jueves, 28 de mayo de 2015

Capítulos presentación "Nieve Roja en Primavera" Cap. 1-2-3-4-5-6-7-8-9-



Capítulo 1

         En aquel  Diciembre de 1941, Moscú  era nieve,  hielo, tempano, …  era un general  invierno  que  solo  comandaba  para  los soviéticos. Después de tres sangrientos  meses  el indomable  pueblo de  Stalin había logrado frenar la ofensiva nazi contra  esa ciudad. Tanto El ejército rojo, como los  moscovitas alistados voluntariamente, defendieron  con inquebrantable valor su patria, su  libertad,  y sus vidas… La valentía y el coraje de los bolcheviques era  el resultado de sus convicciones y de su propia educación, los rusos siempre habían sido feroces guerreros, y probablemente lo serian  por siempre. 
         Ese  Otoño  de 1941 sería  recordado como el  más  crítico y difícil periodo de toda la gran guerra Patria,  cuando los nazis, se atrevieron a creer que podrían atacar  al corazón de la Unión  Soviética... y salir indemnes de ello. Quienes osaron con la idea de tomar Moscú, nunca imaginaron que para ello  deberían, primero,  descender hasta mismísimo  infierno rojo.


**********

         Al Hospital Militar  día a día llegaban  cientos y cientos de heridos, sin distinción de rangos, sexos, ni edades. Todos eran soldados que defendían a la madre patria. Todos vivían o morían por sus ideales en una heroica lucha por la libertad.
          Al Pabellón Uno, ingresaban los heridos de extrema gravedad, los heridos penetrantes de vientres o  de tórax, los heridos de cráneo, los heridos con miembros amputados,  y los heridos con quemaduras de rostro, cuello y aparato respiratorio.  

         En Moscú el invierno se había adelantado, y con él, la oscuridad y el frio.  Las horas diurnas eran escasa, el sol si es que se le ocurría asomar se escondía muy temprano. Nada era habitual en ese Diciembre de 1941, nada era esperado, nada era soportable.  Normalmente la nieve comenzaba a mediados de noviembre en el centro de Rusia y el frío intenso en la segunda quincena de Diciembre.   Pero en  ese 1941, la temperatura  a niveles bajo cero había comenzado mucho, mucho antes.  Congelando y oscureciéndolo todo.
          Una de esas largas e interminables noches, llego al Pabellón Uno, un hombre   herido de gravedad, un joven soldado. Podría haber sido un paciente más destinado al área de los casos extremos, sino fuera por la cantidad de estrellas y medallas  que llevabas colgadas en su uniforme. Evidentemente ese soldado era un oficial de alto rango, alguien que no tenía por qué estar en ese lugar. Al médico que estaba a cargo esa noche del pabellón no se le paso por alto ese detalle,  ni tampoco pudo evitar prestar atención a la desesperación que se evidenciaba en las dos mujeres que estaban a su lado, y menos aún, si una de ellas era su alumna de inglés, la eficiente y bonita enfermera Serkin.  Se acercó hacia el trio y vio que  el militar ruso iba perfectamente uniformado, llevaba guantes, chaqueta larga, pantalones acolchados, gorras de piel con orejeras y botas de fieltro, muy bien protegido en comparación con lo cientos de  tiritantes pacientes que habían llegado  en los últimos días. Cuando estuvo prácticamente a su lado  pudo distinguir el emblema en el cuello de los oficiales superiores, y contó cuatro estrellas en sus galones, era un coronel general del ejército Rojo... Y tenia , aparentemente,  una grave herida en su costado izquierdo.
         El  curioso médico se realizó de inmediato dos preguntas ¿qué hacia ese hombre en  ese lugar? Cuando los oficiales de mayor rango eran atendidos en un área de primera línea del hospital, y ¿cómo podía estar vivo cuando toda su largo abrigo estaba impregnado totalmente de con su propia sangre?
         Se acercó con rapidez, y apoyo sus dedos a un lado del cuello, para tomar el pulso cardíaco, quiso comprobar él mismo sus signos vitales. No podía confiar en la enfermera Serkin, porque se la veía totalmente desencajada.
         –Aún vive– y dirigiéndose a su compañera de trabajo dijo–  Enfermera Serkin, quítele el abrigo, lo llevaremos a la sala de operaciones.
         – ¡Claro que vive doctor Lédev! –exclamo la chica con impulsiva vehemencia. Y lo fulmino con la mirada. “como se atrevía ese medico a dudarlo, el no moriría, no podía morir”
         –Doctor, le pido por lo que más quiera salve a mi esposo! –le pidió la otra mujer con la voz quebrada.
         – ¿Qué le ha sucedido? ¿Cómo llego aquí? ¿Porque no lo han llevado al piso de los oficiales están mejor preparados que nosotros? Aquí no hay radiología, y el equipo quirúrgico está incompleto.
         –Sus hombres los trajeron aquí… porque él así lo ha pedido, doctor.–susurro la enfermera.
         – ¿Qué lo trajeran aquí? ¿A la sala de los enfermos extremos y terminales?
         –Doctor, solo le ruego que lo salve… por favor. Salve a mi esposo…–intercedió la otra mujer.
         –Es una herida de metralla – le informo la enfermera Serkin, crispada.
         El médico y ella sabían la gravedad del asunto, conocían que esas heridas solían ser  mucho más graves, en general, que las de bala, pues sus proyectiles son  generalmente cortantes y agudos, y realizaban grandes destrozos. A  no ser que el fragmento de metralla fuera pequeño y la velocidad de penetración escasa.

          El Dr. Lédev  corrió la chaqueta y observo.
         –Es un orificio sin salida. Voy a preparar la sala de operaciones, usted encarguese del paciente, hoy será mi asistente quirúrgica.
         – Si doctor, eso no hace falta ni que me lo diga.
          La enfermera con el rostro bañado en lagrimas miro al hombre que tenia entre sus brazos, y con las manos temblorosas comenzó a quitarle el abrigo.... La última vez  que  ella lo  había visto  fue en el desfile tradicional de tropas por el día de la revolución bolchevique, que se había celebrado, pese a todo, como todos los años, un mes atrás,   en  la Plaza Roja,  el  pasado 7 de noviembre. El día en que el ejercito rojo marchaba a combatir a los alemanes... 


        

         Cinco horas más tarde, el Coronel Nikolay Volkov, libraba la batallaba más importante de su vida, y era en la  cama de un  hospital.
         La enfermera Natasha Serkin le explicaba a Elena Volkova, el resultado de la cirugía y la importancia de las próximas cuarenta y ocho horas.
         –Gracias a Dios no hay ningún órgano vital afectado.  Se le  extirparon las esquirlas óseas sueltas, y se le ha realizado una extracción minuciosa de  los cuerpos extraños, doy fe de eso. Además se le practico lavados intensos para desinfectar  la herida, con agua oxigenada  y  éter, que conseguimos milagrosamente  a último momento.  Luego se ha cocido lo mejor posible.  Lo ideal hubiese sido un pequeño drenaje, pero no tenemos los elementos necesarios.
         – ¿entonces, corre el riesgo de una gangrena?
         –Hemos sido cuidadosos al extremo,  pero hay que pedirle a nuestro señor que eso no ocurra, sino deberemos abrir nuevamente la herida.  Son cuarenta y ocho horas a partir de este momento. Fiebre tendrá, eso es inevitable. Pero hay que controlársela, para evitar convulsiones. Cuando logremos estabilizarla, recién ahí, podremos administrarle antibióticos…  No podrás quedarte a su lado Lena, yo me encargare
         – ¡No! No puedes hacerme esto, no puedes. Es mi marido, yo debo estar  su lado, yo debo velar por el.
         –Él está en cuidados intensivos, al lado de personas tan o más graves que él, no pueden permitirte quedarte. Yo soy la encargada de esa área, y estoy en el turno noche durante esta semana, déjame a mi atenderlo.
         – ¡No!
         –Ni siquiera sabrá quien está a su lado, estará inconsciente, no seas tan necia por favor.
         Lena Volkova, levanto  la cara, con su habitual altivez, y dijo.
         –Solo esta vez, te saldrás con la tuya… pero eres muy egoísta Natasha Serkin.
         Natasha no daba crédito a semejante planteamiento, estaba acostumbrada a sus palabreríos, pero en ese momento no estaba para soportarla.
         –Lo mejor que puedes hacer por él, es rezar, rezar mucho… para que logre atravesar estas próximas horas. Dio media vuelta y se alejó de ella.



         Cuando  el coronel abrió los ojos ella, estaba sentada a su lado vestida con su uniforme de enfermera y una mantilla oscura en sus hombros, escribía  con evidente atención sobre su tableta de informes. Se la veía absorta y  ensimismada  en su labor,  como quien se esmera en no cometer ningún error, como quien decide hacer su trabajo con verdadera entrega. Como quien no estaba en ese instante bajo un ruidoso e incesante bombardeo. Él la conocía, sabía que ella amaba lo que hacía, sabía que ella, su Tasha, su pequeña mujercita, su valiente heroína, creía que estaba en este mundo para cumplir un deber, y así vivía, evitando que la guerra y el destino la consumieran.
         Ella pasó la mano por la frente y acomodo bajo la cofia,  un mechón rebelde de su hermosa cabellera, que él también conocía a la perfección. Color miel como sus ojos y suave como su piel. Tasha, era la mujer más hermosa que él había conocido en  su vida. Tenía el cabello  rubio  casi blanco, como una autentica rusa,  sus ojos eran de un   penetrantes y profundo tono avellana, sus rasgos faciales  asimétricos, lo cual hacia que su cara sea armoniosa y se distinguiera del restante género femenino.  Natasha Serkin, era preciosa. Y eso nadie podía negarlo
         –Tasha –susurro
         –Kolia –dijo ella–con una voz profunda y suave.
         El contuvo el aliento cuando ella se le acerco.
         –… ¿cómo te sientes?
         –como si me hubiese atravesado un tren… ¿Qué ocurrió?
         –Te  trajeron con una herida… de metralleta, te operamos… ¿no recuerdas?
         Hicieron un breve silenció, que fue interrumpido por un fuerte descarga de bombas.
         –Algo recuerdo… ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Y a propósito cómo vamos en el frente?

         –Seguimos resistiendo… Y hace siete días, que estás aquí.
         – ¡¿Siete días?!
         –Así es, estuviste muy mal,…  y todavía estas muy delicado. Recién  en el día de ayer hemos comenzado a administrarte antibióticos,…Así que no hables mucho, ni te alteres, no puedes tener ni siquiera una línea de fiebre más, tu cuerpo no lo resistiría.
         –Debo salir de aquí,  mis hombres me necesitan…
         –Kolia, eso es imposible,  ahora deberás pensar en ti.  –Y acercándose al él le beso la frente,  y  muy emocionada dijo– Yo te necesito, tu hijo te necesita…–luego se enderezo y toco su vientre.
         Y la miro con ternura.
         –Mi hijo… aun me cuesta creerlo. ¿Lena… ya lo sabes? Porque seguramente abra estado aquí
         –Claro que ha estado aquí, todo el tiempo. Y si, lo sabe, me ha visto, me ha preguntado, hemos hablado, y lo más curioso es que me dijo que ella lo sospechaba, un cotilleo le había llegado sobre que yo estaba en estado.
         El cerró los ojos. Y afirmo con la cabeza.
         –Solo en la noche puedo quedarme a tu lado Kolia,  aquí en cuidados intensivos no se permiten acompañantes para los pacientes. Pero durante el día, ella lo mismo se presenta aquí y permanece afuera de la sala esperando  que los médicos le permitan verte. Junto a ella normalmente esta tu hermana, o tu  cuñada, la media hermana de Lena.
         El comprendió.
         –Y entonces, a ti no te dejan ni acercarte a mí.
         –No. No me lo permiten, pero yo cada noche estoy aquí tu lado, cuidándote, y eso me alcanza…  Kolia, necesito que seas fuerte y que trates de reponerte pronto. No pienses ni en Lena, ni en mí, solo piensa en recuperarte,… nosotras sabemos lidiar con esta situación. ¿Está claro?
         El asintió.
         –Yo recuerdo  que cuando me hirieron, cuando me dieron,  sentí que había llegado la hora, y lo único que quería era morir a tu lado… repetía tu nombre como un loco… necesitaba verte por última vez.
         Ella se mordió los labios, no quería desmoronarse delante de él.
         –Yo nunca voy a olvidar, cuando tus hombres entraron al hospital llamándome a los gritos y contigo en sus brazos… nunca voy a olvidarlo, si algo te pasaba, no sé si lo hubiese resistido… –y ella le acaricio el rostro– mi guerrero de ojos azules… nunca más vuelvas hacerme eso.
         Él le tomo la mano y se la beso.
         –Algún día, Tasha, me gustaría olvidarme de todo… y que nos marcharamos de aquí…  lejos, sin que  nada nos detenga…  empezar de nuevo, una vida nueva, tu y yo.
         – ¿y ella? ¿Qué pasaría con ella…?–susurro Tasha
         El cerró los ojos…y no respondió.
         –Hoy por hoy eso es una utopía, soldado… escucha lo que sucede allá afuera, hay una guerra, y nosotros metidos en medio de ella. Estamos en el lugar y en el momento equivocado. –Tasha tomo aire y luego le dijo– El mismo día que te trajeron herido, por esas cosas del destino había venido Lena a echarnos una mano, después de tres meses de ausencia apareció por aquí,  ese mismo día, como si nada, repentinamente. Yo la vi de lejos, pero no me acerque a ella en todo el día, para evitar que vea mi embarazo, sabía que pronto se iría y tal vez no volvería por mucho tiempo. …Pero ella estaba presente, cuando irrumpieron tus hombres en la sala desesperados y cargando contigo. Llámalo casualidad, coincidencia o lo que quieras, pero cuando llegaste a morir en mis brazos como tú dices. Estaba aquí mismo esperándote tu esposa Elena.  Ni siquiera tú última voluntad se te hubiese cumplido, ¿entiendes? ni con tu muerte podemos torcer lo que nos ha tocado…


         Nikolay permaneció en silencio por interminables segundos, luego le pregunto:
         – ¿puedo tocar tu vientre… Tasha?
         –Sí que puedes Kolia. –y ella se acercó más a él para que el pudiera tocarla...
         –Es pequeño, muy pequeño, pero creo que es muy proporcional a tu cuerpo.
         –Es pequeño, porque es una niña.
         – ¿cómo lo sabes?
         –Lo siento… sé que es una niña.

         Y él la miro  con tanta ternura que Tasha, tuvo que hacer un esfuerzo para no echarse  a llorar.
         “lo amo, lo amo, lo amo… y no puedo soportar la idea de nunca será mío”



         Un mes después Tasha llegaba al hospital caminando con una inusual  lentitud, el constante e intenso frio estaban haciendo meollo en su cuerpo así lo había pensado unas horas antes cuando debió hacer una esfuerzo sobrehumano para poner sus pie fuera de la cama. A pesar de que hubiese deseado con todas sus fuerzas quedarse todo el día bajo la calidez de sus sabanas, lo mismo se envalentono, y  como cada mañana de los últimos días se puso de pie y emprendió la marcha hacia a su  lugar de trabajo. A preguntar cómo se encontraba él, y que había de nuevo en su recuperación.
         Al llegar a las inmediaciones del Hospital general, vio un vehículo estacionado, que reconocería en cualquier parte, era el automóvil de Kolia. Y vio que bajaban  Lena e Irina,  la hermana de él. Ella apuro el paso para alcanzarlas, pero las mujeres se alejaban muy aprisa, casi sin aliento logro gritar


           –¡Lena! –mientras levantaba la mano.

         Elena Volkova, dio media vuelta y la vio. La otra mujer alta, de cabello oscuro y de ojos azules, la similitud física con su hermano era muy notable,  también la miro, y no disimulo su disgusto, que inmediatamente se reflejó en su rostro, Lena le dijo algo al oído, la otra asintió y se retiró, entonces la esposa de Kolia  camino hacia ella.
        
         –Tasha… ¿Qué haces aquí? Pensé que ya no venias a trabajar.
         –Vine… a buscar unas vitaminas que  prometieron conseguirme –mintió.
         –En tu estado no deberías andar con este frio, si te enfermas perjudicaras a tu bebe.
         –Soy muy fuerte, y mi bebe está bien protegido donde está.
         –Si tú lo dices.
         – ¿cómo esta él? –Tasha le pregunto algo que ya sabía, puesto que  a ella eso se lo informaban sus compañeras de trabajo.
         –Nikolay está mucho mejor, a Dios gracias. Y Ayer a la tarde he logrado un permiso para trasladarlo a la sala de oficiales, al menos ahí tendrá calefacción permanente.
         Eso sí que lo desconocía.
         –Ah, claro, estará mucho mejor. Entonces  si  van a trasladarlo, significa que ya puede ponerse de pie.
         –Sí, ya se está levantando por sus propios medios, apenas logra ir al sanitario, pero es un gran avance.
         –Sí que lo es. Esto es una buena noticia…–titubeo antes de hablar–  Elena, yo quisiera…
         –No creo que sea buena idea.
         –Solo será un minuto.
         –No quiero alterarlo, ya sabes… es mejor para él.
         –Te lo suplico Lena, ya no podré venir más por aquí, falta muy poco para que mi bebe nazca… te lo pido, no por mí, sino por mi hijo. Solo será un minuto… luego no volveré a molestarte.
         – ¿para qué quieres verle? ¿Qué pretendes? ¿Romperle el corazón? Conoces bien a Nikolay, solo le darás más pena, de la que ya le das. Estos días hemos estado hablando mucho sobre tu… embarazado. Y los dos estamos de acuerdo en no abandonarte en esta situación, en ayudarte en lo que necesites,  pero no es necesario estar viéndote tan seguido.  Mi esposo en este momento tiene otras prioridades, como comprenderás. Debe estar tranquilo y pensar en su salud.  A todos nos conviene, incluido a ti, que Nikolay logre salir de este hospital  pronto. En el estado en que esta ahora, nada puede hacer por ti.
         Elena cuando quería podía ser cruel.
         –No voy a pedirle nada, ni necesito que haga nada por mi, solo quiero despedirme de él, probablemente regrese a  Leningrado.
         –No puedes regresar allí, si esto es un caos,  allí es el mismísimo infierno.
         –pero mi gente está ahí.
         – ¿tus dos hermanas? …no entiendo porque ellas no han huido cuando han podido, deberían estar aquí contigo.
         –pero sirven al ejército en aquellos frentes, ellas están defendiendo su ciudad…
         –Bien,  como digas… –y mirándole con atención dijo– te dejare pasar a verlo, porque conozco lo tozuda que puedes ser, y seguramente intentaras hacerlo a mis espaldas.  Así que haremos esto más simple, entraras verás a mi marido, lo despedirás…y no le dirás en ningún momento lo que pretendes hacer en tu futuro. No quiero que se preocupe. ¿Está claro?
         –Si Lena, está claro.
         –ya sabes… luego la culpa no lo dejara vivir,  él tiene un corazón muy blando, al igual que yo, Nikolay siempre se ha sentido atraído por los humildes y los desprotegidos, la compasión es la debilidad de mi esposo.
         Sí que sabía ser cruel Lena Volkova, cuando se lo proponía. Pero Tasha no la juzgaba, si al fin de cuenta Kolia era su marido, y Natasha Serkin para ella,  no era más que una ingenua enfermera que  había permitido que  su esposo se la llevara a la cama,  una noche en que el vodka le  había nublado el entendimiento.
         Eso era Tasha para Lena, una noche de alcohol de su marido, una noche de descontrol con un mal resultado, un niño en la barriga de la chica.  
         –Gracias Lena, solo será un minuto.

         Cuando Tasha entro a ver a Kolia, dejo a Irina y a Lena discutiendo en la puerta de la habitación. La hermana de Kolia odiaba a Tasha, como si ella fuese la noche negra de su propio esposo.
         –Kolia.
         –Tasha… ¿viniste? Estaba preocupado, no sabía nada de ti. Ayer me desespere y me puse de pie para ir a buscarte… pensé que tal vez...–y miro su vientre.
         –Aún falta, pero… han decidido que lo mejor es que yo no trabaje por un tiempo. Mi paga continuará intacta.
         –Me siento muy impotente aquí, no puedo ayudarte como corresponde en estos momentos.
         –Yo estoy bien, Nosotras estamos bien… –dijo ella sonriendo mientras apoyaba su mano en su ya abultado vientre.
         –Estas radiante Tasha, eres la embarazada más bella que alguna vez he visto.
         –Gracias.–respondió ella con timidez– Kolia, escúchame, no tengo mucho tiempo. Lena me ha dado solo un momento.  Es muy amable esa esposa tuya, cualquier otra me hubiese corrido a patadas.
         –Lo sé, ella es una gran mujer.
         –Van a trasladarte Kolia. Te llevaran a la sala de los oficiales, ahí estarás muy bien atendido. Yo ya no tendré ninguna posibilidad de verte, ni de saber de ti… Porque allí si será difícil dar una explicación sobre mis… intromisiones. Pero trataré de escribirte, de enviarte correspondencia… y te avisare cuando llegue el día del parto.
         – ¿lo harás?
         –Sí que lo haré… claro que lo haré, tu eres su padre. Ese derecho nunca te lo quitaré.
         –Gracias Tasha, gracias por ser tan considerada conmigo, pese a todo.
         –No tienes nada que agradecerme, y ahora yo solo quiero que te pongas bien… ¿sí?
         –Si –le contesto el capital absorbiéndola con su mirada azul.
         –Adiós Kolia.
         –hasta pronto Tasha, esperare tus mensajes…
         Ella salió de la habitación,  y del hospital,   acelerando sus pasos por primera vez en el día. Lloraría, lloraría delante de él delante de ellas, delante de todos… sino se apuraba a salir de ahí…



         Días después,  el coronel Nikolay Volkov  ya había recuperado el dominio de todos sus miembros.  Durante las mañanas  salía a dar una vuelta  por el hospital, para fortalecer las piernas, y de paso aprovechaba para visitar a muchos de sus hombres que estaban en otra ala del nosocomio.  A esas alturas Moscú se había liberado definitivamente  de la amenaza  mortal nazi, y el gobierno comenzó a  la organizar la tarea de limpieza de las ciudades cercanas  para evitar epidemias y enfermedades que solían acarrear las guerras,  las órdenes de  los jefes gubernamentales eran claras,  se les pedía  a la población, a los ciudadanos  que estaban en condiciones de hacerlo, la tarea de retirar los escombros de los edificios bombardeados y los cadáveres de las calles, para poder enterrarlos. También se comenzaron a arreglar  las tuberías del agua, se restableció el suministro eléctrico, y en la capital Volvieron a circular de a poco los tranvías y los trolebuses con normalidad. Levantaron el estado de sitio, y algunos sobrevivientes, de los que habían sido evacuados meses anteriores, regresaban a sus hogares. Casi un millón de soviéticos  murieron entre la fase de ofensiva y defensiva… por defender el corazón de la patria, la orgullosa ciudad de Moscú.

         Al ingresar  al Pabellón Uno, donde él había estado  internado al principio, un parco y sobrio médico le sonrió. Kolia quiso devolverle la sonrisa pero sus pensamientos eran tan preocupantes que solo quedo en un intento.
         –Buenos días coronel, no puedo no decírselo… ¡Es usted un hombre muy afortunado! Después de como llego aquí, verlo ahora caminando tan apaciblemente  por las salas del hospital…es admirable.
         – ¿Lo soy? ¿Soy afortunado? –él lo dudaba, tenía todo su costado izquierdo quemado y una herida en forma de bola con horrendas suturas…
         –Claro que lo es,  hace tan solo unos días, entro por esa puerta desangrándose y con un hueco del tamaño de mi mano en su estómago, hoy lo veo caminando lozano y fuerte entre nosotros… claro que es un hombre afortunado.
         –Ta vez se deba, porque aquí, en este lugar… me han salvado la vida… ¿doctor?
         –Lédev. –Y le extendió la mano– soy el cirujano que lo opero.
         –Entonces es a usted a quien debo agradecer este milagro. –le dijo mientras le daba un fuerte apretón de mano.
         –Si así lo desea, puede hacerlo, Coronel. Pero sobre todo deberá agradecérselo a la enfermera Serkin.
         – ¿ella… estuvo presente durante la operación?
         – ¡Vaya si lo estuvo!... me enloqueció esa noche, jamás volveré a solicitarla como ayudante quirúrgica, de eso estoy seguro. Natasha, además, luego fue su enfermera personal. Durante siete días seguidos ella  permaneció a su lado, hasta que logro bajar la fiebre y pudimos administrarle antibióticos.

         –Estuve muy mal, lo sé,  mi esposa ya me ha contado...
         – ¿que si estuvo mal?.. No me gusta inquietar a los pacientes, pero como usted es un coronel del Ejército Rojo, no veo porque no hablarle con la verdad. Estuvo muy mal… estuvo más del otro lado que de este.
         Kolia lo entendió.
         –Pero vuelvo a reiterarle, la enfermera Serkin ha hecho un excelente trabajo. Más de uno ha creído que era ella su esposa, con eso le digo todo.
         Nikolay se sorprendió por un momento al escuchar aquello, y después se rio por lo bajo, al tiempo que meneaba la cabeza. “su esposa”, “¿cómo sería Tasha como esposa?”
         –Cuando la vea le agradeceré.
         –Esta mañana muy temprano, casualmente  ha estado por aquí, y le pregunte por usted. Me ha dicho que ella ya no lo ha vuelto a ver,  pero que estaba en muy buenas manos, que lo habían trasladado a la sala de oficiales … Pero voy a decirle algo coronel, que quede entre nosotros– y el medico sonrió antes de hablar–  ni siquiera allí tienen una enfermera como Natasha, pero no hay que decirlo en voz alta, para que no quieran quietármela.
         “esta mañana muy temprano ha estado por aquí”…“¿Qué no quieran quitármela” “ ¿pero quién se ha creído que es este doctor Ledev, y por qué Tasha no había tratado de hablar con él si había ido al hospital?”
         –Bueno  Coronel debo ir hacer mi ronda, me alegro de verlo recuperado, tal vez la sangre de ella sea milagrosa…
         – ¿la sangre de ella…? ¿Me podría explicar doctor?  –Nikolay sentía que el médico, le hablaba con... ¿cierto, desden…?
         – ¿Acaso no lo sabe?.. Bueno coronel, ya veo que no le han contado todo…–y movió la cabeza con gesto negativo–He tenido que firmar semanas atras la licencia de Natasha Serkin,  mi mejor enfermera…
         “¿mi mejor enfermera?  ¿Mi?.. Golpearía a ese medico sino dejaba de referirse a Tasha, como si fuera de su propiedad”
         –… con todo el dolor de mi alma,  tuve que obligarla  a que dejara este lugar, porque  se negaba a aceptar que debido a su estado, a su avanzado embarazo me refiero,…era muy peligroso seguir donando sangre…–y volvio a gesticular con la cabeza de un lado a otro–  no, no podía permitirlo.  Durante todo un mes lo ha hecho… debía  impedírselo de una manera u otra. ¡¿Dónde se ha visto, una enfermera, embarazada le diera de su propia sangre a un paciente que nada tenía que ver con ella?!
         – ¿Qué…qué ha hecho que?
         – ¡Lo que escucho! –Y su tono de reproche era indudable–Usted había perdido mucha sangre, y estaba demasiado débil, nos ha costado conseguir sangre últimamente, analizarla antes y todo eso…conseguir sangre segura, en una palabra.  Pero ella desde el primer le donaba de la suya, siete días seguidos lo hizo… y luego dos veces por semana. Hasta que le he tenido que correr de aquí. Es inadmisible, está embarazada y a punto de dar a luz… ¿me entiende verdad? Pude tener una gran vocación, pero no debe perder la cordura, no puedo permitírselo, ni a ella ni a nadie.
         –Lo entiendo… doctor, lo entiendo todo.
         El medico se acercó a Nikolay y le observo el semblante.
         –Es mejor que regrese a su sala coronel, ha empalidecido… ¿se siente usted mal?
         ¿Si se sentía mal?... ¿que era sentir?... él no lo sabía. Tal vez habría que preguntárselo a Natasha Serkin, ella sí que tenía sentimientos, ella sí que conocía sobre emociones, sobre impresiones…sobre eso que era sentir.
         Nikolay sin poder seguir  hablando dio media vuelta y se alejó del médico. Quien en ese momento lo miraba con… evidente…rencor.



         Esa misma tarde una enfermera mayor con cara de pocos amigos se acercó a él, que estaba acostado tratando de dormir y le dijo.
         –Esto me han dado hoy, para que le entregue en sus propias manos, y mañana a esta hora pasare por si quiere responder. –dicho eso se fue.

         Querido Coronel Volkov.
         Solo quiero que sepas que estamos bien, que ya tengo comida en mi armario para los próximos  días, así que solo volveré a salir de aquí, el día que vaya a dar a luz... Algunas veces no sé qué pensar de todo esto, no sé si hago bien en mantenerte informado sobre mi vida, no sé si hago bien en hablarte de todo esto, sé que no fue  tu hijo deseado… pero,  me consuelo cuando recuerdo tu mirada llena de ternura al ver mi vientre de embarazada.  Me duermo y me despierto todos los días ansiando que llegue el momento de conocer a mi bebe…  estoy en paz y me siento amada, por él... 
         ¡Diez días, solamente! Y ella estará a mi lado, mi pequeña  Anna estará a mi lado. Espero que mientras llega el momento logres recuperarte por completo y  encuentres en Lena el lugar donde consolarte, Yo al menos lo he encontrado en mi hija, No te preocupes por mí. Estoy bien, como siempre.                                                                  
                                                                                              Tasha.
P/D. El día que me interne te avisaré, por si quieres conocer a tu hijo o mejor dicho tu hija, porque cada día estoy más segura que es una niña.

