha pensó, que quizás, no la había reconocido,
entonces le sonrió, y se acercó aún más
a ella, pero tampoco obtuvo respuesta.
Julya Serkin, su hermana mayor, continuaba inmóvil e indiferente.
A
Natasha súbitamente la asalto un profundo e intenso miedo. Evidentemente, no era lo que esperaba
encontrarse. Ella había imaginado, equivocadamente, un encuentro diferente,
cálido, afectuoso. Ya que hacia tanto tiempo que se habían visto por última
vez, y tanto habían tenido que atravesar desde aquella ocasión...
Erróneamente
confió que sus hermanas seguirían siendo las mismas
de siempre. Y aunque cabía la posibilidad que no fuera en reencuentro lleno de
efusividad, en el fondo había conservado
la esperanza de que encontraría a las mismas personas de antaño.
–… ¿Qué haces aquí? ¿Cómo hiciste para
entrar a la ciudad…? –hablo al fin Julya, pero sin ninguna muestras de emoción,
ni en su voz ni en su mirada.
–¡Julya!... Hermana… –se ahogó en sus
propios sentimientos– ¿Qué…cómo llegue?...vine por el camino de la vida… ¡qué
alegría me da verte!
Pero la chica, lejos de demostrar
felicidad, solo asintió levemente y con
voz grave dijo:
–Que locura la tuya… de regresar aquí,…las
últimas acciones del ejército finlandés y la de la Wehrmacht han hecho que rebauticemos ese camino…. Como
Camino de la Muerte.
La voz de su hermana, era tan distante,
tan fría… tan diferente de aquel sonido
dulce y suave que siempre la había caracterizado, que Tasha sintió una
ligera alarma… Percibiendo además en esa voz y en sus palabras cierta
censura sobre sus actos.
La verdad era que había realizado una verdadera odisea para poder llegar a su
ciudad natal. Al punto de arriesgar su
vida y su seguridad en esa empresa de rescate en la que se había lanzado. Nunca
imagino que en vez de una bienvenida recibiría una fría reprobación por parte
de Julya.
El
Camino de la Vida, como Tasha lo conocía, aunque su hermana y los leningrenses
lo hubiesen rebautizado, era la única
ruta que existía para poder llegar hacia
la ciudad del Neva. Claro
que estaba al tanto de lo que sucedía en
esa única vía de comunicación, su primo Sergey, quien era quien la acompaño para que cruzara,
le había advertido en todo momento sobre el peligro que eso significaba, porque el Lago Ládoga por esos días era el blanco de
bombardeos constantes de la aviación alemana. Tasha había esperado más de un
mes en la orilla opuesta a Leningrado, para poder atravesarlo, debió aguardar a
que el sol del verano terminara de descongelar
por completo la capa de hielo del
Ládoga y poder cruzar en alguna barcaza. Anteriormente, las aguas del lago, durante ese
descomunal invierno, se habían congelado
de tal forma que los soviéticos lo
utilizaron como una vía de acceso a la
ciudad cercada, aprovecharon esa
carretera sobre hielo, fruto de la naturaleza, como camino alternativo para poder llevarles a la población toneladas de
alimentos y al mismo tiempo evacuar personas, pero el invierno ya había transcurrido y entonces en esos días habían reemplazado a los
camiones por barcazas. A finales de Septiembre el hielo del lago Ládoga era
demasiado fino y no resistía el paso de los coches, sumado a los bombardeos constantes de los alemanes, el
camino se había vuelto caótico y temeroso. A pesar de todo, los camiones
cargados de armas, proyectiles, municiones de guerra, pan y otras provisiones
marchaban desde Moscú hacia Leningrado, Natasha había viajado en uno de ellos. Los mismos vehículos volvían a la capital rusa
con niños, soldados heridos, personas de edad avanzada y los más debilitados por la
inanición, que eran evacuados cruzando el lago en barcazas. Ella
también tenía planeado volver dentro de
esas evacuaciones, pero con sus hermanas.
–he venido a buscarlas, traigo conmigo
salvoconductos para ustedes.
La hermana la miró con vacilación.
– ¿cómo sabias que me encontrarías
aquí…?
–Sergey me dijo que ustedes trabajaban
en la fábrica de armas… por eso he venido directamente hacia este lugar… me
imagine que a esta hora estarían en sus labores.
–Buena deducción, aunque me encuentras
a cualquier hora en este lugar. ..Ya que durante un turno colaboro en la
fabricación, y otro turno trabajo de centinela,
tú te imaginaras… debemos controlamos el área para que nadie pueda
entrar – Julia había aflojado la tensión del principio, pero su voz continuaba siendo apagada.
–comprendo…
–Como estoy entre 16 y 20 horas diarias
aquí dentro, también me quedo a dormir en el taller, al lado de las calderas…
no quiero regresar a casa… para evitar los bombardeos ¿me entiendes…?
–Sí, si… claro, que lo entiendo...claro…
–Musito apenas... Porque su mente le hacia otra pregunta... ¿Dónde estaba Nina?
… ¿Por qué Julia hablaba en primera persona? ¿Porque no decía…”nosotras”?
…Tasha
sentía que su corazón latía muy fuerte, un miedo aterrador le había invadido
La hermana mayor apoyo su fusil sobre
su pierna, y busco en su chaqueta…un cigarrillo, lo encendió, y exhalo muy
despacio. Tasha estaba clavada ante ella, sin poder controlar sus pulsaciones. Y para su sorpresa… ¿Julya fumando? Nunca antes la había visto fumar, es más, su
hermana odiaba el humo de los cigarrillos, como el alcohol, o cualquier otro
vicio.
–Julya… ¿Dónde está…Nina?... ¿Dónde está
nuestra hermana? ¿ella... esta bien?
La chica sonrió impávida, antes de
contestar.
–En casa…–y volvió a exhalar el humo
del cigarrillo antes de decirle. – hace más de quince días, que no quiere
levantarse.
Natasha entonces respiro, y agradeció a
Dios en silencio… “está viva”
– ¿está ...sola…? ¿Qué le sucedió?...
–Sola no está, la señora Smimova la está cuidando, como puede,… porque ella tampoco está bien de salud, la pobre ya perdió a su esposo he hijos en el invierno…
–Sola no está, la señora Smimova la está cuidando, como puede,… porque ella tampoco está bien de salud, la pobre ya perdió a su esposo he hijos en el invierno…
Tasha
apreciaba mucho a la familia Smimov, quienes compartían el apartamento con ellas
desde hacía varios años, desde que Stalin había impuesto la reagrupación de
familias debido al exceso de población en las ciudades soviéticas, producto de la inmigración de la gente del campo, ante esa crisis de viviendas el gobierno había ordenado que cualquier apartamento convencional con más
de una habitación se convirtiera en una
“kommunalk, en un hogar compartido. Por eso mismo, por haber convivido con ellos, Tasha conocía muy bien a los
Smimov y le dolió enterarse que habían muerto casi todos.
–… pero
para que tenga fuerzas para atender a Nina –continuo hablando Julya– yo debo llevarle parte de mi ración
diaria. Nuestra hermana ya no se levanta, por eso diariamente debo ceder casi por completo mis
raciones, o tratar de conseguir algo extra para la señora Smimova… así tiene energías
para levantar a Nina y llevarla al menos …hasta el baño –expreso con pena.
–Dios... ¿pero que tiene?...Pobre Nina.
– ¿pobre Nina?... ¡¿y yo, yo que?!… ¡le
doy todo lo que puedo, pero ella egoístamente decidió un día no ponerse más de pie, y no ingerir más
bocado!…sin importarle nada. Todos sabemos que para sobrevivir hay que
mantenerse en movimiento, “no a la cama, no a acostarse”…–de repente Julya quebró y comenzó a llorar – Perdón, ...soy muy injusta…tienes razón,
pobre Nina…estaba tan debilitada, que hizo bien en quedarse en cama, porque ella sabia muy bien que si se caía en la calle ...ya no podría levantarse.
Tasha estaba impresionada, no podía
reaccionar. Su hermana mayor, estaba tan cambiada, la llevaba de un extremo a otra en sus emociones.
Primero parecía distante, luego enojada, después indiferente, fría…y al final
se quebraba y lloraba. Le resultaba imposible reconocer a la serena y equilibrada Julya.
Ambas guardaron silencio, luego del
explosivo llanto.
–tranquilízate Julia -hablo al fin Tasha-... comprendo por lo que están pasando, ambas,… supongo que
para ti es mucho más duro, no es justo que tú no te alimentes
para cederles tu ración a ellas...
Tasha no podía creer que el primer tema
de conversación entre ellas seria sobre la…comida… ¿pero por qué no? Si al
final esa gente, su gente, hacia casi cuatrocientos días que solo pensaban en
cómo hacer para alimentarse para sobrevivir.
Obviamente nadie podía no estar conmocionado,
ningún ser humano podía acostumbrarse al… hambre.
–Nina… tiene distrofia alimentaria en
grado tres. –murmuro Julya. Mientras se limpiaba con el dorso de la mano las lágrimas
y la nariz.
-¡¿Qué...?!
-¡¿Qué...?!
Tasha debió sostenerse contra una silla
que se encontraba próxima a ella, luego de escuchar las palabras de Julya.
Miro
para todas partes, no quería estar ahí, no quería oír, ni entender lo que su hermana dijo, sintió que
en ese instante… le faltaba el aire, a pesar que estaban en un amplio y espacioso recinto de la fábrica, donde un hombre que decía ser el encargado
del lugar la había hecho entrar para que aguardara su hermana.
Debía haber un error. Nina no podia tener.... No, no podia ser posible, debia comprobarlo ella misma, cuanto antes...Tasha sabía perfectamente a que se refería su hermana con “distrofia alimentaria” de tercer grado, era
un nuevo término usado por los médicos rusos para referirse a la inanición
nutricional. El proceso comenzaba después de que se detiene el flujo de comida….
Entonces el organismo recurre a las reservas de combustible en el hígado y los
tejidos grasos. Una vez que la grasa se ha ido, y la persona es un esqueleto de
lo que él o ella fue alguna vez, el cuerpo busca proteínas y las encuentra en
el tejido muscular… Incluso el músculo
del corazón se consume, dejando a la persona drenada y lánguida. …luego
las funciones vitales de apoco dejan de
funcionar… el pulso, la presión arterial y la temperatura corporal caen
precipitadamente. Los niños pequeños, dejan completamente de crecer y quedan
raquíticos eventualmente, y los adultos mueren… No había
manera de dignificar la descripción de la muerte por inanición. No era
ni rápida ni indolora…
–Su estado de salud requiere una
urgente hospitalización, porque no la has llevado al hospital–hablo al fin
Tasha, con resolución.
–Ella no lo quiso, intente hacerlo,
pero se negó rotundamente, argumentando que los hospitales
de Leningrado ya estaban repletos, que prefería estar en su hogar…
–Llévame con ella, inmediatamente, me
necesita...
–ve tú, ya conoces el camino a casa… yo
tengo que terminar mi ronda de vigilancia, sino no me darán mi ración.
–Yo traje alimentos Julia, aquí en mi
mochila tengo muchas conservas… mejor acompáñame a casa, no quiero perder estos
paquetes en el camino.
–Tashi, no te das cuenta, que debo
cumplir con mis responsabilidades… crees que nosotros podemos darnos el lujo de
abandonar nuestros puestos.
Natasha la miro con sincera admiración, quiso abrazarla en ese
momento, pero tanto el cuerpo como la mirada y el proceder de Julia, lo impedían.
–Te dejaré algo. –dijo, y busco entre
sus conservas, carne enlatada.
–Gracias –le dijo Julia al tomar la
lata de comida. –La comeré ahora, para que no me pidan todas… las demás. Luego
extrajo de su bota un pequeño cuchillo y con impresionante habilidad abrió la
conserva.
– ¿tienes algún arma contigo Tashi?
Natasha negó con la cabeza.
– ¿Sergey te ha enviado aquí sin ningún
arma para defenderte? …Cómo es posible.
–Quiso entregarme una, pero no la
acepte pese a su insistencia… no tengo
ni idea como se usa, seguramente terminaría disparándome a mí misma, luego
nuestro primo dijo que tú me protegerías.
– ¿Qué yo te protegería? Apenas puedo
cuidar mis espaladas…– limpio el cuchillo en su pantalón– toma llevátelo ,
supongo que esto sabrás usar, en tu profesión abras utilizado un bisturí un montón
de veces… Y hasta debes conocer muy bien donde se debe cortar…certeramente, en el caso que te
ataquen.
Tasha se sobresaltó. Claro que sabía dónde
dar certeros cortes para quitarle la vida a una persona, pero era algo que ella
jamás haría.
– Espero no tener que lastimar a nadie,
Julia. – dijo con voz insegura, pensando si acaso su hermana ya lo habría
hecho.
–Cuando quieran arrebatarte tu mochila,
para robarte… con la intención de primero,
violarte, y al final asesinarte… veremos qué haces. Hace mucho tiempo
que por aquí no se ve a una chica como tú, con formas de mujer me refiero.
Natasha se estremeció.
–Si tú no puedes acompañarme, al menos
puedes pedírselo a algún compañero, yo le daré algo de comida a cambio.
Nina negó con la cabeza, comía
rápidamente con los dedos, y haciendo ruido… estaba atorándose, como si alguien
entraría en cualquier momento para quitárselo.
–No… Tashi, no. –Dijo mientras se
limpiaba la boca con su manga– nadie puede saber que tienes alimentos en tu
bolso. ¿Entiendes? Nadie…
–creí que las cosas estaban mejorando,
que ya había más… alimentos para la población.
–No, los productos que llegan a través
del camino de la muerte no son suficiente para solventar las necesidades de todos
los habitantes.
–Pero al menos han detenido… un poco la
hambruna –dijo Tasha con temor de pronunciar esa palabra.
Julya se detuvo, dejo de comer, miro a
su hermana como si viera una extraña… luego
bajo la cabeza y continuo devorando la comida, mientras decía:
–Algo la hemos detenido, algo… pero hay
mucho hambre acumulado, y pocos alimentos…. Que el lago se congelara en invierno
y pudieran enviarnos productos alimenticios, fue una esperanza para nosotros …
Recuerdo que festejamos como locos, cuando nos enteramos que el cerco de Hitler no se cerró por completo… pero fue entonces cuando sus
malditos aviones comenzaron a bombardear
todo el tiempo ese lugar.
Julya volvió a detenerse. Se limpió
nuevamente la boca con la manga y con voz tranquila le relato:
– sacábamos agua a través de los
agujeros que producían las bombas y luego vertíamos sobre las huellas del
camino para que se congelaran y se volviera a formar el hielo. El trabajo era duro e
incesante. Se armaron tiendas de campaña para colaborar en la mantención del
camino… Nina se trasladó hacia allí, hacían guardia noche y día… Pero los
bombardeos eran constantes, y el hielo se rompía una y otra vez,…entonces los
camiones con alimentos iban directamente al fondo del lago. – con la voz aún más
pausada agrego: –… Un día un camión cargado con esquíes se hundió por uno de esos huecos…y ninguno de sus
tripulantes pudo salvarse, a pesar que siempre cruzaban con las puertas
abiertas para eventuales emergencias y de esa forma saltar… ¿Sabes quién era el
chofer de ese camión?...Jurg… imagínate lo que fue para Nina, verlo desaparecer
bajo el lago sin poder hacer nada. Fue atroz…ella nunca pudo recuperarse de
aquello. Ese hecho sumado a la poca alimentación la llevó a bajar los brazos.
Tasha parpadeo para no llorar, Jurg era
el novio de Nina de toda su vida, desde siempre, no era un amor que comenzó a los quince o dieciséis años, como solía
ocurrir entre los amigos del lugar donde ellas vivían, no, lo de ellos había
nacido cuando ambos eran niños. Jurg era hijo de un trabajador de una fábrica y una mujer de la limpieza, que vivían
en el piso superior al de ellas, cuando
Sergey iba a visitarlas en vacaciones, su primo jugaba con Jurg, era el mejor amigo de él en Leningrado. Por
eso se conocieron con Nina y desde entonces nunca se separaron. Sólo tenían
seis añitos y ya jugaban a ser novios…
–Pobre Jurg...
–Fue muy duro, los padres de él habían muerto un mes antes, y
Nina se había mudado a su casa, estaban más unidos que nunca a pesar de todo lo
que sucedía a su alrededor, por aquellos días ambos trabajaban en el lago
Ládoga, para poder vencer la
hambruna que nos castigaba sin piedad.
–Nada de esto debería haber sucedido,
nuestra madre, nuestros amigos… tantas víctimas se ha cobrado este…asedio, esta
guerra.
–Leningrado ya conocía la guerra Tashi,
un año atrás antes que Hitler nos cercara, ya habíamos enterrado miles de nuestros
soldados en la guerra contra Finlandia,
nosotros sabíamos que nuestro ejército rojo no era tan fuerte como el
mundo lo cree, estábamos listos para pelear para defendernos, para unir fuerzas
y luchar… pero nunca imaginamos lo que nos tenían
destinado. Hitler sabía que nos defenderíamos hasta la muerte, percibió el
peligro... Por eso detuvo el asalto a la ciudad, y decidió cercarnos y dejar
que durante el invierno todos los habitantes y el ejército muriéramos por
inanición.
– ¡Maldito psicópata! ¡Ojala muera como
una rata…!
–hasta las rata se merecen una mejor
muerte que él, Tashi.
–Saldremos de esta, lo sé, saldremos… hay
que confiar en Dios, en nuestro ejército, y en nosotros mismos. En Moscú
estábamos rodeados enteramente por el enemigo, nos bombardeaban todos los días, incluso
llegaron a atacaron al Kremlin… Ya habíamos perdido nuestras esperanzas, y
cuando creímos que los nazi estaban a
punto de ganar la apuesta, los hechos se
torcieron y finalmente vencimos.
–Es cierto… Nosotros mismo enviábamos
armas a Moscú, todos los habitantes de esta ciudad queríamos ayudar en la lucha
contra los hitlerianos, sabíamos que si caía
Moscú, donde residía nuestro generalismo, estábamos perdidos…hasta llegamos a enviar todos nuestros equipos y
materiales necesarios para nuestra propia defensa.
–Demasiados sacrificios de nuestro pueblo…
pero no queda otra es nuestra libertad
la que está en juego.
– ¿Libertad?...La guerra contra Rusia
es una guerra de exterminio, muy diferente de las guerras convencionales, los
alemanes quieren exterminar a toda la población bajo cualquier método, desde el hambre al fusilamiento, nuestro territorio vacío es el sueño de estos colonizadores…
–hay que resistir.
–Tashi, no tendrías que haber
regresado. ¿Por qué has cometido semejante locura, hermanita?
Natasha reconoció en esos cortos
segundos a su querida Julia, al fin
afloraba detrás de ese hosco y huraño semblante.
–No podía dejarlas aquí solas… traje
salvoconductos para regresar a Moscú.
–Yo no los necesito, no intente irme antes, menos lo haré ahora,…
dentro de todo, las cosas están mejor.
–Pero me acabas de decir que aun pasan
hambre... –iba a agregar que ella podía notar lo famélica que estaba, pero decidido callar
para no incomodarla.
–Tashi, nuestras raciones algo han aumentado,
y además durante la primavera hemos
comenzado con las siembras para abastecernos nosotros mismos, las autoridades nos han concedido parcelas de
tierras y semillas. A los que vivimos en
el centro de la ciudad nos han otorgado una porción de tierra del jardín
principal, al lado de la catedral de San Isaac… dentro de poco, antes que
comience el invierno, cosecharemos, y resolveremos parcialmente nuestros
problemas alimentarios.
Natasha, por primera vez la escucho
hablar con algo de confianza.
Golpearon la puerta con fuerza, y le
gritaron a través de esta a Julya, que se apresurara.
–Luego hablaremos de todo esto. Ahora
dime Julya, ¿no hay ninguno de nuestros amigos, algún conocido que me acompañe
hasta nuestra calle?.. La verdad es que me has atemorizado.
–Nadie es seguro aquí Tashi, no debes
confiar en nadie, ya no queda nada de esas personas que considerábamos amigos.
¿Recuerdas a Marko, nuestro vecino que vivía en el décimo?
–Sí, lo recuerdo… cuando bebía de más, debíamos ayudarlo
nosotras a subir los diez pisos, porque su esposa e hijos ni se molestaban en socorrerlo...
–Si ese, el bueno de Marko, que más que
beber no hacía daño a nadie… –y mirándola nuevamente con hermetismo, expreso: –Él también estaba trabajando en
esta fábrica. Un día llegó con la
mirada perdida, se sentó en un rincón de la sala de máquina y no quiso trabajar…
Nuestro capataz le dijo que regresara a su casa y que volviera al otro día,
todos los demás obreros estábamos de
acuerdo, puesto que se lo veía totalmente abatido, en aquellos días el frío y el hambre
estaban deteriorando y destruyendo a muchos de nuestros compañeros. Pero Marko
contestó “que no podía volver a su casa, porque estaba ardiendo bajo las llamas
del infierno”, no entendíamos que quería
decir, pensábamos que había perdido la razón, porque no paraba de decir que “ardía
en el infierno” “que se consumiría en las llamas” y otras frases semejantes… Luego
de farfullar incoherencias por largo rato, y sin querer hacerle caso
al capataz que le pedía que se fuera a su casa
y dejara de interrumpir a los demás,
Marko nos miró a todos atentamente y nos dijo “Si, … es como ustedes están
pensando, yo he perdido la razón, he
enloquecido”… y entonces nos contó lo que había hecho.
– ¿Qué… fue lo que hizo?–pregunto
Tasha, pero sin querer saberlo.
–Marko nos dijo que se había vuelto
loco de hambre… Que el día anterior, ya no pudo aguantar más… llego a su
piso, golpeo la puerta de su vecina, una chica que estaba viviendo sola, porque
sus padres habían fallecido…
– ¿Qué vecina,… Sanya?– no podía ser otra, en el edificio
había dos apartamentos por piso, Tasha conocía a la mayoría.
–Sí, ella misma, Sanya –le confirmo
Julya con pesar–. … Marko… la mato…. Ese día él estaba solo, sus hijos estaban en la casa de sus abuelos,
desde que había fallecido hacia poco tiempo su esposa, los niños permanecían mientras él trabajaba
con sus suegros…. Aquel día Marko mato a la
chica, luego corto parte de su cuerpo he hizo un caldo con su carne, cuando sus hijos
regresaron esa noche, les ordeno que fueran a la mesa... y cenaron…
la sopa que él les había preparado.
– ¡Dios mío!! ¡Qué horror! –Tasha se agarró
el estomago
–Ese mismo día fusilamos a Marko, en el patio que tenemos detrás de la fábrica.
La respiración de Tasha era ruidosa y
agitada… Aunque ella estaba enterada, por medio del informe que su primo le había
enseñado hacia un tiempo atrás, sobre esos repulsivos casos de antropofagia, saber que gente
conocida había sido capaz de semejante
salvajismo no solo resultaba perturbador, sino que era espeluznante.
–Ahora entiendes por qué no podemos
confiar en nadie. Aquí debemos sobrevivir solas. Te repito Tashi… jamás
tendrías que haber venido a Leningrado.
Al cabo de una hora, Tasha se dirigía a
pie hacia donde ella había vivido toda
la vida hasta haber cumplido los diecisiete años. Finalmente debió aventurarse sola a cruzar la
ciudad. Siete kilómetros era la
distancia que existía entre la fábrica y
el hogar de los Serkin, y debió
afrontarlos sola, sin nadie que la
acompañara ni la protegiera. Solo se encomendó
a Dios, y al cuchillo que llevaba entre
sus mano, al que presionaba con fuerzas en el bolsillo de su abrigo.
En mitad del trayecto, comenzaron sonar
las sirenas que anunciaban bombardeos, por lo que debió buscar un refugio
debajo de una escalera y esperar a que finalizara el ataque. Tasha calculó,
por la lejanía en que retumbaban los estruendos, que los alemanes
bombardeaban el Lago Lugano una vez más, el ruido, como siempre, era aterrador, pero no era algo que la
paralizara, ya había soportado lo mismo durante meses en Moscú… Lo que realmente
le había impresionado fueron las palabras del vocero que sonaban por los altoparlantes, no resultaban un simple anuncio de “ataque aéreo inminente”, como había oído
tantas veces. No, esas no eran frases
para alertar a la población, eran exigencias, eran órdenes dadas a los gritos.
–“¡Atención! ¡La defensa aérea de
Leningrado anuncia alerta en el aire! ¡Diríjanse de inmediato al refugio
antiaéreo! ¡De inmediato!
Los rugidos por los altavoces eran demasiados duros y
severos.
Natasha miro para las calles, y vio que
las personas, lejos de atemorizarse y correr a resguardarse, caminaban lenta y tranquilamente.
Entonces la voz del vocero, volvía a
sonar más potente y rígida. Ahora ella entendía a que se debía esa severidad,
aparentemente la gente no le prestaba atención.
A lo lejos ella pudo ver, siniestras
columnas de humo…Natasha ante los gritos en el altavoz, los ruidos de los
bombardeos y esas imagines de humo negro… tuvo un tenebrosa premonición…. Y por
primera vez desde que se le había ocurrido la firme e inflexible idea de ir a
rescatar a sus hermanas, la invadió la duda y la desazón… Tal vez, se había expuesto demasiado en ese
viaje, tal vez debió haber previsto con mayor cautela sus pasos. Ahora temía
que el haber dejado a su bebe de apenas
nueve meses bajo el cuidado de la tía Alina, podría llegar a ser… un imperdonable y grave error.
Así permaneció Natasha, bajo el ruido del bombardeo y las sirenas…,
temblando de miedo, y con un extraño y fuerte presentimiento en su interior.
–“Debo ser fuerte…no temer
a nada” " estoy aqui...por que mis hermanas me necesita, Nina me necesita" “Una bomba fascista mato a mi madre,
no puedo permitir que lo mismo me ocurra a mí” “No voy a permitirlo, ni por mi hija ni por mi familia”
Y emprendió el camino hacia la avenida Detskoselsk,
sin detenerse, sin mirar a los demás, sin soltar su cuchillo… solo corrió y
corrió sin parar hasta llegar al frente del edificio donde estaba su hogar
natal…
Miro hacia tercer piso, hacia las dos
ventanas que les correspondían a ellas, del apartamento número dos.
“Al fin había llegado” “al fin estaba
en Leningrado, nuevamente en el hogar de
su madre y sus hermanas, en su antiguo domicilio”
Subió esos tres altos pisos casi sin
fuerzas, entro al apartamento número dos, sin llamar… la puerta estaba sin
cerrojo.
Si Natasha creyó, que por su profesión,
ella estaba preparada para lo que
encontró cuando llego a la recamara donde estaba su hermana Nina, volvió a
desacertar como lo venía haciendo desde el mismo momento en que puso un pie
fuera de Moscú.
Nina Serkin, ya no era la hermana que conocía. Nina Serkin, no poseía ningún rastro de lo que alguna vez fue.
Su cabello ya no era rubio platino como
el de Tasha, ambas hermanas siempre se caracterizaron por compartir el mismo color de cabello, ahora
era un manto opaco, gris y sin
vida, sus ojos celestes, también eran
grises y huecos, su boca, nariz y pómulos… prácticamente habían desaparecido,
se habían consumido en una máscara de piel marchita.
Tasha con las puntas de sus dedos, le acaricio
suavemente la mano. Permanecía de
pie al costado de su lecho, mirándola,
sin poder emitir ninguna palabra, no poseía sonido en su garganta, solo
angustia, desconsuelo y un indescriptible pesar... no podía creer que ese
cuerpo perteneciera a su preciosa hermana…
…fue Nina quien habló:
– ¿Tashi?..¿Tashi eres tú…?
Las lágrimas de Natasha corrían sin
cesar, mojando sus mejillas, su nariz,
sus labios… Comenzó a hipar en silencio, sentía como su pecho se desgarraba
ante ese pequeño bulto que tenía ante ella, que emitía la voz de…Nina.
– ¿Tashi…?–gimió su hermana
–Si
Nina… soy yo Tashi. –pudo responder con un hilo de voz.
– ¡Oh!
Dios… al fin volviste. Te espere
tanto… hermanita… ¿mamá vino contigo?
Natasha cerró los ojos, sentía que se rasgaba por dentro,… moriría de dolor.
–Si Nina… mamá vino conmigo. Pronto
estará a tu lado.
Nina asintió
–Tashi, tengo frio…
A pesar de que en ese otoño los días ya
resultaban ser mucho más fríos, ese día
la temperatura era cálida y suave… Le tomo la mano y noto que su hermana estaba
helada.
–Mi pies están muy fríos Tashi– musito
su hermana.
Tasha busco rápidamente entre sus pertenencias medias de lana y las puso en los raquíticos pies a Nina,
busco mantas y las extendió por encima del
lecho, y luego se metió en la cama con ella.
Debieron pasar varias horas, para que
su hermana recuperara el calor corporal de su cuerpo. Tasha se había quedado
dormida, el cansancio del viaje y la caminata le habían vencido. Cuando de
repente escucho que alguien entraba… Era Julya.
Ella se levantó con cuidado, para no
despertar a Nina y fue a donde su hermana.
–Hay toque de queda,… ya no podré regresar a la fábrica…quería saber si habías
llegado bien. ..¿Cómo esta Nina?
–Está
mal. … mejor que ya no puedas regresar a la fábrica, porque hoy deberás
estar aquí hermana. –Y tragando saliva para aclarar su voz dijo– debes…despedirla,
no estoy segura si sobrevivirá ni una noche más...
– ¿No puedes hacer nada por ella Tashi?
–Ya no… Tal vez debería haber regresado
antes, debería haber intentado llegar durante el verano, ahora ya es tarde…. O quizás
nunca debí alejarme de Leningrado, ni de
ustedes…
–No te culpes Tashi… ¿Acaso no te has dado cuenta, que ni siquiera
ahora deberías estar aquí? Si no pudo lograrlo Nina, menos hubieses podido tú.
Nosotras estamos enroladas en las milicias desde un primer momento, no creo que tú lo habrías hecho, no eres como
Nina o yo… Sé que te dedicas a salvar personas, y nunca
te atreverías a dispararle a nadie…
–Por mi familia lo haría.
–… de todas maneras no vamos a
comprobarlo. Debes regresar a Moscú… antes que comience el asalto final, aquí
solo sabemos que sobreviviremos todos o
morimos todos, pero nunca nos entregaremos a ellos. El destino y la suerte son
los que decidirán nuestro futuro…
Estamos resignados, porque despues de todo lo vivido…nuestras esperanzas… están
quebradas.
–… cuando la esperanza se quiebra es el
momento de la fe.
– ¿Y es posible tener fe, después de
todo lo que hemos pasado? ¿Puedo tener fe cuando a unos metros mi hermana está
muriendo… por desnutrición? Porque
durante meses se alimentó, primero, con dos rebanadas de pan
por día, y luego con una sola rebanada de ciento veinticinco gramos de un pan
hecho con celulosa de madera y algún desperdicio… Su delicado cuerpo no lo
tolero…–y con un temblor en la voz dijo–
un día la encontré bebiendo un té…
hecho con la tierra que recogió de los almacenes Badayev, porque según ella, cuando los alemanes
destruyeron esos almacenes habían hecho desparramar el azúcar en esas tierras…,
te de tierra dulce, eso estaba bebiendo… ¿dime Tashi, crees…que yo puedo tener fe?