         El coronel solo pensó después de releerla cientos de veces…“no te merezco, no te merezco ni a ti, ni a Lena”
         Al otro día la enfermera paso a buscar la escueta respuesta de él.



         “No olvides avisarme inmediatamente cuando nuestro hijo quiera nacer, me gustaría mucho acompañarte en ese momento”
                                                                                              N. V





         Dos semanas, ha habían pasado dos semanas desde que había recibido la carta de Tasha… y a pesar  de no haber podido conservar la misiva,  para evitar que Lena la encontrara. El recordaba perfectamente cada palabra en ella escrita, y decía diez días para dar a luz.
         Diez días… Pero ya habían pasado quince.  Una enfermera a quien él le  había preguntado al respecto el día anterior, le dijo que era normal que en los embarazos las fechas de partos no sean exactos, que podían demorarse o podían adelantarse.
         Pero la inquietud de él esa mañana era incontrolable. Después de tardar poco más de la cuenta en levantarse y abrigarse,  salió a buscar el área de maternidad del hospital.
         Cuando llego,  se acercó a una chica que estaba detrás de un mostrador demasiado grande para ella.
         –Buenos días señorita, necesitaría averiguar si una amiga mía se ha internado o a venido a controlarse en estos días.
         Una información de ese tipo no estaba permito darse, a no ser que fuese a un familiar. Pero eso a lachica poco le importo, quien miraba boquiabierta al alto y apuesto hombre que tenía frente a ella, el soldado más increíblemente atractivo que hubiese visto jamás. Sin dejar de mirarlo, sin siquiera pensar por un momento en negarse a dar la información que le pedía, pregunto:
         –Nombre de la paciente.
         –Natasha Serkin.
         La chica asintió, y debió hacer un esfuerzo para despegar los ojos de la mirada azul de él y de reaccionar luego de escuchar esa voz  ronca y grave que salió de esa atrayente boca…
         –mmm, déjeme ver… Serkin, Serkin… mmm… aquí esta.
         A él le subieron las pulsaciones.
         – ¿está aquí mismo?
         –mmmm…. No, ya no… estuvo aquí. Pero ayer, si,  casualmente ayer, le han dado el alta médica.
         Él no podía reaccionar, no entendía, que eso estuviera sucediendo. Natasha había dado a luz, había estado ahí a metros de él…y no le había avisado que su hijo,  el hijo de ambos había nacido. Debía haber un error.
         –Señorita, podría decirme si la señorita Serkin,… ¿ha dado a luz. O solo ha venido tratarse?…no entiendo.
         – ¿Qué no entiende señor? Si estuvo en esta maternidad, es porque ha venido a dar a luz. –Y volvió a mirar la planilla–si, efectivamente hace tres días tuvo un parto normal. Y en el día de ayer ella y su hijo han sido dados de alta.
         Él se aclaró la garganta.
         – ¿podría usted decirme si ha sido niño o niña? –pregunto el
         –No, señor… eso no está registrado aquí…aunque –la chica quería ser amable con él, quería retenerlo un rato más– tal vez, la enfermera de neonatos pueda ayudarlo. Ella registra a todos los niños que nacen aquí.
         – ¿y donde esta ella?
         –Venga lo acompañare. A los pocos minutos estaban frente a la mujer de cabello canoso que había actuado de mensajera entre ellos días atrás.
         –Ah,… hasta que apareció.


         Él la miro sorprendido.
         Luego la  mujer le dirigió una impaciente ojeada  a la chica recepcionista, quien sin decir palabra se alejó con celeridad  de ellos dos.
         –No vine antes porque no tenía idea que Tasha había dado a luz.
         –Yo misma le lleve el recado.
         – ¿Qué? ¿De qué recado está hablando?

         –El recado que escribió con su puño y letra Tasha, ya había roto aguas, cuando me pidió papel para escribirle a usted… y me rogo que se lo llevara. Pero su hermana lo recibió, sé que debía dárselo personalmente, pero estaba apurada quería estar aquí con Tasha…
         A él se le nublo la vista.
         – ¿el recado se lo entrego a mi hermana?
         La mujer afirmo con un gesto.
         –Por lo menos eso me dijo ella, era una mujer alta de cabello oscuro con sus mismos ojos. .. Mi coronel.  En fin,  lo lamentable fue que  Tasha lo espero durante los siguientes  días,  Estuvo pendiente de esa puerta durante todo ese tiempo. Esperando a que usted apareciera… No sé cómo es su relación con ella, no soy de preguntar, pero solo le puedo decir, que en todo este tiempo que llevo en este hospital, nunca he conocido a una persona como Tasha Servín, es la joven más entregada, más responsable, y la de mejor corazón con la que he tratado en todo estos años. No sé cómo usted ha hecho para enredarla, para embarazarla, y  dañarle su futuro… Porque le aseguro que aquí, han sido muchos los que han hecho filas para  poder ganársela,  no hay un solo médico, no hay un solo oficial ni soldado que no se halla enamorado de ella y haya estado dispuesto a entregar por ella,  mucho más  que lo que el mismo Stalin les ha pedido.
         –No tengo dudas de…ello.
         Y antes de irse pregunto.
         – ¿Qué ha sido…?
         –Una niña.  Preciosa, como su madre.
         Él inspiro con  fuerza, y luego se fue de ahí, totalmente abatido.

         Cuando llegaron esa misma mañana Lena e Irina, él ya estaba vestido con su uniforme de coronel, que días atrás su esposa le había colgado en el pequeño armario para cuando dejara el hospital.
         –Nikolay! ¿Qué haces? ¿Qué sucede?
         – ¿Qué sucede?...me marchó de aquí, eso sucede.
         –Tú todavía no te has recuperado, no puedes irte aún, corres el riesgo que tu herida se abra… Irina ve y llama al médico
         – ¡Irina, no vas a llamar ningún médico! –y dirigiéndoles una mirada fría a ambas dijo– Ninguna de ustedes dos, volverán a tomarse ningún tipo libertades ni atribuciones que no le corresponden…¿entendido? Ya no  estoy muriéndome, así que de ahora en más de todo lo referido a mi salud me encargare yo mismo.
         – ¿Por qué estas enfadado Nikolay? … si se puede saber –le respondió la hermana con acento irónico en su voz.
         – ¿debería estar enojado Irina? –le respondió él con su inmutable serenidad.
         Delante de Lena no le diría a su hermana lo que opinaba de sus acciones, no pretendía lastimar a su esposa en ese momento, ya bastante lastimado estaba él.
         –Lena, puedes irte a la casa con Irina, yo tengo un coche esperándome afuera. He llamado al cuartel para que vinieran a buscarme
         – ¿Cómo?... ¡no! de ninguna manera…tú te vienes conmigo a casa. Nikolay por el amor de Dios, que te hayas dado tú mismo el alta médica ya es bastante preocupante, pero que además pretendas irte al cuartel, eso ya es inaudito. Hablare con mi padre de inmediato… le diré lo que sucede.
         El la miraba con estupor. Elena, su  transigente y complaciente Lena, estaba tratando de manejarlo a su antojo... ¿Qué diablos estaba sucediendo? Acaso las personas que lo rodeaban no sabían  que a él solo lo había  herido una metralleta en su abdomen, no había recibido ningún  golpe grave en el cerebro, a éste aun lo mantenía intacto.
         –En este momento no tengo tiempo para esto Lena, más tarde hablaremos.
         Con dificultad se colocó su extenso abrigo, tomo su gorra, se dirigió a la puerta y antes de que saliera,  ella le dijo:
         – ¿Vas a ir a verla verdad…? …¿Mi esposo  va a  ir a conocer a su bastarda?
         El quedo paralizado. Elena también lo sabía. No se volvió a mirarla… no le respondió, simplemente suspiro y se alejó de ahí… la perdonaba, la disculpaba…seguro que ella estaba sufriendo, por eso su reacción, por eso la impiedad en sus palabras… Conocía muy bien a su esposa solía tener ese tipo de arranques, pero en el  fondo tenía un corazón comprensivo e indulgente.
         Afuera, un soldado lo esperaba, con el encargo que él mismo le había hecho,  un bastón de madera con una buena empuñadura, necesitaría algo fuerte por unos días para apoyarse, hasta que lograra afirmarse con normalidad.
         Media hora más tarde, estaba frente a la puerta de la vivienda de Tasha, ubicada dentro de un monoblock, compuesto por centenares de unidades de dudosa calidad,  en un barrio pobre y marginal de Moscú.
         Era la segunda vez que iba a su apartamento, debió subir tres pisos de escaleras hasta que llego a la puerta verde con el numero 23 pintado en negro… intento recordar
como lo había hecho hacia nueve meses atrás, y no pudo, no recordaba casi nada de aquella noche.




         – ¿Quién es?
         Escucho la voz suave de ella.
         –Soy yo, Nikolay.
         Unos breves pasos llegaron a la puerta… y ella abrió.
         –Kolia ¿tu?
         –Hola Tasha… ¿puedo pasar?
         –Claro, pasa.
         El recinto era pequeño  con poca luz, pero a él inmediatamente lo  envolvió una calidez y una sensación de haber entrado… a un sereno hogar.
         Había pocos muebles, casi nada, una pequeña mesa cuadrada de madera, con dos sillas. Una alfombra en el medio de la sala y al lado de la chimenea una vieja butaca de pana color verde… Donde se suponía que debería estar encendido el hogar había una pequeña estufa a gas que irradiaba bastante calor y una tenue luz. El ambiente era pulcro, limpio, aseado en profundidad y despedía una fragancia a esencias, a bálsamo a perfume de bebe…
         
         –Quiero ver a mi hija... a nuestra hija– murmuro él, intimidado  por todo aquello.

         –Toma asiento, ahora la traeré, permíteme el abrigo. –Y lo ayudo  a quitarse el largo y pesado sobretodo de paño que llevaba ese día. – permíteme tu bastón. Le pidió ella con delicadeza. Luego lo sostuvo en sus manos y lo miro con extrañeza.
         –No debes acostumbrarte a utilizarlo Kolia, luego se te hará costumbre. le dijo con enojo.
         –Estoy algo débil aun…. Hay veces, que  hasta me mareo, y esa desestabilidad sumada a  mi altura pueden llevarme directo al piso. No es a una caída a lo que le  temo, sino que mi herida de abra y deba pasarme otro mes y medio más dentro del hospital. Ya no podré contar con tu atención y con… –iba a decir sangre, porque sabía muy bien que en sus venas corrían litros de sangre de ella, pero hizo silencio, el coronel Volkov, no tenía la seguridad, en ese momento,  de que si lo mencionaba en voz alta… no rompería a llorar.
         –De todas maneras, un bastón, es signo de debilidad…

         –Te reitero, mi altura me desestabiliza… Tasha, y no seas tan dura conmigo. Lo utilizare hasta que vuelan mis fuerzas.
         Ella asintió. Mirándolo por ese lado, lo entendía perfectamente, Kolia Volkov, media un metro noventa o mas, era uno de los hombres más altos que ella conocía. Cuando lo tenía muy cerca, se sentía impresionada, y demasiado pequeña, su metro sesenta era muy vulnerable en cuanto a la altura de él…
         –Ya recobraras tus habituales energías, ha sido una herida grave…y demasiado rápido has vuelto a caminar. Ahora mismo, el subir tres pisos por escalera, es un gran esfuerzo.
         –Tenía que venir hasta aquí… hoy, como fuera. Porque recién esta mañana me he enterado que he sido padre, que mi hija ya había nacido.
         – Entonces… ¿no lo sabias?
         –No, no lo sabía… tu mensaje fue a parar a las manos de Irina.

         –Y tu hermana…te lo oculto, no le importo saber que su sobrina llegaba al mundo.
         –No, no le importo – dijo él,  agobiado.
         –Aguárdame un momento.
         Y Tasha desaprecio tras una puerta, que seguramente daba a la recamara, pensó él. A una recámara en la que él había estado, e infamemente no la recordaba.
         ¿Podía existir un tormento más grande para un hombre,  que el de saber que ha  pasado una noche con la mujer que más ha  deseado en su vida; y al mismo tiempo no poder recordarla?
        Miró hacia la pequeña ventana, que tenía una suaves y transparentes cortinas de voile, y atreves de ella  se veían  tejados, techos y cúpulas cubiertas de nieve. Por un instante sintió, que estaba en otro país en una lejana tierra donde la guerra no era más que un mero fantasma… Él  pudo apreciar, que  dentro de ese pequeño hogar, no existía ni una huella de la ofensiva rusa, ni una señal de los combates que se libraban alrededor, ni una marca de algún enfrentamiento, ni pelea… ni conflictos. No había ningún rastro la gran guerra patria que sacudía aquel país… era un irreal paisaje…

         –Kolia aquí está tu hija –le dijo ella sobresaltándolo.
         Él se había sentado en la butaca de pana al lado del hogar y Tasha se aproximó con la niña envuelta en un gran chal de lana blanca, luego la coloco, con mucho cuidado  sobre los brazos de un Kolia tan conmovido como impresionado…

         –Anya te presento a tu papá.
         Él tomo al pequeño ser entre sus brazos con tanta delicadeza y ternura, que Tasha no pudo contener las lágrimas.
         El coronel, mientras tanto, miraba fijamente la carita de su pequeña hija, con un gesto hipnótico, íntimo y entrañable…
         –Es hermosa, gracias a Dios, es igual a ti…
         Ella no podía responder, no quería hablar,  solo quería abrazarlos quería acercarse a ellos y  envolverlos en sus brazos. Luego llorar, reír,  festejar juntos…por esa hermosa y perfecta hija que habían engendrado.…. Pero no pudo,  porque debía aceptar, que esa no era su familia, ese no era su marido. Ella solo era la madre de esa niña, y la mujer que amaba en silencio a un hombre que no le pertenecía…  La Unión Soviética los había convertido en otro de sus tantos sueños irrealizables.
         –Me gusta el nombre Anya, Anna Volkov. Me gusta. Mañana la registraremos Tasha, mañana vendré por ustedes e iremos a regístrala como mi legitima hija.

         –Gracias Kolia, gracias por ese noble… gesto.
         –Es mi hija, joder, como se te ocurre agradecerme.
         – ¿y… será oportuno…ir mañana? Escuche en la radio que el registro civil, solo estaba otorgando certificados… de… de defunción, en estos días.  Que los certificado de nacimiento, los certificado de cambio de nombre, de matrimonio, de anulación de matrimonio y otros, por ahora no serán otorgados de inmediato, que abra que pedir turnos.
         –Yo no tengo tiempo para pedir turnos, los soldados no tenemos ese privilegio… a mí me inscribirán a mi hija, mañana.

         Y ahí estuvieron por mucho tiempo más. El coronel Volkov  debió hacer un esfuerzo muy grande para dejarlas en aquel pequeño y al mismo tiempo acogedor departamento…ubicado entre las  orillas del centro de Moscú.



         Cuando llego a donde vivía con Elena, la mansión del general Hans Vasíliev. Sintió que todo lo que a él en otro momento le había parecido confortable por su majestuosidad y estilo,  habían perdido el encanto, el atractivo y la fascinación de antaño… no solo por todo la destrucción y la desolación de la que había sido testigo en los últimos meses durante su campaña militar,   sino porque no podía quitarse de la cabeza el pequeño recinto con fragancia a esencias del que acaba de salir.
        
         Toda el ala norte de la mansión estaba ocupada y destinada al matrimonio Volkov. La única hija del general se había casado cinco años atrás  años con el entonces capitán Nikolay Volkov, pero nunca dejo solo a su padre.
         Elena Volkova, como se llamaba ahora Lena,  quien después de casada tomo el apellido de su esposo. Apenas lo vio, sin ningún tipo de reproche ni en su mirada ni en sus palabras, simplemente le dijo:
         –Querido, supuse que vendrías con hambre, hoy he preparado personalmente tu almuerzo.
         –Gracias Lena, pero no tengo apetito. Iré a recostarme un rato, creo  que hoy  me he excedido.  Me he esforzado demasiado, estoy muy cansado.
         –Sí, es lo que trate de hacerte entender esta mañana,…. Ven entonces te acompañare a nuestra recamara, y te daré tus medicamentos. –le contesto ella con inmenso cariño tomándolo de la mano.
         El coronel durmió toda la tarde, por la noche solo ceno un plato de sopa.
          Luego se dispuso a leer con meticulosidad  el cuaderno de notas, que recogió, luego de la visita a su hija,  por  las  oficinas del  Kremlin,  que estaba  en manos de ayudante personal, el oficial Popov. Era un informe, secreto, un informe que solo su hombre de confianza y él conocían.  Generalmente era el propio coronel el encargado de redactar los agregados, pero debido a que las últimas semanas habia estado imposibilitado fue Andrey quien  debió apuntar  los nuevos acontecimientos, los nuevos hechos, y  testimonios, que se hubiesen  presentado en los días que él estuvo en el hospital recuperándose de su herida.  Kolia comenzó a leer siguiendo un orden cronólogo, releyó desde el mes de Junio, notas apuntadas por su propio puño:      
         “Todos éramos consciente de que el  tratado entre los máximos líderes dictatoriales del mundo, era una falacia.  Stalin buscaba a través del  El Pacto de no agresión Germano-Soviético, de 1938 el  tiempo necesario para reconstruir su ejército, fuertemente debilitado por las purgas de 1937.  Y Hitler, un conquistador de territorios, claramente ambicionaba Rusia, la nación más grande del  mundo. Ese pacto no era más que una  pulseada entre oportunistas. Las incompatibilidades, la oposición ideológica y la rivalidad de dos grandes potencias, no podían disimularse.  Por eso, la sorpresa no radicaba  en el inminente enfrentamiento,  la sorpresa  se daría  en la fecha de su comienzo, y de quien lo iniciaría”
         “La Operación Barbarroja, que contempla la invasión relámpago de Rusia por parte de Alemania, comenzó el  22 de junio de 1941.Pero no fue tan sorpresiva como quieren hacerle creer al pueblo soviético”
         “En primavera el ejército alemán se colocó en pie de guerra en nuestras fronteras, los generales soviéticos observaron  movimientos extraños de tropas, y dieron aviso de inmediato  al kremlin dando la voz de alarma y pidiendo autorización para desplegar fuerzas. Pero nuestro camarada Stalin, paranoico como siempre, temió que se tratara de una emboscada,  les respondió textualmente (doy fe de ello, estaba presente al igual que unos treinta y cinco personas más en ese momento)”:
         –“Tienen ustedes la cabeza llena de aserrín, Alemania nunca se embarcara sola en la guerra contra Rusia”

         “El 16 de Junio un espía ruso transmite un mensaje” “Ataque inminente”
         Pero Stalin persiste con su incredulidad respondiendo:
         -“es un desinformador, pueden mandarlo al carajo” Y no dicto ningún tipo de medida preventiva.”

         “El 21 de Junio de 1941, en víspera de la inminente ofensiva, un desertor alemán atravesó la frontera y aviso que se realizaría un ataque al alba.
         La sentencia de Stalin fue:” –Es una trampa, que lo fusilen”

        
“El 22 de Junio, comenzó la tan poco sorpresiva invasión. La que todos a esas alturas ya estábamos esperando, menos Stalin, y Alrededor de cuatro millones de soldados Alemanes atacaron la Unión soviética”

         “Los cables llegaban  sin cesar, incluso los civiles enviaban información al kremlin”
          “Nuestros soldados vagan sin objetivos concretos, como perdidos, desorientados, nos han abandonado a nuestra suerte, nos han condenado a la muerte” transmitía una maestra rural.
         “A ocurrido algo terrible, esto es lo más vergonzoso que deberemos atravesar como hijos de Lenin, han tomado prisionero a Jacob, al primogénito de Stalin. Quien huía disfrazado de campesino de un pueblo vecino” Ese Fue un cable de otro civil.
        
         “Hoy estoy encerrado en mi oficina, no voy a asistir a la toma de decisiones, porque estoy cansado de mi papel de espectador impávido, yo ya se lo que le informaran a Stalin, he estado presente al recibir información de la inteligencia rusa:
         El plan maestro es el siguiente: “Hitler no desea dividir sus fuerzas y repetir el error de Napoleón Bonaparte de invadir un país tan extenso mediante un solo bloque de tropas; Por eso ha estructurado tres grupos de ejército asignados para conquistar regiones y ciudades grandes de la Unión Soviética... El Grupo de Ejércitos Sur intentara tomar la totalidad de Ucrania, sin dejar de lado la conquista de Kiev y continuar hacia el río Volga, teniendo como objetivo conquistar finalmente la región montañosa del Cáucaso, muy rica en petróleo. El Grupo de Ejércitos Norte fue asignado a la conquista de los países bálticos y de Leningrado. El Grupo de Ejércitos Centro, el más poderoso en hombres y material, invadirá Bielorrusia, participara en la toma de Smolensk…antes de dirigirse hacia la conquista de del corazón rojo, Moscú”
         Ahora, ya todos ya conocemos los planes alemanes, también  todos tenemos ideas y estrategias, pero solamente es él quien decide, solamente es él quien manda.”

         “Aunque nadie lo admita, en nuestros fueros internos sabemos que el único responsable de lo que ha sucedido es Stalin: En este momento tiene su estado mayor diezmado, nuestro armamento está desfasado. Y durante su “gran purga”, durante su época de paranoia, ha eliminado a veinte mil oficiales soviéticos experimentados”
         “El responsable de nuestra situación es Stalin, pero nunca lo admitirá. Y como siempre ha buscado nuevos culpables. Ahora acusa a los soldados. A los miles de soldados que diariamente sin otra salida se  rinden ante el invasor”

         “¿Cuál es el plan de guerra de nuestro camarada jefe?
 Matar a más de los nuestros. Acaba de enviar al frente unidades especiales encargadas de vigilar a los soldados. Sus órdenes son muy explicitas:
         “-En caso de retiradas, fusilen inmediatamente a los cobardes desertores” y avisen al resto que si ellos también  lo hacen, sus familias serán deportadas”

         Fines de Julio
         “Necesitamos un líder político que reaccione rápidamente, Stalin se esconde tras los muros de kremlin y no reacciona. El pueblo necesita escucharlo, necesita oír la seguridad de sus palabras.
         Esta abatido, y está tomando malas decisiones, una tras otras. Stalin se ha formado como un líder que no admite consejos, se cree omnipotente y autosuficiente, pero en este momento debe escuchar a sus colaboradores, por una vez en su vida debe oír otras voces que no sea la suya propia”


         “Hoy ha sido uno de los golpes más duros hacia la URSS.  El responsable nuevamente ha sido nuestro camarada Stalin. Él prohibió la evacuación de Kiev, pese a que todos sus generales le explicaron la necesidad de hacerlo. El resultado de ese empecinamiento, ha sido que los nazi han capturado a más de quinientos mil soldados. Es la mayor captura jamás realizado por un ejército”.
         Nikolay interrumpió su lectura, mucho había cambiado desde aquel imperdonable asalto nazi al Kiev. En los meses siguientes, él mismo, fue testigo de cómo sus camaradas soviéticos, luchaban y resistían ferozmente hasta la muerte, la palabra rendirse desapareció del vocabulario ruso. "Simplemente no se puede creer hasta que lo ves con tus propios ojos. Los soldados del Ejército Rojo, incluso quemados vivos, continuaron disparando fuego desde las trincheras ardiendo". Tomo aire inflando sus pulmones de un incontrolable orgullo, y continúo leyendo sus notas:

         “Se había determinado que el Ejército Rojo estaba  en desventaja numérica respecto a la Wehrmacht precisamente en las guarniciones.
         Pero nosotros teníamos  un punto a nuestro favor, éramos mayoría, si su ejército estaba formado  por pocos un  más de  tres millones y medio de hombres,  el nuestro podría haber superado los  cinco millones de soldados. Una gran oportunidad que  nuestro líder ha desaprovechado, por no haber querido advertir  la numerosas  luces de alarma que se encendían con anterioridad al ataque,   si hubiese sido por un breve instante cauto y precavido el  Ejército Rojo podría  haber movilizado  a sus millones de soldados preparados para el mes   de junio de 1941, incluyendo en la movilización, obviamente,  a las tropas soviéticas desde Siberia y Asia Central y haber contraatacado con rapidez impidiendo el avance y la masacre por la que estaba atravesando el pueblo ruso…”

        
         –Nikolay… ¿qué haces, acaso no piensas descansar?, tendrás una recaída, sino te cuidas como es debido… – él se sobresaltó con la presencia de su esposa. De inmediato cerro su cuaderno de notas y lo oculto entre los papeles que tenía sobre su escritorio.
         –Enseguida voy Lena.
         Después que ella se retiró de su escritorio,  guardo bajo llave su diario de guerra, como él le llamaba. Algo que estaba totalmente prohibido para un soldado ruso, y mucho más para un comandante del ejército.
         Mientras se dirigía a su dormitorio, pensaba en las anotaciones y a pesar de que no había llegado hasta las últimas notas, de algo estaba muy seguro, de  la enorme capacidad de la Unión Soviética para crear nuevas divisiones  con nuevos  hombres, inmediatamente de  que otras eran abatidas.  Eso,  sumado  a  la temprana llegada de uno de los peores inviernos en la historia de Rusia, fueron  unas de las muchas causas de la derrota alemana en la batalla de Moscú

         Esa noche, al meterse en la cama, Lena,  se acurruco a su lado, rozándolo con su sensual cuerpo el de  él. Pero a pesar de que hacía mucho tiempo que no estaba íntimamente con su esposa, Nikolay no tuvo ni deseos, ni energías, ni ánimo.

         Aun debía reponerse de su herida, decididamente su cuerpo estaba flácido e inerte como nunca en veintiocho años.
         Beso suavemente los labios de ella y le dijo:
         –Tenme paciencia Lena, en poco tiempo estaré totalmente saludable y recuperado, para ti.
         –esposo amado,  mi paciencia es mi mejor virtud.
         Mucho más tarde, dormían uno en brazos del otro.



         Por la mañana Kolia se dio una anhelada ducha caliente.
         –Ya había olvidado lo que se sentía. – le dijo a Lena al salir y secarse con una toalla, ágilmente, su cabello oscuro, que en ese entonces lo tenía bastante largo.
         Kolia se diferenciaba de la mayoría de los rusos por el color de cabello. Lena decía que Dios lo había agraciado con ese color de cabello para que el azul de sus ojos pudiera ser doblemente más notable.
         –Necesitare que me ayudes con el vendaje... –le dijo a Lena, mientras ella lo miraba absorta,
         –Me envolveré en muchos metros de esta larga venda, así puedo caminar con más soltura. Ayer tenía la sensación que esta cosa se abriría de un momento a otro. Presiona con toda tu fuerza.
         – ¿No pretenderás salir, nuevamente hoy,  Nikolay?
         –Saldré hoy nuevamente, y mañana, y pasado…ya he estado demasiado tiempo inactivo, estamos en guerra, no puedo darme el gusto de quedarme meses en la cama. Debo hacer los preparativos necesarios para volver al frente.
         – ¡pero Nikolay! Casi mueres ahí afuera… deja que otros hagan tu trabajo por unos días, al menos por una semana más.
         –No puedo Lena.
         Ella rabio un poco más, y luego lo ayudo con las vendas, y a vestirse.
         –Espérame un momento, aunque mejor,  desayuna tú,  mientras yo me visto y me arreglo así  te acompaño al cuartel.
         – ¿Qué me acompañaras al…Kremlin?
         –Sí, quiero ir a saludar a mi padre hace tres días que no viene a dormir.
         A él no le quedo opción que aceptar. Elena, la mayoría de las veces se comportaba como una niña caprichosa, si él se oponía a todo, solo lograba ponerla de mal humor.

         –Está bien,  pero date prisa… antes debo pasar por lo de Tasha.
         Un silencio mortal cayó sobre ellos. Luego que lo dijo, él se maldijo, por el poco tacto que había empleado al referirse de Tasha con su esposa, como si fuese lo más común y habitual del mundo. Por más que Lena entendiera  que Tasha no era ninguna amenaza para ella, él  le debía respeto y consideración.
         Su mujer lo había perdonado en aquel entonces, porque  él  nunca tuvo ningún amorío con la ella,  ni nada por el estilo. Natasha Serkin  nunca fue,  ni su amiga íntima, ni su novia, ni su amante, ni su querida… no fue nada de eso.  
         Para Nikolay,  Tasha fue desde el día que la conoció,  el sol que eclipso toda su vida anterior.
         Para Lena,  Tasha fue un  tropezón de su esposo en  una noche  plagada por el vicioso veneno ruso,  el maldito vodka. Un mal paso  que lamentablemente había tenido consecuencias, las consecuencias que ellos no habían podido lograr en los cincos años de intenso  ardiente y fogoso matrimonio.
         –Voy a registrar a la criatura.
         –¡No!... no  puedes hacerlo Nikolay.
         –La niña no tiene la culpa, debo darle mi apellido… no puedo actuar como un desalmado, Lena.
         –Pero…– y ella guardo un sabio e inteligente silencio–…si, tienes razón.  Entonces, regístrala, pero como hija extramatrimonial.
         –Claro, eso haré... –y luego mirando a su esposa atentamente– Lena es mejor que tú no me acompañes, no quiero hacerte pasar por  todo esto.
         –Iré, tú eres mi esposo… ¿Recuerdas, en las buenas y en las malas?
         Él no le respondió, no le veía nada de “malas”, registrar a la pequeña Anna, pero no se lo dijo a la esposa.