Natasha no pudo responderle, le hubiese
gustado consolarla, y decirle que ya no habría más
muertes, ni llantos, ni dolor, ni lamentos… pero no pudo, porque afuera la
guerra continuaba.
–Julya
lo que ha sucedido nos marcara
para siempre, será un hueco en el
corazón,…una herida abierta que llevaremos siempre. Pero debemos acostumbrarnos a vivir con eso.
Aunque yo deseo lo mismo que tú, quedarme y luchar por Leningrado, no puedo
hacerlo, debo volver, y quiero que tú lo
hagas conmigo…–y buscándole la mirada le pregunto. – ¿lo harás?...porque tenemos
apenas algunas semanas antes que el lago
comience a congelarse nuevamente, y si eso sucede deberemos esperar dos meses,
para que ese hielo sea lo suficientemente fuerte y los vehículos pueden atravesarlo…
¿entiendes? Hay que partir cuanto antes en las barcazas, si el frío empieza a formar las capas de hielo, las barcas
tampoco podrán atravesar el lago,… quedaremos varadas.
–Yo no me iré. No huiré
–Yo tampoco huiré… solo regresaré hacia donde me está esperando alguien que me
necesita, que nos necesita a ambas, a ti y a mi… –Y tomo aire antes de
decirlo– Mi…hija., mi pequeña bebe nos está
esperando.
Julya pasó de la amargura al estupor.
– ¡¿Qué?!... ¿Qué has dicho,
Tashi? ¿Una hija…?
–Si
July,…una hija, yo tengo una bebe de nueve meses de edad… Y tú ahora tienes una pequeña y bella sobrina
con los ojos de su tía Nina, celestes como el Río Neva.
– ¡Dios mío, Tashi! Eso sí que no me lo
esperaba… ¿soy tía? Tengo una sobrina de mi hermanita menor. Oh Tashi! ¿Cómo ha
sucedido? ¿Cómo es posible…que nosotras tu familia no estuviésemos enterada? Cuéntame.
–…yo también…quiero… saberlo... –se escuchó
la vocecilla de Nina lejos de ellas.
Tasha y Julya corrieron a su lado.
La noche las encontró a las tres dentro
de la cama.
Natasha les había hablado de Anya y de
su padre. Les había descripto con dulces palabras el amor que ella le tenía a
Nikolay Volkov…Les contó las circunstancias en que lo conoció, y todo lo que
sucedió después, les refirió todo, sin
omitir ningún detalle, ella se abrió ante sus hermanas con toda la verdad…
– ¿Tu sabes que él nunca será para ti,
verdad?.. Aunque logre sobrevivir, aunque tú digas que le perteneces con cuerpo
y alma. Aunque afirmes que tu corazón es y será siempre de él… ese hombre es
casado.
–Lo sé, pero lo mismo lo amo… aunque el
nunca este conmigo como yo quisiera, me bastará saber que existe y está próximo
a mí y a nuestra hija…
– ¿Aunque él quiera y viva con otra mujer?
–Si, a pesar de eso… yo me conformaré con saber que él es feliz.
– ¿Y tu vida? ¿Tus sueños? ¿Tu
futuro?... acaso piensas vivir la sombra
de ese hombre.
–No, con él no hay sombras…No, nunca,
nunca podría haber sombras…no sé cómo explicártelo –hablo Tasha con
incontrolable pasión– solo lo comprenderías
si lo conocieras, porque cuando Nikolay te mira, cuando él te sonríe… cuando él te habla,…sientes que la vida se te ilumina. No
importa cual profunda es su mirada, ni cuán larga su sonrisa, ni cuantas
palabras diga… él simplemente en un
instante te llena de luz...
–wau, estas enamorada… no tengo dudas.
–dijo Julya con resignación
–Si ese hombre es… apenas…la cuarta parte…de
lo que me has hecho imaginar… Tashi – hablo Nina con voz ronca y agitada– su esposa… aunque él se decida por ti, nunca te lo cederá
–No claro que no, nunca lo hará. Nunca
me lo cederá, pero si yo sé que él me ama a mí, entonces… se lo arrebataré.
– ¡Tasha! No hables así. –la reprendió
Julya
Nina sonrió, extendió su pequeña y
frágil mano y la apoyo sobre la de Tashi, moviendo su cabeza, en modo de
aprobación… lo que dijo:
–pelea por…él, hazlo… por ti… y
por Anya
–Lo haré–le respondió Tasha, pasándole
la mano por su frente.–Gracias…
Pero Julya, tan Julya como siempre,
espetó;
–Lo más seguro es que él nunca vuelva a
verte ni a ti ni a tu hija
–Julia... –se quejó Nina
–Es la verdad, ella habla con demasiada
confianza, con muchas expectativas. Alguien debe hacerle entender lo que está
sucediendo con nuestro ejército en los
enfrentamientos. –Y mirándola a Tasha a los ojos le dijo– Tashi te lo digo por
tu bien…es preferible que no te hagas ilusiones,…para que luego no te mate la decepción
–July...yo estoy segura que todo va a
salir bien. Y te equivocas al respecto de que yo no sé lo que sucede con
nuestros soldados, claro que lo sé, tal vez yo no haya pasado lo que ustedes…
pero en Moscú hace unos meses no fue nada fácil, no fue nada liviano. Yo misma
he debido paliar el sufrimiento de la población tanto física como psicológicamente,…sé muy
bien lo que es la guerra.
Se miraron midiéndose con los ojos. Y
no agregaron nada más.
Luego ambas observaron a Nina, que…volvía a dormitarse entre ellas.
–Le preparare un caldo, será lo único
que podrá ingerir. –Dijo Tasha mientras se ponía de pie. – Ah… la señora
Smimova
no estaba cuando llegue, y no apareció en todo el día.
–qué extraño… iré a preguntar por ella,
seguro está en el quinto con su amiga la pianista, le encanta escucharla… –dijo
Julya, mientras salía de la cama y buscaba su fusil.
Tasha se levantó de hombros, ella no
había escuchado sonar el piano en todo el día, es más, el edificio estuvo todo
el tiempo envuelto en un inquietante
silencio
–Yo prepararé algo para cenar, tráela así
se alimenta.
Luego de una hora, Julya regresó, pero
sin la mujer que fue a buscar. Natasha en tanto le había dado pequeños sorbos de caldo a Nina, pero de inmediato lo devolvió. ..El estómago de su hermana estaba
completamente cerrado. Tasha sabía, con
gran pesar y dolor, que su hermana ya no
tenía ninguna esperanza, esos pequeños momento de lucidez que Nina había sacado
a relucir un rato antes, no eran otra
cosa, que lo que en términos médicos ella conocía como… la mejoría de la… muerte,…algo así como una falsa recuperación que se produce poco tiempo antes de que una persona moribunda…fallezca.
Solía ser muy engañosa y en muchos casos
desconcertaba a los allegados de esas personas
o incluso a quienes la atienden… Pero a Tasha no la podían confundir, ella ya
conocía demasiado de todo aquello.
–No está por ningún lado, y nadie la ha
visto desde ayer. No puedo adentrarme demasiado en las calles, por el toque de
queda. –Dijo Julya al entrar– ¿qué sucede? acaso... ¿le ocurrió algo a Nina?
–No, no… no le ha ocurrido nada. Tranquilízate
–iba a decirle, que por el momento no, pero que pronto ocurriría, pero no tuvo
el valor– Julya, te deje algo de comida en la mesa… ve a alimentarte. Yo
cuidaré a Nina.
–traje un poco de querosén, encenderé
la estufa, para que ella este mejor… y encenderé otro farol, pero no tengo apetito… tal vez coma algo más tarde.
Esa noche seria larga, Natasha conocía
de eso, y en el fondo aun no podía aceptar, que esa vez le tocaba a ella ser
parte de esos momentos.
Se envolvió con una frazada y se sentó
cerca de la estufa, al lado del lecho de Nina. No quería recostarse a su lado
para no correr el riesgo de quedarse dormida, debía velar el sueño de su
hermana.
Julia se sentó a su lado también con
una frazada a sus espaldas, y tenía una fotografía en la mano
–Mira esta foto, se la tomo Jurg cuando
recién comenzó el asedio, cuando aún no teníamos idea de lo que nos esperaba,
mira que bella que estaba, aun con ropa miliciana y su cara sucia… Era hermosa, era… tan bella -la fotografia que tenia entre sus manos Julya, mostraba a una Nina vestida de miliciana con su cabello recogido en dos largas trenzas, casco de combate, con manchas de tiner en su carita ... y con ojos... conmovedores. -No puede haber llegado a esto...–se lamentaba Julya mientras miraba a ese pequeño
despojo que era ahora el cuerpo de su
hermana– Pensé que Nina resistiría, que
podría sobrevivir… pero no quiere hacerlo, ella está perdida sin él. Quiere ir
en su busca. ¿Eso es el amor…? ¿Querer morir por alguien, sin importarle los
demás?
Natasha no pudo responderle. Porque
ella no quería ni imaginarse lo que sentiría si viera con sus propios ojos
morir a Nikolay, como le sucedió a Nina, que debió presenciar la muerte de su
querido Jurg.
–Son demasiadas cosas juntas, tiene que
haber sido muy duro para ella levantarse cada día y enfrentarlo sin él,..
Preguntándose ¿Por qué? ¿Si hasta hacia poco habían estado siempre juntos? … esa perdida y tener que enfrentar esta guerra, la superaron. –y sacando su mano de
debajo de la brazada tomo la de Julya–…
Ella quedo sola sin él, desgarradoramente sola, sin encontrarle sentido a la
vida, además ya no estaba mamá para que la guiara en su duelo… Y nosotras, sus hermanas, nunca
hubiésemos podido ayudarla, si apenas estamos sobreviviendo…
– Y ahora nos quedaremos
aquí, en este mundo, cargando con una dolorosa cruz, cuyas esquinas
apuntan hacia los cuatro puntos cardinales buscando a aquellos a quien tanto
hemos amado y que ya no están…–agrego Julya… entre lágrimas.
Tasha pensó que su hermana mayor, se debería
sentir realmente sola. Ella al fin de cuentas tenia de quien aferrarse, tenía a su hija, y a Nikolay… ¿Pero y Julya?
¿A quién tenía Julya?
–… prométeme que sobrevivirás, promételo
mi pequeña Tashi, no soportaría quedarme sola en esta vida…– dijo Julya como si hubiese adivinado sus pensamientos.
–Si,...Te lo prometo. –contesto Tasha y se respondió
en silencio “Julya me tiene a mi”
–Debes regresar a Moscú lo antes
posible, mi sobrinita debe estar con su madre.
– ¿y tú? ¿Tu vendrás conmigo?–pregunto
Tasha con ansiedad.
– No... el bloqueo terminará en algún momento, pero si
comenzamos a escapar de aquí ¡entonces al final los nazi ganaran! mataran a
los que queden y ¡Leningrado caerá! después de lo que hemos pasado, después de
haber enterrado a todos nuestros seres querido. ¡no podemos ceder y bajar los
brazos! –y Julia después de esa efusividad comenzó a toser, a toser sin parar.
Natasha rápidamente busco un vaso de
agua y le alcanzó a su hermana mayor.
– ¿y esa tos? ¿Desde cuándo la tienes?
–pregunto con temor
–No es nada.
– ¿Te duele el pecho?–la interrogo mientras le tocaba la frente para ver si tenía
fiebre– ¿has tenido calentura o sudoración nocturna? ¿O escalofríos? –no le
preguntaría si había perdido peso, o si estaba debilitada o cansada. No hacía
falta. Porque esos síntomas, en este caso,
no necesariamente eran de… lo que ella temía.
–A veces
Natasha cerró los ojos antes de
preguntar:
–Acaso… ¿la tos suele ser con flema… o
sangre?
Julya la miro de inmediato a los ojos.
–No, nunca. ¡No estoy enferma! Se a lo que te refieres,
pero yo no tengo esa enfermedad.
La tuberculosis era otro flagelo de la guerra
que golpeaba incesantemente a la población, debido a su alto grado de contagio.
–No todas las personas infectadas,
están enfermas, puede ser una infección latente... Por eso no tienes síntomas… y tampoco podrías transmitir las bacterias de la
enfermedad a otras personas… Sin embargo, si no se te trata más adelante la enfermedad puede llegar a
mutar y transformarse… Mañana iremos al hospital.
–No, no puedo, no tengo tiempo para
eso.
–Julya, debes hacerlo ¿sería justo que
después de resistir tanto, termines muriendo por una enfermedad, simplemente
por comportarte neciamente?
Las dos quedaran un mutismo total por
un largo rato.
–Está bien, mañana iré.
–Yo te acompañaré.
–No, tú debes cuidara a…Nina.
Natasha asintió sin agregar nada.
La madrugada las encontró a las dos
hermanas sentadas en el piso, envueltas con las frazadas y con sus cabezas apoyadas
en el lecho de Nina, dormían en un sueño liviano e inquieto… Cuando Nina comenzó a balbucear, las dos se incorporaron rápidamente.
Tasha le tomo las pulsaciones.
–Tiene fiebre, está hirviendo
– ¿traigo agua y paños para realizarles
compresas?
–No, no…no.. te vayas ...July…–susurro sin
fuerzas Nina.
–pero…
–Julya, ven, quédate a su lado. Tómale
la mano. –le dijo Tasha con voz serena y firme.
Julya temblando de miedo,
camino alrededor de la cama, y tomo asiento al lado de Nina.
La postal era insoportable para los
ojos humanos, era una noche cerrada, el apartamento apenas estaba alumbrado por
dos tenues faroles, y las tres hermanas acurrucadas en el lecho de muerte… de una de ellas... de Nina Serkin. De la bella hermana de tan
solo veinticuatro años de edad, la que
se encontraba en ese instante en el medio de la cama, y la que durante toda la
vida estuvo entre las otras dos,.. Tal vez por ese motivo, por ser la hermana
del medio, siempre fue la más
independiente de las tres, el tener menos atención de su madre, menos
sobreprotección y menos presión, hizo
que Nina creciera libremente,
convirtiéndose en una mujer autosuficiente, y con gran poder de decisión.
Por eso mismo Julya, no podían aceptar
que su valiente y fuerte hermana finalmente se haya dejado vencer….
Nina volvió a dormirse… con sus manos
tomadas a las de sus hermanas.
–Tashi… ¿y si la llevamos al hospital?
Tal vez puedan hacer algo… –hablo en voz apenas audible Julya.
La profesión de Natasha , fue la
que hablo por ella.
–No esta sufriendo en este momento, ya no siente dolor. En el hospital solo le
darán un calmante, y ella ya no despertará….Ahora simplemente debemos estar
aquí, a su lado, dándole amor, tranquilidad, y valor para partir.
–No, no quiero que se vaya, no quiero…
–No, no quiero que se vaya, no quiero…
–Ella… ya encontró la paz.– y buscando
consolar a su hermana mayor dijo– En mi trabajo en el la sala de casos extremos y terminales, mi principal
labor es la de ofrecerles a los pacientes
cuidados paliativos, tratando de mitigar y suavizar sus dolores– y con
la vista perdida y hablando lo más bajo posible confeso– a la mayoría , debido a la gravedad de su estado, no los he podido curar,… solo he
tratado de atenuarles el sufrimiento antes de partir de este mundo… he tratado de estar con ellos durante sus
últimos momentos… Y he visto que cuando las personas enfrentan su propia
mortalidad…cuando tienen tiempo de pensar en ello, como es el caso de Nina, experimentan
un montón de emociones, como es de esperarse,… negación, miedo, enojo, remordimiento, más negación y
finalmente la aceptación… Sin embargo Nina…solo emana paz y tranquilidad...¿entiendes?... nuestra hermana desea partir.