         Al cabo de una hora,  estaba llamando frente a la puerta verde con el  número veintitrés...
         – ¿Kolia eres tú?
         –Sí, soy yo.
         –Pasa, pasa…
         Él entro con mucha cautela, cerro tras de sí, y espero que ella lo mirara... Se la veía muy atareada en ese momento. Kolia inspiro hondo el aire de aquel  ambiente…
          “Si, efectivamente, la fragancia era exactamente la misma que la del día anterior. ¿Sería que siempre olería así ese lugar? Pensó”
         –Aguárdame  un instante, ya casi estoy lista, es que a la niña hoy le ha llevado  el doble de tiempo alimentarse –se detuvo y lo miro de arriba abajo con esos ojos color ámbar que a él tanto lo subyugaban –Veo que no has traído tu bastón, mejor, te parecías a un viejo–y sin esperar respuesta  se alejó  y continuo moviéndose dentro del pequeño departamento.
         El la observo ir  de un lado a otro. Ese día llevaba puesto una prenda muy elegante, y bastante ceñida al cuerpo,  un vestido de lana negro  que le delineaba con exquisitez su cintura, su busto y su pequeño y firme trasero… Estaba preciosa, no parecía para nada una mujer que había dado a luz apenas  días atrás. Busco su bolso se puso de pie para correr la cortina, y el volvió a mirarle su trasero, sintió inmediatamente una puntada en su entrepierna  “¿Qué es esto?” “no puedo, no puedo ni siquiera… pensarlo”
         … Ella se acercó al espejo que había al lado de una puerta entreabierta donde se veía un pequeño toilette, y mirándose comenzó a prenderse la parte delantera del vestido, él pensó rápidamente que Tasha acababa de decirle que había estado alimentando a la niña… o sea, que tenía su pechos…cerro los ojos. No quería pensarlo. No quería, no podía.
         Ella giro y lo miro, directamente a los ojos, como diciéndole, “sé en lo que estás pensando”
         – ¡Listo!,  busco mi abrigo,  a la niña y vamos…
         –Si. Date prisa que afuera esta gélido… y Lena está esperando en el auto.

         Ella se detuvo, asimilo rápidamente lo que él le puntualizó y sin vacilar, le pregunto:
         – ¿Cómo es eso? ¿Has venido con Lena para ir a registrar a nuestra hija?
         –Aunque no lo creas no fue esa mi intención, pero al final, termino acompañándome…. Además,  no le veo nada de malo, no tiene por qué molestarte.
         Natasha, con el rostro encendido se acercó a escasos centímetros de él.
         – ¿No tiene por qué molestarme? ¿Cuánto más debo soportar, Coronel Volkov? ¿Hasta cuándo van a seguir haciéndome pagar por mi debilidad, y por mi falta de carácter? …Por haber sido demasiado fácil…aquel día –le dijo ella con los ojos llenos de lágrimas
         Kolia la miraba desde toda su altura, la tenía a escaso treinta centímetros,  o menos,  porque ella había levantado la cara hacia él… Aunque ella, en ese momento estaba furiosa,  él  solo podía prestar atención a  sus hermosos y carnosos labios, y al mismo tiempo advertía una puntada creciente y urgente en su masculinidad… un deseo desesperado por besarla, por incrustar su labios sobre los de ella,  por aspirar su aliento, por penetrar su sensual y sugestiva boca…
         –Tasha, necesito besarte… lo deseo como nunca he deseado nada… quiero besarte en este preciso… instante. –susurro él, con la voz más ronca de lo habitual.
         Ella se alejó de él, con  unos cortos pasos hacia atrás.
         –Kolia,.. ¿Qué pretendes? ¿Qué quieres de mí?
         –Te quiero a ti… y también… quiero besarte...
         El sufría, él agonizaba, él moría en ese instante… sabía que deseaba con el lama besar a una mujer, mientras abajo estaba otra esperándolo.


         –Hoy no..., hoy no podemos besarnos. Porque hoy,… hoy no podemos amarnos…–y a ella le brillaron los ojos– porque  estoy  segura  Kolia Volkov, que luego de que nos besemos, me desearás nuevamente, me desearás tanto…que no te conformaras con mis labios, querrás más, querrás mí   cuerpo, querrás  mi alma… mi espíritu… ¿Y sabes una cosa? Yo te lo daré, te lo daré todo, como te lo di aquella noche, sin reparos, sin objeciones, sin límites… Esa noche en que nuestros cuerpos fueron uno, en que nuestras almas se reencontraron, en que la pasión y el amor rompieron la barrera de la perfección.
         Kolia gimió…
         –Defínemela, defíneme aquella  noche…
         – definirla sería limitarla.
         El volvió a gemir…
         –Te amo Kolia, te amo desde aquella noche… te amo desde que el fruto de esa perfección comenzó a crecer en mí. Te amo desde el día  que  flaqueaste ante nuestra pasión,  te amo y voy amarte el resto de mi vida. Sólo me bastará cerrar los ojos y recordar tu piel… para que mi amor por ti no muera nunca.


        
         Cuando llegaron a metros del automóvil. Tasha le pregunto:
         – ¿Por qué conduce Elena tu automóvil…?
         –Porque estoy herido… ¿recuerdas?
         –Te han herido hace bastante tiempo Kolia… déjate de tanta condescendencia, eres un soldado del ejército Rojo, no necesitas que tu mujer haga las cosas por ti... Recuerda que hay una guerra por ganar todavía… ¿o acaso hace falta recordarte,  que aún  no hemos roto el cerco?... Ahora tienes una hija que necesita …un futuro.
         –A mí no me hables como a los soldados con quien  tratas en tu trabajo, que le regalas una sonrisa le das una palmadita y los envías al frente de nuevo. No necesito que nadie me diga lo que debo hacer, ni porque,  ni por quien…
         Los dos se atravesaron con la mirada y no dijeron nada más...
         Un alborotado grupo de niños se  acercó corriendo, llamándola a ella por su nombre:
         “–¡Tasha! ¡Tashi! ¡Tasha!  ¡Tashi… ¡muéstranos a la pequeña Tashita! ¡Queremos conocerla!”
         –Que no toquen a mi hija –dijo él  secamente,  y sin mirarla camino hacia el auto donde estaba Lena observándolos  sin tapujos.
         Ella iba a contestarle, pero lo dejo pasar… si de cualquier manera, sabía qué  tan solo un momento antes, le había estropeado el día, la semana y tal vez el mes entero… 
         “aunque no recuerdes esa noche, al menos la imaginaras” murmuro para sí.
         –Está bien niños, se las enseñare,  pero uno a uno y solo unos segundos, es demasiado pequeñita y hoy hace mucho frio… y no se llama Tashita, su nombre es Anya, Anna Volkov. –Dijo ella mientras miraba hacia el automóvil que estaba aguardándole, Kolia había hecho bajar a Lena y el mismo había ocupado el lugar del conductor.
         Ella sonrió complacida,  podría haber perdido la batalla, pero estaba segura que ganaría la guerra… porque  Natasha Serkin, pese a todo, creía en el amor.









Capítulo 2


Primavera de 1942.


         En aquel mes de Abril, Tasha se encontraba en el pálido y frio apartamento del monobloc moscovita, con su pequeña hija de apenas tres meses de edad sobre su regazo, leyendo  con infinito dolor lo que su primo Sergey  le había entregado días atrás.  El hijo de su tía  pertenecía a la policía secreta soviética, y podía llegar a meterse en graves problemas si alguien se enteraba que él había filtrado ese tipo de documentación. Por tal motivo, cuando se lo llevo le había pedido encarecidamente que luego que finalizara de leerlo lo quemara, que no dejara ningún rastro de ese informe. Algo que ella aún no se había decidido a realizar, pese a que sabía que era su obligación hacerlo… Lo habían  releído cientos de veces, además lo había estudiado con minuciosa profundidad, buscando una frase o una  palabra alentadora,  una señal, algo que le diera una mínima  esperanza, de que podía ser una equivocación,  o una mala interpretación… pero nada de eso logro encontrar.  No había márgenes de error.  El texto era una  clara, fría y contundente exposición de datos, que describía la aterradora situación en que se encontraba Leningrado. A pesar de que aquello era un secreto a vivas voces, la crudeza de ese documento era aterrador.
         “(…) Una  rodaja de pan por habitante, es la ración diaria diaria de alimento que recibe la gente.   Para sobrevivir los leningreses  comen  hierba,  cola para empapelar, hierven el papel de las paredes, los cinturones de cuero, ¡los libros...! (…) se hace imposible intentar cruzar la ciudad,  se ven cadáveres mutilados por todas partes,… distritos enteros de Leningrado están siendo invadidos por… ciudadanos caníbales. (…) El apocalíptico deseo nazi, se está haciendo realidad.  (…)  
         Meses atrás los soldados soviéticos, junto a estudiantes de colegios, de universidades y maestros  construyeron una infranqueable defensa alrededor de la ciudad, barricadas antitanques.  También camuflaron  con extensos tejidos de mayas  las edificaciones históricas para protegerlas de los bombardeos nazis, y  colocaron  explosivos por todo el subsuelo para volar Leningrado en el caso de ser tomado.
         Aunque esto último, ha sido innecesario, porque  Hitler nunca tuvo la intención de hacerlo, no pretendió tomar meramente la ciudad, su objetivo, su propósito, desde un principio fue  sellarla y matar de inanición a toda la población civil, nunca estuvo en sus planes  mantener, nutrir y   sustentar a  casi tres millones de habitantes.  El Führer, instruyó que se sitiara Leningrado y que se dejara morir a todos sus ciudadanos de hambre y... frío, porque aunque cueste creerlo  es uno de los peores inviernos que ha tenido que atravesar  esta ciudad, las temperaturas han llegado alcanzar los  treinta grados bajo cero. No hay gas, ni ningún otro combustible, que sirva para poder paliar el duro, gélido e impiadoso clima invernal.  La desesperación de los habitantes para no morir congelados en el mes de Diciembre, los obligó a quemar la biblioteca de la ciudad, esfumándose con ella sus doscientos  años de cultura y memoria. (…)Los alemanes saben dónde atacar, “atacaron los almacenes, graneros, los silos,  los depósitos” (…) “Con toda seguridad hay infiltrados, y probablemente algunos compatriotas se están vendiendo por un trozo de pan...es la única explicación coherente  para poder entender  porque ellos  siempre se adelantan un paso a los  planes soviéticos, siempre logran destruir  el valioso y urgido  alimento” (…) Luego de más de doscientos días en que los alemanes iniciaron el cerco,  La hambruna se adueñó de la ciudad...  ya no quedan perros, ni gatos, ni ningún otro animal vivo… Mueren miles de personas por días...
         (…) “este, sin ninguna duda, es el peor periodo del asedio. Los datos son concluyentes, entre finales de Enero y principios de Febrero de 1942, la situación se ha descontrolado, la población rusa sitiada está en una agonizante lucha por la supervivencia, y este padecimiento los ha llevado por un camino sin retorno, a  realizar actos de antropofagia y mercadeo de cadáveres. Leningrado o lo que queda de este ha emprendido un forzoso viaje sin retorno”.
                                       Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos NKVD.


         Tasha con los ojos llenos de lágrimas, luego de releer aquel confidencial documento, abrazo fuertemente  a su hijita.       


         Natasha "Tashi" Serkin  era la más joven de las hijas del matrimonio del carpintero, Mijaíl Serkin, y la costurera, Sofia Serkina. Su padre murió pronto, cuando ella tenía solo seis años, dejando a Sofia con tres hijas a su cargo,  Nina, Irina y Tashi. Las mujeres de la  familia salieron adelante y siempre fueron inseparables. Todas, excepto Tasha, que se había marchado hacia Moscú para estudiar y trabajar, bajo la protección de su tia Alina  residían  en Leningrado.  Cuando estalló la guerra, la madre y las hermanas decidieron que Tasha continuara en Moscú, porque era a su manera de ver el lugar más seguro en ese momento, nada más lejos de la realidad. Cuando se enteraron  de la intención de Hitler de invadir la capital rusa,  ya era demasiado tarde para que la menor de la familia se evacuara. Además Tasha ya llevaba en su vientre el hijo de Kolia, algo que su familia desconocía, porque ella no quería sumarles otra preocupación más.
         Cuando el 8 de Septiembre de 1941 el grupo de de los ejércitos “Nord” llego a Leningrado desde el sur,y desde el norte se acercaron los finlandeses,  la ciudad quedo cercada. Ese mismo día tuvo lugar el primer ataque aéreo cerca del puerto de Leningrado, y una de las primeras víctimas que se cobró el asedio nazi, fue la vida de Sofia Serkina, quien había salido a entregar  a sus clientes unas prendas que le habían encargado.
         Natasha se enteró de la muerte de su madre, recién un mes después, por boca de su primo Sergey, quien se había infiltrado a Leningrado, para recabar información para el gobierno soviético. Sobre sus hermanas, Sergey le dio información casi técnica, de sus vidas “se levantan cada día cuando aún no ha amanecido. Caminan siete kilómetros hasta la fábrica de armas,  trabajan durante dos turnos cada día haciendo carcasas para minas. Después del trabajo suelen donar su sangre.
         Natasha, lloro… lloro, al imaginar a  sus hermanas, y a sus débiles  cuerpos,  hasta cuando aguantarían, si es que aún estaban vivas.
         Tasha  presiono con furor el documento que tenía en sus manos y  releyó la peor parte del informe secreto de Sergey… “ este, sin ninguna duda, es el peor periodo del asedio…–a ella se le nublaba la vista,  ya conocía de memoria las diez palabras que le seguían– “… distritos enteros  de la ciudad, fueron invadidos por ciudadanos… caníbales”".
         La bebita emitió un  agudo grito.  Tasha se asustó.  La miro con desconcierto, probablemente  la había presionado con la misma firmeza en que lo hizo con aquel repulsivo escrito, al que  aplasto con furia, en un arranque de pánico.
         –Perdona a tu madre Anya, por ser tan  impulsiva… Pero hija mía, deberás acostumbrarte a esto, como yo he tenido que hacerlo, lamentablemente  has nacido en medio de la barbarie y la atrocidad humana… Y además…–acerco a su hijita a sus labios y le beso su rostro,  su cuello, sus manitos.–… no puedes esperar mucho de una madre de veinte años… ¡vaya que no puedes! – luego la  miro dulcemente, y con nostalgia en su voz dijo–…yo desde pequeña solo quería arreglar a la gente como lo hacía con mis muñecas, … pero esta  guerra,  rompió mis sueños.
         Para Natasha Serkin  ya no se trataba  de  sanar  enfermos, de transmitir sus recetas de remedios milagrosos, de traer niños al mundo y cuidar a  los ancianos…no, ahora se trataba de remendar personas,  sin  preguntar  que les ha pasado, se sobreentendía.  Y  normalmente  debía  oír  lo que no quería  oír. Que le contaran  del frío, del hambre, de que extrañaban a sus mamás, a sus hijos, a su familia….Y a veces, solo a veces  los escuchaba quejarse por el dolor de sus heridas.
         La niña emitió otro quejido.
         –Mmm, lo que tú quieres es  alimentarte ¿verdad?... no te interesan mis lastimosas excusas… y tienes razón –Tasha desprendió su desgastada pelliza, libero su blanco y ahora abultado seno,  la pequeña Anya se prendió con rapidez, succionándolo con  impaciencia,  ella dejo que su hija se atiborrara de su leche materna, – Muy bien hija, Aliméntate, hazlo tú que puedes… benefíciate de mi cuerpo, de mi amor... Gracias a Dios soy yo la que puede producir tu alimento.
         Tasha observaba a su hija mientras le daba de mamar, y  se emocionaba. Aunque ella frente a los demás era fuerte y valiente, cuando nadie la veía era frágil y vulnerable.
         –Esta casa será pequeña, nuestra ropa  será humilde, pero en mi leche tibia, te entrego mi espíritu, mi esencia… mi alma, hijita mía. Para que la lleves contigo, aun si yo no estoy a tu lado.

         Porque Natasha debía marcharse, tenía que  ir a buscar, a salvar, a sanar a sus hermanas. Si no lo hacía, ella no podría vivir, no podría perdonarse nunca no haberlo al menos intentado. Y menos podría perdonarse el haberlas dejado abandonadas entre las garras de la guerra.  El amor entre las tres, siempre fue grande y verdadero, siempre fueron confidentes, cómplices… amigas de sangre,  no necesitan necesariamente contarse todo, ellas tan solo podían  sentarse en una habitación, estar juntas, compartir silencios  y al mismo tiempo saberlo todo  una de las otras.
         Tasha era consciente de la encrucijada en que estaba,  debía dejar a su bebe, para ir  e busca de  ellas…
         Debía decidir, siempre se trataba de una elección.
         –Julya y Nina deben estar esperando por mí– susurro–  ellas saben que pueden contar conmigo…–y cerrando los ojos, rezo en silencio– “Dios mío, ¿Por qué me pones en esta situación? Ir allá, significa, adentrarme a la muerte… pero sino voy el remordimiento me perseguirá hasta el último minuto de mi vida. –con lágrimas en los ojos le suplico  a Dios: – Solo te pido, que me des la oportunidad de encontrarlas y salvarlas…, que las mantengas vivas, hasta que yo llegue.  Y te ruego mi señor, que protejas a mi niña hasta mi regreso, porque si  de algo estoy segura es de que yo regresaré, hare lo imposible para mantenerme viva para mi hija y… para su padre”

         Mientras amamantaba a Anya Volkov, Tasha recordó el día que había conocido al teniente coronel Nikolay Volkov.
         Fue un tiempo después de que ella había logrado ingresar a trabajar en el Hospital de urgencias Sheremétevski, el ex Hospicio Sheremetev. Tasha, había insistido durante meses para conseguir ese puesto, si bien el ser demasiado joven no era un impedimento, si lo era  el hecho de que ella aún no había finalizado con su carrera, y en ese  centro sanitario, buscaban personal idóneo, preferiblemente  fueran profesionales y no gente sin experiencia.. Pero el temperamento insistente, amigable,  diplomático, y deseoso de ayudar de ella,  fue lo que convenció al director,  y finalmente le dio un empleo en la estación de Ambulancias, el área que se especializaba  en dar  ayuda profesional a los pacientes mientras iban en  camino al hospital.
         Sin embargo, a los pocos meses  se vio envuelta en una fuerte disputa con las damas del comité hospitalario, quienes bajo ningún motivo, le permitían  participar en las labores de auxilio  y  emergencias para la cual las ambulancias estaban destinadas. Los médicos ambulantes no eran suficientes, muchos habían sido trasladados a la guerra de invierno al frente con Finlandia, y no habían regresado.  Entonces  Tasha veía como una necesidad, la presencia de alguien con  conocimientos de medicina en los traslados,  alguien que brindara  al menos los primeros auxilios, y  siempre y cuando  fuera necesario, porque a veces a los pacientes se los podía atender tranquilamente en el sitio, sin necesidad de emplear las ambulancias, y así se las podría destinar  para verdaderas urgencias. Esa diferencia de opiniones, fue la que la llevo a presentarse en el Kremlin, ante el esposo de una de esas tercas y susceptibles damas…

         “–Señorita,  el coronel Volkov está mañana, se encuentra  muy ocupado, tome asiento, y yo mismo atenderé su cita ¿Cuál me dijo que es su nombre?... –le pregunto un joven y formal oficial que se encontraba detrás de un pequeño escritorio, Tasha observo con atención  la oficina de aquel coronel, le  parecido tan impresionantemente grande, que de inmediato se sintió cohibida y apocada. En ese instante se arrepintió por su obstinación en la trifulca con las damas del comité, si al fin de cuenta, sería como le predijeron  sus compañeras,  nunca le darían la razón ,no solo porque nadie tenía tiempo para pensar en esas ideas, cuando estaban en guerra, sino porque además eran ocurrencias, de una simple e inexperta enfermera.
         –Soy la enfermera Serkin, Natasha Serkin.
          Tasha, pudo distinguir la presencia de otra persona,  en el fondo del recinto, al otro lado de un  ancho divisorio de vidrio, pero como el cristal poseía un  pronunciado relieve, resultaba imposible  tener una imagen nítida de esa persona.

         –Bien, señorita Serkin… déjeme ver –y luego de buscar ágilmente en la agenda, y leer algo en voz baja– Vaya señorita, veo que usted brinda sus apreciados servicios en el ex Hospicio Sheremetev, ahora  convertido en un hospital militar.
         –Exactamente, pero eso es provisorio, es por un tiempo hasta que pasen estos conflictos, luego volverá a funcionar el Hospital de urgencias y el instituto de traumatología.
         Alguien carraspeó desde el fondo del recinto.
         –Se refiere… ¿a cuando esta guerra termine? Porque no es un conflicto, señorita Servín, es una guerra.
         –Sí, señor…lo sé. Pero Rusia no está involucrado, a eso me refiero. Discúlpeme si no exprese la palabra adecuada, tal vez no quería alarmarlo. – y agrego–…aunque eso le correspondería a usted, el hecho de no angustiar  a una mujer…
         Ella escucho el mismo carraspeó del hombre que se encontraba detras del divisorio de vidrio.
         –Señorita a cada cosa por su nombre, estamos en amenaza de guerra, muy cerca nuestro se está gestionando un conflicto bélico descomunal,  con consecuencias  para todo el mundo, solo que no sabemos en qué momento nos tocara involucrarnos a nosotros… –Le respondió el oficial, entre ofendido
         – ¡Señor, nunca pretenda ofrecerle asistencia a un suicida!
         Alguien corrió una silla con fuerza, el incógnito hombre que estaba  detrás de la mampara.
         – ¡Señorita Serkin! ¡No olvide donde se encuentra usted en este momento! En la oficina de un coronel bolchevique, aquí al suicidio lo consideramos una alta traición a la patria. –Ella se mordió los labios y el oficial, muy divertido al ver el efecto que había causado esas palabras sobre ella continuo su plática– Ahora vamos al asunto en cuestión, aquí veo que usted, está causando problemas y malestares en su lugar de trabajo, alterando y perturbando a todo el personal sanitario del lugar, con ideas sediciosas, agitadoras y perturbadoras, en momento muy delicado del país.
         – ¡¿Qué?! ¿Así le han llamado a mis sugerencias, las retrogradas damas del comité?  ¡Evidentemente, esas mujeres,  son dueñas de ideas y actitudes propias de   tiempos pasados!  Se horrorizan  y escandalizan cuando  una mujer con conocimientos médicos, pide permiso para montarse en una ambulancia a socorrer enfermos y heridos, pero miran para otro lado  cuando sus pares femeninos  en antaño han tomado el    "trabajo de hombres", sirviendo al país en momentos como estos... ¿cómo le llamo, recién? ¡Delicado momento!
         Se escuchó un fuerte ruido proveniente del fondo de aquella estancia. Tasha miro hacia ese lugar y vio que el hombre que estaba aparentemente tras de un gran escritorio se había puesto de pie. Y era alto, muy alto.
         –Señorita Serkin, controle sus palabras, aquí no estamos para discutir el rol de las mujeres en los conflictos bélicos.  Le respondió el oficial con voz mas baja.
         –Discúlpeme  oficial –ella lo miro irritada, con autentico desdén.  Pero noto que al soldado no parecía molestarle su mirada de enfado, hasta parecía que se  estaba deleitando con esa conversación ¿o con ella?– Podría entonces, decirme de una vez por todas… ¿para qué me han citado a la oficina de un Coronel del Ejército Rojo?  ¿Hay otro motivo? ¿Alguno que realmente revista importancia? … además que del que ya me he dado cuenta,  que es el de hacer de celestina entre nuestras amorosas diferencias con la…señora Volkova
         El oficial palideció, y ella se sintió una autentica revolucionaria.
         –Andrey, yo atenderé a la señorita Serkin,  tu puedes ir  a la oficina de telégrafos,   estoy esperando un mensaje importante –la voz a través del vidrio, hablo. Era una voz profunda y pausada.
         El oficial se puso de pie, mirándola con reprobación…y salió como un rayo de aquel lugar.
         El coronel Volkov, pensó Tasha, lo había sospechado desde un principio. Ahora conocería al  respetable y distinguido esposo,  de la respetable y distinguida esposa. A ella esas cosas la indignaban, no podía tolerar que en medio de la mayor amenaza que haya sufrido jamás el mundo, un coronel del ejército perdiera tiempo en esas cuestiones femeninas. Ella entendía  que algunas mujeres  quieren verse "débiles", ante su marido, para que éste las proteja y las ampare bajo sus alas…. ¿pero a ese extremo? ¿A involucrarlo en un asunto de poca monta, cuando la seguridad del país estaba flaqueando?
         Elena Volkova, no solo tenía en su haber el honor de  ser la hija de un general de la nación, ella además contaba con una hermosura sensual y  subyugadora, eso no se podía negar. Tasha, entonces entendía perfectamente que llevara a su marido por las narices, pero asimismo la consideraba lo suficientemente inteligente como para saber lidiar y resolver sus propios problemas.

         No lograba interpretar esa falta de disposición y de decisión de Elena, para acabar ella misma con la disputa interna entre ambas. Como Tasha era consciente que ese tipo de mujeres, no son las que le tiembla el pulso para tomar ninguna determinación, acabo aceptando que lo que perseguía Lena,  era la comodidad y el alivio, de que fuera su esposo quien lidiara con sus propios asuntos.
          En fin, espero resignadamente,  en aquel momento, a un esposo molesto, que seguramente, al igual que su esposa, le daría un sermón sobre “no te metas donde no te llaman, solo estas para obedecer”

         La niña se movió en sus brazos, había terminado de alimentarse, y Tasha tan distraída con sus pensamientos, no lo había percibido. Advirtió que  había mojado toda su cabecita con su leche… –sonrió ante semejante imagen, la limpio con cuidado, luego se acomodó sus prendas, y se puso de pie.
         –Muy bien Anya,  ahora haz tu provechito. – Tasha camino hacia su pequeña ventana, corrió la cortina, y noto que la noche ya estaba cayendo.
           Comenzó a mecerse lentamente…balanceándose de una pierna a otra, con su hija acomodada en su hombro… dándole suaves palmaditas en su diminuta espalda.

         Recordó, ese momento. Recordó ese instante… Recordó aquel día, como si lo estuviese viviendo.
         La imagen de aquel Coronel Volkov resulto ser incompatible con la imagen del Coronel Volkov que Tasha se había formado.  Ella esperaba a alguien con rostro severo, con semblante áspero, con gestos duros, y hasta con  expresión rígida, a alguien que tuviese un aire más formal, como debe ser un coronel del ejército…  Pero sobre todo, y lo que más la conmocionó, es que ella  esperaba encontrarse  a un hombre mayor,…  como debe ser el esposo de una mujer mayor.
         Elena Volkova, tenía treinta ocho años de edad, ella misma había leído su carta de presentación cuando había buscado información sobre el comité y sus integrantes… y al frente de ella, su esposo, el coronel Volkov no podía tener más que… ¡apenas unos años más que ella misma! … él era un coronel,…abrumadoramente ¡joven!
         –Hola –le dijo simplemente, mientras extendía la mano– Lena me ha hablado mucho de ti.
         –Coronel… buenos días, hola.
         Ella lo miro con ojos soñadores, y nunca más pudo apartarlos de él.
         Nikolay Volkov, no era un hombre con rostro severo, vaya que no… él era un hombre joven, atractivo, apuesto, con cuerpo delgado, armonioso e imponentemente alto.  Su  mirada era azul, profunda e incisiva,  y la   acompañaba con  una  suave y  acogedora sonrisa.
         Mientras ella le estrechaba la mano, y se perdía en esos penetrantes ojos. Tuvo la certeza y la convicción de que era el hombre perfecto, de esos que resultan imposible encontrar, de los que no se puede escapar, de los que no se quiere escapar…
         Natasha amo a Nikolay Volkov, desde el mismo momento que sintió el contacto de él en sus manos,  desde que una electrizante y desconocida sensación  sacudió todas las fibras de su ser. No se detuvo a pensar en nada, no le intereso ni que él fuera casado,  ni el hecho de  que ella fuera una insignificante jovencita al lado de la sensual y voluptuosa Lena, en ese momento dejo de importarle todo. Propio de su naturaleza indisciplinada y rebelde.
         No se detuvo a pensar, ni por un segundo, en  el  fantasma de la guerra que en ese tiempo los acechaba, ni en el insondable   abismo que los separaba… Natasha Serkin solo  sabía, que él era un sueño… y no descansaría hasta conquistarlo. Como siempre, en sus  deseos predominaban más los sentimientos que los pensamientos reflexivos.
         Ella le explico que solo había querido mostrarse más activa, en una época donde los radicales cambios, así lo requerían. Y que en ningún momento quiso ser la disidente de la esposa de un líder. Y entendía perfectamente que en esos tiempos era mejor unir fuerzas, que dividirlas, por eso mismo, no volvería a polemizar sobre ese asunto.
         Él solo había asentido al escuchar su descargo verbal, porque si algo caracterizaba a  Natasha Serkin era que  nunca se encontraba perdida por falta de palabras, aun cuando  ella misma era consciente que con frecuencia habla sin pensar.
         A pesar que el coronel nada acoto, más que ese simple gesto. Tasha tuvo la impresión que había acertado al comportarse diplomáticamente, y haberse expresado con ánimo y entusiasmo, sin intentar complicarle la existencia a ese hombre con altercados femeninos.
         –Me parece muy conveniente y pertinente ese  planteamiento. Entonces no hay nada más que agregar,… aunque… ahora que lo pienso me gustaría interiorizarme sobre un asunto que tengo  pendiente  con el hospital militar . Conversemos un poco… y tal vez hasta te  haga un pequeño encargo, para mantenerte…más activa, si es lo que buscabas con tus ideas “sediciosas”.
         Y ambos rieron con complicidad.
         El coronel  le había pedido informes detallados, de nombres, cargos y dolencias,  de los pacientes que llegaron  a las salas del  hospital en los últimos meses, desde la guerra con Finlandia. Le solicito un informe  diario y  no muy extenso. La instruyo para que  dividiera en partes la información que encontraría en los archivos hospitalarios,  luego le extendió una orden con ese  pedido con su puño y letra para que le entregara al director del hospital Militar,  y a ella le  recalco que  recibiría  esos informes personalmente.
         Natasha   acepto con entusiasmo su nueva tarea, y  entonces sin perder tiempo regreso al día siguiente, y al otro, y al otro… y con el tiempo los dos se hicieron inseparables. Sin duda alguna ella  era mucho  más fácil para llevarse que  él, para Tasha la vida era una alegre y agradable experiencia, cargada de optimismo y  entusiasmo.  Nikolay en cambio,  era tan tranquilo y sereno que jamás se agitaba ante  las circunstancias que lo rodeaban. Él   había tomado,  entre ellos,  el simple papel de espectador, sin demostrar en absoluto  ningún tipo sentimientos,  escudándose detrás de su carácter reservado y de su actitud siempre correcta y cortes,  para evitar de esa manera  que  se percibiera cualquier mínima emoción.
         Tasha, sin ningún tipo de  reparo  vivía en las nubes por él, se había enamorado como una desquiciada, y no hacía nada para que no se le notara. Cada vez que lo veía, simplemente se derretía. Ella no conocía la sutiliza, era ingenuamente obvia.  Solo se pasaba el día, deseando  que llegara la hora para encontrarse con los ojos, con la  sonrisa, y con la voz de Nikolay.
         Se veían de lunes a sábado,  menos los domingos, que el coronel, iba a la iglesia con su esposa y luego almorzaba con su suegro.
         Algunas veces, él la acompañaba hasta las aproximaciones del monobloc donde ella vivía, habitualmente iban caminando…y cuando él la notaba muy cansada, debido a  sus largos días laborales en el hospital se ofrecía a llevarla en su vehículo, ella  aceptaba todo,  complacida y encantadamente. Natasha respiraba con su aire, miraba por sus ojos, escuchaba  a través de  sus oídos…
         Si Nikolay compartía sus sentimientos, Tasha nunca lo supo, porque  jamás lo menciono ni lo dio a entender.
         El coronel Volkov solo se limitaba a comportarse como un amigo, como un compañero, le hablaba de su trabajo, Tasha se enteró, a través de él,  que después de la Guerra de Invierno, el Kremlin inició el proceso de reubicar oficiales calificados, y modernizar a sus fuerzas, una decisión que permitiría a los soviéticos resistir la posible invasión alemana. Nikolay   también le hablo de sus padres, que habían emigrado años atrás a América, de su hermana, casada con un diplomático soviético, de sus dos sobrinos, y a veces de su esposa… Natasha sentía que lo conocía de toda la vida.
         En los meses siguientes, todo fue igual. Pero a  finales de 1940, una tarde  ella llego a la oficina del coronel con el parte diario del hospital, y Lena estaba ahí. Al principio se sorprendió, pero luego como una esposa resuelta, le dijo  que en adelante no hacía  falta que ella se tomara el trabajo de llevar esos informes, que se los diera a ella en el hospital y ella misma se los entregaría a su esposo. Nikolay, como era de esperar,  no lo objeto.
        
         Así fue como Tasha, pasó de reunirse diariamente con coronel Volkov a hacerlo en su lugar con su esposa Elena. Tasha no podía negar que la mujer, además de ser una dama culta y distinguida, era una persona agradable y de buen corazón. Elena Volkova  no solo era la presidenta del comité directivo del hospital, sino que era una afanosa y diligente voluntaria. En muchas ocasiones se la podía encontrar entre las cama del hospital cuidando enfermos, o leyéndoles la biblia a  los pacientes en grave estado.
         Por lo que con el tiempo Tasha comprendió, que seguramente esa forma de ser de Lena, era  lo que a Nikolay  le había enamorado,  aparte de su profunda y serena belleza.  La edad de las personas se ve en el corazón, concluyo con el tiempo.
         Pese a que Tasha  con el tiempo  le comenzó a tener  una gran estima a Lena, pese a  que  ambas solían  pasar horas conversando  con jovialidad y  la mayoría de las veces  compartían ideas,  risas y buenos momentos. No podía dejar de añorar a su joven coronel de ojos azules, ella  seguía profundamente enamorada del esposo de Lena.
         Quería, amaba y extrañaba  a su prohibido Kolia, como Tasha le decía cuando solían estar solos…
         Él, con o sin intención,  le había arrebatado el corazón y  la razón  a Natasha Serkin,  despojándola  de toda su fuerza de voluntad,  de toda duda, temor o recelo.  Por primera vez en su vida fue egoísta, fue incapaz de ponerse en el lugar de otra persona,  no le importo ser justa, honesta  o moral. Solo deseaba  acabar con el sufrimiento de no poder ni siquiera verlo.

         Hasta que ese deseo  se hizo realidad. Fue un día de Abril,  de 1941. Ya  casi finalizaba  el verano.  Ella ese día  salió de trabajar tarde  y en la acera  descubrió que estaba  estacionado el auto de Kolia. Su corazón dio tumbos y más tumbos. Entonces él  bajo y la miro con suavidad, como solo él sabía hacerlo,  y su  saludo fue demasiado  normal, “Hola Tasha, llevo un buen rato esperando afuera”, así,  como si tan solo la hubiese visto apenas el día anterior, como si no abrían atravesado océanos de meses desde  su último encuentro. Aunque ella noto  una extraña e inquietante timidez en su voz,  luego se acercó hacia ella, se acercó demasiado,  casi pegando su alto cuerpo al menudo de Tasha,  y así, sin más, sin preparación, sin vueltas, sin aviso,  la tomo  por su cintura y  por primera vez… la beso…, larga, prolongada y dulcemente. Para Tasha, esa  fue la sensación más maravillosa que sintió en su vida, juntar los labios por primera vez con alguien, fue una experiencia extraña y a la vez emocionante…. Tal fue así, que su sensibilidad le gano, y aunque hizo lo imposible por evitarlo sus lágrimas comenzar a correr  por sus tersas mejillas.
         –No fue mi intención, hacerte llorar. Perdóname –le dijo el sorprendido
         –No tengo nada que perdonarte, fue hermoso.
         – ¿hermoso?... ¿y por eso lloras?
         –Nunca me entenderías.
         – ¿Kolia has bebido?– ella había percibido el gusto y el aliento a alcohol
         –Si Tasha, he bebido… me he tomado un par de vasos de vodka en mi oficina… ¿y sabes porque lo he hecho?
         Ella negó con la cabeza.
         –Para ver si bebiendo, lograba quitarte de mi cabeza, al menos un rato…Quería Dejar de pensarte  aunque sea, un breve lapso… Necesitaba una pausa en mi cabeza. Pero te cuento, que fue peor… mis pensamientos ahora se han convertido en una tempestad.
         Kolia quiso  acompañarla caminando  hasta su apartamento y ella acepto de inmediato, cuando llegaron  insistió con subir, y ella se lo permitió, le resultaba impensable  negarle algo a él. Luego le pidió  vodka para beber, ella como toda soviética guardaba una botella  sin abrir, entonces le sirvió un trago, luego él le pidió otro y ella volvió a servirle… y así estuvieron por un buen rato... El bebiendo, fumando y mirándola con sus ojos azules, que esa noche estaban mucho más oscuros que de costumbre, Y ella embelesada y encantada  por su presencia.
         Entonces el joven coronel  volvió a besarla…y esa vez le insto a abrir la boca y a recibirlo por completo.
         –Eres tan inocente,…tan casta, tan perfectamente pura…
         Se besaron durante mucho tiempo, al principio con mesura, con moderación, con sensatez… luego fue  con arrebato, con ímpetu, con urgencia… De pronto una mano paso por el cuerpo del otro, y el procedimiento fue el mismo,  primero con inseguridad, con temor, con vacilación,…  luego fue con impaciencia, con ansiedad , con desesperación. Y entonces,  ella , arrastrada y   embriagada por una desconocida y delirante  pasión, y  él  arrastrado y  embriagado  por los efectos del alcohol,  no  pudieron detenerse, ya no pudieron parar,  y sin pensarlo si quiera,   cruzaron la pared invisible,… y  abrieron la veda.
         Esa noche para Natasha Serkin la magia se  transformó en realidad y el mito en una maravillosa certeza.  Esa noche ella  perdió su inocencia, su candor, su ingenua virginidad, le entrego a Kolia Volkov su cuerpo y su alma.
         Y con esa entrega, con ese acto de amor, abrió un nuevo capítulo en su vida, un nuevo y oscuro capitulo.

         Porque  partir de aquel día,  el mundo entero se le vino abajo. Sus ilusiones fueron las primeras en desmoronarse, cuando el otro día Lena se presentó ante ella con los ojos hinchados de por el llanto y el  dolor, debido a que  Kolia le había confesado lo que había sucedido.
         No solo le había confesado que se había despertado en la madrugada entre los brazos de Tasha, sino que él no recordaba prácticamente nada, solo que llego ahí, que bebio vodka,  que se habian "acostado"...pero no lograba recordar  bien lo que paso entre ellos.
         –Tasha, yo te entiendo, se lo que mi esposo despierta en una mujer. Yo mismo, lo he sentido… ¡pero él es mío, es mi marido, es mi vida!... Yo lo amo y el me ama, lo nuestro trasciende todo tipo de  convencionalismo –Y le hablo como solía hacerlo su madre Sofia, o su hermana mayor, cuando querían hacerle entender algo–  No vayas a creer que para nosotros ha sido fácil estar juntos, y llegar a donde hemos llegado,… no, ha sido muy duro. Hemos tenido que luchar mucho tiempo contra el prejuicio y el escrúpulo de la gente que nos rodea, quienes despiadadamente nos han  acusado, juzgado, y sentenciado… Para la mayoría de  esas personas,  él es un trepador, que se ha casado con la hija del general Vasíliev para poder ascender. Y yo soy la  rica solterona que ha comprado un joven marido…. Pero lo que todas esas personas desconocen, es que nosotros nos amamos por encima de todos,  más allá de todos, e incluso, querida Tasha,  más allá de ti…
         –Lena, no quiero justificarnos pero…
         Elena levanto la mano y la interrumpió:
         –Habla por ti Tasha, a él no lo involucres… mi esposo  ya me ha pedido perdón por haberse emborrachado, y  por haber perdido el juicio. Y yo lo he perdonado, ¿o acaso puede haber un acto de amor más grande, que el sentirse arrepentido por haberle faltado a la persona que ama, y sincerarse con ella?...  se siente terriblemente mal por haber mantenido relaciones sexuales contigo.
         Tasha casi grita, cuando Lena recalco esas dos palabras “relaciones sexuales” La mujer  la miro fijamente y continúo:
         –Claro que se… lo he perdonado. Pude entender que no es perfecto y que está bajo mucha presión, por eso ha bebido de más anoche... El vodka en exceso les hace esas cosas a los rusos.  Además sé que tú eres una tentación para cualquier hombre… Nikolay y yo ya hemos aclarado todo, y te aseguro que  lo superaremos juntos, como siempre  hemos hecho con cada obstáculo que han aparecido en nuestra relación…
         –Tienes razón Lena, hablare solo por mí. De verdad me alegro que tu marido halla tenido la valentía de haberte ido con la verdad, al menos así podré… seguir respetándolo… Pero a diferencia de él, yo no voy a pedirte perdón, porque eso sería admitir una culpa…  que  a rigor de verdad, no la siento. Pero si voy a prometerte algo. Te prometo  que nunca más él y yo volveremos… hacer el amor.
         Lena se mordió los labios, al escucharla cuando ella recalco las últimas palabras “hacer el amor”
         –Nunca más… mientras él continúe casado contigo.
         –Realmente has resultado ser muy valiente, al menos no eres una hipócrita… Bien,  ¿puedo creer en tu palabra?
         –Claro que puedes…tienes mi palabra, no volverá a pasar nada entre Kolia y yo,… mientras continúe casado contigo.
         –Nikolay, continuara casado conmigo…hasta que la muerte nos separe, eso dalo por sentado.
         Ese fue el primer golpe que recibió Natasha después de esa noche. En su reloj pulsera había visto con nostalgia la hora,  menos de doce horas había durado su dicha, su felicidad y su ilusión de sentirse correspondida en el amor.
          Su primera vez, su maravillosa entrega hacia el hombre que  irremediablemente amaba,  se había convertido en  una noche de olvido, de vodka, de  lujuria y de arrepentimiento para Nikolay Volkov.
         El segundo cachetazo lo recibió un  mes después, en mayo de 1941, cuando noto la ausencia de su periodo… de inmediato se realizó un análisis de sangre en el hospital, y el embarazo fue confirmado.
         Ella no había vuelto a tener noticias de él, solo veía a Lena, casi diariamente. Quien en ningún momento  había modificado para nada la afable  actitud hacia Tasha, solo le dijo que no era necesario que ella siguiera preparando los informes para el coronel, porque ya no era una información relevante..
         Aunque  la relación entre ellas continuo exactamente igual de cordial, abierta y amistosa… Tasha tenía bien en claro que algo se había roto.
         Una mañana falto a su trabajo y fue directamente a la oficina de él, para informarle lo del embarazo. Pero para espanto de Tasha, éste se negó a recibirla, excusándose con que tenía demasiado trabajo.
         Al otro día una mirada acusatoria de Lena, le hizo comprender que ella ya se había  enterado de su visita al coronel.
         El tercer sacudón lo tuvo dos meses después de esa fatídica noche, el domingo 22 de Junio de 1941.  Ese día estaba de guardia hospitalaria, cuando por la radio informaron, a las 3:15 de la madrugada que en un frente de mil seiscientos kilómetros entre el mar Báltico y el mar Negro, los alemanes pusieron en marcha cerca de cuatro millones de hombres, cuatro mil tanques  y  cuatro mil aviones, para invadir a la Unión Soviética.  
         Al mes de aquel ataque, el ejército soviético se derrumbó. La invasión era arrasadora, las pérdidas  calamitosas… más de ochocientos mil soldados fueron tomados prisioneros. Los Nazis avanzaban  rápido y directamente hacia su objetivo, Moscú.

         El hospital comenzó a prepararse, para la guerra. Tasha ya no volvió a ver a Lena,  alguien le dijo que había dimitido su puesto de presidenta del comité, porque estaba al frente un Asilo que daba  alojamiento a niños huérfanos que llegaban de las provincias invadidas.
         En agosto de 1941 Tasha, sufre otro nuevo revés. Leningrado, su ciudad , junto a  su familia estaba siendo asediada  por los alemanes. Ella ya llevaba cuatro meses de embarazo, y cuatro meses sin ver a Nikolay...

         En el mes de Septiembre, se decidió y fue a enfrentarlo. En el hospital le habían dicho que el Coronel Volkov y sus hambres habían regresado el día anterior, regresaban de la batalla de Smolensk, el  primer enfrentamiento sobre el Frente Oriental, donde los soviéticos  habían sufrido considerables pérdidas.
         El oficial Popov, a quien ella ya conocía lo suficiente y hasta le había cogido estima, le flanqueo la puerta.
         –No te puedo dejar entrar Natasha.
         –No te preocupes, yo me hago responsable, solo dame unos minutos.   
         Al entrar lo vio sentado  tras su escritorio, y su rostro reflejaba  el abatimiento y el desánimo que  estaba atravesando.
         Al verla, Inmediatamente se puso de pie y sin detenerse avanzo hacia ella, extendió sus brazos y Tasha se abalanzo a  refugiarse en ellos. Se abrazaron hasta que sus cuerpos gimieron…
         –No sabes cuánto lamente, haber ido al frente sin despedirme de ti, me arrepentí cada día que estuve ahí.
         Ella no respondió, no pudo hacerlo, porque no quería llorar.
         –Te extrañe Tasha –le dijo mientras se desprendía de su abrazo, tomándole las manos y sin alejarse la besaba con la mirada.
         El corazón de ella parecía desbocarse.
         –Y yo a ti Kolia.
         Ella vacilo, y él noto la tristeza de ella.
         – ¿Qué sucede?
         –Kolia necesito decirte algo, y no sé cómo vas a tomarlo.
         – ¿Qué pasa?
         –Ahora no puedo explicarte, debemos hablar tranquilos, ven a verme esta noche a mi casa así conversamos tranquilos.
         –Eso no será posible–  dijo él sin soltarle las manos– aunque es lo que más desearía en el mundo, tener cinco minutos a solas contigo. Para que hablemos, para que escuches lo que tengo para decirte…
         – ¿por qué no puedes?
         –porque en dos horas regreso al frente,
         – ¡Oh!, ¿nuevamente?
         –Sí, los alemanes han tomado Kaluga
         – ¡pero eso es  apenas a doscientos kilómetros de aquí!
         –Por eso mismo debemos impedir que continúen  avanzando,  hay que aumentar la ofensiva, sino queremos que invaden en días Moscú.
         –De acuerdo, debes ir, pero debes prometerme soldado que te mantendrás a salvo, porque de lo contrario...
         Antes de que ella pudiera terminar la frase, Kolia la beso… Y ella se dejó besar, ella le ofreció su boca y respondió con deleite al maravilloso acto que significaba rozar sus labios contra  los labios de él.
         –¿ que querías hablar conmigo..?  –pregunto Kolia sobre su boca, sin aflojar la presión sobre su cuerpo.
         – ¿hablar?... ahora mismo, no lo veo fácil.
         Nikolay le beso la boca, la mejilla, le  beso el cuello… y luego, luego introdujo de a poco,  su mano entre su abrigo y  muy lentamente  comenzó a desabotonarle  la chaquetilla de su uniforme.
         –Kolia, para… por favor.
         –No puedo, no puedo parar, no quiero… me gustas, me gustas mucho, te deseo, te extraño, te necesito.
         –Alguien puede entrar Kolia.

         –Nadie entra sin llamar como lo has hecho tú hace un momento, pero si quieres echaré llave. –respondió él sonriendo sobre sus labios. Pero sin soltarla.
         Ella quería encontrar el coraje, de parar, de impedir que él volviera hacerla flaquear. Quería pensar en la promesa que le había hecho a Lena… Pero no tenía fuerzas, no podía detenerlo, solo quería desesperadamente, sentir lo que había sentido esa lejana noche. Era la primera vez que se encontraban después de aquello, y ella volvía a ceder, volvía a perderse en él. Sentía  que lo merecían,  que era lo más natural entre ellos, sentía como que uno era digno del otro…
         Y entonces los minutos se volvieron segundos.

         Ella lo dejaba hacer. Cerraba los ojos, sujetaba sus propias manos. Instintivamente, pensaba en cruzar los brazos, pero eso sería como rechazarlo, y ella no quería eso, no quería que él se alejara… Tasha escondía la mirada. No sabía cómo reaccionar, no sabía qué hacer, en ese momento quería saber más, tener experiencia, quería saber cómo complacerlo.
         … Y él,  él sí que sabía que qué hacer, cómo moverse, donde besar,  por dónde pasar sus labios, donde mordisquear….donde tocar. Conocía  perfectamente  como como nublar su razón, como  apagar su  luz mental,  como anular sus sentidos...conocía como hacerla volar. Sabía  en qué momento presionar su cuerpo hacia el suyo, sabía cómo tensarla y como aflojarla,  sabía  cómo marcar el compás de los escalofríos. El conocía todos los trucos, sabía cómo hacerle fluir la sangre… y cómo hacer que su corazón latiera tan fuerte que sintiera que estaba a punto de estallar.
         –Kolia,  yo también quisiera saber qué hacer, quisiera tener más experiencia, discúlpame –gimió ella con la voz entrecortada.
         – ¿De qué hablas Tasha?... si eso es lo que adoro de ti, tu falta de experiencia... –y le beso con infinita delicadeza su frente. – Y además en esto no se necesitan instrucciones porque es nuestro instinto el que  siempre domina la situación.
         La mano de Kolia,  seguía en movimiento, y  en ese momento  llego hasta… sus ¡pechos!     
         –Han crecido…–murmuro. Ella se aturdió ante ese comentario ¿Cómo lo había notado? Si tan solo los vio y los había tocado una  vez, y  no recordaba. ¿Será que él, le media sus cuerpo con solo observarla? ¿Será que cuando ella sentía que él le atravesaba sus prendas con su azul mirada, realmente lo hacía?
         Sus manos seguían acariciando su busto, el presionaba sus… pezones…
         –Espera Kolia, espera… déjalo ya, por favor.
         – ¿Qué pasa Tasha...? No me rechaces
         Ella levanto la vista y lo miro a los ojos
         –Es que debo decirte algo… y no sé cómo hacerlo.
         Kolia se tensó.
         –Abre la boca… y habla conmigo, es sencillo… ¿acaso, has conocido…a alguien? –le dijo el, mientras le quitaba un mechón de su pelo del rostro, en el arrebatado abrazo, a ella se le había caído la cofia y toda su larga cabellera se le  había desparramado sobre sus hombros y espalda.
         –No, claro que no, como crees, yo solo te quiero a ti.
         Él se aflojo
         –Habla entonces, dime… ¿Qué sucede?... no me preocupes
         –No es fácil… Lo que sucede… es que te extrañe tanto Kolia. ¡tanto! ¡tanto! 
         Se pegó a su cuerpo nuevamente.
         Y él volvió a reaccionar… Ahora sus dos manos eran las que actuaban, le quito el abrigo, y comenzó a quitarle…la chaquetilla
         –No, no lo hagas.
         – ¿por qué no? Te necesito, deseo mírate, necesito llevarme una imagen tuya, una sensación de vida en mi piel.
         Ella suspiro, y asintió. Dejo que le descubriera sus hombros, que arrastrara su blusa por sus brazos, que cayeran sus prendas a sus pies, que la dejara desnuda frente a  él…  
         Y entonces,  se detuvo, abruptamente, él, dejo de desnudarla.
         …Kolia hizo un paso atrás. Miro sus pechos y su pequeño y apenas abultado vientre. Y lanzo una exclamación.

         Ella inmediatamente levanto sus prendas y se  cubrió asustada. Comenzo a vestirse rápidamente.
         – ¿Qué diablos?... ¿qué significa…? –pregunto él con la voz, demasiado baja
         –Es lo que quería decirte– respondió ella tímidamente.

         Él se pasó la mano por la cabeza, se tomó la frente…
         –Dios, no es posible
         –Si  Kolia, si es posible,  estoy esperando un hijo tuyo,… ya tengo cinco meses de embarazo.
         – ¡Joder!... ¿cinco meses!
         ¡Si, cinco meses!  Quería gritarle ella, pero no podía hablar. Estaba  atemorizada por la reacción de él.
         – ¿y ahora que haremos? ¿Hace cuánto que lo sabes...? ¡Bah!.. Que pregunta ingenua, si tú eres enfermera, lo habrás notado en el momento.
         –Sí es cierto, lo se hace bastante… y no hace falta ser enfermera para que una mujer se dé cuenta que está embarazada.
         – ¿y porque demonios no me lo dijiste antes?
         –¿Por qué? Bueno te cuento, que cuando vine hablar contigo sobre esto, no me recibiste, habías dado órdenes que no querías verme… y luego hasta fuiste corriendo a decírselo a su esposa.
         – ¡de que estas hablando! ¿Quién te crees que soy? … ese día que viniste, estaba reunido con el general Vasiliev, por eso no pude recibirte. Y jamás se me ocurriría ir a decirle nada a Lena, ¡por quien me tomas!
         Kolia se alejó de ella, dándole la espalda, la noticia lo había sacudido, y no podía mantener su acostumbrada serenidad.
         – ¿Tienes idea de lo que está sucediendo ahí afuera Tasha? ¿Sabes que estamos en guerra? Que día a día caen y caen más de nuestras ciudades,  los alemanes han rodeado Moscú, esta ciudad  también puede caer en cualquier momento… –moviendo la cabeza con gesto negativo dijo; –Pronto comenzaran las evacuaciones, es más,  todo el cuerpo  diplomático moscovita  hoy mismo está armando sus valijas.
         –Pero, nuestro camarada Stalin aún permanece en Moscú– expreso ella con orgullo.
         –Sí, Stalin está aquí, pero no creas que a él le va a temblar el pulso para enviarte a ti y a toda la población civil  a combatir si eso fuera necesario, así no hayan visto un arma en sus vidas…Su Nacionalismo ruso, significa no capitular, él solo insta  a salvar a la “Madre Rusia,” sin justificar los medios. Estamos dentro de una guerra de desgastes, algo que cualquier general o mando del ejército aborrece.

         -Yo confió en nuestro camarada supremo, y en nuestros soldados… Stalin  no permitirá que el enemigo ponga jamás un pie en Moscú.  
         A él le conmovió su inocencia.
         – ¿A costa de qué?...tal vez desconozcas que tu supremo camarada cree que la muerte soluciona todos los problemas, “sin hombres no hay problemas”  Y  Hitler por su parte, les ha  dado  la consigna a sus oficiales de no respetar la más mínima convención humanitaria, de no solo aniquilar a  los combatientes, sino también a los civiles. Los dos son  las caras de la misma moneda, uno utilizo el nacionalismo y el otro el comunismo,
         – ¿por qué  me dices todo esto Kolia? ¿Quieres… atemorizarme?
         –No creo que nada de lo que yo te diga logre atemorizarte, hay cosas que las personas solo las comprenden cuando las ven con sus propios ojos… pero si quiero que entiendas lo que está sucediendo, permítemelo al menos , informártelo:  estos invasores fascistas que nos atacan sin tregua,  quieren sobretodo  humillarnos y minar nuestra moral, no solo matando y arrasando  a nuestro pueblo... sino tomando a nuestras mujeres –Y cerró los ojos con dolor– "Al vencedor le pertenece el botín" ha sido un grito de guerra desde hace siglos, y ustedes Tasha, son parte del botín de guerra… ¿entiendes?... no sé cómo protegerte.  Y  ahora… ¿cómo hare para proteger a un hijo?– su voz, por poco se quiebra– en esto por primera vez en mi vida, deberé darle la razón a tu camarada supremo cuando dice “un verdadero bolchevique  no debería tener familia”
         –Kolia, por el amor de Dios..., si nuestros soldados van al frente pensando en sus familias, en sus seres queridos, ellos son el motivo que los moviliza. Y ahora, tranquilízate, yo se cuidar de mí, y de la misma manera cuidare a mi hijo. Además no dudo, de que  nosotros ganaremos esta guerra, venceremos… Nuestro ejército está compuesto por hombres fuertes, son el arma más poderosas que tenemos.  Nuestros soldados,…  tan recios para pelear, y  tan reacios a rendirse o a darse por vencidos…–ella no podía controlar la pasión al hablar–  ¿Qué pasa coronel? ¿Tan pronto has perdido la fe?
         – ¿qué pasa?... ¿qué pasa? ...Encima  preguntas. Hoy mismo vuelvo al frente, no sé qué pueda suceder conmigo, no se siquiera si regresare. Y entonces... no sé qué sucederá contigo y ese niño.
         Se miraron uno al otro, sin hablar. Porque ambos sabían que no había vuelta atrás.  La mirada de ella fue segura, fue fuerte, fue jubilosa.
         …Para ella era mucho más fácil, porque ya había tenido cinco meses para afrontar  y aceptar  el hecho de que su hijo llegaba en el peor momento de la historia de su país.   El  día que escucho  que estaban en guerra, con todo su espíritu  se aferró al  futuro  y a la esperanza de que la unión soviética  soportaría  el ataque nazi, y lucharía  por la victoria… hasta vencerlos.
         Él, le tomo las manos, con indescriptible ternura.
         –Tasha, entonces… Nosotros, en unos pocos meses… tendremos un hijo.
         –Si Kolia, tendremos un hijo, fruto de…  aquel encuentro. –no podía decir fruto de su amor, porque él jamás le había dicho que sentía por ella, Tasha no sabía si Kolia la amaba, como ella a él.
         –Entonces, voy a confiar en ti, creeré lo que me has dicho hace un momento,  que cuidaras de ti y de mi hijo. Prométeme  que te mantendrás a salvo. Prométeme  también que no te sepultaras durante días en el hospital, que no andarás por las calles a altas horas de la noche, y  que no te acercaras por la plaza roja, bajo ningún motivo – en ese lugar se concentraba diariamente para reabastecerse  todo el ejército siberiano– Aquellos soldados que tu tanto admiras,  estos días se parecen a perros rabiosos, que pueden dañar a cualquiera que se le acerque sin importarles que sean de los suyos.
         –te lo prometo, pero quien querrá hacerle daño a una mujer embarazada? Te das cuenta Kolia, este niño hasta será mi escudo.
         –Tasha no seas tan ingenua… cualquiera que te vea, se olvidaría de su decencia. y por  estos días,  esos hombres, han sido despojado de su alma.
         –Está bien... Pero te diré algo, Dios, no permitirá que nada me pase, mientras lleve a tu hijo en mi vientre. Y tampoco permitirá que nada le pase al padre de este niño.
            Luego de escucharla, Nikolay enmudeció y de inmediato la estrecho en sus brazos. Tasha con mucho agrado  se amparó en él.