Y de repente a ella también le comenzaron a correr
lagrimas por sus mejillas, Tasha al
igual que otro ser humano que esta por perder a un ser querido también
necesitaba consuelo, ella también sufría por su hermana, una mujer joven que no había cumplido aún ninguno de sus sueños y
tenía que morir sabiendo que era por elecciones que ella no había hecho, que hicieron otros…
A Nina Serkin le arrebataron su juventud, su anhelo de formar una familia,
de tener hijos con el hombre que siempre había amado. ….
–Jul, July...Tashi…–gimió Nina,
abriendo muy fuerte los ojos.
–Aquí estoy querida… estoy a tu lado
–le contestó Julya desesperada.
–tengo frío… tengo frío.
Julya se puso de pie y salió a buscar
la frazada que ellas habían utilizado un rato antes. La cubrió con ellas… con
manos temblorosas.
–ya está, ahora estarás mejor… te
preparare un té caliente… ¿si ...Nina? ¿Quieres que te prepare un té caliente y dulce?...
Natasha nos trajo azúcar, le pondré tres cucharadas… o cuatro, o cinco… lo preparare bien dulce... ¿Nina? ¿Me escuchas…Nina?
–Julia hablaba con la voz quebrada por el llanto.
–… mucha… azúcar…–el sonido de la voz
de Nina, era solo un susurro.
Natasha se acercó y le acaricio la cara
suavemente.
-Tashi... tengo...miedo..
–Si…si… quiero verlos, …quiero ir.- decía Nina, apretándole con fuerza la mano a Natasha.
–Ve Nina… ve hacia ellos –repitió Natasha, con el alma rota.
Julya en ese momento estaba contra la pared abrazada así misma, entregada en un llanto tan silencioso como desgarrador, mordiéndose desesperadamente el puño de la mano para no… gritar
Nina Serkin a las cinco de la madrugada, antes del amanecer, en el momento más oscuro de la noche, se fue de ese mundo, dejando a sus hermanas solas entre las garras de la guerra.
Capítulo
6
La mañana de ese 19 de Septiembre
encontró a Julya y a Natasha, desoladas, devastadas y desechas. Aun les quedaba la parte más dura de todo
aquello, la sepultura del cuerpo de su hermana.
Julya le había explicado que debían ir
a buscar un camión que estaba a disposición para ese tipo de tareas, que
deberían pagarle con alimentos o dinero, para que trasladaran el cuerpo de Nina
hacia el cementerio, o de lo contrario ellas deberían llevarlo hasta el patio del
Hospital General, y desde ese lugar, otro
camión, pero con insignia militar, que diariamente pasaba a recoger los cuerpos de los enfermos
fallecidos, levantaba también a los que
la gente depositaban en el patio. De la forma que fuera a Tasha le parecía espantoso, ella quería que
su hermana tuviera mínimamente una sepultura decente y digna.
–No es posible nada de lo que deseas,
simplemente así no funcionan más las cosas en este lugar. Tashi, por favor, no hagas más difícil esto, deja que vaya a llamar
al camión, tan solo si trajiste dinero contigo, dame algo para que yo pueda
pagarle al conductor. La llevaremos al cementerio de Piskarev.
– ¿Dónde la sepultaran?
–No lo sé, yo me encargaré. Deja ya de
complicar todo por lo que más quieras. Yo también quisiera que esto distinto….
– Julia sabía perfectamente que la mayoría de los muertos eran enterrados en
fosas comunes que el ejército había abierto en los siete cementerios que tenía
Leningrado, pero no lo dijo.
Y Tasha debio acatar las nuevas reglas
de la ciudad sitiada. Ambas hermanas esperaron al camión, al cual Julia temprano
había ido a solicitarle de su servicio. Les
dieron dinero extra al conductor y a su ayudante para que ellos mismos bajaran
el cuerpo de Nina del tercer piso, que habían envuelto con mucho cuidado con sábanas
y frazadas. Fue Nina quien hablo con el conductor y arreglo todo el traslado, luego se acercó a Tasha que estaba sentada en
las escaleras de la entrada del edificio con el rostro pálido, desencajado y la
mirada perdida.
Y
se sentó a su lado.
–Tashi, quiero…. Agradecerte por haber
venido, no sé si yo hubiese podido sola…
con todo esto,… gracias por haber llegado a tiempo.
Natasha no pudo contestar. Primero,
porque ella sentía todo lo contrario, que no había llegado a tiempo… Y segundo, porque
aún no podía concebir el hecho de que su
hermosa Nina no hubiese tenido una sepultura como correspondía.
–Bueno… Ahora debo ir a trabajar, ayer como falto
electricidad en la ciudad no funcionaban los trolebuses, pero hoy ya se ha
normalizado los servicios nuevamente, por lo tanto no tendré que caminar
setenta cuadras…, mejor… porque mis piernas no aguantarían.
Irónicamente él día en que se fue Nina del mundo terrenal, no había electricidad
ni gas para calefacciones. Hasta el destino parecía estar enojado con esa
muerte, que hizo que esa noche fuera
inolvidable no solo por sus hechos sino
por lo lóbrega y entumecida que resulto.
Como no habían dormido durante todas
esas sombrías horas, tanto Tasha como
Julya estaban agotadas, no solo tenían el alma adolorida sino cada uno de los
músculos y huesos de sus cuerpos. .
–Muy bien, me voy. Más tarde cuando
regrese me daré un baño y descansaré,… sabes, hace tan solo unos meses que se
han podido arreglar las tuberías de agua, y como en el verano el ejército extendió un
caño a través del lago para enviar combustible a la ciudad, agua caliente al menos tenemos…
Tasha continuaba en silencio.
–A la salida de la fábrica, iré a los
almacenes a buscar leche en polvo, huevos liofilizados, y caldos que están entregando
desde hace unos días… nos han aumentada la ración diaria ¿te dije?... ahora a
los trabajadores nos entregan trecientos gramos por día.–con voz más baja
dijo:–no es que hay más harina para el pan, sino que somos menos los
habitantes, de los tres millones que éramos quedamos poco más de u millón,
porque muchos han sido evacuados… y otros, y otros…
–Y otros han muerto como Nina, dilo, si
aquí eso es de lo más normal. Que la gente se muera de hambre, que tiren sus
cadáveres a un camión y este los deposite en una fosa común ¡por doquier!
Julya comenzó a temblar, luego de la
dureza en las palabras de su hermana.
–Regresare más tarde… no salgas porque
aquí los bombardeos aéreos y de artillería continúan implacables. Ya sabes cuándo
suenen las sirenas, debes bajar al subsuelo a refugiarte. –le dijo Julya antes
de marcharse.
Natasha permaneció en su mutismo.
************
– ¿Tashi? ¿Tú eres Tashi Serkin?
–pregunto una mujer extremadamente delgada, y con el cabello cubierto por un negro
y viejo turbante.
Natasha la miro, esforzándose por reconocerla
–Sí,… ¿y usted…es?
–Sonia… Sonia Smimova
–Ah,…señora Smimova, disculpe no la reconocí–
quiso mirarla con atención, pero el ardor de sus ojos se lo impidió, las horas de vigilia estaban cobrando
tributo.
–Te entiendo criatura, mucho hemos cambiado, mucho… ¿Qué haces en la
ciudad? ¿Cuándo has llegado?... y ¿qué
haces aquí afuera sola, sentada en estas frías escaleras? ¿Acaso no has subido
a ver a tu hermana Nina…?
Natasha la miro, y cerró los ojos… le
ardían, le ardían demasiado.
–Nina… Nina ha muerto, señora Smimova.
– ¡Oh!.. ¡Pobrecita!…Pobre mi niña...
¿Cuándo ha sido?
–En la madrugada,…ya se han llevado su
cuerpo.
–Lo siento mucho querida. Pero tu hermana
estaba sufriendo demasiado.
–Gracias, lo sé. Pero eso no me
consuela, la muerte no es buena para nadie.
–Este donde este, estará mucho mejor
que aquí, no lo dudes...–y mirándola con atención dijo– estas desabrigada, ya
empiezan a sentirse los fríos, ven subamos, y no deben permanecer aquí, es
peligroso… ven querida, vamos adentro.
Natasha no respondió, todos hablaban de
la muerte de una manera tan natural que atemorizaban, siguió calladamente a Sonia Smimova, subió a
su apartamento…y al entrar de alguna manera se intimidaron, porque ambas sabían que Nina ya no estaría ahí…
–Si me disculpa, voy a descansar un
rato… tengo mucho sueño.
–Anda querida, descansa, descansa te
hace falta.
–Señora Smimova en la cocina hay
comida, si desea.
–Bueno gracias querida. Pero ahora iré
al quinto piso ver a Leyna, ayer me ha enviado a buscar a sus hijos, que
viven al otro lado de la ciudad, pero resulta que han sido evacuados, no le
tengo buenas noticias, prácticamente ha quedado sola.
– ¿Dónde paso la noche usted?
–En un refugio, se me hizo tarde y el
toque de queda me impidió regresar.
–Oh, entonces también debería
descansar.
–luego, luego descansare un poco, ahora
hazlo tu…se te ve muy abatida.
Natasha durmió prácticamente todo el día,
al anochecer escucho la tos de Julya, avisándole que había llegado.
–July deberíamos ir al médico para que
te den algo para esa tos.
–Mañana Tashi, mañana iremos… ahora
solo necesito dormir.
Y Tasha vio que fue y se acostó en el
lecho de Nina, algo que ella nunca se hubiese atrevido hacer.
Al ver a su hermana abrazar la almohada
donde había reposado horas antes Nina, se le encogió el corazón
*********************
Una semana había transcurrido desde lo
de Nina. Tasha había ordenado enteramente el apartamento, lo había limpiado en
profundidad, y había guardado en cajas, que de casualidad logro encontrar,
todas las pertenecías de su hermana y
las de su madre, que al parecer
ninguna de sus hermanas nunca había tenido el valor de hacerlo, o simplemente
nunca tuvieron tiempo para eso.
Ella empaqueto todo, y lo metió en un
amplio armario, que usaban para guardar cosas viejas, luego de vaciarlo, tirar
todo a la basura y dejarlo limpio y reluciente.
– ¡qué cambio que has hecho Tashi!
–dijo Julya al llegar. Al observar que
además, había llevado el lecho de Nina a la recamara que compartieron siempre las cuatro, cuando
su madre también vivía, donde también había
una litera y la cama matrimonial de su madre, la que estaba utilizando Tashi en
esos días.
–Esa litera habría que venderla,
utiliza espacio inútilmente.
Julya se quedó mirando la litera y
luego desvió la vista hacia su hermana.
– ¿Y…A quién se le ocurriría comprar
una litera?... Si a la mayoría les sobra
las camas en su hogar.
Las dos se miraron sorprendidas, por la
conclusión de Nina, y lejos de apenarse, rompieron a reír.
Y después que July logró sosegar su
risa, dijo:
– ¡… las cosas que se te ocurren a ti
Tashi, vender la litera!.. Pero volviendo a los cambios me gusta donde has
puesto la mesa, y el nuevo lugar de
nuestro sofá, mirando para la ventana.
–me alegro que te guste, es que no
tengo nada para hacer en el día, y ahora que
has llegado a casa temprano, iremos al médico, y no acepto escusas. Ya me
dijo la señora Smimova, que el hotel Astoria esta convertido en un hospital militar,
ahí iremos además nos queda cerca.
–Hospital militar Tashi, ¿entiendes,
solo para militares? ¿Yo que haré ahí?...tenemos que ir al Hospital de la
Avenida Liteyni, podemos tomar el
tranvía.
– ¿qué dices, que harás tu ahí?... ¿acaso
no sabes que soy una enfermera militar? Yo brindo servicios al hospital
militar, ven vamos, a mi hermana la atenderán
–Pero si serás tozuda, tú estás de
licencia, y en ese lugar solo atienden a soldados del ejército rojo. No a la población
no a la milicia.
–Julya solo ven conmigo, ya verás, y primero
iremos hasta San Isaac, quiero que hagamos una oración para nuestra hermana.
–Que hermosa idea, vamos hermanita.
Al llegar a la catedral, Tasha se
aturdió al ver como el sol le hacía saltar chispas a la cúpula dorada de San Isaac y más aún le impactó ver en sus jardines cientos
y cientos de tulipanes que se resistían al paso de otoño, añejos recuerdos invadieron a Tasha, recordó
cuando su madre solía llevarla a ella y a sus
hermanas en las tardes de primavera a recorrer las hileras de esas hermosas y coloridas flores de pétalos cerrados con forma de corazón, Sofia Serkina
recalcaba la virtud de los tulipanes, de
ser la única flor que abrazaba apasionadamente al frio ruso, que cuanto más frio, más se
embellecían. La nostalgia por tiempos mejores logro medrar su estado de ánimo, terminando por sucumbir ante un inevitable agotamiento emocional. Nada de lo
que estaba sucediendo era normal ni real, ella ya no podía continuar haciendo
como si aquello fuese natural, debía aceptar que tendría que tomar prontas
decisiones, si Julia no la seguía ella debía emprender la marcha sola, pero debería
abandonar Leningrado cuanto antes, todo aquello era ficticio, toda esa imagen
de aparente calma, era simplemente un anuncio de un inminente y mortal desenlace…
Luego de una emotiva y honda oración en
memoria a su hermana desaparecida partieron hacia el sitio donde estaba instalado el
hospital militar, el ex hotel Astoria.
Al llegar allí, el caos del lugar les
dio la razón a los pensamientos que la habían invadido en San Isaac, la guerra
continuaba sigilosa, encarnizada e implacable.
Se acercó al ala recepcionista, se presentó
y pidió un turno en la guardia médica para su hermana, la respuesta fue una
rotunda negativa, no había suficiente médicos para los soldados menos los había
para civiles, Tasha ofuscada pidió, un turno en la guardia para ella misma, la
chica le respondió que si estaba de licencia, no le correspondía atenderse en
un lugar donde era para personal de servicio… cuando iba a replicar… alguien le
hablo por atrás
–Enfermera Serkin
Natasha dio media vuelta y ante ella
estaba el apuesto, impecable y correcto doctor Ledev.
–Doctor…–murmuro ella. Notablemente sorprendida.
Él era la última persona a quien ella esperaba encontrar en ese lugar
–Natasha… ¿qué diablo está haciendo
aquí?
Así era él. Directo, espontaneo, franco.
El Doctor Aleksi Ledev. El mismo, que le
había firmado la licencia porque no toleraba que ella le donara sangre a Kolia.
El mismo que la saco del turno noche, cuando supo que se la pasaba al lado del
paciente Volkov envolviéndolo en paños y sabanas húmedas para controlarle la
fiebre nocturna… el mismo, que antes que comenzara la guerra le enseñaba ingles en los entre turnos, el
mismo por el que durante mucho tiempo
ella había suspirado a escondidas,
antes, obviamente que
fuera totalmente relevado de su corazón
por la belleza del coronel Nikolay Volkov.
– ¿qué hago yo aquí?...bueno, de hecho
yo viví toda la vida aquí, mi familia es de aquí, creo que alguna vez se lo
comenté.
–Ah… claro ¿está haciendo una visita
social en medio de la guerra señorita?
–La verdad que lo que me gustarías
saber es… ¿qué está haciendo usted aquí? ¿Ha dejado solo nuestro pabellón uno?