         Ese 21 de Septiembre, cuando comenzaba el Otoño Ruso, Kolia  volvió al frente  a combatir a los nazis, ese día  ellos no se entregaron con el cuerpo, ellos se entregaron con el alma, y comprendieron aquella vedada noche de Abril no solo germino una vida, sino que se originó un  inquebrantable vinculo, una  milagrosa y perfecta  trinidad,   madre, padre e hijo…



         Tasha  dejo de mecerse sobre sus piernas, dejo de moverse rítmica y lentamente, su niña  ya dormía en un profundo y sereno sueño sobre su hombro, la oscuridad había cubierto por completo el apartamento, y el frio nocturno crecía impiadosamente.
         Miro la hora,  era muy tarde. Se dirigió a su  habitación, y se arropo en la cama abrazada a su hija…. Estaba inquieta, tantos recuerdos la habían aturdido.
         Cerro los ojos, y las imágenes se le presentaron como quien lee su diario íntimo:


         A los días que él se marchó, ella recibió la noticia de que su madre había muerto…y de que Leningrado estaba agonizando. La última vez que ellas habían hablado fue en  los últimos días de Agosto, pero luego habían  quedado totalmente incomunicadas.  El 8 de Setiembre  cortaron todas las líneas telefónicas su ciudad natal, por lo que ella ya no volvió a tener noticias ni de su madre ni de sus hermanas.  Natasha esperaba entonces, correspondencia epistolar de su familia, cuando un telegrama de su primo Sergey, le comunico  sobre el  deceso de Sofia Serkina, quien había perecido bajo un bombardeo nazi.



         En aquel momento lloro, lloro sin consuelo,  por su madre,   por esa mujer tan integra, tan magnánima, tan legítima, tan llena de ideales. Que desde pequeña le repetía sin cesar “La Patria debe ser para ti la cosa más grande después de Dios”, “Para un soldado cristiano el morir por la Patria es un acto sublime de caridad”,      Natasha siempre supo que su madre se lamentaba en silencio, sobre la ironía de la vida,  ella que poseía tan arraigado esos ideales, había nacido mujer, y no solo eso… sino que había engendrado tres hijos,…y los tres eran  mujeres.
         En aquellos días extraño a sus hermanas, a  su familia, a su antigua vida. 
         Y fue precisamente Lena quien la saco de ese aturdimiento. La esposa de Kolia había ido a llevar flores frescas a la virgen que estaba en la capilla del hospital  y la encontró  a ella sentada un banco de la iglesia,  en un  lastimoso estado.  Lena se acercó, y  solo le apoyo  la mano en el hombro, con condolencia, con humanidad… le dijo palabras acogedoras, reconfortantes, y agradables. Tasha siempre evocaría ese día, aunque no recordara las palabras que le había dicho, nunca olvidaría la calidez y el alivio que sintió.
         Elena Volkova  no se percató de su embarazo, y Tasha agradeció a Dios por eso, no hubiese tenido fuerzas para enfrentarla.

          El veintidós de octubre de 1941  se estableció el estado de sitio en Moscú y comenzó la evacuación de los organismos del poder y de las representaciones diplomáticas al interior del país,  la capital era bombardeada diariamente, los ruidos ensordecedores y el pánico corroían el ánimo  de  Tasha, quien se había refugiado junto a su tía Alina, y al resto de la población en el metro de la ciudad, por aquellos días era el único lugar seguro de Moscú. En una zona  de la estación subterránea, se había improvisado un espacio hospitalario  donde ella, pese a su estado,   colaboraba, en las horas que no estaba prestando servicio en el hospital militar.  También se especulaba que el máximo poder soviético, Stalin y su comitiva de generales ocupaban otro sector de aquel  amplio espacio.

         De Kolia nada sabía, y eso la empujaba cada día que pasaba  a un inevitable estado de desesperación. Leía todos los periódicos, escuchaba la radio todo el tiempo, estaba atenta a los informes que traían  del frente sus colegas cuando regresaban de las incursiones que recogían heridos,  recababa  información entre aquellos soldados heridos,  buscaba  alguna novedad,  alguna señal  del coronel Volkov y sus hombres. Novedades que nunca llegaron.  
         Pero el  un día  de Noviembre, mientras ella estaba de guardia nocturna en su trabajo, llego  a las tres de la madrugada una invitación al director y al subdirector del hospital, para que acudieran  ese mismo día a la ceremonia militar en la  Plaza Roja, organizada por el propio Stalin. Se llevaría a cabo  el tradicional desfile militar en honor a la revolución bolchevique, con  la presencia de la mayoría de las   tropas soviéticas, que en ese momento marchaban hacia la ciudad.  Todo había sido organizado en un absoluto y mortal secreto, y apenas unas horas antes se anoticio a los invitados y a las mismas tropas. Seguramente era para que no se filtrara la información y fueran blanco de inminentes ataques.  Ella corrió rápidamente a la estación del metro y busco ropa adecuada para la ceremonia, llevaba en su bolso una de las invitaciones dirigidas a  sus superiores, que había tomado sin permiso, y  sin ningún tipo de reparo o escrúpulo mientras nadie la veía.  Esa sería la única oportunidad de verlo, si es que aún estaba con vida. Y no la desaprovecharía por nada del mundo,  ella necesitaba desesperadamente  una prueba, una evidencia,  un motivo para continuar creyendo
         Pese a las suplicas de su tía, a las ocho de la mañana Tasha estaba firme frente a la plaza Roja.   A esa hora en Moscú era de noche, y había baja visibilidad por la tormenta de nieve que azotaba  a la ciudad desde la madrugada… Tasha era consciente de que los alemanes podían atacar en cualquier momento,  pero también comprendió que  la hora que era  y el clima estaban ayudando. De repente, se iluminaron las estrellas rojas  que había en las torres del kremlin, que  desde los inicios de la guerra estaban cubiertas con fundas de camuflaje… Y los tanques y las tropas comenzaron a desfilar,  venían directamente del frente y  por lo tanto estaban armados… Stalin estaba parado sobre la tribuna del mausoleo de Lenin. Y de inmediato dio rienda suelta a su inmortal  discurso, fue tan impresionante que logro reactivar a todas  las tropas presentes... Tasha al escucharlo sintió una emoción tan grande, que por poco no se hecha a llorar, por mucho tiempo recordaría una parte de ese extenso discurso, una parte que le quedo grabado en su corazón de rusa.

(…) …Camaradas soldados y marinos rojos, jefes
 y colaboradores políticos, ¡partisanos y partisanas!
Todo el mundo ve en ustedes  la fuerza capaz de aniquilar
 a las bandidescas hordas de los invasores alemanes.
 Los pueblos esclavizados de Europa,
caídos bajo el yugo de los invasores alemanes,
 los  ven como a sus liberadores.
 Les ha  tocado cumplir una gran misión liberadora.
¡Sed dignos de esta misión!
La guerra que sostendran es una guerra de liberación, una guerra justa.
Que los inspiren en esta guerra las viriles figuras
de nuestros antepasados.
Alexandr Nevski, Dmitri Donskói, Kuzmá
Minin, Dmitri Pozhárski, Alexandr Suvorov, Mijaíl Kutúzov!
¡Que flamee sobre vosotros la bandera victoriosa del gran Lenin!
¡Por la completa derrota a los invasores alemanes!
¡Muerte a los ocupantes alemanes!
¡Viva nuestra gloriosa Patria, su libertad y su independencia!¡Bajo la bandera de Lenin, adelante, hacia la victoria!

         Y en esa blanca y nívea mañana,  entre más de veinte mil soldados, en un acto que solo duro veinticinco minutos, Tasha con los ojos ardidos por el frio y el inclemente viento, pudo distinguir al coronel Kolia Volkov,  vestido con su uniforme de gala, y portando un rostro  tieso,  severo y distante. Ella al ver aquel semblante se conmovió, porque entendía que para Kolia como para cada uno de los integrantes de esas tropas,  ese desfile,  mas que  un  desfile  era un  reto, un  mensaje hacia el enemigo, era el crepúsculo de la guerra Patria, era el  amanecer de una victoria, era el presentimiento de un triunfo.
         Natasha Serkin, y todos los  moscovitas presente en la plaza roja cantaron el himno de La Gran Guerra Patria con la mano derecha puesta en su corazón,  y a ella como a muchos les corría lágrimas en sus mejillas, a pesar de que su condición de soviético no le permitía dar muestras de debilidad en público. Más de uno se hubiese, también persignado, pero el camarada Stalin  estaba presentes.

El gran país se está levantado
se está levantando para la mortal batalla,
contra las oscuras ordas fascistas,
contra sus hordas endemoniadas.
Deja que nuestra ira
azote como olas,

¡La Guerra Nacional Marcha!,
¡La Guerra Sagrada!
¡Que una noble furia
hierva como las olas!

Esta es la guerra del pueblo,
¡Una guerra sagrada!
Repeleremos a los estranguladores
de las ideas ardientes.
Violadores, saqueadores,
Torturadores del género humano.


         Cuando nadie la vio, tomo la cruz que llevaba colgada en su cuello, la beso, se persigno, y rezo…rezo con todas sus fuerzas.  Luego los genes que dominaban su naturaleza rusa le hizo gritar:
                               –¡Gloria al ejército rojo!
                 
         No volvió a encontrarse con él   hasta el siete de Diciembre de 1941, el día que sus hombres lo llevaron agonizando al hospital militar. Dos días después de que  la Unión Soviética  lanzara  un masivo contraataque  contra el ejército alemán, que estaba a escasos treinta kilómetros  de la capital. y que el  ejército Soviético  finalmente lograra  estabilizar el frente de Moscú.
         La gravedad de su herida, no impidió que Coronel  Nikolay Volkov, el ex capitán siberiano, el  padre de su hijo, el amor de su vida…  Pudiera  vencer a su propia muerte…
          


        













        

Capítulo 3

         Esa misma noche, a cientos de kilómetros de ahí, en la soledad de su refugio un hombre con la mirada azul profundo y  rostro circunspecto estudiaba con esmero un plano  con las ubicaciones  de las tropas nazis, a un margen de esos  gráficos estaban transcriptas las ordenes que debía cumplir  en ese nuevo plan de guerra el Décimo Noveno  Ejército Soviético, compuesto por tropas siberianas recién reclutadas y bajo las ordenes de su comandante, el coronel general Nikolay Volkov.
           Incluso mientras la ofensiva alemana todavía ganaba  terreno, el alto mando soviético estaba  reuniendo fuerzas de choque al sur de Rusia.  Todas las reservas militares que había disponibles en el inmenso país eran enviadas  hacia esa zona,  se sabía que el ejército alemán  tenía como objetivos, primero la captura de puntos fuertes en el Volga,  y posteriormente  el avance sobre los yacimientos del Cáucaso.      
         El joven coronel se encontraba dentro de una fría  y extensa tienda de campaña.   Encendió un cigarro, bebió un trago su vodka y pensó en las órdenes de Lenin. “¡No permitir ni  un paso nazi hacia los yacimientos!”
         Bebió otro sorbo del ardiente trago para intentar entrar en calor  y pensó  cuan extensa e implacable  resulto ser  esa temporada invernal.
          Reflexiono sobre ese infrecuente fenómeno, el invierno ruso de 1941. El General Invierno como todos le llamaban, que  solía durar cinco meses, de noviembre hasta finales de marzo, pero aquella vez se había presentado con premeditada  anticipación y aparentemente aun no tenía intenciones  de abandonarlos.  Para Nikolay y para el resto de los soviéticos, esto solo podía ser,  un buen augurio ruso.  Es bien sabido,  que cuando alguien escucha la palabra Rusia, lo primero que se le viene a  la mente es: frío extremo y  mantos de nieve, el primer consejo que  se escucha es “¡Si vas a Rusia lleva abrigo!”  En el ámbito militar ocurría algo parecido,  existía un mito sobre ello,  que  Napoleón en 1812,   al igual que muchos otros  invasores que también intentaron conquistar  ese país, fueron  derrotados  por el "General Invierno".  Un mito que de tanto repetirlo se había convertido en una verdad histórica, no puedes combatir en Rusia sin tener el abrigo adecuado, prueba de ello eran los mismo soldados de Hitler, quienes meses atrás, en las puertas de Moscú, no habían podido  permanecer durante más de una hora  tumbados dentro de un agujero   excavado en la nieve, resistiendo temperaturas entre 30 y 50 grados bajo cero. A rigor de verdad,  ningún hombre puede  contra esas condiciones. A menos que,…  carguen una  piel de cordero para tumbarse sobre ellas,  que usen botas de fieltro para proteger sus pies, en lo posible uno o dos talles  más grandes para poder rellenarlas con lana o con paja, que lleven un gorro de piel sobre en su cabeza o que cubran sus manos y dedos con  guantes acolchados, y que utilicen pesados abrigos,  como lo hacían solamente los soldados soviéticos.  
                 Por tal motivo, los nazis en esos días,  como tantos otros en otras épocas, combatían contra dos frentes, contra los soldados rusos, y contra el General Invierno, en un muy poco literal sentido.
         Nikolay nuevamente soplo el humo del tabaco, pero más animado,  juzgando que al menos,   el frio era su más fiel aliado.
          Luego, murmuro con voz grave –“No les va a resultar fácil malditos, y ahora prepárense para el soportar otro inclemente general, el rasputista”.
         Salió a la oscura noche, y el gélido aire golpeo su rostro. Dedujo que serían las últimas heladas, la primavera había llegado, de un momento a otro comenzarían a fusionarse las nieves, y romperse los hielos, entonces sus  aguas infiltrarían  los suelos,  y se formarían  los acostumbrados mares de lodo,  cuando ese ciclo se completaba era señal que había llegado “El general,…  Rasputista”.  Los rusos,  conocían a la perfección ese fenómeno, y eran conscientes que ni siquiera  ellos mismos podían evadirlo. Fue por eso que   habían tomado la iniciativa de adelantarse, salieron  por detrás de Moscú y atravesaron  con premura  los caminos que pronto serían casi imposibles de utilizar, anticipándose a las tropas Nazis, que se encaminaban hacia el sur del país. Ahora solo quedaba confiar  que los tanques más poderosos de sus enemigos, al iniciar su marcha coincidieran con el rasputista primaveral, y  quedaran  en consecuencia, varados e inutilizables.
         Estaban a  mediados de Abril, se esperaba que el encuentro se realizara en un mes o poco  más. Aun no conocían con certeza los planes de Hitler. Los espías soviéticos no habían vuelto a interceptar ninguna información concreta, solo que marchaban al sur,  hacia Stalingrado, y a la zona de los yacimientos petrolíferos. Aparentemente el  Führer  para proteger los  planes de su nueva campaña de guerra  que había denominado  la Operación Azul,  prohibió tajantemente la transcripción de órdenes; todo debía comunicarse de manera verbal.
         Mientras tanto  él,  planificaría  una y otra vez. Luego se dedicaría  a valorar el plan. Y si era necesario volvería a planificar, porque Nikolay no pensaba arriesgar ni su vida ni las de sus tropas por las necedades de Stalin y sus generales. Si era necesario, llegado el momento, silenciaria sus radios, y desoiría ordenes, pero no perecería  por  seguir mandatos irracionales. Decididamente él no solo dominaría su arma, sino que también dominaría sus pasos y la situación. Para ello  debería utilizar  todo su  cautela, su autocontrol y  su juicio. Lo haría a su manera. No pensaba respetar el viejo precepto de Stalin, el de iniciar rápidamente una posición tras otra, disparando al enemigo sin ton ni son y sin siquiera pensarlo. Ya conocía de sobras, esos resultados, la mayoría de las balas  se desperdiciaban y  los soldados  terminaban acribillado a tiros. Nikolay poseía la agresión de un guerrero ruso, pero una agresión controlada.
         Aspiro una pitada más de su cigarrillo y luego lo aplasto bajo su pesada bota. Ahí en la oscuridad de la noche con una botella de vodka en su mano, el enfrentaba su revuelta de pensamientos… que en ese momento  no lograba controlar.
          Muchas veces él mismo se cuestionó esa faceta,  la obsesión  de  controlar hasta sus propios impulsos… Sin embargo, había aprendido a lidiar con eso, puesto que era parte de su personalidad. Aunque Nikolay admitía que existía alguien que había logrado romper con esa inalterable regla personal,  alguien que de un día para otro había logrado  derrumbar  toda su estructurada, ordenada  y controlada vida.  
         ¡Natasha Serkin!


         Tasha… Tasha… su preciosa Tasha.  Desde antes de haberla visto siquiera, desde antes de  decidirse, aquel ya lejano día,  a franquear el bastidor de vidrio de su despacho hacia donde se encontraba ella hablando con Andrey,   él  estaba completamente seguro de lo que  encontraría, no podía esperar nada menos de la dueña de una voz cálida, relajada, armónica y agradable voz, esas cualidades, sin dudas,  solo podían aludir  a  alguien guapa y atractiva…. Aunque claro,  después de encontrarse con aquel rostro celestial,  con dos gotas de miel en lugar de ojos, con aquella mirada  translucida, natural, límpida, con su larga, resplandeciente y  plateada cabellera, decirle guapa o atractiva  era tergiversar los hechos,  faltar a la verdad, y  no hacerle justicia, porque  sencilla y claramente ella resultaba  ser la mujer más bella que él hubiese visto jamás.
         Desde el instante en que la vio,  Nikolay  ya  nunca tuvo retorno. Natasha Serkin era de esos seres especiales, que cuando te sonríen,  lo hacen  desde el fondo de la inocencia  humana… desde  ese lugar especial,   que todos anhelan  llegar, y  cuando lo conocen nadie quiere abandonar…
         Fue así como ocurrió, desde  que sus ojos se encontraron, él se perdió irremediablemente en ella.  El coronel del ejército rojo fue víctima de un violento arrebato emocional, de un flechazo que logro alterar y  descontrolar toda su tranquilidad interior.  Lisa y llanamente se enamoró de Natasha, se enamoró como un loco,   sin  detenerse a reparar que tal cosa le estaba prohibido, puesto que él ya estaba comprometido  a otra mujer.
      

         "Nikolay cerró los ojos brevemente, y la recordó, .... la añoró,  la veneró.
         Nunca había conocido a un ser con el alma blanca, con un  alma sin sombras, sin culpas, sin  tormentos, a un ser libre de impurezas.  Cinco minutos frente a ella, cinco minutos bastaron, cinco minutos y  ese ser celestial penetró su corazón. 
         Aunque el destino conspiró  cruelmente  en contra de él  al  hacer llegar a ese a ese amor  de manera impuntual a su vida. ...igualmente, para el joven coronel Natasha Serkin era una incitación a lo sublime, era una reacción del sentimiento contra la razón" 

         ¿Y cuál era el resultado por  desafiar ese hecho, y no aceptarlo tal como era?
         Que ahora tenía un corazón dividido.
         El coronel Volkov, no solo estaba en medio de una guerra con el ejército alemán, él estaba en medio de otra guerra, en un combate moral, en una lucha de espíritus. Entre un debo y un quiero. En el bolsillo izquierdo de su abrigo tenía una carta de Lena, que días atrás había recibido, y que aún no respondía.
         Al pensar en su esposa,  lo embargo una profunda y  espontanea culpa. No le gustaba mentirle, pero no  tenía otra alternativa. Ella le reclamaba su falta de interés, su abandono, sus parcas palabras en sus frías y esporádicas misivas.  Pero él estaba atravesando por el peor un momento de su vida, y no era justo pedirle a ella que lo entendiera. Lena le decía en sus cartas que se aferrara al amor que existía entre ellos, para poder afrontar esos   difíciles y  peligrosos tiempos, que no olvidara sus palabras en ningún momento.   Nikolay que  ya era un ducho conocedor de  cómo debía actuar en aquellas condiciones, y  como correspondía comportarse en medio de una guerra, sabía que su esposa estaba absolutamente errada, en la guerra un soldado para sobrevivir debe convertirse en un arma letal, y para ello no solo necesitaba  una mente  ágil y despierta,  sino que principalmente estuviese liberada de todo aquello que pueda perturbarlo. Y si  Lena  pensó que sus palabras podían  penetrar su  espíritu, también estaba equivocada, porque a ese lugar  un  combatiente solo deja entrar a Dios.
         El coronel, bebió otro trago de ese liberador aguardiente.
          –No Lena, ningún soldado   puede aferrarse a nada, ni  puede permitir que  sus relaciones humanas,…  sus debilidades se manifiesten en su mente. Eso no está permitido  en medio de tanta destrucción,  cuando en el aire solo se respira… el olor a muerte. –susurro con amargura
         Sin embargo,  los hombres de la guerra suelen tener  en esos días, meses, y años, en el peor de los casos, que duran los conflictos bélicos, algunos  momentos de soledad,  para pensar en sus seres queridos,  en sus familias, en sus amores, en sus pasiones.
         Aquella noche de Abril para él era uno de aquellos  momentos.


         Llevaban cinco años de casados con Lena; se habían visto por primera vez en 1935, él tenía 23 años y ella 33, en aquel entonces  el mundo  aún  estaba   libre de  guerra. En Rusia,  Stalin  había ordenado el abandono de la anterior táctica de clase contra clase, que solo había hecho facilitar el ascenso de Hitler al poder, y en agosto de 1935, la asociación comunista internacional,  Komintern,   admitió que el fascismo constituía una grave amenaza para la URSS y la paz mundial, en consecuencia autorizo la búsqueda de alianzas, tanto con la burguesía progresista como con otros grupos de izquierda, incluidos los aborrecidos socialistas, era imperioso construir alianzas antifascistas. Kolia que en ese entonces tenía el grado de capitán, en el ejército siberiano, y viajo a Moscú desde Siberia  para custodiar a sus superiores, que participarían en  aquel Congreso convocado para unir fuerzas
         Fue en esos días que  conoció a la hermosa y refinada  hija del General Ruso Hans Vasíliev, e inmediatamente quedo prendado con esa enigmática y sensual mujer.  Elena Vasíliev una mujer culta, sociable e inteligente,  sobresalía por poseer ideas progresistas y  tener fe en el futuro soviético. Ella, además comprendía  mejor que nadie,  la obsesión y la pasión  de la política militar, pues su padre y la mayoría de los hombres de su círculo social  compartían ese oficio, Lena  era lo que él necesitaba.
         Aunque al principio,  a Lena  le inquietaba y preocupaba la diferencia de edad  entre ambos, y la reacción que  generaría entre la gente de su clase,  con el tiempo doblego esos prejuicios, se entregó  a esa relación, y dejo que solo decidiera su corazón. Ella hablo con su padre para  pedirle su apoyo, y el general sin dudarlo respaldo la felicidad de su única hija,  fue el mismo Hans Vasíliev  quien movió cielo y tierra para lograr el traslado de Nikolay, de un ejército a otro.  Pese que era algo muy poco inusual, no resulto imposible,  el ejército Rojo respetaba a los siberianos, quienes eran como  un ejército de elite de la Unión Soviética, y fue así que  finalmente el general lo logro y el Capitán Volkov fue transferido a las tropas del Ejército Rojo. Luego los ascensos en su carrera, corrieron por cuenta del mismo Nikolay.
          Él, secretamente, también solía tener sus dudas sobre las diferencia entre ellos, tanto sociales como de edad,  no obstante debió reconocer  que en su pasado ya  había salido con varias  chicas, que, en el mejor de los casos, podían ser calificadas como jóvenes de su edad y de su misma clase social, pero ninguna había despertado lo que el carácter  independiente y generoso  de Lena lograba  avivar  en él. Físicamente sabían complementarse muy bien, Lena siendo una mujer con experiencia  logro estimular en él una faceta nueva, más ardiente y salvaje. Ella lo hacía sentir diferente,  seguro y amado,  por eso sin titubear le había propuesto matrimonio.
         Luego de casados, a pesar de las muchas horas que él dedicaba al trabajo, ella resultaba ser  comprensiva. Y durante los difíciles primeros momentos  de la guerra, cuando solía  necesitar  a alguien que lo abrazara y lo contuviera, Lena nunca  le falló.
         Pero él sí que le había fallado, y lo seguía haciendo. Cada vez que pensaba en Tasha le fallaba a Lena. Cada vez que añoraba a Tasha le fallaba a Lena. Cada vez que se aferraba a Tasha condenaba a Lena.
         Nikolay para serle leal a Lena debía olvidar a Tasha… ¿pero acoso alguien creía que eso sería  alguna vez  posible?... ¿Acaso alguien pensaba que un hijo,  no era suficiente recordatorio  para mantenerla toda la vida presente, como podría olvidar a la madre de Anya? …Era impensable.  Estar cerca de su hija, e ignorar a su madre, era como ignorar al sol durante el día…  
         Ya en el pasado, un tiempo atrás, lo había intentado  y eso de nada había servido. La primera vez que se distancio de ella fue cuando una tarde Lena y Natasha se encontraron en el Kremlin, Tasha, como todos los días,  había ido a llevarle una  lista parcial con los datos de los pacientes militares que constaban en el registro del hospital, información que para él era fácil acceder, sin la necesidad de intervención de ella, pero esa había sido la primer excusa que se le había ocurrido cuando la conoció para tener la oportunidad volver a verla. Si Elena se sorprendió  al encontrarla ahí,  lo oculto muy bien.  Pero  como era de esperar de su esposa, reacciono de inmediato y  se hizo cargo de la situación,  primero la interrogo con mucha sutiliza sobre que hacia ahí, desde cuando estaba realizando esos encargos, en qué consistía precisamente su tarea y demás, luego  le agradeció por tanto trabajo, por tanto esfuerzo y sacrificio de trasladarse hasta  ese lugar  diariamente, y finalmente le pidió a Tasha que esos informes se los entregara de ahí en más  a ella en el hospital, sin que hiciera falta que  volviera a ir al Kremlin. Él, por supuesto no pudo objetar nada, porque sintió que lo habían encontrado en alguna falta. Elena nunca le pregunto nada al respecto, ni porque no le había mencionado sobre la tarea que le había encomendado a la enfermera Serkin,  ni porque paso por alto el hecho que ellos si se habían conocido, cuando meses atrás  él  le  había referido que la  entrevista con la chica  la había llevado a cabo Andrey, y que la enfermera había entendido que no debía interferir en la política del hospital, por lo tanto ya  no causaría problemas. Su esposa, nunca le  reprocho nada, ni hablo sobre ese asunto,  ni jamás le  menciono el nombre de la enfermera, solo le  dejaba sobre el escritorio de su casa, en silencio,  los informe  que Tasha enviaba, sin hacer nunca un mínimo comentario.  Pero a veces el silencio dice más que las palabras, estaba implícito  que ella era consciente que a él no le era indiferente la  mujer que un día ella  misma había enviado hacia él.
         Los meses que  paso sin volver a ver a Tasha, solo sirvieron para aumentar su deseo y  su desesperación, al punto de trastornar por completo sus días…Tal fue así que el resultado fue una insensata  y pasional  noche,  que  al final hirió a Natasha y lastimo a Lena.

         Busco en su memoria  la imagen que guardaba de aquel día, e inmediatamente surgió  ante él.  Sin dudas, nunca se le borraría, la tenía grabada a fuego en su mente  y en su alma.

         Ciertamente  no tenía ningún recuerdo preciso  de lo que sucedió un año atrás entre ellos dos, esa noche de Abril.  Pero si guardaba una  irrevocable visión de un determinado  momento: Cuando él despertó en  aquella  madrugada, fue en un estado de confusión total, el vodka ruso impiadosamente le cobraba su tributo,  no solo sintió que la cabeza le iba a estallar en mil pedazos, sino que además ni siquiera entendía  dónde se encontraba, en qué lugar estaba…  Aunque  pudo despejar esa duda a los pocos segundos,  en el tiempo que lo que le llevo girar la cabeza  hacia su derecha y ver a su lado… a Natasha,… a Natasha completamente desnuda. Tenía  sus brazos desnudos, sus piernas desnudas, sus pechos desnudos,… todo su cuerpo desnudo. La imagen de la belleza al desnudo de Natasha  jamás podría olvidarla, su figura parecía moldeada a la perfección, como salida de una pintura barroca,  pequeña cintura, armoniosas caderas, el volumen de sus senos era mediano,  ni pequeños ni grandes, firmes, bonitos, tersos, con pequeños pezones rosados,  el color de piel  de ella era de un tono marfil satinado, y en su rostro esa  piel  era adornada con  pequeñas y doradas pecas,  ¡Y su monte de venus!   Oro  plateado como el color de sus  cabellos… Primero pensó que solo era un sueño, pero luego al escuchar su respiración lenta y profunda, lo supo, era real. Instintivamente se acercó y pego su cuerpo al de  ella… y en arrebatador impulso,  le beso suavemente  y con infinita delicadeza los labios, el rostro,  la garganta…los pechos,  ella dormía en un sueño tan profundo, tan tranquilo tan pacifico, que él no pudo seguir… en completo  silencio se alejó de ella,  salió de la cama  y mientras se vestía a tientas, en la ya entrada madrugada,  volvió a mirar hacia donde Natasha descansaba…  La cama desecha,  las sabanas revueltas, ¡ y!… y ahí, en medio, de toda esa vorágine de pasión… había una pequeña mancha roja.  Él había cerrado los ojos hasta que le dolieron. Significaba que ella era de él, solo de él, nunca hubo nadie… Ella le pertenecía…
         Sin embargo Nikolay no podía reclamarla como suya, no podía y lo sabía… entonces,   con todo el dolor del mundo, debió irse y dejarla sola,  durmiendo,… segura, integra, perfecta.

         Al llegar al ala norte de la mansión Vasíliev, encontró a su esposa levantada, aguardándolo, en el frio y sobrio hall de entrada, no había dormido en toda la noche, su cara, sus ojeras, y su mirada lo delataban.
         Él no tuvo el valor de mentirle, simplemente no pudo ocultarle lo que había sucedido.… Le pidió que lo perdonara, y le dijo que se iría de inmediato de la casa, como correspondía…  Pero Lena  a pesar de todo, lo persuadió,  lo convenció. Le hizo creer que fue un error  que los hombres suelen cometer,  pero que los matrimonios  también saben  superar, que ellos se amaban por sobre todo eso.  Lena lloro, grito, lloro, aulló, volvió a llorar… le rompió el corazón mil veces a Nikolay, fue imposible dejarla, aunque era lo que debía hacer después de semejante falta.  Él estaba tan atormentado por Tasha, por Lena, por el mismo, que dejo que su esposa se hiciera cargo de la situación…y por primera vez en su vida, sintió que se estaba equivocando.

           Para Lena fue  suficiente  con que él haya admitido ese error, se conformó con la  honestidad que tuvo su esposo al confesar su falta,  y le basto con que  a partir de ese momento se tomaran medidas  para que ellos pese a todo pudieran permanecer juntos y Natasha quedara en el pasado.  Pero Nikolay no lo vio  tan sencillo, no creía que fuese posible continuar como si nada  y olvidar a Tasha,  pero de todas maneras lo intentaría, se lo debia a su esposa.
          Y el tiempo le dio la razón. Cuando  se volvieron a encontrar al cabo de cinco meses, la  tarde que ella se presentó en su oficina del Kremlin,  llevando un hijo de ambos en su vientre, basto solo mirarla, para descubrir que era ella era lo que él necesitaba, que ella era su energía, su fuerza vital.
         Al tenerla en frente, al volver a ver  la sonrisa de Tasha, su cuerpo y  percibir su aroma,  todos  los sentidos de Nikolay volvieron a encenderse, y  termino rindiéndose definitivamente ante ella.        
         Luego de que hablaron, él comprendió  cuánto daño  le había causado  en todo ese tiempo, la única que  había sufrido era ella.  Pues  debió enfrentarse sola a Elena y  escuchar de la boca de su esposa que él le había arrebatado su virginidad en medio de una borrachera,  sin siquiera  guardar ni un solo recuerdo… Y luego debió  atravesar  en inhumana soledad  la  noticia de que esperaba un hijo de un hombre casado, que la había abandonado a su suerte. Natasha no merecería todo lo que paso después de conocerlo, si al fin y al cabo el único pecado que había cometido fue  enamorarse de él,  cuando él ya se había enamorado de ella.  
                Muchas cosas se dijeron, muchas caricias se proporcionaron, muchos besos se dieron…y mucho se prometieron. De lo único que no se atrevieron a hablar fue del futuro…  porque ambos sabían que estaban en guerra, que vivían en un mundo en tinieblas,  que la muerte los acechaba en cada momento y en cada lugar… que tal vez no habría futuro para ellos.  Lo único que se juraron  aquel día fue  que ambos se aferrarían con toda sus fuerzas… a tratar de sobrevivir.

         Así lo hizo él,  o al menos lo intento,   hasta el día del gran enfrentamiento por la soberanía de Moscú, que súbita e imprevistamente  recibió un  impacto de una metralleta en el lateral izquierdo de su cuerpo, derrumbándolo en medio del  feroz combate… En pocos minutos  su vista se nublo por completo, su corazón comenzó a latir tan violentamente que lastimaba, y su cuerpo comenzó a sufrir descontroladas  convulsiones … Nikolay conmocionado por verse imposibilitado a levantarse, acepto  que probablemente moriría,   su razón lo arrastraba y  lo alejaba  de la realidad…  llevándolo hacia  un  profundo y oscuro túnel… hasta que todo se  volvió definitivamente negro… él en medio de la oscuridad y el  caos, solo repetía un nombre y murmuraba  que la llevaran a su lado.
          Su último deseo era destinado a ella, a  Natasha...  “Dios, antes de morir quiero abrazarla una vez más”

         Tasha era para él, tan inevitable como respirar,  era el oxígeno que corría por su cuerpo.
         Elena, su esposa, era sin duda alguna  una auténtica  pasión. .. Ahora lo sabía.   Él debió atravesar  profundas  dudas  e incertidumbres  para poder al fin comprenderlo.  La pasión dentro de una pareja sino está acompañada de amor, resulta ser un sentimiento  frágil, vulnerable, y quebradizo, con una fogosidad  fugaz, que con los años finalmente decae, y deja que sea invadido por otros sentimientos o por otra persona….

          El sentimiento  que existió desde un principio en su  matrimonio, se había transformado al cabo de cinco años, un  profundo estado  de seguridad,  de calma, en una unión satisfactoria y feliz entre él y  Lena, pero eso no era amor.  
         A pesar de ello, él  comprendía que la vida de su esposa  estaba  estrechamente entrelazada a la suya propia… por lo que romper ese vínculo podía resultar duro y doloroso. 
         Tal vez si nunca hubiese conocido a Tasha, él hubiese continuado viviendo con la firme convicción que él amaba a Lena. Pero ahora ya  conocía la diferencia. Sabía lo que era amar…
          Amar era sentir cerca a la otra persona a pesar de la distancia, era cerrar los ojos y soñar con escuchar su risa. Amar era anhelar con el cuerpo y con el alma, era un deseo vehemente de la carne pero también del  espíritu.
        
         Por eso mismo  estaba en una lucha entre el deber y el querer.  Y presentía  que por muy  fina que pareciese  la línea que separara  ese  querer del deber, existía  un  profundo vacío en el medio, y alguien podría  caer en ahí…. ¿Qué era lo mejor…?, ¿hacer lo que se debe o lo que se quiere…?  Él todavía  no tenía la respuesta,  pero  de algo estaba  seguro, y era  que esa sería solo su decisión. No permitiría que nadie lo vuelva a convencer sobre cuales eran o no las pautas correctas, y por ello las decisiones que debía tomar.   Lo que lo que se quiere debía ser decisión propia, y lo que se debe seguramente sería la  decisión de alguien, de alguien que él esta vez…no escucharía.

         En esa  lucha entre el deber por un lado, y el querer  por otra. Estaban ellas. A Lena le debía lealtad y la quería. A Tasha la quería y  le debía una enmienda.
         Pero lejos de todos ellos… estaba su  indefensa y pequeña hija, la única inocente en esa historia.
          Nikolay encendió otro cigarrillo, y bebió un largo trago de vodka,  luego miro la botella, mientras  murmuraba:
         –esto es lo que le hace el alcohol a los soldados, a veces los envenena, otras los cura… y otras los atormenta.
         Llevo la botella hacia el interior de la carpa, apago el farol…, se colocó el abrigo y  fue a meterse a las barricadas de madera con sus hombres. La noche estaba muy oscura... para dormir…
         –Coronel– saludaron  al verlo.
         –Teniente. –y luego de decidirse le dijo– Voy aconsejarle que  haga descansar  esta noche lo mejor que pueda a nuestra tropa. Tenemos arduo trabajo para los próximos días.
         El teniente Ivanov, le respondió.
         –Muy bien señor.  Estábamos al pendiente de las nuevas órdenes. ¿Debemos seguir avanzando hacia el sur, como estaba previsto, o esperaremos a nuestros refuerzos para que ocupen este lugar?
         –No teniente, nada de eso.
         El teniente, y ahora el Capitán Morozóv, que también  estaba presente lo miraron expectante.
         –Debemos preparar un minado defensivo, un campo  transversal de Este a Oeste.
         – ¿anticarros o antipersonas? –pregunto el capitán
         – ¿Usted qué cree capitán, que dejaremos atravesar la infantería, se supone que a los carros y a los tanques lo detendrá el lodo del rasputica?
         –Claro, señor. .. Antipersonas, entonces.
         –Colocar minas es mi juego favorito–ironizo el teniente. Los siberianos odiaban ese trabajo, ellos consideraban que eso era labor para las guerrillas. Pero en ese momento no estaban para discutir ordenes, y seleccionar trabajo, querían ganarle esa guerra a los alemanes, a como diera lugar...
         – ¿Cuánto es el área a minar, señor? –pregunto el alto y fornido teniente Ivanov
         El coronel no contesto, su expresión se tornó ilegible para sus hombres. Busco de su chaqueta sus cigarrillos y les ofreció a sus camaradas, luego el mismo exhalo profundamente  el suyo y miro hacia la oscura noche.
         Al cabo de un rato, volvieron hacerle la pregunta:
         – ¿De qué distancia estamos hablando señor?
         –No querrá saberlo antes de dormir, teniente.
         –Señor, prefiero un golpe directo  y seco antes que estar a la expectativa durante horas.
         –La línea a minar debe cubrir un largo de setenta kilómetros...
         – ¡Setenta kilómetros!–repitió horrorizado el teniente, al comprender las dimensiones del  terreno que deberían minar.
         Un completo silencio callo sobre ellos. Nikolay sin volver a dirigirles la palabra a sus hombres, maldecía para sus adentros las estrategias de Stalin.
        
        
        




Capítulo 4


         Lena colgó el teléfono.
         Lo mismo del día anterior, y del anterior, y de prácticamente toda la semana que había transcurrido. No sabían darle información. El coronel solo telegrafiaba, no utilizaba  ningún otro medio para comunicarse  al kremlin, y Andrey ya le había advertido  que era muy difícil que eso  se revirtiera,  por temor a que los nazi  interferían los llamados por radio.
         Tampoco contestaba sus últimas cartas. Algo estaba mal, muy mal. No solo se trataba de que  él estaba en el medio de la guerra y no tendría tiempo para esas cosas. No. Nikolay siempre se hacía tiempo para todo, excepto que este bajo combate, y en plena batalla, lo cual ahora no era el caso, porque las tropas del el Décimo Noveno  Ejército Soviético  era un grupo que por el momento actuaba en las sombras,  de incognito, ellos solo preparaban   ataques sorpresivos a los alemanes.  Al menos eso le había explicado su padre cuando ella fue a recriminarle por enviar a su marido a los campos de batalla. Su padre le aseguro que no corría peligro, ni riesgo alguno en esos días, aunque llegado el momento  su obligación era combatir a los alemanes, y por supuesto que  Nikolay lo haría,  porque antes que nada era un alto mando soviético que debía liderar a sus tropas. Lena odio a su padre, a Rusia a Stalin, y a su esposo por arriesgarse a ir al frente cuando meses anteriores casi pierde la vida en otro enfrentamiento.
         Ella conocía a varios camaradas que por heridas muchos menores, estaban en sus hogares al lado de su familia. Pero claro, ninguno de ellos era un soldado siberiano como lo era su esposo.
         Elena movió la cabeza negativamente, algo estaba mal, de eso no tenía dudas.
          Fue a sentarse en el   amplio sofá, donde un rato antes había estado leyendo un libro. La casa se hallaba  silenciosa a esa hora, el personal ya se había retirado a descansar y  Evia su nana aún no había regresado del orfanato.
         El asilo para niños huérfanos estaba desbordado, y  los esfuerzos para mantenerlo en condiciones eran heroicos, no solo se trataba de conseguir alimentos, vestimenta y medicamentos para esos niños, sino de tratar de contenerlos emocionalmente, la mayoría no solo habían perdido a su familia entera, sino que además habían sido testigos de hechos aberrantes en contra de sus seres queridos, y hasta ellos mismos eran víctimas de algún abuso o episodio violento. Sabía que ella tenía el apoyo del gobierno ruso en esa institución, que nada les faltaría, pero la parte más dura era la de enfrentar diariamente  esos rostros que solo reflejaban sufrimiento y pena. Ese día no tuvo el valor para ir a cumplir con  sus obligaciones como presidenta de la institución de beneficencia, pero en su lugar envió a su fiel ama de llave, Evia, su nana,  quien era como una madre para ella, la que siempre se ocupaba de todos sus asuntos desde que era pequeña.

         Esa mañana se había levantado preocupada, inquieta y desconcertada... Y así transcurrió el día entero. No tenía nada que ver con el asilo,  puesto que ella  sabía separar los asuntos laborales, los domésticos y   los personales. Cuando estaba en su casa los problemas institucionales los dejaba en la puerta de entrada.  Lo que la inquietaba era algo referido con Nikolay, no sabía exactamente qué pasaba, pero tenía la seguridad que algo sucedía, ella ya hacia  un tiempo que presentía algo extraño en su esposo.
         Claro que después de lo de Natasha, las cosas habían cambiado entre ellos.
         Y que además,  luego se empeoró con lo del embarazo y el nacimiento de esa criatura. Pero Lena creía que igualmente la situación estaba controlada, ahora lo dudada, porque tenía la extraña sensación de que algo se le estaba escapando.
          “¿pero qué? ¿Qué es lo que está mal? … ¡piensa Elena!”  Se concentró en los hechos, en los detalles, en todo lo que se refería a su matrimonio y a ese maldito asunto de Natasha y su hija.
         Pensó, pensó y pensó.
         “algo que me lo haya advertido” “¿Qué dijo… él? ¿Que hizo…él?”
         Tiene que haber algo…
         En las últimas conversaciones, en las últimas líneas… “Me dijo que no me preocupara, que estaría a salvo.  Luego dijo que estaba bien, que el viaje había sido largo pero seguro. Que sus hombres eran de los mejores, que no corría riesgos…”
         No, no se trataba sobre la campaña militar… era otra cosa fuera de su misión, de sus tropas…
         Se concentró  en su esposo.
         Lo amaba.   Claro que lo amaba de eso no tenía dudas, no solo era un hombre guapo y encantador, sino que se había convertido en su pilar de apoyo, su vida se sostenía al lado de él. Después de años de soledad la vida le puso en el camino a una persona que la escuchaba, la protegía, le tenía paciencia. Nikolay Volkov era un hombre  que no  conocía la avaricia,  ni la envidia, no era  grosero,  ni egoísta, no se irritaba por cualquier cosa y no era  rencoroso. Sobresalía por ser inteligente, recto y equitativo.
         No solo se trataba de ese cúmulo de virtudes, sino que era un excelente compañero, un marido excepcional. Ella lo admiraba por su sinceridad y su franqueza. Recordó que después de salir varias veces con ella, el día que se le declaro le dijo “déjate llevar Lena, esta relación es para valientes… nunca  hay certezas ni seguridad en la vida,  pero piensa que sin riesgos y sin peligro seria aburrida”.
         Aquellas palabras, le hicieron perder todos los temores. Y sin seguir dudándolo se lanzó a los brazos de ese joven hombre de apenas veintitrés años de edad. Diez años menor que ella.
         En los cinco años siguientes Nikolay se había convertido en todo lo ella había soñado y deseado.  Por más que el trabajo de él no los dejaba pasar mucho tiempo juntos, ella siempre se mostró comprensiva y trato que los momentos que compartían fueran intensos y profundos, sin dejar que sus quejas los perturbaran.
         Todo era perfecto y armonioso entre ellos, solo lo ensombrecía el hecho de que en todo ese tiempo ella no haya podido encargar un hijo, por más que los médicos le habían afirmado que no existía ningún impedimento en su salud para que eso sucediera, ella no dejaba de angustiarse por no haber podido quedar embarazada en todos esos años . Elena no pudo…pero…
         “¿Y…esa otra mujer?”
         “¿Ella sí pudo?”
         Su mente finalmente estaba descubriendo el problema, estaba sonsacando las causas de su angustia e inquietud.
         “¡Claro! Seguramente… eso era lo que estaba sucediendo” “su esposo estaba metido en  un conflicto de valores, ahora tenía una hija… y eso cambiaba las cosas”
         Tenía una hija, y no con su esposa. Tenía una hija con otra mujer.
         Elena Volkova  se estrechó con fuerzas sus finas manos.
         “¿eso era lo que estaba mal en su marido?”
         No quería pensarlo, ahora que estaba logrando entender lo que sucedía, ya no quería, ya no quería… saberlo.
         “Natasha Serkin”. Le susurro su mente.
         ¡Eso era!
         “Natasha Serkin”, volvió a pensar.  Ella era el cerco que rodeaba a Nikolay, y no permitía que Lena se acercara.
         Poco a poco debería aceptarlo.  Que al final la chica no resulto ser solo una aventura de una noche de Nikolay, no resultó ser un error  que se podría  perdonar y olvidar….
         Si tan solo, si tan solo no hubiese quedado embarazada.
          “que desafortunado detalle” “¿cómo pudo suceder algo así?... “si solo fue una vez,  él solo la toco…una maldita vez”. Un simple encuentro.
         En ese momento, no le había dado tanta importancia. Ella conocía lo que los hombres casados solían  hacer cuando estaban bajo los efectos de una borrachera frente a una cara bonita, no hacía falta que  nadie se lo contara, en otros tiempos fue de vivir esas aventuras con algún que otro  caballero comprometido. Aunque aquellas acciones pertenecían a su pasado, al menos le habían servido de experiencia para saber que de esos encuentros nunca surgía nada útil ni beneficioso, solo eran  momentos de  arrebatos  que quedaban  prohibidos para la memoria de los protagonistas… A no ser,  que esos momentáneos deslices  tuvieran consecuencias, a no ser que esos lujuriosos descuidos tuvieran su fruto… Como le sucedió a Nikolay Volkov.


         Y ahora al recordar, al recordarlo todo…  quizás, tal vez, al fin entendería lo que sucedía.
         Seguio pensando, concentrada… escrutando detalles.
         Ella continúo liberando  recuerdos….
         Hasta  sacar a la luz  lo que su subconsciente había ocultado, hasta  rememorar lo que  ella  vio el día que fueron  los tres al registro civil a inscribir a la pequeña Anya…  hasta  recordar la cara de Nikolay…
          Lena se estremeció.
         Él había mirado a Natasha, de una manera, … de una manera diferente.
         Lena estaba a escasos metros de su esposo y la enfermera Serkin,  estaba con la criatura en brazos cuidándola unos momentos, mientras   ellos   realizaban  el trámite pertinente.  Y fue cuando  vio…la mirada de su esposo.  
         Él estaba de pie, al  lado de Natasha, y ella se inclinó  para firmar el libro de acta  sobre el escritorio del oficinista que estaba tomándoles la declaración,  y de repente levanto la vista y le sonrió a Nikolay,  y él… él la miro,  cerró los ojos, y movió afirmativamente la cabeza…  entonces Natasha se dispuso a firmar, y fue ahí cuando Nikolay…  se le quedo mirando…
         ¿Qué había en los ojos de su marido?
         En ese momento, lo dejo pasar. Pero ahora, debía enfrentarlo…
         ¿Entonces, que decía esa mirada?
         ¡Oh Dios!  ¡No lo sabía! 
         Lena  no lo sabía,  porque antes nunca había visto esa mirada en sus ojos. Nunca. Nunca a ella la miro de esa manera.
         Un repentino vértigo le invadió el estómago.
         Tal vez  Nikolay  solo se comportaba como era, él era protector con la gente que lo necesitaba. Él era bondadoso…
         Si, debía ser eso… ¿pero si…?
         Lena considero la otra posibilidad, la que se negaba a admitir.
         Y por primera vez, desde que había saltado ese problema, tuvo miedo. Tuvo mucho miedo.
         ¿Y si él está enamorado de ella?
         ¿Si es eso lo que le estaba sucediendo a su esposo?
         Se llevó las manos temblorosas hacia su rostro, y tapándoselo, rompió en llanto.
         Lena lloro, lloro un largo rato…
         – ¡¿cómo pude estar tan ciega?! ¿Cómo no me di cuenta antes? –decía en voz alta.
         “Pero si es una niña. ¿Cómo es posible que una jovenzuela haya enamorado a su esposo?”
         “Porque él también es joven”… Le respondió cruelmente su razón.

         Elena Volkova se puso de pie de un salto, su estómago se retorcía,  sino lo controlaba terminaría vomitando… y además  su cabeza le comenzó a latir dolorosamente.
         Pero ahí, en medio de la suntuosidad de su hogar, ante la luz de su ciudad natal, en plena guerra mundial, con su cuerpo colapsando.  Adopto la firme decisión de no perderlo, de no permitir que ella se lo arrebate.  Nikolay era su esposo, y no dejaría que nadie se lo quite, había luchado demasiado por ese amor, para tolerar que eso suceda.
         Y sabía perfectamente que jamás volvería a encontrar otro hombre como él. Si había tenido la valentía para perdonar y soportar la infidelidad de Nikolay  entonces, la tendría para luchar por él.
         No era justo, que una simple relación sexual con una mujer más joven y exteriormente más bella, haya llegado hasta tanto.
         Lena se juró a sí misma, llegar hasta las últimas consecuencias.
          Nikolay  la dejaría para irse con Natasha Serkin, únicamente el día en que la nieve…sea negra.








         
Capítulo 5

Otoño de 1942.

         Ambas se miraban fijamente, sin moverse.
         La chica que tenía frente a ella,  vestida con ropa de miliciano, con el cabello muy corto y el rostro  derrotado,  no dijo nada,  no realizó ningún gesto, no movió un solo musculo de su cara,  ni siquiera pestaño. Tasha  pensó, que quizás, no la había reconocido, entonces  le sonrió, y se acercó aún más a ella,  pero tampoco obtuvo respuesta. Julya Serkin, su hermana mayor,  continuaba inmóvil e indiferente.
          A Natasha súbitamente la asalto un profundo e intenso  miedo. Evidentemente, no era lo que esperaba encontrarse. Ella había imaginado, equivocadamente, un encuentro diferente, cálido, afectuoso. Ya que hacia tanto tiempo que se habían visto por última vez, y tanto habían tenido que atravesar desde aquella ocasión...
          Erróneamente  confió  que sus hermanas seguirían siendo las mismas de siempre. Y aunque cabía la posibilidad que no fuera en reencuentro lleno de efusividad, en el fondo  había conservado la esperanza de que encontraría a las mismas personas de antaño.
         –… ¿Qué haces aquí? ¿Cómo hiciste para entrar a la ciudad…? –hablo al fin Julya, pero sin ninguna muestras de emoción, ni en su voz ni en su mirada.
         –¡Julya!... Hermana… –se ahogó en sus propios sentimientos– ¿Qué…cómo llegue?...vine por el camino de la vida… ¡qué alegría me da verte!
         Pero la chica, lejos de demostrar felicidad, solo asintió levemente y  con voz grave dijo:
         –Que locura la tuya… de regresar aquí,…las últimas  acciones  del  ejército finlandés y la de la Wehrmacht  han hecho que rebauticemos ese camino…. Como Camino de la Muerte.
         La voz de su hermana, era tan distante, tan fría… tan diferente de aquel sonido  dulce y suave que siempre la había caracterizado, que Tasha sintió una ligera alarma…   Percibiendo además en  esa voz y en sus palabras   cierta censura sobre  sus  actos.
         La verdad era que había realizado  una verdadera odisea para poder llegar a su ciudad natal. Al punto de arriesgar  su vida y su seguridad en esa empresa de rescate en la que se había lanzado. Nunca imagino que en vez de una bienvenida recibiría una fría reprobación por parte de Julya.
          El Camino de la Vida, como Tasha lo conocía, aunque su hermana y los leningrenses lo hubiesen rebautizado, era  la única ruta que existía para poder llegar  hacia la ciudad del Neva.  Claro que  estaba al tanto de lo que sucedía en esa única vía de comunicación, su primo Sergey,  quien era quien la acompaño para que cruzara, le había advertido en todo momento sobre el peligro que eso significaba,  porque el Lago  Ládoga  por esos días era el blanco de bombardeos constantes de la aviación alemana. Tasha había esperado más de un mes en la orilla opuesta a Leningrado, para poder atravesarlo, debió aguardar a que el sol del verano terminara de descongelar  por completo  la capa de hielo del  Ládoga y  poder cruzar en alguna barcaza.  Anteriormente, las aguas del lago, durante ese descomunal invierno,  se habían congelado de tal forma  que los soviéticos lo utilizaron como  una vía de acceso a la ciudad cercada,  aprovecharon esa carretera sobre hielo, fruto de la naturaleza, como camino alternativo  para poder llevarles a  la población toneladas de alimentos y al mismo tiempo evacuar personas, pero el  invierno ya había transcurrido y entonces  en esos días habían reemplazado a los camiones por barcazas. A finales de Septiembre el hielo del lago Ládoga era demasiado fino y no resistía el paso de los coches, sumado a  los bombardeos constantes de los alemanes, el camino se había vuelto caótico y temeroso. A pesar de todo, los camiones cargados de armas, proyectiles, municiones de guerra, pan y otras provisiones marchaban desde Moscú hacia Leningrado, Natasha había viajado en uno de ellos.  Los mismos vehículos volvían a la capital rusa con niños, soldados heridos, personas de edad  avanzada y los más debilitados por la inanición,  que eran evacuados  cruzando el lago en barcazas. Ella también  tenía planeado volver dentro de esas evacuaciones, pero con sus hermanas.
        
         –he venido a buscarlas, traigo conmigo salvoconductos para ustedes.
         La hermana  la miró con vacilación.
         – ¿cómo sabias que me encontrarías aquí…?
         –Sergey me dijo que ustedes trabajaban en la fábrica de armas… por eso he venido directamente hacia este lugar… me imagine que a esta hora estarían en sus labores.

         –Buena deducción, aunque me encuentras a cualquier hora en este lugar. ..Ya que durante un turno colaboro en la fabricación, y otro turno trabajo de centinela,  tú te imaginaras… debemos controlamos el área para que nadie pueda entrar – Julia había aflojado la tensión del principio, pero su voz  continuaba siendo apagada.
         –comprendo…
         –Como estoy entre 16 y 20 horas diarias aquí dentro, también me quedo a dormir en el taller, al lado de las calderas… no quiero regresar a casa… para evitar los bombardeos ¿me entiendes…?
         –Sí, si… claro, que lo entiendo...claro… –Musito apenas... Porque su mente le hacia otra pregunta... ¿Dónde estaba Nina? … ¿Por qué Julia  hablaba  en primera persona? ¿Porque no decía…”nosotras”?Tasha sentía que su corazón  latía muy fuerte,  un miedo aterrador le había invadido
         La hermana mayor apoyo su fusil sobre su pierna, y busco en su chaqueta…un cigarrillo, lo encendió, y exhalo muy despacio. Tasha estaba clavada ante ella, sin poder controlar sus pulsaciones.  Y para su sorpresa… ¿Julya fumando?  Nunca antes la había visto fumar, es más, su hermana odiaba el humo de los cigarrillos, como el alcohol, o cualquier otro vicio.


         –Julya… ¿Dónde está…Nina?... ¿Dónde está nuestra hermana? ¿ella... esta bien?
         La chica sonrió impávida, antes de contestar.
         –En casa…–y volvió a exhalar el humo del cigarrillo antes de decirle. – hace más de quince días, que no quiere levantarse.
         Natasha entonces respiro, y agradeció a Dios en silencio… “está viva”
         – ¿está ...sola…? ¿Qué le sucedió?...
        –Sola no está, la señora Smimova  la está cuidando, como puede,… porque ella tampoco  está bien de salud, la pobre ya perdió a su esposo he hijos en el invierno…
         Tasha apreciaba mucho a la familia Smimov, quienes compartían el apartamento con ellas desde hacía varios años, desde que Stalin había impuesto la reagrupación de familias debido al exceso de población en las ciudades soviéticas, producto de la inmigración de la gente del campo, ante esa crisis de viviendas el gobierno había ordenado que cualquier apartamento convencional con más de una habitación  se convirtiera en una “kommunalk, en un hogar compartido.  Por eso mismo, por haber convivido con ellos,  Tasha conocía muy bien a los Smimov y  le dolió enterarse  que habían muerto casi todos.
         –… pero  para que tenga fuerzas para atender a Nina –continuo hablando Julya–  yo debo llevarle parte de mi ración diaria.  Nuestra hermana ya  no se levanta, por eso  diariamente debo ceder casi por completo mis raciones, o tratar de conseguir algo extra para la señora Smimova… así tiene energías para levantar a Nina y llevarla al menos …hasta el baño –expreso con pena.
         –Dios... ¿pero que tiene?...Pobre Nina.
         – ¿pobre Nina?... ¡¿y yo, yo que?!… ¡le doy todo lo que puedo, pero ella egoístamente decidió un  día no ponerse más de pie, y no ingerir más bocado!…sin importarle nada. Todos sabemos que para sobrevivir hay que mantenerse en movimiento, “no a la cama, no a acostarse”…–de repente Julya quebró y comenzó a llorar – Perdón, ...soy muy injusta…tienes razón,  pobre Nina…estaba tan debilitada, que hizo bien en quedarse en cama, porque ella sabia muy bien que si se caía en la calle ...ya no podría levantarse.
         Tasha estaba impresionada, no podía reaccionar. Su hermana mayor, estaba tan cambiada,  la llevaba de un extremo a otra en sus emociones. Primero parecía distante, luego enojada, después indiferente, fría…y al final se quebraba y lloraba. Le resultaba imposible reconocer a   la serena y equilibrada Julya.
         Ambas guardaron silencio, luego del explosivo llanto.
         –tranquilízate Julia -hablo al fin Tasha-... comprendo  por lo que están pasando, ambas,… supongo que para ti es mucho más duro, no es justo que tú no te alimentes para cederles tu ración a ellas...
         Tasha no podía creer que el primer tema de conversación entre ellas seria sobre la…comida… ¿pero por qué no? Si al final esa gente, su gente, hacia casi cuatrocientos días que solo pensaban en cómo hacer para alimentarse para sobrevivir.
          Obviamente nadie podía no estar conmocionado, ningún ser humano podía acostumbrarse al… hambre.