Julya los miraba a ambos, con
curiosidad. Y en un intento de llamar la atención, carraspeo con su garganta.
Pero fue un grave error, porque eso desato uno de sus ataques de tos.
–Jul, jul… –decía Tasha mientras le
daba pequeños golpes en su espalada, mirando al doctor Ledev le pidió–-¿doctor
puede atender a mi hermana?
–Sí, sí. Por supuesto... Vengan,
síganme a mi consulta… es por aquí.
Al cabo de dos horas, Julia ya no
soporto estar en la camilla de ese pequeño consultorio del médico amigo de Tasha
y se puso de pie. Salió al pasillo y los vio sentados en unos sillones hablando
muy distendidos y sonriendo plácidamente.
Volvió a entrar a recinto pensando que los médicos y las enfermeras a
pesar de tratar continuamente con gente enferma o moribunda tenían la capacidad
de evadirse y separar las desgracias, la
muerte, y la vida… “Y bueno, sino fuese así, estarían medios locos, o
terminarían suicidándose todos” murmuro
para sí.
Sin ir más lejos, su misma hermana a
pesar de ser una joven de apenas veinte años, era fuerte y había demostrado,
cuando falleció Nina, que sabía actuar
ante el dolor, podía desenvolverse en casos extremos y
controlar la situación en cuanto a la muerte se refería, y eso seguramente lo había aprendido en su profesión… En definitiva las personas que
se relaciones con la medicina, saben lo
que tienen que hacer, y saben cómo
hacerlo eficientemente… lo que no entendía Julia como había podido Tashi,
separar su corazón de su profesión en ese momento ¿o no lo había hecho? ¿Cómo
sería su hermana con los demás en esos momentos?
A pesar de que ella entendía que
Natasha, estaba capacitada para lidiar con todo aquello, ella no se convertiría en una carga para su hermana
menor si es que los resultados que
estaban esperando salían mal. Antes de que eso sucediera, prefería desencajarse
un tiro en la cien. Pero no la retendría en Leningrado a su lado, en la sala de
los enfermos terminales de tuberculosis,
mientras ella agonizaba.
–Julya, aquí están los resultados de
las pruebas –dijo el guapo y joven doctor.
Julya lo miro expectante, ellos dos ya
sabían el resultado y tanto su hermana como el medico no reflejaban ninguna
impresión.., ¿eso era bueno o malo?
–bien, dígamelo doctor de una vez por
todas. –le pido ella con ansiedad.
El medico asintió y hablo con voz
equilibrada y nítida.
–July, los estudios, las placas… todo
demuestra, que estas relativamente bien,
la etapa de la enfermedad no es preocupante, no es contagiosa, que es lo que más nos
preocupaba, de ser así deberíamos internarte y aislarte,
– O sea no tienes la enfermedad crónica
–dijo rápidamente Tashi con la voz feliz
–Gracias a Dios –suspiro Julya
–Pero deberá iniciar de inmediato un tratamiento con antibióticos, para que la enfermedad no mute.
–Sí, claro. Claro, le
agradezco doctor, por lo rápido que me ha atendido, lo rápido que me hizo hacer
las pruebas, los resultados, todo, la verdad esto en otro lado hubiese sido
imposible.
–Quizás el destino así lo quiso –dijo el médico mirando a
Tashi.
–Para algo sirvió la locura suya doctor de ir de un punto a
otro de los lugares en conflicto a realizar los cursillos de auxiliar médicos.
–Natasha, los cirujanos no son suficientes hay que capacitar
de inmediato a todos los médicos sino las bajas por mala praxis serán incalculables.
–lo entiendo doctor, pero el riesgo es alto.
–No se preocupe, nada me pasará… enfermera, me protege todo
el ejército rojo –y mirando a Julya nuevamente le dijo– bueno Julya lo primero
que deberá hacer es dejar el cigarrillo, su hermana me ha dicho que fuma, una
gran imprudencia de su parte cuando sus
pulmones están colapsando
Julya le clavo la mirada a Tasha que la miro impávida.
–Por otra parte ya le he dado a su hermana una buena
cantidad de antibióticos, que serán suficientes para contrarrestar la
enfermedad, luego que los termine, haremos otra placa, pero tengo la seguridad,
que con esto será suficientes, sobre los cuidados a tener en cuenta, otras
prevenciones, y algunas otras prescripciones caseras, será Natasha quien se las explicará. Ahora si me disculpan
debo hacer mi ronda.
–Si doctor, puede ir tranquilo… y mañana pasare a saludarlo
–dijo Tasha.
–La espero a la hora del almuerzo, es mi único tiempo libre.
–A esa hora estaré aquí.
–Bueno, debo irme, estoy atrasadísimo… buenas tardes.
Y el doctor se marchó dejándolas a ambas solas en su
consultorio.
– ¿Qué ha sido eso?–pregunto Julya divertida
– ¿qué?
– ¿te gusta el médico?
–Claro que no, somos compañeros de trabajo en Moscú.
–Bueno si yo me comporto así con un camarada, te aseguro que
me quera llevar a la cama.
–No sé qué clase de camaradas tienes tu Julia, pero el
doctor Ledev, es el hombre más correcto que he conocido.
–Ah claro, seguro que no tiene, lo que tienen lo demás
hombres entre las piernas, no te confíes…hermanita.
–Julia, no seas grosera. Y al menos deberías ser agradecida,
te acaba de salvar la vida, seguramente, debe haber robado medicina destinada para algún general u otro alto rango militar… para
dártela a ti.
– ¿no me digas…?... mmm, entonces, es como yo digo. Ese médico,
te quiere en su cama.
– ¡Por Dios! ¡Eres un caso perdido!
*************************
Al llegar a la Avenida Detskoselsk a la Casa de los Soviets, como le llamaban
ellas a su edificio, una nueva adversidad las esperaba, en su ausencia
habían entrado a robarle.
–Malditos rateros, como es posible, que
además tengamos que soportar semejantes vejaciones de nuestra propia gente….los
encontrare, y les cortare las manos – vociferaba Julya encendida
Tasha solo pensaba, los salvoconductos,
los documentos, los salvoconductos, los documentos… Y corrió hacia el
dormitorio a buscar su mochila, la busco desesperadamente, fuera de sí, sacada
de quicio…movió los muebles, revolvió la ropa, saco todas sus pertenecías una y
otra vez…
–Dios, Dios, Dios… ¡se los han llevado!
Me han llevado mi documentación, los papeles, los salvoconductos, –gritaba
aterrada
–cálmate Tashi, tranquilízate… tal vez
han tirado tu bolso por aquí cerca, solo han extraído lo que necesitaban, el
dinero… y lo otro lo han dejado ahí, seguro han arrojado la mochila en las
proximidades, iré a buscarla
– ¿no te das cuenta? ¡Lo más valioso para cualquiera son los
salvoconductos lo primero que me llevaran! Oh, Dios mío, como regresaré a Moscú…–y
rompió en llanto
–Serénate por favor, te prometo que te
traeré esos papeles –dijo Julya, mientras tomaba el fusil y salía rápidamente
del apartamento.
Muchas horas pasaron hasta que Julya
regreso, Tashi ya había ordenado el desastre que habían hecho los ladrones y
ella misma ante la desesperación de confirmar que sus salvoconductos habían
desaparecidos.
–Lo siento Tashi, no pude averiguar
nada… nadie vió, ni escuchó nada, no hay ni rastros de quienes no han robado.
–No te preocupes, ya veremos cómo lo
solucionamos. Discúlpame por mi reacción, pero me asuste al pensar que no
podría volver pronto a ver a mi hija, pero mañana mismo voy hablar con el
doctor Ledev, algo podremos hacer. Lo que me preocupa es que se llevaron todos
nuestros alimentos, todos, ahora mismo no tenemos nada pero nada para comer.
–Esa situación no es nueva para mí, de
todas maneras yo no tengo apetito.
–Yo tampoco.
–Bueno vamos a dormir entonces, mañana
será otro día.
A la mañana siguiente ambas
dormían vestidas y abrazadas en la cama
de su madre, cuando un fuerte ruido en la sala las despertó, se levantaron
rápidamente, Julya tomo el fusil, y al llegar al recinto se encontraron con la
señora Smimova y Leyna Repin, la pianista del quinto piso, a quien traía
prácticamente en brazos.
–Buenos días jovencitas, disculpen el
alboroto… no sabía, que aún dormían. ¿July que haces apuntando con ese fusil?
–Ayer nos han robado Sonia
– ¡Oh! ¿Cómo es posible? …que salvajes
–Tal vez si usted hubiese estado en
casa, eso no hubiese ocurrido–le espeto Julya irritada
–Tienes razón querida, pero Leyna me
necesitaba, está muy mal la pobre ya no puede caminar, mírala ,mira su estado – le dijo la señora Smimova con
tono lastimoso delante de la propia Leyna.–por eso, para que no vuelva a
suceder nada como eso, he decidido traerla conmigo, aquí podré atenderla mejor
¿qué te parece?
Julya abrió muy grande los ojos y miro a Tashi quien se
disponía a irse, y solo levanto los hombros como diciendo haz lo que quieras.
–No tenemos nada de víveres se lo llevaron todo. –le
advirtió Julya.
–Nos arreglaremos querida, con nuestras raciones y unas
cosillas que hemos comprado estos días, tú no te preocupes por nosotras.
–como desee Sonia, esta también es su casa. –le contesto
Julya mirando a la pianista del quinto piso, que no había emitió una sola
palabra.
********************
–Natasha; me alegro que viniera. –la saludo el doctor apenas
la vio.
–Buenos días doctor.
– ¿Está usted bien? ¿Su hermana está bien? ¿Ha sucedido
algo, por qué esa cara?
–Si doctor, nosotras estamos muy bien, gracias.
– ¿pero..?
–Ayer cuando regresamos a casa nos encontramos con que
habían entrado ladrones, y se han llevado…bueno, víveres, cosas… y lo más
grave, me llevaron mi documentación y mis salvoconductos para regresar a Moscú.
– ¡Oh! Eso sí que es un problema Natasha, ¿pero cómo es
posible que usted no tuviera resguardado esos papeles con todo lo que está
sucediendo estos días? ¡Con lo que está costando salir de esta ciudad!
–Soy una confiada, nunca imagine que podía suceder algo como
esto.
– ¿y ahora?
–No sé, por eso quería preguntarle a usted, si no podía
ayudarme a conseguir un salvoconducto para mí y mi hermana.
–pero usted no tiene documentación, y la verdad es que aquí
no conozco a nadie, en Moscú sí, pero aquí no.
–Lo entiendo.
–Déjeme pensar… –y tomándola del brazo dijo– venga vamos a
la cafetería, algo se nos ocurrirá.
Llegaron a la pequeña cafetería atestada e gente y debieron
aguardar un rato hasta que se desocupo una mesa en un rincón del modesto salón.
La chica que los atendió tardo más de veinte minutos en
tomarles el pedido, Natasha estaba que
bramaba de la impaciencia.
– ¿desea comer algo Natasha?
–Mmm, la verdad es que si doctor, nos llevaron hasta el té,
ya sabe…
–Sí, si entiendo… ¿desea sopa o estofado?
–No, no un emparedado o un trozo de pastel está bien
–Por favor, dos porciones de pastel de patatas y dos tazas de té doble.
Luego que la chica que le tomo el pedido se retiró, el
doctor le pregunto:
– ¿Natasha me puede decir cómo ha sido tan imprudente para
volver a Leningrado en estos momentos, cuando está a punto de estallar el
combate?
– ¿Tiene hermanos doctor?
–No
–Bueno, entonces no me comprendería.
Luego del almuerzo el doctor Ledev le propuso la única idea que
se le había ocurrido
–Natasha, usted deberá volver a
trabajar, lo hará aquí en el hospital militar de Leningrado, necesitan
enfermeras… Yo parto mañana de esta ciudad, debo ir todavía a tres puntos de combates más,
antes de regresar a Moscú, y cuando
finalmente llegue allí, seguramente será en quince días a lo sumo veinte, inmediatamente tramitaré su salvoconducto en
el Kremlin. Entonces volveré a Kabona y le enviare los papeles a usted.
–Se lo agradezco doctor, se lo
agradezco…
–No tiene nada que agradecer, es lo que
hacemos por los amigos.
–Doctor…yo quisiera, pedirle, algo más.
–lo que sea, la escucho.
–Cuando regrese a Moscú, me haría el
favor de llegarse hasta donde vive mi tía y llevarle noticias mías, mi hijita
esta con ella.
–pero si, por supuesto, cuente con ello, deme la
dirección, y yo voy…para allí apenas llegue a Moscú…Natasha
–Puede decirme Tasha, si lo desea
doctor, como lo hacen todos.
–Bien Tasha, y usted puede decirme
Aleksi.
Ella sonrió. Él sonrió.
–Tasha… ¿puedo hacerle una pregunta?
…un tanto indiscreta.
Ella asintió. Sabía cuál sería esa
pregunta, muchas de sus compañeras durante casi nueve meses se la habían hecho.
– ¿El padre de... la niña?
–Un soldado… que está desaparecido en
el frente… doctor.
–ah…Entiendo. ¿Pero, no sabe… si él?
Natasha respondió lo que siempre había
respondido.
–Nunca más supe de él, deberé esperar a
que la guerra finalice.
–Comprendo…
Julya estuvo de acuerdo que Tasha
trabajara hasta tanto le consiguieran
los salvoconductos, para que de esa manera obtuviera, un bono para su ración
diaria. Le dieron un puesto en donde
ella dijo era su especialidad, pacientes de casos extremos y terminales, y pidió cubrir el turno noche, Tasha era conocedora,
por su experiencia, que cuando la luz disminuía, el reloj biológico de los humanos era acechado
por la muerte, eso era algo que había aprendido en el pabellón
Uno del ex Hospicio Sheremetev con sus viejas compañeras de oficio, en las horas nocturnas nunca debían
parpadear. Ellas debían estar atentas,
alertas y dispuestas a apretar la mano de sus pacientes en los últimos suspiros
de vida. Ellos no debían morir solos y con miedo.
Durante el día dormía algunas horas y
otras las pasaba con Sonia Smimova y Lenia Ivánov. Ambas mujeres la hostigaban
a preguntas sobre el hospital, sobre la guerra de Moscú, sobre Stalin, el
Kremlin, sobre la guerra…
–¿Puede haber sido tan duro como lo que
hemos pasado nosotros en el invierno?–le pregunto incrédula Sonia Smimova
–Claro que no Sonia, ellos no han
sufrido lo que nosotros –respondió Lenia en una de esas conversaciones.
Tasha cansada de las quejas de las mujeres
les soltó:
–Señoras, cuando se inició la batalla
por la capital, en el mes de Octubre, ochocientos mil soldados eran los que
alistados para defender Moscú, al finalizar el enfrentamiento en Enero, solo
quedaban cerca de cien mil… Así que por favor, agradezcan que ustedes están
vivas para poder quejarse, ellos ni eso.
Desde ese día no se volvió hablar más
de quien sufrió más o menos en esa guerra.
****************************
Los días pasaban lentos y las noches
eran largas, Natasha solo las podía atravesar mientras pensaba en su pequeña
hija, y en Nikolay, ellos ocupan todos sus pensamientos ellos, eran la fuerza
que la movilizaba, la energía, que la activaba...
y el el muro que la sostenía cuando tambaleaba.
Los bombardeos continuaban implacables
e intransigentes, la guerra transcurría cual viento otoñal en aquel Octubre de
1942.
Una noche que tuvo libre en su trabajo se tendió
a dormir al lado de su hermana y antes
de entregarse a sueño, hablaron susurrando
como en tiempos de lejanos…
–Hace diez días que se fue tu doctor Tashi.