         –Nina… tiene distrofia alimentaria en grado tres. –murmuro Julya. Mientras se limpiaba con el dorso de la mano las lágrimas y la nariz.
           -¡¿Qué...?!
         Tasha debió sostenerse contra una silla que se encontraba próxima a ella, luego de escuchar las palabras de Julya.
          Miro para todas partes, no quería estar ahí, no quería oír,  ni entender lo que su hermana dijo, sintió que en ese instante… le faltaba el aire, a pesar que estaban en un amplio y espacioso  recinto  de la fábrica,  donde un hombre que decía ser el encargado del lugar la había hecho entrar para que aguardara  su hermana.
         Debía haber un error. Nina no podia tener....  No, no podia ser posible, debia comprobarlo ella misma, cuanto antes...Tasha sabía perfectamente  a que se refería su hermana con  “distrofia alimentaria” de tercer grado, era un nuevo término usado por los médicos rusos para referirse a la inanición nutricional.  El proceso comenzaba  después de que se detiene el flujo de comida…. Entonces el organismo recurre a las reservas de combustible en el hígado y los tejidos grasos. Una vez que la grasa se ha ido, y la persona es un esqueleto de lo que él o ella fue alguna vez, el cuerpo busca proteínas y las encuentra en el tejido muscular…  Incluso el músculo del corazón se consume, dejando a la persona drenada y lánguida. …luego las  funciones vitales de apoco dejan de funcionar… el pulso, la presión arterial y la temperatura corporal caen precipitadamente. Los niños pequeños,  dejan completamente de crecer y quedan raquíticos eventualmente, y los adultos mueren…  No había  manera de dignificar la descripción de la muerte por inanición. No era ni rápida ni indolora… 

         –Su estado de salud requiere una urgente hospitalización, porque no la has llevado al hospital–hablo al fin Tasha, con resolución.
         –Ella no lo quiso, intente hacerlo, pero se  negó  rotundamente, argumentando que los hospitales de Leningrado ya estaban repletos, que prefería  estar en su hogar…
         –Llévame con ella, inmediatamente, me necesita...
         –ve tú, ya conoces el camino a casa… yo tengo que terminar mi ronda de vigilancia, sino no me darán mi ración.
         –Yo traje alimentos Julia, aquí en mi mochila tengo muchas conservas… mejor acompáñame a casa, no quiero perder estos paquetes en el camino.
         –Tashi, no te das cuenta, que debo cumplir con mis responsabilidades… crees que nosotros podemos darnos el lujo de abandonar nuestros puestos.
         Natasha la miro con  sincera admiración, quiso abrazarla en ese momento, pero tanto el cuerpo como la mirada y el proceder de Julia, lo impedían.
         –Te dejaré algo. –dijo, y busco entre sus conservas, carne enlatada.
         –Gracias –le dijo Julia al tomar la lata de comida. –La comeré ahora, para que no me pidan todas… las demás. Luego extrajo de su bota un pequeño cuchillo y con impresionante habilidad abrió la conserva.
         – ¿tienes algún arma contigo Tashi?

         Natasha negó con la cabeza.
         – ¿Sergey te ha enviado aquí sin ningún arma para defenderte? …Cómo es posible.
         –Quiso entregarme una, pero no la acepte pese a su insistencia…  no tengo ni idea como se usa, seguramente terminaría disparándome a mí misma, luego nuestro primo  dijo que tú me protegerías.
         – ¿Qué yo te protegería? Apenas puedo cuidar mis espaladas…– limpio el cuchillo en su pantalón– toma llevátelo , supongo que esto sabrás usar, en tu profesión abras utilizado un bisturí un montón de veces… Y hasta debes conocer muy bien donde se debe  cortar…certeramente, en el caso que te ataquen.
         Tasha se sobresaltó. Claro que sabía dónde dar certeros cortes para quitarle la vida a una persona, pero era algo que ella jamás haría.
         – Espero no tener que lastimar a nadie, Julia. – dijo con voz insegura, pensando si acaso su hermana ya lo habría hecho.
         –Cuando quieran arrebatarte tu mochila, para robarte… con la intención de primero,  violarte, y al final asesinarte… veremos qué haces. Hace mucho tiempo que por aquí no se ve a una chica como tú, con formas de mujer me refiero.
         Natasha se estremeció.
         –Si tú no puedes acompañarme, al menos puedes pedírselo a algún compañero, yo le daré algo de comida a cambio.
         Nina negó con la cabeza, comía rápidamente con los dedos, y haciendo ruido… estaba atorándose, como si alguien entraría en cualquier momento para quitárselo.
         –No… Tashi, no. –Dijo mientras se limpiaba la boca con su manga– nadie puede saber que tienes alimentos en tu bolso. ¿Entiendes? Nadie…
         –creí que las cosas estaban mejorando, que ya había más… alimentos para la población.
         –No, los productos que llegan a través del camino de la muerte no son suficiente para solventar las necesidades de todos los habitantes.
         –Pero al menos han detenido… un poco la hambruna –dijo Tasha con temor de pronunciar esa palabra.
         Julya se detuvo, dejo de comer, miro a su hermana como si viera una extraña… luego  bajo la cabeza y continuo devorando la comida, mientras decía:
         –Algo la hemos detenido, algo… pero hay mucho hambre acumulado, y pocos alimentos…. Que el lago se congelara en invierno y pudieran enviarnos productos alimenticios, fue una esperanza para nosotros … Recuerdo que festejamos como locos,  cuando nos enteramos que  el cerco de Hitler no se  cerró por completo… pero fue entonces cuando sus malditos aviones comenzaron a bombardear  todo el tiempo ese lugar.
         Julya volvió a detenerse. Se limpió nuevamente la boca con la manga y con voz tranquila le relato:
         – sacábamos agua a través de los agujeros que producían las bombas y luego vertíamos sobre las huellas del camino para que se congelaran y se volviera  a formar el hielo. El trabajo era duro e incesante. Se armaron tiendas de campaña para colaborar en la mantención del camino… Nina se trasladó hacia allí, hacían guardia noche y día… Pero los bombardeos eran constantes, y el hielo se rompía una y otra vez,…entonces los camiones con alimentos iban directamente al fondo del lago. – con la voz aún  más  pausada agrego: –… Un día un camión cargado con esquíes se hundió  por uno de esos huecos…y ninguno de sus tripulantes pudo salvarse, a pesar que siempre cruzaban con las puertas abiertas para eventuales emergencias y de esa forma saltar… ¿Sabes quién era el chofer de ese camión?...Jurg… imagínate lo que fue para Nina, verlo desaparecer bajo el lago sin poder hacer nada. Fue atroz…ella nunca pudo recuperarse de aquello. Ese hecho sumado a la poca alimentación la llevó a bajar los brazos.
         Tasha parpadeo para no llorar, Jurg era el novio de Nina de  toda su vida,  desde siempre, no era un amor que comenzó  a los quince o dieciséis años, como solía ocurrir entre los amigos del lugar donde ellas vivían, no, lo de ellos había nacido  cuando ambos eran niños.  Jurg era hijo de un trabajador de una  fábrica y una mujer de la limpieza, que vivían en el piso superior al de ellas,  cuando Sergey iba a visitarlas en vacaciones, su primo jugaba con Jurg,  era el mejor amigo de él en Leningrado. Por eso se conocieron con Nina y desde entonces nunca se separaron. Sólo tenían seis añitos y  ya jugaban a ser novios…
         –Pobre Jurg...
         –Fue muy duro,  los padres de él habían muerto un mes antes, y Nina se había mudado a su casa, estaban más unidos que nunca a pesar de todo lo que  sucedía a su alrededor,  por aquellos días ambos trabajaban en el lago Ládoga,  para poder vencer la hambruna  que nos castigaba sin piedad.
         –Nada de esto debería haber sucedido, nuestra madre, nuestros amigos… tantas víctimas se ha cobrado este…asedio, esta guerra.
         –Leningrado ya conocía la guerra Tashi, un año atrás antes que Hitler nos cercara,  ya habíamos enterrado miles de nuestros soldados en la guerra contra Finlandia,  nosotros sabíamos que nuestro ejército rojo no era tan fuerte como el mundo lo cree, estábamos listos para pelear para defendernos, para unir fuerzas y  luchar…  pero nunca imaginamos lo que nos tenían destinado. Hitler sabía que nos defenderíamos hasta la muerte, percibió el peligro... Por eso detuvo el asalto a la ciudad, y decidió cercarnos y dejar que durante el invierno todos los habitantes y el ejército muriéramos por inanición.
         – ¡Maldito psicópata! ¡Ojala muera como una rata…!
         –hasta las rata se merecen una mejor muerte que él, Tashi.
         –Saldremos de esta, lo sé, saldremos… hay que confiar en Dios, en nuestro ejército, y en nosotros mismos. En Moscú estábamos rodeados enteramente por el enemigo,  nos bombardeaban todos los días, incluso llegaron a atacaron al Kremlin… Ya habíamos perdido nuestras esperanzas, y cuando creímos que los nazi estaban  a punto de ganar la apuesta,  los hechos se torcieron y    finalmente vencimos.
         –Es cierto… Nosotros mismo enviábamos armas a Moscú, todos los habitantes de esta ciudad queríamos ayudar en la lucha contra los hitlerianos,  sabíamos que si caía Moscú, donde residía nuestro generalismo, estábamos perdidos…hasta  llegamos a enviar todos nuestros equipos y materiales necesarios para nuestra propia defensa.
         –Demasiados sacrificios de nuestro pueblo… pero no queda otra  es nuestra libertad la que está en juego.
         – ¿Libertad?...La guerra contra Rusia es una guerra de exterminio, muy diferente de las guerras convencionales, los alemanes quieren exterminar a toda la población bajo cualquier método,  desde el hambre al fusilamiento,  nuestro territorio vacío es el sueño de estos colonizadores…
         –hay que resistir.
         –Tashi, no tendrías que haber regresado. ¿Por qué has cometido semejante locura, hermanita?
         Natasha reconoció en esos cortos segundos  a su querida Julia, al fin afloraba detrás de ese hosco y huraño semblante.
         –No podía dejarlas aquí solas… traje salvoconductos para regresar a Moscú.
         –Yo no los necesito,  no intente irme antes, menos lo haré ahora,… dentro de todo,  las cosas están mejor.
         –Pero me acabas de decir que aun pasan hambre... –iba a agregar que ella podía notar  lo famélica que estaba, pero decidido callar para no incomodarla.
         –Tashi, nuestras raciones algo han aumentado, y además durante la  primavera hemos comenzado con las siembras para abastecernos nosotros mismos,  las autoridades nos han concedido parcelas de tierras y semillas.  A los que vivimos en el centro de la ciudad nos han otorgado una porción de tierra del jardín principal, al lado de la catedral de San Isaac… dentro de poco, antes que comience el invierno, cosecharemos, y resolveremos parcialmente nuestros problemas alimentarios.

         Natasha, por primera vez la escucho hablar con algo de confianza.
         Golpearon la puerta con fuerza, y le gritaron a través de esta  a Julya,  que se apresurara.

         –Luego hablaremos de todo esto. Ahora dime Julya, ¿no hay ninguno de nuestros amigos, algún conocido que me acompañe hasta nuestra calle?.. La verdad es que me has atemorizado.
         –Nadie es seguro aquí Tashi, no debes confiar en nadie, ya no queda nada de esas personas que considerábamos amigos. ¿Recuerdas a Marko, nuestro vecino que vivía en el décimo?
         –Sí, lo recuerdo…  cuando bebía de más, debíamos ayudarlo nosotras a subir los diez pisos, porque su esposa e hijos ni se molestaban en socorrerlo...
         –Si ese, el bueno de Marko, que más que beber no hacía daño a nadie… –y mirándola nuevamente con hermetismo,  expreso: –Él también estaba trabajando en esta fábrica.   Un día llegó con la mirada perdida, se sentó en un rincón de la sala de máquina y no quiso trabajar… Nuestro capataz le dijo que regresara a su casa y que volviera al otro día, todos los demás obreros  estábamos de acuerdo, puesto que se lo veía totalmente abatido,  en aquellos  días el frío y el hambre estaban deteriorando y destruyendo a muchos de nuestros compañeros. Pero Marko contestó “que no podía volver a su casa, porque estaba ardiendo bajo las llamas del infierno”,  no entendíamos que quería decir, pensábamos que había perdido la razón, porque no paraba de decir que “ardía en el infierno” “que se consumiría en las llamas” y otras frases semejantes… Luego de  farfullar  incoherencias por largo rato, y sin querer hacerle caso al capataz que le pedía que se fuera a su casa  y dejara  de interrumpir a los demás, Marko  nos miró a todos atentamente  y nos dijo “Si, … es como ustedes están pensando, yo he perdido la razón,  he enloquecido”… y entonces nos contó lo que había hecho.
         – ¿Qué… fue lo que hizo?–pregunto Tasha, pero sin querer saberlo.
         –Marko nos dijo que se había vuelto loco de hambre… Que el día anterior, ya no pudo aguantar más… llego a su piso, golpeo la puerta de su vecina, una chica que estaba viviendo sola, porque sus padres habían fallecido…
         – ¿Qué vecina,…  Sanya?– no podía ser otra, en el edificio había dos apartamentos por piso, Tasha conocía a la mayoría.
         –Sí, ella misma, Sanya –le confirmo Julya con pesar–. … Marko…  la mato….   Ese día  él estaba solo,  sus hijos estaban en la casa de sus abuelos, desde que había fallecido hacia poco tiempo su esposa,    los niños permanecían mientras él trabajaba con sus suegros…. Aquel día  Marko mato a la chica, luego corto parte de su cuerpo he hizo un caldo con su carne, cuando sus hijos regresaron esa noche, les ordeno que fueran a la mesa... y  cenaron… la sopa que él les había preparado.
         – ¡Dios mío!! ¡Qué horror! –Tasha se agarró el estomago
         –Ese mismo día  fusilamos  a Marko,  en el patio que tenemos detrás de la fábrica.

         La respiración de Tasha era ruidosa y agitada… Aunque ella estaba enterada,  por medio del informe que su primo le había enseñado hacia un tiempo atrás,  sobre esos repulsivos casos de antropofagia,  saber que gente conocida  había sido capaz de semejante salvajismo no solo resultaba  perturbador, sino que era espeluznante.
         –Ahora entiendes por qué no podemos confiar en nadie. Aquí debemos sobrevivir solas. Te repito Tashi… jamás tendrías que haber venido a Leningrado.


         Al cabo de una hora, Tasha se dirigía a pie  hacia donde ella había vivido toda la vida hasta haber cumplido los diecisiete años.  Finalmente debió aventurarse sola a cruzar la ciudad.  Siete kilómetros era la distancia que  existía entre la fábrica y el hogar de los Serkin,  y debió afrontarlos sola,  sin nadie que la acompañara ni la protegiera. Solo se  encomendó a Dios, y al cuchillo que  llevaba entre sus mano, al que presionaba con fuerzas en el bolsillo de su abrigo.

         En mitad del trayecto, comenzaron sonar las sirenas que anunciaban bombardeos, por lo que debió buscar un refugio debajo de una escalera y esperar a que finalizara el ataque.  Tasha calculó,  por la lejanía en que retumbaban los estruendos, que los alemanes bombardeaban el Lago Lugano una vez más,  el ruido, como siempre,  era aterrador, pero no era algo que la paralizara, ya había soportado lo mismo durante meses en Moscú… Lo que realmente le había impresionado fueron las palabras del vocero que sonaban  por los altoparlantes,   no resultaban un simple anuncio de  “ataque aéreo inminente”, como había oído tantas veces.  No, esas no eran frases para alertar a la población, eran exigencias, eran órdenes dadas a los gritos.
         –“¡Atención! ¡La defensa aérea de Leningrado anuncia alerta en el aire! ¡Diríjanse de inmediato al refugio antiaéreo!  ¡De inmediato!
         Los rugidos  por los altavoces eran demasiados duros y severos.
         Natasha miro para las calles, y vio que las personas, lejos de atemorizarse y correr a resguardarse, caminaban  lenta y tranquilamente.
         Entonces la voz del vocero, volvía a sonar más potente y rígida. Ahora ella entendía a que se debía esa severidad, aparentemente la gente no le prestaba atención.

         A lo lejos ella pudo ver, siniestras columnas de humo…Natasha ante los gritos en el altavoz, los ruidos de los bombardeos y esas imagines de humo negro… tuvo un tenebrosa premonición…. Y por primera vez desde que se le había ocurrido la firme e inflexible idea de ir a rescatar a sus hermanas, la invadió la duda y la desazón…  Tal vez, se había expuesto demasiado en ese viaje, tal vez debió haber previsto con mayor cautela sus pasos. Ahora temía que el  haber dejado a su bebe de apenas nueve meses bajo el cuidado de la tía Alina, podría llegar a ser…  un imperdonable y grave  error.
         Así permaneció Natasha,  bajo el ruido del bombardeo y las sirenas…, temblando de miedo, y con un extraño y fuerte presentimiento en su interior.
         –“Debo ser fuerte…no temer a nada” " estoy aqui...por que mis hermanas me necesita, Nina me necesita" “Una bomba fascista mato a mi madre,  no puedo permitir que lo mismo me ocurra a mí” “No voy a permitirlo, ni por mi hija ni por mi familia”
         Y emprendió el camino hacia la avenida Detskoselsk, sin detenerse, sin mirar a los demás, sin soltar su cuchillo… solo corrió y corrió sin parar hasta llegar al frente del edificio donde estaba su hogar natal…
         Miro hacia tercer piso, hacia las dos ventanas que les correspondían a ellas, del apartamento número dos.
         “Al fin había llegado” “al fin estaba en Leningrado,  nuevamente en el hogar de su madre y sus hermanas, en su antiguo domicilio”
         Subió esos tres altos pisos casi sin fuerzas, entro al apartamento número dos, sin llamar… la puerta estaba sin cerrojo.

         Si Natasha creyó, que por su profesión, ella  estaba preparada para lo que encontró cuando llego a la recamara donde estaba su hermana Nina, volvió a desacertar como lo venía haciendo desde el mismo momento en que puso un pie fuera de Moscú.
         Nina Serkin, ya no era la hermana que conocía. Nina Serkin, no poseía ningún rastro de lo que alguna vez fue.
         Su cabello ya no era rubio platino como el de Tasha, ambas hermanas siempre se caracterizaron  por compartir el mismo color de cabello, ahora era un manto  opaco, gris y sin vida,  sus ojos celestes, también eran grises y huecos,  su boca, nariz y pómulos… prácticamente habían desaparecido, se habían consumido en una máscara de piel marchita.
         Tasha con las puntas de sus dedos, le acaricio suavemente  la mano. Permanecía de pie  al costado de su lecho, mirándola, sin poder emitir ninguna palabra, no poseía sonido en su garganta, solo angustia, desconsuelo y un indescriptible pesar... no podía creer que ese cuerpo perteneciera a su preciosa hermana…

         …fue Nina quien  habló:
         – ¿Tashi?..¿Tashi eres tú…?
         Las lágrimas de Natasha corrían sin cesar,  mojando sus mejillas, su nariz, sus labios… Comenzó a hipar en silencio, sentía como su pecho se desgarraba ante ese pequeño bulto que tenía ante ella, que emitía la voz de…Nina.
         – ¿Tashi…?–gimió su hermana
         –Si  Nina… soy yo Tashi. –pudo responder con un hilo de voz.
         – ¡Oh!  Dios… al fin volviste.  Te espere tanto… hermanita… ¿mamá vino contigo?
         Natasha cerró los ojos, sentía que se rasgaba por dentro,… moriría de dolor.
         –Si Nina… mamá vino conmigo. Pronto estará a tu lado.
         Nina asintió
         –Tashi, tengo frio…
         A pesar de que en ese otoño los días ya resultaban  ser mucho más fríos, ese día la temperatura era cálida y suave… Le tomo la mano y noto que su hermana estaba helada.
         –Mi pies están muy fríos Tashi– musito su hermana.
         Tasha busco rápidamente  entre sus pertenencias medias de lana  y las puso en los raquíticos pies a Nina, busco mantas y las extendió por encima del  lecho, y luego se metió en la cama con ella.
         Debieron pasar varias horas, para que su hermana recuperara el calor corporal de su cuerpo. Tasha se había quedado dormida, el cansancio del viaje y la caminata le habían vencido. Cuando de repente escucho que alguien entraba… Era Julya.
         Ella se levantó con cuidado, para no despertar a Nina y fue a donde su hermana.
         –Hay toque de queda,… ya no podré  regresar a la fábrica…quería saber si habías llegado bien. ..¿Cómo esta Nina?
         –Está  mal. … mejor que ya no puedas regresar a la fábrica, porque hoy deberás estar aquí hermana. –Y tragando saliva para aclarar su voz dijo– debes…despedirla, no estoy segura  si sobrevivirá ni una noche más...
         – ¿No puedes hacer nada por ella Tashi?
         –Ya no… Tal vez debería haber regresado antes, debería haber intentado llegar durante el verano, ahora ya es tarde…. O quizás nunca debí alejarme  de Leningrado, ni de ustedes…
         –No te culpes Tashi…  ¿Acaso no te has dado cuenta, que ni siquiera ahora deberías estar aquí? Si no pudo lograrlo Nina, menos hubieses podido tú. Nosotras estamos enroladas en las milicias desde un primer momento,  no creo que tú lo habrías hecho, no eres como Nina o yo…   Sé que te dedicas a salvar personas, y nunca te atreverías a dispararle a nadie…
         –Por mi familia lo haría.
         –… de todas maneras no vamos a comprobarlo. Debes regresar a Moscú… antes que comience el asalto final, aquí solo sabemos que sobreviviremos todos  o morimos todos, pero nunca nos entregaremos a ellos. El destino y la suerte son los  que decidirán nuestro futuro… Estamos resignados, porque despues de todo lo vivido…nuestras esperanzas… están quebradas.
         –… cuando la esperanza se quiebra es el momento de la fe.
         – ¿Y es posible tener fe, después de todo lo que hemos pasado? ¿Puedo tener fe cuando a unos metros mi hermana está muriendo… por desnutrición?  Porque durante  meses se  alimentó, primero, con dos rebanadas de pan por día, y luego con una sola rebanada de ciento veinticinco gramos de un pan hecho con celulosa de madera y algún desperdicio… Su delicado cuerpo no lo tolero…–y con un temblor en la voz dijo–    un día la encontré bebiendo un té… hecho con la tierra que recogió de los almacenes Badayev,  porque según ella, cuando los alemanes destruyeron esos almacenes habían hecho desparramar el azúcar en esas tierras…, te de tierra dulce, eso estaba bebiendo… ¿dime Tashi,  crees…que yo puedo tener fe?
         Natasha no pudo responderle, le hubiese gustado consolarla, y decirle que ya no habría más muertes, ni llantos, ni dolor, ni lamentos… pero no pudo, porque afuera la guerra continuaba.
         –Julya  lo que ha sucedido  nos marcara para siempre,  será un hueco en el corazón,…una herida abierta que llevaremos siempre.  Pero debemos acostumbrarnos a vivir con eso. Aunque yo deseo lo mismo que tú, quedarme y luchar por Leningrado, no puedo hacerlo,  debo volver, y quiero que tú lo hagas conmigo…–y buscándole la mirada le pregunto. – ¿lo harás?...porque tenemos apenas algunas semanas antes que el  lago comience a congelarse nuevamente,   y si eso sucede deberemos esperar dos meses, para que ese hielo sea lo suficientemente fuerte y los vehículos pueden atravesarlo… ¿entiendes? Hay que partir cuanto antes en las barcazas, si el frío empieza a formar las capas de hielo,  las barcas tampoco podrán atravesar el lago,… quedaremos varadas.
         –Yo no me iré. No huiré
         –Yo tampoco huiré… solo regresaré  hacia donde me está esperando alguien que me necesita, que nos necesita a ambas, a ti y a mi… –Y tomo aire antes de decirlo–   Mi…hija., mi pequeña bebe nos está esperando.    
         Julya pasó de la amargura al estupor.
         – ¡¿Qué?!... ¿Qué has dicho, Tashi?  ¿Una hija…?
         –Si  July,…una hija, yo tengo una bebe de nueve meses de edad… Y   tú ahora tienes una pequeña y bella sobrina con los ojos de su tía Nina, celestes como el Río Neva.
         – ¡Dios mío, Tashi! Eso sí que no me lo esperaba… ¿soy tía? Tengo una sobrina de mi hermanita menor. Oh Tashi! ¿Cómo ha sucedido? ¿Cómo es posible…que nosotras tu familia no estuviésemos enterada? Cuéntame.
         –…yo también…quiero… saberlo... –se escuchó la vocecilla de Nina lejos de ellas.
         Tasha y Julya corrieron a su lado.

         La noche las encontró a las tres dentro de la cama.
         Natasha les había hablado de Anya y de su padre. Les había descripto con dulces palabras el amor que ella le tenía a Nikolay Volkov…Les contó las circunstancias en que lo conoció, y todo lo que sucedió después, les refirió  todo, sin omitir ningún detalle, ella se abrió ante sus hermanas con toda la verdad…
         – ¿Tu sabes que él nunca será para ti, verdad?.. Aunque logre sobrevivir, aunque tú digas que le perteneces con cuerpo y alma. Aunque afirmes que tu corazón es y será siempre de él… ese hombre es casado.
         –Lo sé, pero lo mismo lo amo… aunque el nunca este conmigo como yo quisiera, me bastará saber que existe y está próximo a mí y a nuestra hija…
         – ¿Aunque él quiera y viva con otra mujer?
         –Si, a pesar de eso… yo me conformaré con saber que él es feliz.
         – ¿Y tu vida? ¿Tus sueños? ¿Tu futuro?... acaso piensas vivir  la sombra de ese hombre.
         –No, con él no hay sombras…No, nunca, nunca podría haber sombras…no sé cómo explicártelo –hablo Tasha con incontrolable pasión–  solo lo comprenderías si  lo conocieras,  porque cuando Nikolay te  mira, cuando él te sonríe… cuando él te  habla,…sientes que la vida se te ilumina. No importa cual profunda es su mirada, ni cuán larga  su sonrisa, ni cuantas palabras  diga… él simplemente en un instante te llena de luz...
         –wau, estas enamorada… no tengo dudas. –dijo Julya con resignación

         –Si ese hombre es… apenas…la cuarta parte…de lo que me has hecho imaginar… Tashi – hablo Nina con voz ronca y agitada– su esposa… aunque él se decida por ti, nunca te lo cederá
         –No claro que no, nunca lo hará. Nunca me lo cederá, pero si yo sé que él me ama  a mí, entonces…  se lo arrebataré.
         – ¡Tasha! No hables así. –la reprendió Julya
         Nina sonrió, extendió su pequeña y frágil mano y la apoyo sobre la de Tashi, moviendo su cabeza, en modo de aprobación… lo que dijo:
         –pelea por…él, hazlo… por ti… y por  Anya
         –Lo haré–le respondió Tasha, pasándole la mano por su frente.–Gracias…
         Pero Julya, tan Julya como siempre, espetó;
         –Lo más seguro es que él nunca vuelva a verte ni a ti ni a tu hija
         –Julia... –se quejó Nina
         –Es la verdad, ella habla con demasiada confianza, con muchas expectativas. Alguien debe hacerle entender lo que está sucediendo con  nuestro ejército en los enfrentamientos. –Y mirándola a Tasha a los ojos le dijo– Tashi te lo digo por tu bien…es preferible que no te hagas ilusiones,…para que luego no te mate la decepción
         –July...yo estoy segura que todo va a salir bien. Y te equivocas al respecto de que yo no sé lo que sucede con nuestros soldados, claro que lo sé, tal vez yo no haya pasado lo que ustedes… pero en Moscú hace unos meses no fue nada fácil, no fue nada liviano. Yo misma he debido paliar el sufrimiento de la población  tanto física como psicológicamente,…sé muy bien lo que es la guerra.
         Se miraron midiéndose con los ojos. Y no agregaron nada más.
         Luego ambas observaron  a Nina, que…volvía a dormitarse entre ellas.

         –Le preparare un caldo, será lo único que podrá ingerir. –Dijo Tasha mientras se ponía de pie. – Ah… la señora Smimova no estaba cuando llegue, y no apareció en todo el día.
         –qué extraño… iré a preguntar por ella, seguro está en el quinto con su amiga la pianista, le encanta escucharla… –dijo Julya, mientras salía de la cama y buscaba su fusil.
         Tasha se levantó de hombros, ella no había escuchado sonar el piano en todo el día, es más, el edificio estuvo todo el tiempo envuelto  en un inquietante silencio
         –Yo prepararé algo para cenar, tráela así se alimenta.

         Luego de una hora, Julya regresó, pero sin la mujer que fue  a buscar. Natasha en tanto le había dado pequeños sorbos de caldo  a Nina, pero de inmediato lo devolvió. ..El estómago de su hermana estaba completamente cerrado. Tasha  sabía, con gran pesar y dolor,  que su hermana ya no tenía ninguna esperanza, esos pequeños momento de lucidez que Nina había sacado a relucir un rato antes,  no eran otra cosa, que lo que en términos médicos ella conocía  como… la   mejoría de la… muerte,…algo así como una falsa recuperación que se produce poco tiempo antes de que una persona moribunda…fallezca. Solía ser  muy engañosa y en muchos casos desconcertaba  a los allegados de esas personas o incluso a quienes la atienden… Pero a Tasha no la podían confundir, ella ya conocía demasiado de todo aquello.

         –No está por ningún lado, y nadie la ha visto desde ayer. No puedo adentrarme demasiado en las calles, por el toque de queda. –Dijo Julya al entrar– ¿qué sucede? acaso... ¿le ocurrió algo a Nina?
         –No, no… no le ha ocurrido nada. Tranquilízate –iba a decirle, que por el momento no, pero que pronto ocurriría, pero no tuvo el valor– Julya, te deje algo de comida en la mesa… ve a alimentarte. Yo cuidaré a Nina.
         –traje un poco de querosén, encenderé la estufa, para que ella este mejor… y encenderé otro farol, pero no tengo apetito… tal vez coma algo más tarde.