–No es mi doctor July
–Cómo es posible que dejes escapar un
hombre tan guapo, tan lindo, tan joven, tan inteligente, tan bueno.
–July, si te gusta a ti, puedes
quedártelo
–puf, ni una sola mirada me dirigió a mí,
solo veía por tus ojos.
–Déjate de tonterías… July, hoy no.
–Quiero conocer al tal Nikolay de una
vez por todas, porque para no prestarle atención a semejante hombre, entonces tu soldado debe ser… todo un
zar ruso.
–Ni un zar ruso se le compararía. Y a
Nikolay lo ofenderías comparándolo con un zar, él es un bolchevique de sangre
–Bueno, zar en el sentido figurado,
como los monarcas eslavos de nuestros
cuentos infantiles ¿recuerdas?... Los que leíamos de niñas, altos, de ojos azules y cutis blanco, que se
distinguían por su valentía...
–Sí, los recuerdo… así es mi Kolia, …nadie
puede quedar libre de su encanto de su
embrujo personal, …es alto, muy alto,
debe medir metro noventa, …su cabello es oscuro, lacio, brillante, con mechones rebeldes e indóciles,… sus pómulos son delicados como los de los eslavos,…y sus ojos
, …sus ojos son de un intenso y profundo
azul, con pupilas centellantes.
–¿qué más..?
–….cuando te mira sus ojos fulguran,… Su
barbilla, es finamente marcada,…y su voz es profunda, pausada, y firme…
–mmm… continua.
–Su acento ruso es impecable, no sonríe
mucho, pero cuando lo hace… se le ve una hilera de perfecta y cuidada
dentadura. …A veces tiene la mirada ausente, pero solo su mirada porque su
cuerpo entero emana presencia… Nikolay irradia magnetismo, y a veces….es muy callado.
–O tú hablas mucho –la interrumpió
Julya
–cállate, o hasta aquí llego.
–no, no… perdón, sigue... Sigue...
–…como te decía a veces es muy callado,
otras es muy temperamental, otras, como todo ruso, tiende a ser dominante, otras es pacifista, otras no sabe qué hacer, … no sé,
porque creo que al final me confunde.
– ¿cómo es eso? ¿No puedes definir el
carácter de tu Nikolay?
–No, no es eso, es que a veces… siento
que me quiere y que desea con el alma estar conmigo, y otras creo
que antepone sus obligaciones a sus
deseos…
–No estamos en tiempos de tantas dudas,
hoy estamos, mañana no sabemos…
–No hables así July, yo quiero estar
mañana y quiero que él también este.
–Si tú prefieres vivir en la
ignorancia.
–no, yo prefiero seguir creyendo…
–Estás en tu derecho… Pero ahora,
cuéntame, cuéntame más, sobre ese soldado.
A Tasha se le ilumino la mirada.
–La belleza siberiana de Nikolay es más
impactante que las imágenes… de nuestro atlas sobre el lago Baikal
– ¡Oh! ¡Dios mío Tasha!.. Esta noche,
soñare con ese hombre… lo sé.
–ni se te ocurra, con él solo sueño yo…
–y su esposa.
– ¿tenías que estropear este momento?
– ¿qué te importa a ti cuantas sueñan
con él, lo que te debería importar es con quien sueña él?
Capítulo
7
En el Cuarte del Norte del Cáucaso, Nikolay
estaba reunido con sus hombres de
confianza y con el general Hans Vasíliev que había arribado el día anterior,
estaban discutiendo las nuevas órdenes De Stalin, además del incuestionable
decreto, ¡Ne Shagu Nazad!, ¡Ni un paso atrás!, se les ordenaba
nuevos preparativos de asaltos hacia las
posiciones alemanas, ya no bastaba, ni
convenía aguardar su arribo, y atacarlos
sorpresivamente, porque en los avances hacia el sur, el ejército alemán estaba destruyendo a cuanto
pueblo soviético encontraba.
– El enemigo envía más y
más recursos al frente y, sin importarle sus pérdidas, avanza, penetra cada vez
más en la Unión Soviética, captura nuevas regiones, devasta y saquea nuestras
ciudades y pueblos, viola, mata y roba al pueblo soviético–hablaba su suegro
con voz firme
–hemos excavado y minado setenta
kilómetros de longitud en apenas pocas semanas, cuando llegaron los nazis, sus
bajas fueron totales.
–pero luego enviaron más, Nikolay. Definitivamente lo de los campos de minas no
funcionará.
–Lo dicen ahora, cuando ya no nos
quedan hombres con espaldas sanas…–hablo el capitán Morozóv.
– Lo entiendo capitán, pero debemos
continuar buscando salidas… en este momento, la lucha se centraliza aquí mismo
en el sur de Rusia, ahora están en el
área de Vorónezh, en el Don, Los invasores alemanes quieren capturar a
cualquier precio Stalingrado, avanzan hacia el Volga, están a unos pasos de aquí, de las puertas del Norte del Cáucaso….quieren
nuestras riquezas, nuestro pan
–Eso no es nada nuevo señor –intervino
el teniente Ivanov
– El enemigo ya ha
capturado Voroshilovgrado, Starobelsk, Rossosh, Kupyansk, Valuiki, Novocherkassk,
y la mitad de Voronezh. Algunas unidades del Frente Sur, siguiendo a los
instigadores del pánico, han abandonado Rostov y Novocherkassk sin oponer seria
resistencia y sin haber recibido órdenes de Moscú, cubriendo así sus
estandartes con vergüenza.
– ¿cree que estamos perdiendo esta
guerra señor? –pregunto el capitán Morozov
–Creo que nuestros hombres están
flaqueando.–contesto con dudas el general.
– El pueblo de nuestro país
que ama y respeta al Ejército Rojo, ahora está empezando a sentirse
decepcionado y a perder la fe en nosotros y muchos de ellos nos maldicen porque
nuestros hombres huyen hacia el Este y
abandonan a la población al yugo alemán.
–respondió un oficial que acompañaba al general.
–Oficial aquí, en este campamento, a mí
no me venga con el discurso estalinista
sobre la cobardía rusa, no se lo voy a permitir. Ninguno de mis hombres necesita ninguna de sus
putas palabras ¿¿entendió?! No hay
pruebas de lo que acaba de decir…así que ¡cállese, maldita sea!.. y vuelva a
esconderse bajo las polleras de sus comandantes en el Kremlin… los que estamos
en combate no necesitamos que nos traten de cobardes. –grito Nikolay luego de
escuchar al acompañante del general que venía directamente de la elite del mando soviético
–Si… señor
– Debemos defender
tenazmente, con la última gota de sangre, cada posición. –Continuo hablando el
general sin prestar atención a la explosiva brusquedad de Nikolay– debemos aferrarnos a cada pedazo de tierra y
defenderlo tanto tiempo como sea posible. Nuestra Patria está pasando por
tiempos difíciles. Debemos detener al enemigo, a cualquier precio, para después
hacerle retroceder y destruirle. Los alemanes no son tan fuertes como los
instigadores del pánico dicen. Ellos están empleando sus fuerzas al límite.
Resistir su embestida ahora significa asegurar la victoria en el futuro…Y...
Stalin, está dispuesto a oír a sus generales, y sus generales están dispuestos
a oír a sus coroneles.
–Claro… ahora… al fin, lo ha entendido
–dijo Nikolay irónico.
–Nikolay, Coronel Volkov, aquí no
estamos para juzgar a nadie, aquí estamos para escuchar ideas. El Décimo
Noveno Ejército Soviético, tiene las
mejore tropas siberianas, y se espera mucho de ellas.
–Por supuesto señor, de eso no tenga
dudas.
En ese momento fueron interrumpidos por
un sargento que le anunciaba el arribo al lugar de una comitiva de un servicio
especial.
–Que pasen –dijo el general
Nikolay farfullo por lo bajo, odiaba
las interrupciones, pero el general era el alto mando en ese momento, por lo
tanto el decidía.
El grupo estaba compuesto por dos
pilotos mujeres rusos, y tres médicos militares. Uno de ellos a Nikolay le
resultaba familiar.
–Buenos días general –saludaron al unísono
–Descansen soldados.
El médico que a Nikolay le resultaba
conocido tomo la palabra.
–General Vasíliev, soy el doctor Ledev,
y mis colegas el doctor Sídorov, y el doctor Búbk, las oficiales pertecientes a
la flota Brujas de la noche del ejército rojo.
El general sonrió
–conozco a las señoritas, y a su apodo
doctor. ¿En qué puedo ayudarles?
–Simplemente quería presentarme y presentarle a los dos médicos cirujanos
destinados al hospital militar de este cuartel, yo lo he acompañado hasta aquí,
pero además capacitare a los médicos auxiliares del lugar en un curso intensivo
de cirugía, para poder paliar la falta de médicos en esa especialidad.
–Muy buen cometido doctor, yo mismo
hace año, he sido víctima de la falta de un cirujano en destacamento militar,
dijo el general. –y mirando hacia la otra punta de la mesa donde estaba sentado
Nikolay dijo– pero no es a mí a quien debe presentarle al nuevo personal
doctor, sino al coronel Volkov, quien es
el que comandante general de este cuartel.
El médico y Nikolay se miraron. Y
Cuando Nikolay sintió la mirada del otro, lo recordó, no olvidaría esa ojeada
de reprobación nunca.
–Coronel Volkov, tanto tiempo. Que bien
que se lo ve. No deja usted de sorprenderme.
Nikolay se puso de pie y le extendió la
mano, aunque él no lo soportara, sabía
perfectamente que le había salvado la
vida meses atrás, en le quirófano. Aleksi tuvo que levantar la vista, debido a
que el joven coronel era realmente alto.
Ambos se apretaron la mano con firmeza.
–Vaya que esta repuesto, vaya…vaya.
–Así somos los soldados, o nos
recuperamos o nos recuperamos.
– ¡claro!... pero siempre voy a
insistir, que la sangre de ella fue
milagrosa.
Nikolay se asombró ante ese comentario.
Y confió en que su rostro no lo reflejará.
Miro hacia donde estaba su suegro, y agradeció
que aquel estuviese entretenido alabando a las chicas del ejército, para no
tener que darle en ese momento explicaciones sobre Tasha.
Pero mientras pensaba en eso pensó otra
duda se le cruzo “¿y si tiene razón el condenado medico? ¿Si al final fue la
sangre de ella la que lo salvo?” “¿por qué no?” “él sabe más de eso que yo”
–Créamelo coronel, no discuto su gallardía
y valentía, pero ella debe haberla potenciado, se lo aseguro
–No tengo porque objetárselo doctor.
–mejor así, porque a las pruebas me remito, hace tan solo unos días, me la he encontrado en medio del asedio y se
encontraba como si estuviese vacacionando por medio de un campo holandés…
Nikolay miro al médico, fijamente,
“¿Acaso... Ha dicho…?”
– ¿de qué habla doctor?
–Cuando le pregunte “¿Natasha me puede
decir cómo ha sido tan imprudente para volver a Leningrado en estos momentos,
cuando está a punto de estallar el combate?” me respondió “¿Tiene hermanos doctor?” “No” le conteste
yo. “Bueno, entonces no me comprendería”… que chica, así es ella, con
soldados como ella o como las brujas de
la noche, podríamos ganar esta guerra más
fácilmente, sino es que ya lo hubiésemos ganado antes. –dijo
el doctor con admiración mientras se dio
vuelta y se encamino hacia donde estaban las dos pilotos oficiales, dejando a
Nikolay clavado en el medio de la sala con la mirada nublada, y el corazón
latiendo violentamente
–Estoy de acuerdo con usted doctor
–contesto el general
–y yo
–Y yo –agregaban todos los hombres,
sonriendo encandilados por las damas presentes.
El único que permanecía impasible, tratando
de no perder el control era el coronel Volkov.
– ¿Doctor y como está todo por allá
cuéntenos? –le incito el general
–Usted mejor que yo sabe que el desenlace
es inminente, ahora nos han dicho que están esperando a que en fines de noviembre o
principios de diciembre el rio se hiele por completo, así podrán cruzar las
tropas–y el medico suspiro con pesar– Luego
de varios intentos fallidos de hacerlo en las barcazas, y que la artillería enemiga
se hiciera grandes festines. Luego con respecto a lo que a mí me llevo a
Leningrado, debo decirle que lamentablemente ya no quedan muchos médicos en la
ciudad... Y los bombardeos aéreos y de artillería continúan sin cesar señor, no
sé hasta cuando resistirán señor.
–Entiendo doctor, lo que los nazis han
hecho con esa ciudad, la que lleva el nombre de Lenin, la ex capital de Rusia,
la segunda ciudad más importante de nuestro país, no tiene palabras–y mirando a todos los que
estaban reunidos les manifestó– ¿ahora entienden a lo que me refería hace un
momento? Debemos detener al enemigo a cualquier precio.
–Si me disculpan un momento.
–interrumpió Nikolay con voz fría y sin dar ningún tipo explicaciones se retiró
del lugar.
Caminó rápidamente hacia el primer excusado
que encontró, y sin poder controlarse vomito en el fregadero. No podía dominar la furia, el enojo, el miedo, el pánico que le
producía el hecho de imaginar a Tasha en medio de aquel apocalíptico lugar.
No había transcurrido ni una hora, no había tenido tiempo de calmarse un poco, ni siquiera de
amainar su rabia, antes de ir al destacamento
hospitalario en busca del médico.
–Coronel me dijeron que me buscaba
–Si doctor Ledev, ¿disculpe cuál es su
nombre? La verdad es que tanta formalidad
me parece de más, calculo que debe tener prácticamente mi edad.
–Aleksi, es mi nombre y si, seguro
tendremos la misma edad, pero imaginará que yo no podré llamarle por su nombre
de pila, usted es un coronel del ejército rojo– le manifestó el medico mientras le sonreía con ironía
–Nikolay es mi nombre, yo te lo permito
y eso es lo que cuenta, además tu estas exento
de las reglas militares, no eres un soldado ruso, eres un civil, y un médico
amigo.
– gracias por lo de “amigo” –y
mirándolo seriamente le dijo– sé a qué has venido
– ¿ella estaba bien?
–Sí, estaba bien.
– ¿estaba… sola?
–No, estaba con Julya, su hermana
mayor,… su otra hermana... había fallecido de distrofia de tercer grado.
Nikolay asintió con pesar, se lamentó
por Tasha, sabia cuanto quería a sus hermanas.
–Entiendo…–y con temor en el alma
pregunto– ¿Y…la niña? ¿La niña… está
bien?
–la hijita de Tasha está en Moscú con una tía, me ha pedido que
cuando regrese le lleve noticias de ella
Nikolay hubiese querido agradecer a Dios por esa noticia, pero no era
lo que correspondía en ese momento, luego lo haría en privado.
–Debo ir a verlas… y ver que estén
bien, que no necesiten nada...–seguía hablando Aleksi
– ¿y porque diablos no regresa ella
misma?
El médico lo miró con desconfianza
–Perdón por mi exabrupto, es que…me
resulta inconcebible que Natasha esté en Leningrado.
–Lo entiendo coronel, a mí me paso lo
mismo….Bueno lo de su regreso a Moscú… se complicó.
– ¿Cómo que se complicó?
–Un día antes de que yo partiera de
Leningrado ella fue desesperada a buscarme porque le habían robado en el apartamento
donde vivían y le habían llevado su
documentación y los salvoconductos que ella tenía para regresar a Moscú. Yo le prometí
tramitarle otros apenas regrese a la capital, aun me falta este destino y uno más,
vengo atrasado con las capacitaciones debido a que no dispongo cuando deseo de
los aviones para que me trasladen ¿me entiendes? Hace tres días que tendría que
haber arribado aquí, pero no me buscaban del cuartel del vigésimo cuarto de
infantería. Hare todo lo posible por volver a Moscú y partir hacia Kobona con
los salvoconductos, cuando llegue ahí buscare quien cruce a buscarlas, te lo
prometo. Mientras tanto Natasha está trabajando como enfermera en el ex hotel
Astoria que ahora funciona el hospital militar, o sea que está protegida por el
ejército y comida tendrá asegurada…quédate tranquilo Nikolay.
–Aleksi, te lo agradezco, te agradezco
todas tus buenas intenciones, y todo lo que has hecho por Tasha…
–Es lo que corresponde –le
interrumpió...
–Te reitero, te lo agradezco,… Pero de
ahora en más... seré yo quien me encargue de ella
–pero...
–No hay tiempo que perder, hasta que tú
regreses a Moscú, y vuelvas a Kobona, y luego consigas que alguien cruce a
buscarlas puede pasar prácticamente mes y medio dos, y no podemos estar seguro
de que para esa época no estalle la batalla final, no, no hay tiempo Aleksi.
–Tienes razón… bien, entonces, hazlo tú,
pero por favor, cuídala.
Nikolay lo miro fijamente. ¿Acaso? ¿Qué
mierda…?
–Si, por supuesto–murmuro
–Nikolay puedo preguntarte algo...
-¡Claro! ..pregunta lo que quieras.
Pero Aleksy pareció dudarlo...
-¡Claro! ..pregunta lo que quieras.
Pero Aleksy pareció dudarlo...
En tanto, él rumiaba raudamente, mientras esperaba que el médico se atreviera a hablar, “¡Claro, que puedes pregúntame! y ¡Claro que quiero contestártela, maldito!”
– ¿tú eres…?
Nikolay
sonrió para sus adentros, y pensó: “ahora al fin aclararemos esto”
– ¿Tú eres… amigo – el médico titubeó– del
soldado… -nuevamente vaciló...- ...del padre de la niña? ¿del soldado que Tasha
me ha dicho que está desaparecido en el frente desde el inicio de la guerra? al final le largo la pregunta por las claras
Aleksi sonrió para sus adentros, y pensó : “te mereces esto, por quitármela” "nunca te permitiré levantar el trofeo en mis narices"
– ¿Qué… está…? –A Nikolay se le
endurecieron los músculos faciales– No,
no lo soy, no soy amigo… de ningún soldado,… solo de ella.
–Ah… entiendo.
–Bueno Aleksi, debo marcharme, tengo
que preparar mi partida cuanto antes.
–Muy bien Nikolay nos veremos en Moscú.
Se estrecharon la mano y se despidieron.
Nikolay camino a paso firme hacia la puerta cuando la voz de Aleksi lo alcanzo
–dales mis cariños y dile que la estaré esperando en Moscú, y que iré a ver a
la pequeña Anya... Apropósito, ¿Tú quieres que le lleve algún mensaje a tu esposa, a la señora Volkova?
Nikolay agacho la cabeza, exhalo aire
ruidosamente, y sin contestar ni mirar al médico se alejó de aquel lugar.
********************
Hay que cruzar el Neva en barcazas,
Hitler no es tonto no esperara a que el hielo se forme –hizo una pausa para
poder controlar sus nervios– Quiero ir al frente, estoy hastiado de esperar. Déjame
ir a Leningrado
–Te necesito aquí en el sur Nikolay,
deja que en el norte se la arreglen los demás generales
–No me necesitas aquí Hans, cualquiera
de mis hombres de confianza puedes llevar estas tropas que están altamente
capacitadas, pero allá necesitan urgentemente ayuda, tú has escuchado al médico
¿Cuántos comandantes han destituidos últimamente en Leningrado?.. Déjame cubrir
una de esas vacantes
–pero quieres ir arriesgar tu vida,
eres mi familia caramba.
–Dijiste hace un momento, que había que
detener el enemigo a cualquier precio.
–pero no quiero hacer viuda a mi hija
–Joder Hans, yo se cuidarme, no
necesito que nadie este protegiendo mis espaladas–y alzando la voz dijo– eres
mi suegro, pero antes que eso eres mi general.
–Si tuviéramos más hombres como tú,
hijo, esta guerra se hubiera terminado, hace rato, ve…ve a Leningrado y combate
a esos malditos nazi. Hay un coronel para reemplazar en Vóljov, a 122 km de
Leningrado, ese será el lugar estratégico en los próximos meses, intentará combatir a los alemanes en la operación de contraataque que se está
organizando, denominada Operación Iskra,
chispa, que implicará ataques coordinados desde los frentes de Vóljov y
Leningrado.
Nikolay asintió, sabía que se condenaba
con ese traslado, pero no podría quedarse un solo día más en aquel lugar
sabiendo que ella estaba abandonada a su suerte en medio del asedio Nazi, debía
ir por Natasha y llevarla lo más lejos
posible de Leningrado.
-Bien, no hay tiempo que perder, comenzare con los preparativos, debo dejar todo en orden en el cuartel antes de partir, tu encargate de anunciar en el alto mando mi traslado y que me esperen en Vóljov en unos días..
-Bien, no hay tiempo que perder, comenzare con los preparativos, debo dejar todo en orden en el cuartel antes de partir, tu encargate de anunciar en el alto mando mi traslado y que me esperen en Vóljov en unos días..
Capítulo
8
Leningrado siempre se caracterizó por
veranos húmedos y cortos, y largos y fríos inviernos... El río Neva en los límites
de la ciudad normalmente se congela en noviembre y diciembre y el deshielo se
produce en abril. Desde diciembre a marzo todos los días están cubiertos por nieve...
Pero desde hacía dos años era en Octubre
cuando el frio Ártico silenciosamente llegaba
a la ciudad cual inesperada visita…
–Lo que para ustedes fue un beneficio,
para nosotros fue un martirio.–le dijo Julya mientras caminaban tomadas del
brazo esa mañana fría de fines de Octubre– Además del hambre, la falta de
combustible coincidió con uno de los peores inviernos que ha vivido la ciudad,
cuarenta grados bajo cero.
–En Moscú, eso nos ayudó a combatir a
los alemanes que se congelaban bajo la nieve –le respondió Natasha que estaba
envuelta en un largo abrigo y llevaba una gorra de piel con orejeras.
–Por eso te digo…a ustedes los ayudo, a
nosotros no.
– ¿Tú crees que es buena idea ir a
buscar a Sergey?
–No perderemos nada.
–Y que haremos nos presentamos en el
centro de operaciones del partido comunista y preguntamos “hey ¿esta Sergey
Luzhin?”…
Recuerda que es un agente de la NKVD.
–Bueno, ya veremos. ¿Ahora, Sergey, no
se da cuenta que algo sucede, que tu no regresas?
– ¿y qué puede hacer? Él está en Moscú,
o lo mandan de un lado a otro. Yo tenía que llegar a Kobona y buscar a una
amiga de Sergey, ella me llevaría hasta la estación de trenes para que regresáramos a Moscú, o nos enviarían en un camión de la cruz roja.
– ¿qué amiga?
–Una amiga de nuestro primo, no
recuerdo el nombre, todo estaba anotado en mis papeles…Oh, qué mala suerte he
tenido, que mala suerte.
–No quiero ni pensar cómo debe estar
nuestra tía, pensando que a ti te ha pasado algo y ella con esa niña a carga.
–Pobrecita mi niña, pero no creo que a
nuestra tía le pese, adora a Anya, cualquiera que este con ella cinco minutos
la termina adorándola te lo aseguro…
–Espero, sino te la llevara a un
orfanato
– ¡Por Dios! Cállate… ¿por qué me dices
esas cosas?– Y Tasha se detuvo mirando a la hermana con enojo, estaba sin
dormir, irritada, fatigada, había tenido una larga noche y encima debía
soportar las mordacidades de su hermana.
Julya había pasado a buscarla por el hospital
justo cuando finalizó su turno, con la intención de ir a buscar a su primo para
que le gestionara nuevos salvoconductos, por si el medico se demoraba.
– ¿Dime por qué me dices estas cosas? ¿Sabes
que yo he dejado a mi hija por venir a buscarte a ti y a… y a Nina? ¿Lo sabes
verdad? ¿Entonces no crees que merezco un poco de tu consideración?
–Yo no te pedí que lo hicieras, y desde
un primer momento te dije que fue una locura. ¿Sabes que me he enterado?... que
Hitler a decido borrar de la faz de la tierra Leningrado… ¡demos marcharnos de aquí!
– ¡Oh Dios!
–Perdóname por lo que te he dicho, pero
me enojo contigo cada cinco minutos, porque ahora estoy desesperada por irme,
algo que antes nunca se me hubiese ocurrido. Quiero conocer a esa mocosa… Y ya sé
que la tía Alina nunca haría eso, si era más buena que mamá. Venga Natasha… perdóname.
Venga Natasha… perdóname. Le extendió
los brazos. Ambas se fundieron en un fuerte abrazo.
–Vamos, vamos… a ver si tenemos suerte
hermanita.
–Bien, vamos…. Y ya verás… July, la
adoraras, apenas la veas… caerás rendida ante tu sobrina.
–Lo sé.
Pasaron frente al teatro donde
funcionaba el recinto de la Orquesta Filarmónica.
– ¿Natasha sabes lo que sucedió aquí en
agosto?
–Sonia y Leyna me contaron sobre la
séptima sinfonía.
– Jamás voy a olvidar este 9 de agosto
de este infernal verano, cuando innumerables
altavoces hicieron que la música de Shostakovich recorriese prácticamente todos
los desolados rincones de mi amada
ciudad, de mi Leningrado, de mi tierra arrasada por la guerra, el hambre, la
desdicha y la violencia…. No creo que en la historia de la humanidad…la música
de una sinfonía pueda haber sido escuchada por miles de personas en medio de un
fragor demencial como ocurrio ese dia
–Dios Jul, se me eriza la piel al
imaginármelo,
– La partitura había llegado a la ciudad por transporte
militar aéreo en junio y comenzó a ser ensayada por la Orquesta de la Radio de
la ciudad, imagínate que en ese entonces la orquesta estaba completamente diezmada a
consecuencia de la guerra. Si tan solo
para al primer ensayo apenas acudieron quince músicos, después de eso el general al mando de las tropas soviéticas
ordenó que todos los músicos competentes dejasen el frente para incorporarse a los
ensayos, teniendo que interrumpirse frecuentemente para que los músicos
acudieran a sus obligaciones militares, entre ellas– y la voz de julia flaqueo–
…por ejemplo, abrir fosas comunes para enterrar en ellas a los cientos y
cientos de víctimas diarias del asedio… lo más penoso fue que al menos tres
músicos de aquella orquesta que ensayaba para el estreno, murieron de hambre
antes de que pudieran hacer sonar sus instrumentos en el día programado…
–Oh, qué triste…
–Los alemanes, como siempre, se enteraron e intentaron detener la interpretación
cañoneando el teatro, sin lograrlo debido a una meticulosa y anticipada contra
preparación de artillería rusa que evito un ataque directo al teatro, donde se
encontraba presente la plana mayor del Ejército Rojo, el Partido Comunista y el
Gobierno Soviético de la ciudad…La música de Shostakovich, fue una batalla espiritual
que le ganamos al enemigo… le herimos su orgullo.
–Esas heridas son las que más duelen.
Al llegar frente al predio donde funcionaba el Smolny, el centro
de operaciones comunistas de Stalin. Miraron hacia el portón de altas rejas que
estaba flanqueado por dos solados con fusiles en manos. Las dos se miraron con dudas.
– ¿Y ahora?–Pregunto en susurro Tasha
–Yo te esperare aquí, cruza tú –al ver
que su hermana abría muy grande los ojos Julya explico–mírame Tashi, vestida
con ropa masculina, puro hueso, y con el cabello más corto que el de ellos…
mírate tu tan…encantadora e irresistible.
–pero…
–Solo debes pedirle información.
–Te dije que era una mala idea, que era
un absurdo.
–Nada se pierde por intentarlo.
–Claro… Total si esos dos, quieren
propasarse conmigo, soy yo la que deberé padecerlo.
–Solo sácales información sobre Sergey,
o cuando llegan los de la NKVD…Yo estoy aquí, a unos metros con un fusil en mis
manos, ve tranquila.
–si… si... –dijo Tasha…protestando
mientras se dirigía hacia ellos
–Tashi, Tashi… –musito al alejarse su
hermana menor. Cuando Tasha se dio vuelta para mirarla Julia le hizo seña que
se quitara la su gorra, Tashi negó con la cabeza sin dar crédito a ese pedido,
pero obedeció se lo quito y toda su cabellera se desparramo por la espalda.
Los centinelas que custodiaban el portón
de hierro, dos soldados soviéticos con caras de pocos amigos la miraron ensimismados
al mismo tiempo… y lentamente dejaron sus puestos de vigilancia acercándose a ella que ya había
llegado al lado de la inmensa puerta de entrada.
–Busco a Sergey Luzhin –dijo ella
rápidamente, sin darle tiempo a que ellos comiencen con sus interrogaciones
–pertenece a La NKVD
– ¿Luzhin?
– ¿Esta aquí? ¿Lo conocen? –pregunto
ella con ansiedad
– ¿Y tú quién eres?
–Su prima
– ¿Tú eres la prima… de Luzhin?
– ¿Esta aquí?
–De acuerdo prima, nosotros te
llevaremos con… él, más tarde.
– ¿No pueden llamarlo? Necesito hablar
con él.
Ambos
se miraron con argucia.
–Si podríamos llamarlo, pero primero…
deberemos cachearte… para ver sino traes armas –y señalo una casilla pequeña en
un costado de la verja– ven acompañarnos dijo uno de ellos.
Y ambos soldados se cruzaron el fusil
en la espalda de inmediato y le señalaban insistentemente la dirección de la
garita de chapa.
Natasha los miro y una inquietud la recorrió
de la cabeza a los pies, sabía que era una vil trampa, lo supo desde que vio
esas espantosas sonrisas en la cara de esos dos. Pero lo que ahora temía era la
reacción de aquellos hombres que la doblegaban en altura y peso… recordó las
palabras de Nikolay cuando le dijo que los soldados se habían convertido por
aquellos días en hombres sin almas.
Cuando ya tenía decidido huir, uno de
ellos la había tomado del brazo. Y con la otra mano le abrió el abrigo
–Madre santa. –Exclamo al mirar su
cuerpo apenas cubierto por su fino uniforme de enfermera Y sin dudarlo, el hombre apoyo groseramente una mano en uno de sus
pechos– juro por lo que más quiera– que seré el mejor primo que hayas tenido
preciosa
–Quítale tus asquerosas manos de
encimas o te prometo que tus rancios sesos quedaran estampados en la estúpida cara
de tu patético compañero– le espeto
Julia apoyándole el fusil en la cabeza del gorila soviético, con simulada voz varonil.
–Tranquilo amigo, tranquilo… solo
estábamos jugando con la enfermera.
– ¿jugando? Pedazo de mal nacido, dispárele
soldado, dispárele a este pedazo de excremento humano, faltarle el respeto así a una
persona que seguramente en un futuro le salvaría la vida– dijo Tasha
encolerizada y lo abofeteo con fuerza.
–Cuando vea a mi primo le diré que le
corte eso que lleva entre sus piernas, para que nunca más vuelva a amenazar a
una camarada… pedazo de nazi malnacido –le grito fuera de sí, dándole un fuerte
puntapié en las pantorrillas.
Julya la tomo del brazo y salieron corriendo
dejando a los dos soldados con la boca abierta…
Corrieron sin parar por tres, cuatro o
tal vez veinte cuadras….
–Dios, Dios, Dios…que demonios ha sido
eso…–decía Julya –entre jadeos
– ¿me lo preguntas a mí? Esa fue
tu brillante idea. Nunca más vuelvas a ofrecerme en bandeja de plata.
–Yo no te ofrecí, solo quería que les sacaras
información…
–Información un carajo… te dije que era
un absurdo.
–Está bien, perdóname…tenías razón. Deberemos
esperar a tu doctorcito.
– ¡ya te dije que no es nada mío!
–Disculpa,… déjalo ya Tashi, no dejes
que esos dos idiotas te amarguen todavía más la existencia.
–Claro, total a ti... ¡No te han toqueteado! ...Le diré a Sergey que los mate.
Permanecieron sentadas en la acera del
pavimento un largo rato, hasta que su respiración se normalizo.
–Dile a Sergey que le corte lo que
llevan entre sus piernas como prometiste – dijo Julia al rato, para romper el silencio. Y se largó a reír hasta
que le salieron lágrimas.
–Que tonta que eres. Y claro que se lo diré.
Nuestro primo los comerá vivo.
Sergey Luzhin, era tan alto como Kolia
pero dos veces más corpulento. Era un oso polar ruso, como le decían ellas
cuando eran pequeñas.
–Y sobre todo cuando se enteren que
alguien ha querido tocar a su pequeña Tashi–acotó July– Oye apropósito, ¿cómo
es que no ha querido matar al tal Nikolay ese cuando se ha enterado que te ha
embarazado siendo casado?
–Al principio dijo que lo haría–sonrió Tashi,
cuando la tía le contó– pero luego desistió cuando además se enteró que no era
cualquier soldado
-¿cómo que no era cualquier soldado?
–Claro debería matar a un coronel del ejército
rojo
– ¡¿un coronel?! ¿Pero acaso te has
enamorado de un viejo?
Y ahora fue Natasha la que rio con
ganas.
–Pues no, claro que no, es un coronel
joven, tal vez es el coronel más joven de toda la unión soviética con tan solo
tiene veintinueve años…
–Ufaaa, realmente…quiero conocerlo,
quiero conocer a ese joven coronel de ojos azules y rasgos eslavos que le ha
robado el corazón a mi hermana… que me ha dado una sobrina y que me está
matando de intriga
–Sé que lo conocerás, algún día lo
conocerás. Regresemos a casa, antes que comiencen los bombardeos ¿tú no vas a
la fábrica hoy?
–No, ya no tenemos más carcazas de
minas para construir… por unos días, así
nos han dicho. Tal vez las fabriquen en otros lugares, Leningrado ya no es
seguro, para ninguna fábrica...
–Podrías darnos una mano en el hospital
–No, no gracias… déjame en lo mío.
Ayudare a cavar trincheras.
–pero Julya… eso no es tarea… para una
mujer
–alguien debe hacerlo Tashi.
Y emprendieron la marcha en silencio.
–Si mamá te viera con el cabello corto
seguro le agradaría, serias el varoncito que nunca tuvo
Y ambas rieron.
–Jul
–Dime Tashi
– ¿quieres hablar…de lo que le sucedió
a mamá?
July se detuvo, la miro y le pregunto –
¿quieres saberlo?
–Sí, quiero saberlo.
Julya asintió, la tomo del brazo y la
llevo caminando a un ritmo lento, sereno y pesaroso, al compás de los recuerdos…
– Cuando comenzaron los
bombardeos el año pasado,...al principio tuvimos alarmas cada quince o veinte minutos, y era muy duro para
mamá ir a los refugios porque sus piernas con varices no la dejaban correr.
Pensábamos que los ataques iban a terminar pronto porque los periódicos decían
que terminaríamos con Hitler en dos meses. Pero pronto oímos en la radio que
los alemanes se acercaban a Leningrado por todas partes. La gente que huía
desde los poblados próximos venían hacia aquí
y Leningrado terminó siendo una ciudad con demasiadas bocas que
alimentar, una gran cantidad de personas fueron evacuadas hacía Siberia y otros
lugares, pero rápidamente los alemanes rodearon la ciudad y ya no hubo caminos
de salida en ninguna dirección. Al comenzar el mes de septiembre Leningrado era
constantemente bombardeado. Entonces vivíamos en un sótano con otras noventa
personas. Teníamos mucho, mucho frío, sin luz ni agua ni calefacción. El frío
era tan duro que no puedes imaginártelo. Mamá no aguanto más, y decidió que subamos
a nuestro apartamento. La fuerza aérea
germana bramaba sobre Leningrado, lanzando miles de bombas y convirtiéndola en
un brutal infierno ardiente, incendiaron sectores enteros de la ciudad y
arrasaron con los almacenes Badayev, acabando con toneladas de harina, grasas y
con los cuatro acres de los depósitos de alimentos de la ciudad…Desde casa,
veíamos las grandes llamaradas que cubrían
y teñían todo el cielo de la
ciudad, podíamos y percibir el aroma dulzón proveniente de la combustión de las reservas de azúcar, que además se mezclaba con el ruido de las
explosiones, los gritos aterrorizados, el penetrante aullido de las sirenas de
alarma y también, por supuesto, la furiosa respuesta de la artillería antiaérea
soviética … Y en medio de ese caos a
mamá se le ocurrió ir a entregar unas prendas que le había
confeccionado a la señora Kéldysh, al otro lado de la ciudad, le pedimos que no
saliera, que no fuera, se lo suplicamos, le imploramos, Nina se interpuso en su camino y mamá la
abofeteo… ella había perdido la razón Tashi, no pudimos hacer nada, mascaba odio, se negaba
aceptar lo que sucedía… Se marchó, sin oír razón, y nunca regreso, a la semana solo nos trajeron su bolso con sus
pertenencias y la ropa que llevaba para entregar el día que desapareció.
Las dos continuaron caminando en
absoluto silencio, …un silencio que reflejaba la más pura expresión de luto y
condolencia que se le puede hacer a un ser amado que ha fallecido trágicamente.
Capítulo
9
Natasha estaba infiltrando el suero
del último paciente antes de terminar su
turno, cuando María, la jefa de enfermera la llamó. Ella suspiro al escuchar su
nombre, seguramente la llamaba para darle otro sermón, era lo único que había
hecho desde que trabajaba en el
hospital, durante cada día del mes que ella llevaba en ese lugar, la mujer la
reprendía por todo, que si hablaba
demasiado con los pacientes, que si perdía tiempo con los moribundos, que si
les daba de comer en vez de cambiar vendas, que si se dedicaba a platicas chistosas, que si perdía tiempo escuchando quejas,… que Tasha
era en definitiva puro palabrerío. A pesar de las llamadas de atención, ella
continuaba creyendo que todo ser humano se merecía una muerte digna, y más si
han dado la vida por su patria.
–Enseguida voy enfermera en jefe –respondió
Natasha con voz firme e indiferente.
Al cabo de media hora con los pies
cansados y prácticamente arrastrándolos, se presentó ante el escritorio de la
jefa de enfermera.
–Ah, hasta que se le ocurrió aparecer.
–lo siento enfermera en jefe se me
complico una infiltración.
–Buen ya, qué caso tiene… –aquí estoy
viendo– y busco unas planillas entre sus papeles que ha derivado en las últimas
dos semanas veintidós pacientes de terminales a intensivos ¿es así?
–Sí, señora… esos veintidós soldados no
estaban recibiendo penicilina porque su fiebre era demasiado alta, luego de
estabilizarla, le hemos administrado antibióticos, y se han recuperado.
–Todos ellos, con miembros… amputados,
dos de ellos, con sus cuatro miembros amputados…–y apoyando lentamente las
planillas sobre la mesa, miro a los ojos a Natasha– ¿tu quién te crees para
mandar a esos hombres nuevamente a la vida muchacha? ¿Qué crees que les espera
ahí afuera? ¿Qué piensas que será de ellos…? ¿Te has puesto a pensar tan solo
un momento… que será de esos seres humanos, que no pueden valerse por sí mismo
para nada, pero absolutamente para nada…?
–Ellos solo suplicaban vivir.
–Niña, eso no es vida… eso no es lo que
ellos quieren. De aquí a unos meses solo querrán estar muertos, y te odiaran a
ti por haberlos condenados a ese infierno. Solo querrán pegarse un tiro en la
cabeza, con brazos y manos que no poseen. O
ir a tirarse bajo un tren, con piernas que no poseen… imagínate a ti
misma sin tus cuatro miembros, esperando por horas y horas a que alguien se digne a darte un plato de
comida, un vaso de agua, que te higienice cuando tengas tus necesidades…¿es inimaginable
, ¿verdad? ¿Eso es vida? ¿Eso es lo que un ser humano desea?... No, claro que
no.
Natasha no respondió.
–No dudo de tu capacidad, has hecho un
gran trabajo en ese sector, muchos soldados han partido… no te digo felices,
pero si con una linda imagen, la de una enfermera más bonita aún que los ángeles
que encontraran arriba –le hablo la dura enfermera en jefe dulcificando la voz
por primera vez desde que la conocía.
Natasha no podía responder, porque
lloraría, siempre estaba sensible a esa hora de la mañana.
–Como le decía,… no dudo de su
capacidad, pero creo que ha perdido la objetividad enfermera, por lo tanto he
decido transferirla a intensivos..
–pero señora...
–necesitamos urgentemente personal en esa área, hay
soldados que necesitan suturas, que le cambien los vendajes, que curen sus
heridas para que no se les infecten, que se recuperen pronto para volver al
frente, la guerra no ha terminado. A los que están convalecientes, los que van
a morir de todas maneras, hay que dejarlos tranquilos, que sus asuntos los
arreglen en este momento con Dios, nosotros no tenemos tiempo para ellos, Y si
alguno sobrevive que también sea Dios quien lo decida… no ninguna de nosotras.
–Usted es quien manda, enfermera en
jefe. –respondió Natasha en voz baja.
–Así es muchacha, y necesitamos que nos
eche una mano en intensivos. En el turno de la mañana. Comienza mañana, hoy descanse, aliméntese, que noto que ha perdido peso
últimamente.
–Sí, señora, lo haré. Gracias. Si no me
necesita para nada más ..
–No por ahora no, puede retirarse.
Cuando Natasha giro para irse, la otra mujer
le dijo.
–Ah, me olvidaba. La vinieron a buscar.
Natasha la miro expectante.
–Un soldado.
– ¿un soldado?
–Sí, pregunto por usted... Y le dije
que estaba ocupada, que podía esperarla porque su turno ya finalizaba, espero largo rato, tanto o más que yo, pero
después dijo que debía irse, porque un camión con sus compañeros lo esperaba
afuera.
–Le dijo su nombre.
–No, no me lo dio…Solo me pidió la
dirección de su casa.
– ¿Y usted se la dió?
–Sí, le dije que creía que vivía en el
edificio de los soviéticos, por aquí cerca… ¡oh!… ¿no me digas que hice mal?
– ¿Y usted que cree?– Natasha a los
únicos soldados que conocía en esa ciudad eran a sus pacientes y a los malnacidos que quisieron propasarse con
ellas días atrás en las puertas del SMOLNY.
– ¿llevaba alguna insignia, algún
cargo…?
–No, era un soldado raso.
“Oh Dios, si, son ellos, malditos sean,
me encontraron”
–Natasha, disculpe por mi torpeza, no volverá a
ocurrir.
–Está bien no se haga problema, no
tiene por qué preocuparse. –respondió Tasha y se marchó atormentada por el miedo.
*******************
Dos horas más tarde entró en su apartamento del tercer piso del edificio de
los soviéticos, antes había pasado a recoger su ración diaria, aunque no tenía
ganas de cocinarse, debía alimentarse, tenía razón la enfermera en jefe había
perdido peso últimamente, ella lo notaba en sus prendas que le quedaba cada vez
más holgadas.
–Hola, buen día –saludo al entrar.
Sonia Smimova, y Leyna estaban
alrededor de la mesa tomando té, y tejiendo.
–Hola querida–le dijo Smimova sin
quitar la vista de su tejido
–Hola Tashi– la saludo la pianista con
timidez, un rasgo que la caracterizaba, pero ella era así al principio al rato
entraba en total confianza.
–¿qué hacen?
–medias, se aproxima el invierno, y se
teme que será tan duro como el anterior.
–Yo estoy tejiendo para ti –le dijo Leyna
Natasha hubiese querido aclararles, que
ella no pensaba estar ese invierno ahí, pero no quiso entristecerlas, y además en
el fondo ya ni sabía si podría irse, ya había pasado un mes y no había vuelto a
tener noticias del doctor Ledev.
–Querida, ha venido alguien a verte
–dijo Sonia con voz cansada, y al fin
levanto la vista.
A Natasha un escalofrió le recorrió el
cuerpo.
– ¿quién…? –susurro
–Un soldado
Sintió
que se le aflojaron las piernas, “maldita enfermera en jefe”
– ¿No lo habrán dejado entrar me
imagino?
–Tashi, pero si era un soldado. –intervino
Leyva con vocecilla de niña
– ¡¿y a quien carajo… le importa que
sea un soldado?!
Las dos mujeres quedaron boquiabierta
ante semejante exabrupto de la dulce y dócil
Natasha.
–Pero… pero –musitó Sonia.
–pero nada, ustedes dos no tienen
derecho a hacer pasar a ningún hombre aquí adentro, sea soldado, sea quien sea,
menos sino lo conocen. –les espetó ofuscada Natasha
–Tashita, déjanos explicarte
–Leyna, no quiero oír sus explicaciones…
simplemente no quiero oírlas.
–Pero, querida… no era cualquier
soldado –hablo Sonia, evidenciando confunsión en su rostro
– ¿cómo es eso? ¿Acaso lo conocía?
–No, claro que no… nosotras no, tú lo
conoces…
Natasha se tomó la cabeza, mataría a
las dos ancianas, le habían abierto la puerta a uno de esos degenerados, seguramente
al que la había tocado… o al otro, al que sea era lo mismo. Debería ir a buscar
a Julya, que traiga su fusil .Deberían defenderse.
–te lo dije Sonia…no teníamos que
meternos.
–Pero él dijo… eso es porque son puro
secretos estas jóvenes de hoy…
Natasha las escuchaba cuchichear
– ¿Que están diciendo ustedes, ahora?–les
increpo Natasha
– ¡Es suficiente! –y Sonia se puso de
pie
Natasha la miro sorprendida, por el
arranque de energía que tuvo la escuálida señora Smimova.
–Querida mía,… ¿acaso crees que
dejaríamos entrar a cualquier soldado que golpea nuestra puerta?... ¡ese
soldado nos dijo que era el padre de tu hija! ¿Cómo pretendes que no lo dejemos entrar? Si casi caemos de
espalda, primero que no sabíamos que tenías una hija, y segundo que ese joven
tan alto, tan imponente, que es un coronel del ejército rojo... lo que menos
tiene es cara de embustero.
¿¿Nikolay en Leningrado?! ¡¿Nikolay había
ido a buscarla a su casa?!
A Natasha se le aceleraron los latidos
cardíacos.
– ¡Kolia! – se llevó las manos al
pecho, sentía que su corazón saltaría en cualquier momento
–Ah… bueno, ahora … nos entendemos– manifestó
Sonia con los brazos cruzados.
Y Leyva aplaudía feliz.
– ¿Qué ha dicho,…cuando regresará…?–pregunto
Natasha emocionada.
–No, ha dicho cuando regresará, porque
te está esperando, está en tu dormitorio, yo le dije que te esperara aquí pero
no ha querido…
Natasha ya no la escucha, corrió hacia
su dormitorio, abrió la puerta y se encontró cara a cara con el rostro de él…
–Tasha
– ¡Oh Dios mío! –Lo abrazo
con fuerza y rompió en llanto.
Nikolay la estrecho contra su cuerpo.
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