        
         Esa noche seria larga, Natasha conocía de eso, y en el fondo aun no podía aceptar, que esa vez le tocaba a ella ser parte de esos momentos.
         Se envolvió con una frazada y se sentó cerca de la estufa, al lado del lecho de Nina. No quería recostarse a su lado para no correr el riesgo de quedarse dormida, debía velar el sueño de su hermana.
         Julia se sentó a su lado también con una frazada a sus espaldas, y tenía una fotografía en la mano
         –Mira esta foto, se la tomo Jurg cuando recién comenzó el asedio, cuando aún no teníamos idea de lo que nos esperaba, mira que bella que estaba, aun con ropa miliciana  y su cara sucia… Era  hermosa, era… tan  bella -la fotografia que tenia entre sus manos Julya,  mostraba a una Nina vestida de miliciana con su cabello recogido en  dos largas trenzas, casco de combate,  con manchas de tiner en su carita ... y con ojos... conmovedores.                                                                                                                -No puede haber llegado a esto...–se lamentaba Julya  mientras miraba a ese pequeño despojo que era  ahora el cuerpo de su hermana–  Pensé que Nina resistiría, que podría sobrevivir… pero no quiere hacerlo, ella está perdida sin él. Quiere ir en su busca. ¿Eso es el amor…? ¿Querer morir por alguien, sin importarle los demás?
         Natasha no pudo responderle. Porque ella no quería ni imaginarse lo que sentiría si viera con sus propios ojos morir a Nikolay, como le sucedió a Nina, que debió presenciar la muerte de su querido Jurg.
         –Son demasiadas cosas juntas, tiene que haber sido muy duro para ella levantarse cada día y enfrentarlo sin él,.. Preguntándose ¿Por qué? ¿Si hasta hacia poco habían estado siempre juntos? … esa perdida y tener que  enfrentar esta  guerra, la superaron. –y sacando su mano de debajo de la brazada  tomo la de Julya–… Ella quedo sola sin él, desgarradoramente sola, sin encontrarle sentido a la vida, además ya no estaba mamá para que la guiara en su duelo… Y nosotras, sus hermanas, nunca hubiésemos podido ayudarla, si apenas estamos sobreviviendo…

         – Y ahora  nos quedaremos aquí, en este mundo, cargando con una dolorosa cruz, cuyas esquinas apuntan hacia los cuatro puntos cardinales buscando a aquellos a quien tanto hemos amado y que ya no están…–agrego Julya… entre lágrimas.
         Tasha pensó que su hermana mayor, se debería sentir realmente sola. Ella al fin de cuentas tenia de quien aferrarse,  tenía a su hija, y a Nikolay… ¿Pero y Julya? ¿A quién tenía Julya?
         –… prométeme que sobrevivirás, promételo mi pequeña Tashi, no soportaría quedarme sola en esta vida…– dijo Julya  como si hubiese adivinado sus pensamientos.
         –Si,...Te lo prometo. –contesto Tasha y se respondió en silencio “Julya me tiene a mi”
         –Debes regresar a Moscú lo antes posible, mi sobrinita debe estar con su madre.
         – ¿y tú? ¿Tu vendrás conmigo?–pregunto Tasha con ansiedad.
         – No... el bloqueo terminará en algún momento, pero  si comenzamos a escapar de aquí ¡entonces al final los nazi ganaran! mataran a los que queden y ¡Leningrado caerá! después de lo que hemos pasado, después de haber enterrado a todos nuestros seres querido. ¡no podemos ceder y bajar los brazos! –y Julia después de esa efusividad comenzó a toser, a toser sin parar.
         Natasha rápidamente busco un vaso de agua y le alcanzó a su hermana mayor.
         – ¿y esa tos? ¿Desde cuándo la tienes? –pregunto con temor
         –No es nada.
         – ¿Te duele el pecho?–la interrogo  mientras le tocaba la frente para ver si tenía fiebre– ¿has tenido calentura o sudoración nocturna? ¿O escalofríos? –no le preguntaría si había perdido peso, o si estaba debilitada o cansada. No hacía falta. Porque esos síntomas, en este caso,  no necesariamente eran de… lo que ella temía.
         –A veces
         Natasha cerró los ojos antes de preguntar:
         –Acaso… ¿la tos suele ser con flema… o sangre?
         Julya la miro de inmediato a los ojos.
         –No, nunca.  ¡No estoy enferma! Se a lo que te refieres, pero yo no tengo esa enfermedad.
         La tuberculosis era otro flagelo de la guerra que golpeaba incesantemente a la población, debido a su alto grado de contagio.
         –No todas las personas infectadas, están enfermas, puede ser una infección latente... Por eso no tienes  síntomas… y  tampoco podrías transmitir las bacterias de la enfermedad a otras personas… Sin embargo, si no se te trata  más adelante la enfermedad puede llegar a mutar y transformarse… Mañana iremos al hospital.
         –No, no puedo, no tengo tiempo para eso.
         –Julya, debes hacerlo ¿sería justo que después de resistir tanto, termines muriendo por una enfermedad, simplemente por comportarte neciamente?
         Las dos quedaran un mutismo total por un largo rato.
         –Está bien, mañana iré.
         –Yo te acompañaré.
         –No, tú debes cuidara a…Nina.

         Natasha asintió sin agregar nada.

         La madrugada las encontró a las dos hermanas sentadas en el piso, envueltas con las frazadas y con sus cabezas apoyadas en el lecho de Nina, dormían en un sueño liviano e inquieto… Cuando Nina  comenzó a balbucear, las dos se incorporaron rápidamente. Tasha le tomo las pulsaciones.

         –Tiene fiebre, está hirviendo
         – ¿traigo agua y paños para realizarles compresas?
         –No, no…no.. te vayas ...July…–susurro sin fuerzas Nina.
         –pero…
         –Julya, ven, quédate a su lado. Tómale la mano. –le dijo Tasha con voz serena y firme.
         Julya  temblando de miedo, camino alrededor de la cama, y tomo asiento al lado de Nina.
         La postal era insoportable para los ojos humanos, era una noche cerrada, el apartamento apenas estaba alumbrado por dos tenues   faroles, y las tres hermanas  acurrucadas en el  lecho de muerte…  de una de ellas... de Nina Serkin. De la bella hermana de tan solo veinticuatro años de edad,  la que se encontraba en ese instante en el medio de la cama, y la que durante toda la vida   estuvo entre las otras dos,..  Tal vez por ese motivo, por ser la hermana del medio,  siempre fue la más independiente de las tres, el tener   menos atención de su madre, menos sobreprotección y  menos presión, hizo que Nina creciera libremente,  convirtiéndose en una mujer  autosuficiente, y con gran poder de decisión. Por eso mismo  Julya, no podían aceptar que su valiente y fuerte hermana finalmente se haya dejado vencer….
         Nina volvió a dormirse… con sus manos tomadas a las de sus hermanas.

         –Tashi… ¿y si la llevamos al hospital? Tal vez puedan hacer algo… –hablo en voz apenas audible Julya.

         La profesión de Natasha , fue la que hablo por ella.
         –No esta sufriendo en este momento,  ya no siente dolor. En el hospital solo le darán un calmante, y ella ya no despertará….Ahora simplemente debemos estar aquí, a su lado, dándole amor, tranquilidad, y valor para  partir.
          –No, no quiero que se vaya, no quiero…
        –Ella… ya encontró la paz.– y buscando consolar a su hermana mayor dijo– En mi trabajo en el la sala  de casos extremos y terminales, mi principal labor es la de ofrecerles a los pacientes  cuidados paliativos, tratando de mitigar y suavizar sus dolores– y con la vista perdida y hablando lo más bajo posible confeso–  a la mayoría , debido a la gravedad de su estado, no los he podido curar,… solo he tratado de atenuarles el sufrimiento antes de partir de este mundo…  he tratado de estar con ellos durante sus últimos momentos… Y he visto que cuando las personas enfrentan su propia mortalidad…cuando tienen tiempo de pensar en ello, como es el caso de Nina, experimentan un montón de emociones, como es de esperarse,… negación, miedo,  enojo, remordimiento, más negación y finalmente la aceptación…  Sin embargo Nina…solo emana paz y tranquilidad...¿entiendes?... nuestra hermana desea partir.

         Y de repente  a ella también le comenzaron a correr lagrimas por sus mejillas, Tasha  al igual que otro ser humano que esta por perder a un ser querido también necesitaba consuelo, ella también sufría por su hermana, una mujer joven que  no había cumplido aún ninguno de sus sueños y tenía que morir sabiendo que era por  elecciones que  ella no había hecho, que hicieron otros…  A Nina Serkin le arrebataron  su  juventud, su anhelo de formar una familia, de  tener  hijos con el hombre que siempre había amado. ….


         –Jul, July...Tashi…–gimió  Nina, abriendo muy fuerte los ojos.

         –Aquí estoy querida… estoy a tu lado –le contestó Julya desesperada.

         –tengo frío… tengo frío.

         Julya se puso de pie y salió a buscar la frazada que ellas habían utilizado un rato antes. La cubrió con ellas… con manos temblorosas.

         –ya está, ahora estarás mejor… te preparare un té caliente… ¿si ...Nina? ¿Quieres que te prepare un té caliente y dulce?... Natasha nos trajo azúcar, le pondré tres cucharadas… o cuatro, o cinco…  lo preparare bien dulce... ¿Nina? ¿Me escuchas…Nina? –Julia hablaba con la voz quebrada por el llanto.

         –… mucha… azúcar…–el sonido de la voz de Nina, era solo un susurro.

         Natasha se acercó y le acaricio la cara suavemente.

            -Tashi... tengo...miedo..
          –Nina,…cariño…míramemírame a los ojos....no tengas miedo, no temas,  mamá es quién te espera. –y con todo el dolor del mundo lo dijo: – … Ve Nina, ve hacia ella… Mamá y Jurg te esperan....

         –Si…si…  quiero verlos, …quiero ir.- decía Nina, apretándole con fuerza la mano a Natasha.

         –Ve Nina… ve hacia ellos –repitió Natasha, con el alma rota.

         Julya en ese momento estaba contra la pared abrazada así misma, entregada en un llanto tan silencioso como desgarrador, mordiéndose  desesperadamente el puño de la mano para no… gritar 


         Nina Serkin a las cinco de la madrugada, antes del amanecer, en el momento más oscuro de la noche,  se fue de ese mundo, dejando a sus hermanas solas entre las garras de la guerra. 











Capítulo 6





         La mañana de ese 19 de Septiembre encontró a Julya y a Natasha, desoladas, devastadas y desechas.  Aun les quedaba la parte más dura de todo aquello, la sepultura del cuerpo de su hermana.
         Julya le había explicado que debían ir a buscar un camión que estaba a disposición para ese tipo de tareas, que deberían pagarle con alimentos o dinero, para que trasladaran el cuerpo de Nina hacia el cementerio, o de lo contrario ellas deberían llevarlo hasta el patio del Hospital General, y desde ese lugar,  otro camión, pero con insignia militar, que diariamente pasaba a  recoger los cuerpos de los enfermos fallecidos, levantaba  también a los que la gente depositaban en el patio. De la forma que fuera  a Tasha le parecía espantoso, ella quería que su hermana tuviera mínimamente una sepultura decente y  digna.
         –No es posible nada de lo que deseas, simplemente así no funcionan más las cosas en este lugar.  Tashi, por favor,  no hagas más difícil esto, deja que vaya a llamar al camión, tan solo si trajiste dinero contigo, dame algo para que yo pueda pagarle al conductor. La llevaremos al cementerio de Piskarev.
         – ¿Dónde la sepultaran?
         –No lo sé, yo me encargaré. Deja ya de complicar todo por lo que más quieras. Yo también quisiera que esto distinto…. – Julia sabía perfectamente que la mayoría de los muertos eran enterrados en fosas comunes que el ejército había abierto en los siete cementerios que tenía Leningrado, pero no lo dijo.
         Y Tasha debio acatar las nuevas reglas de la ciudad sitiada. Ambas hermanas  esperaron al camión, al cual Julia temprano había ido a solicitarle de su servicio.  Les dieron dinero extra al conductor y a su ayudante para que ellos mismos bajaran el cuerpo de Nina del tercer piso, que habían envuelto con mucho cuidado con sábanas y frazadas. Fue Nina quien hablo con el conductor y arreglo todo el traslado,  luego se acercó a Tasha que estaba sentada en las escaleras de la entrada del edificio con el rostro pálido, desencajado y la mirada perdida.
         Y  se sentó a su lado.
         –Tashi, quiero…. Agradecerte por haber venido, no sé si yo hubiese podido  sola… con todo esto,… gracias por haber llegado a tiempo.
         Natasha no pudo contestar. Primero, porque  ella sentía  todo lo contrario, que  no había llegado a tiempo… Y segundo, porque aún  no podía concebir el hecho de que su hermosa Nina no hubiese tenido una sepultura como correspondía.
         –Bueno… Ahora  debo ir a trabajar, ayer como falto electricidad en la ciudad no funcionaban los trolebuses, pero hoy ya se ha normalizado los servicios nuevamente, por lo tanto no tendré que caminar setenta cuadras…, mejor… porque mis piernas no aguantarían.
         Irónicamente él día en que se fue  Nina del mundo terrenal, no había electricidad ni  gas para calefacciones. Hasta  el destino parecía estar enojado con esa muerte, que hizo que esa  noche fuera inolvidable  no solo por sus hechos sino por lo  lóbrega y  entumecida que resulto.  
         Como no habían dormido durante todas esas sombrías horas,  tanto Tasha como Julya estaban agotadas, no solo tenían el alma adolorida sino cada uno de los músculos y huesos de sus cuerpos. .
         –Muy bien, me voy. Más tarde cuando regrese me daré un baño y descansaré,… sabes, hace tan solo unos meses que se han podido arreglar las tuberías de agua,  y como en el verano el ejército extendió un caño a través del lago para enviar combustible a la ciudad, agua caliente  al menos tenemos…
         Tasha continuaba en silencio.
         –A la salida de la fábrica, iré a los almacenes a buscar leche en polvo, huevos liofilizados, y caldos que están entregando desde hace unos días… nos han aumentada la ración diaria ¿te dije?... ahora a los trabajadores nos entregan trecientos gramos por día.–con voz más baja dijo:–no es que hay más harina para el pan, sino que somos menos los habitantes, de los tres millones que éramos quedamos poco más de u millón, porque muchos han sido evacuados… y otros, y otros…
         –Y otros han muerto como Nina, dilo, si aquí eso es de lo más normal. Que la gente se muera de hambre, que tiren sus cadáveres a un camión y este los deposite en una fosa común ¡por doquier!
         Julya comenzó a temblar, luego de la dureza en las palabras de su hermana.
         –Regresare más tarde… no salgas porque aquí los bombardeos aéreos y de artillería continúan implacables. Ya sabes cuándo suenen las sirenas, debes bajar al subsuelo a refugiarte. –le dijo Julya antes de marcharse.
         Natasha permaneció en su mutismo.


************
        
         – ¿Tashi? ¿Tú eres Tashi Serkin? –pregunto una mujer extremadamente delgada, y con el cabello cubierto por un negro y viejo turbante.
         Natasha la miro,  esforzándose por  reconocerla
         –Sí,… ¿y usted…es?
         –Sonia… Sonia Smimova
         –Ah,…señora Smimova, disculpe no la reconocí– quiso mirarla con atención, pero el ardor de sus ojos se lo impidió,  las horas de vigilia estaban cobrando tributo.
         –Te entiendo criatura,  mucho hemos cambiado, mucho… ¿Qué haces en la ciudad? ¿Cuándo has llegado?... y  ¿qué haces aquí afuera sola, sentada en estas frías escaleras? ¿Acaso no has subido a ver a tu hermana Nina…?
         Natasha la miro, y cerró los ojos… le ardían, le ardían demasiado.
         –Nina… Nina ha muerto, señora Smimova.
         – ¡Oh!.. ¡Pobrecita!…Pobre mi niña... ¿Cuándo ha sido?
         –En la madrugada,…ya se han llevado su cuerpo.
         –Lo siento mucho querida. Pero tu hermana estaba sufriendo demasiado.
         –Gracias, lo sé. Pero eso no me consuela, la muerte no es buena para nadie.
         –Este donde este, estará mucho mejor que aquí, no lo dudes...–y mirándola con atención dijo– estas desabrigada, ya empiezan a sentirse los fríos, ven subamos, y no deben permanecer aquí, es peligroso… ven querida, vamos adentro.
         Natasha no respondió, todos hablaban de la muerte de una manera tan natural que atemorizaban,  siguió calladamente a Sonia Smimova, subió a su apartamento…y al entrar de alguna manera se intimidaron,  porque ambas sabían que Nina ya no estaría ahí…
         –Si me disculpa, voy a descansar un rato… tengo mucho sueño.
         –Anda querida, descansa, descansa te hace falta.
         –Señora Smimova en la cocina hay comida, si desea.
         –Bueno gracias querida. Pero ahora iré al quinto piso  ver a Leyna,  ayer me ha enviado a buscar a sus hijos, que viven al otro lado de la ciudad, pero resulta que han sido evacuados, no le tengo buenas noticias, prácticamente ha quedado sola.
         – ¿Dónde paso la noche usted?
         –En un refugio, se me hizo tarde y el toque de queda me impidió regresar.
         –Oh, entonces también debería descansar.
         –luego, luego descansare un poco, ahora hazlo tu…se te ve muy abatida.

        


        
        
         Natasha durmió prácticamente todo el día, al anochecer escucho la tos de Julya, avisándole que había llegado.
         –July deberíamos ir al médico para que te den algo para esa tos.
         –Mañana Tashi, mañana iremos… ahora solo necesito dormir.

         Y Tasha vio que fue y se acostó en el lecho de Nina, algo que ella nunca se hubiese atrevido hacer.
         Al ver a su hermana abrazar la almohada donde había reposado horas antes Nina, se le encogió el corazón

*********************

         Una semana había transcurrido desde lo de Nina. Tasha había ordenado enteramente el apartamento, lo había limpiado en profundidad, y había guardado en cajas, que de casualidad logro encontrar, todas las pertenecías de su hermana y  las de su madre, que  al parecer ninguna de sus hermanas nunca había tenido el valor de hacerlo, o simplemente nunca tuvieron tiempo para eso.
         Ella empaqueto todo, y lo metió en un amplio armario, que usaban para guardar cosas viejas, luego de vaciarlo, tirar todo a la basura y dejarlo limpio y reluciente.
         – ¡qué cambio que has hecho Tashi! –dijo Julya al llegar.  Al observar que además, había llevado el lecho de Nina a la recamara  que compartieron siempre las cuatro, cuando su madre también vivía, donde también  había una litera y la cama matrimonial de su madre, la que estaba utilizando Tashi en esos días.


         –Esa litera habría que venderla, utiliza espacio inútilmente.
         Julya se quedó mirando la litera y luego desvió la vista hacia su hermana.
         – ¿Y…A quién se le ocurriría comprar una litera?... Si  a la mayoría les sobra las camas en su hogar.
         Las dos se miraron sorprendidas, por la conclusión de Nina, y lejos de apenarse, rompieron a reír.
         Y después que July logró sosegar su risa, dijo:
         – ¡… las cosas que se te ocurren a ti Tashi, vender la litera!.. Pero volviendo a los cambios me gusta donde has puesto la mesa, y el  nuevo lugar de nuestro sofá,  mirando para la ventana.
         –me alegro que te guste, es que no tengo nada para hacer en el día, y ahora que  has llegado a  casa temprano,  iremos al médico, y no acepto escusas. Ya me dijo la señora Smimova, que el hotel Astoria esta convertido en un hospital militar, ahí iremos además nos queda cerca.
         –Hospital militar Tashi, ¿entiendes, solo para militares? ¿Yo que haré ahí?...tenemos que ir al Hospital de la Avenida Liteyni,  podemos tomar el tranvía.
         – ¿qué dices, que harás tu ahí?... ¿acaso no sabes que soy una enfermera militar? Yo brindo servicios al hospital militar, ven vamos, a mi hermana la atenderán
         –Pero si serás tozuda, tú estás de licencia, y en ese lugar solo atienden a soldados del ejército rojo. No a la población no a la milicia.
         –Julya solo ven conmigo, ya verás, y primero iremos hasta San Isaac, quiero que hagamos una oración para nuestra hermana.
         –Que hermosa idea, vamos hermanita.
         Al llegar a la catedral, Tasha se aturdió al ver como  el sol le  hacía saltar chispas a  la cúpula dorada de San Isaac y  más aún le impactó ver en sus jardines cientos y cientos de tulipanes que se resistían al paso de otoño,  añejos recuerdos invadieron a Tasha,   recordó cuando su madre solía llevarla a ella y a sus  hermanas en las tardes de primavera a recorrer las hileras de esas  hermosas  y coloridas flores   de  pétalos cerrados con forma de corazón, Sofia Serkina  recalcaba la virtud de los tulipanes, de ser la única flor que abrazaba apasionadamente  al frio ruso, que cuanto más frio, más se embellecían.  La nostalgia por  tiempos mejores logro medrar  su estado de ánimo, terminando por  sucumbir ante un  inevitable agotamiento emocional. Nada de lo que estaba sucediendo era normal ni real, ella ya no podía continuar haciendo como si aquello fuese natural, debía aceptar que tendría que tomar prontas decisiones, si Julia no la seguía ella debía emprender la marcha sola, pero debería abandonar Leningrado cuanto antes, todo aquello era ficticio, toda esa imagen de aparente calma, era simplemente un anuncio de un  inminente y mortal  desenlace…
         Luego de una emotiva y honda oración en memoria a su hermana desaparecida partieron  hacia el sitio donde estaba instalado el hospital militar, el ex hotel Astoria.
         Al llegar allí, el caos del lugar les dio la razón a los pensamientos que la habían invadido en San Isaac, la guerra continuaba sigilosa, encarnizada e implacable.
         Se acercó al ala recepcionista, se presentó y pidió un turno en la guardia médica para su hermana, la respuesta fue una rotunda negativa, no había suficiente médicos para los soldados menos los había para civiles, Tasha ofuscada pidió, un turno en la guardia para ella misma, la chica le respondió que si estaba de licencia, no le correspondía atenderse en un lugar donde era para personal de servicio… cuando iba a replicar… alguien le hablo por atrás
         –Enfermera Serkin
         Natasha dio media vuelta y ante ella estaba el apuesto, impecable y correcto doctor Ledev.
         –Doctor…–murmuro ella. Notablemente sorprendida. Él era la última persona a quien ella esperaba encontrar en ese lugar
         –Natasha… ¿qué diablo está haciendo aquí?
         Así era él. Directo, espontaneo, franco.  El Doctor Aleksi Ledev. El mismo, que le había firmado la licencia porque no toleraba que ella le donara sangre a Kolia. El mismo que la saco del turno noche, cuando supo que se la pasaba al lado del paciente Volkov envolviéndolo en paños y sabanas húmedas para controlarle la fiebre nocturna… el mismo, que antes que comenzara la guerra  le enseñaba ingles en los entre turnos, el mismo por el que  durante mucho tiempo ella había  suspirado a escondidas, antes,  obviamente  que  fuera totalmente relevado de su corazón  por la belleza del coronel Nikolay Volkov.
         – ¿qué hago yo aquí?...bueno, de hecho yo viví toda la vida aquí, mi familia es de aquí, creo que alguna vez se lo comenté.
         –Ah… claro ¿está haciendo una visita social en medio de la guerra señorita?
         –La verdad que lo que me gustarías saber es… ¿qué está haciendo usted aquí? ¿Ha dejado solo nuestro pabellón uno?
         Julya los miraba a ambos, con curiosidad. Y en un intento de llamar la atención, carraspeo con su garganta. Pero fue un grave error, porque eso desato uno de sus ataques de tos.
         –Jul, jul… –decía Tasha mientras le daba pequeños golpes en su espalada, mirando al doctor Ledev le pidió–-¿doctor puede atender a mi hermana?
         –Sí, sí. Por supuesto... Vengan, síganme a mi consulta… es por aquí.



         Al cabo de dos horas, Julia ya no soporto estar en la camilla de ese pequeño consultorio del médico amigo de Tasha y se puso de pie. Salió al pasillo y los vio sentados en unos sillones hablando muy distendidos y sonriendo plácidamente.  Volvió a entrar a recinto pensando que los médicos y las enfermeras a pesar de tratar continuamente con gente enferma o moribunda tenían la capacidad de evadirse y separar las desgracias,  la muerte, y la vida… “Y bueno, sino fuese así, estarían medios locos, o terminarían suicidándose todos” murmuro  para sí.
         Sin ir más lejos, su misma hermana a pesar de ser una joven de apenas veinte años, era fuerte y había demostrado, cuando falleció Nina,   que sabía actuar ante  el dolor,  podía desenvolverse en casos extremos y controlar la situación  en cuanto a  la muerte se refería,  y eso seguramente lo había aprendido en  su profesión… En definitiva las personas que se relaciones con la medicina,  saben lo que tienen que hacer, y  saben cómo hacerlo eficientemente… lo que no entendía Julia como había podido Tashi, separar su corazón de su profesión en ese momento ¿o no lo había hecho? ¿Cómo sería su hermana con los demás en esos momentos?
         A pesar de que ella entendía que Natasha, estaba capacitada para lidiar con todo aquello,  ella no se convertiría en una carga para su hermana menor si es que  los resultados que estaban esperando salían mal. Antes de que eso sucediera, prefería desencajarse un tiro en la cien. Pero no la retendría en Leningrado a su lado, en la sala de los enfermos terminales de tuberculosis,  mientras ella agonizaba.


         –Julya, aquí están los resultados de las pruebas –dijo el guapo y joven doctor.
         Julya lo miro expectante, ellos dos ya sabían el resultado y tanto su hermana como el medico no reflejaban ninguna impresión.., ¿eso era bueno o malo?
         –bien, dígamelo doctor de una vez por todas. –le pido ella con ansiedad.
         El medico asintió y hablo con voz equilibrada y nítida.
         –July, los estudios, las placas… todo demuestra, que estas relativamente  bien, la etapa de la enfermedad no es preocupante,  no es contagiosa, que es lo que más nos preocupaba, de ser así deberíamos internarte y aislarte,
         – O sea no tienes la enfermedad crónica –dijo rápidamente Tashi con la voz feliz
         –Gracias a Dios –suspiro Julya
         –Pero deberá iniciar de inmediato  un tratamiento con antibióticos,  para que la enfermedad no mute.
         –Sí, claro. Claro,  le agradezco doctor, por lo rápido que me ha atendido, lo rápido que me hizo hacer las pruebas, los resultados, todo, la verdad esto en otro lado hubiese sido imposible.
         –Quizás el destino así lo quiso –dijo el médico mirando a Tashi.
         –Para algo sirvió la locura suya doctor de ir de un punto a otro de los lugares en conflicto a realizar los cursillos de auxiliar médicos.
         –Natasha, los cirujanos no son suficientes hay que capacitar de inmediato a todos los médicos sino las bajas por  mala praxis serán incalculables.
         –lo entiendo doctor, pero el riesgo es alto.
         –No se preocupe, nada me pasará… enfermera, me protege todo el ejército rojo –y mirando a Julya nuevamente le dijo– bueno Julya lo primero que deberá hacer es dejar el cigarrillo, su hermana me ha dicho que fuma, una gran imprudencia de su parte cuando  sus pulmones están colapsando
         Julya le clavo la mirada a Tasha que la miro impávida.
         –Por otra parte ya le he dado a su hermana una buena cantidad de antibióticos, que serán suficientes para contrarrestar la enfermedad, luego que los termine, haremos otra placa, pero tengo la seguridad, que con esto será suficientes, sobre los cuidados a tener en cuenta, otras prevenciones, y algunas otras prescripciones caseras, será Natasha  quien se las explicará. Ahora si me disculpan debo hacer mi ronda.
         –Si doctor, puede ir tranquilo… y mañana pasare a saludarlo –dijo Tasha.
         –La espero a la hora del almuerzo, es mi único tiempo libre.
         –A esa hora estaré aquí.
         –Bueno, debo irme, estoy atrasadísimo… buenas tardes.
         Y el doctor se marchó dejándolas a ambas solas en su consultorio.
         – ¿Qué ha sido eso?–pregunto Julya divertida
         – ¿qué?
         – ¿te gusta el médico?
         –Claro que no, somos compañeros de trabajo en Moscú.
         –Bueno si yo me comporto así con un camarada, te aseguro que me quera llevar a la cama.
         –No sé qué clase de camaradas tienes tu Julia, pero el doctor Ledev, es el hombre más correcto que he conocido.
         –Ah claro, seguro que no tiene, lo que tienen lo demás hombres entre las piernas, no te confíes…hermanita.
         –Julia, no seas grosera. Y al menos deberías ser agradecida, te acaba de salvar la vida, seguramente, debe haber robado  medicina destinada para  algún general u otro alto rango militar… para dártela a ti.
         – ¿no me digas…?... mmm, entonces, es como yo digo. Ese médico, te quiere en su cama.
         – ¡Por Dios! ¡Eres un caso perdido!


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         Al llegar a la Avenida Detskoselsk  a la Casa de los Soviets, como le llamaban ellas a  su edificio, una nueva  adversidad las esperaba, en su ausencia habían entrado a robarle.
         –Malditos rateros, como es posible, que además tengamos que soportar semejantes vejaciones de nuestra propia gente….los encontrare, y les cortare las manos – vociferaba Julya encendida
         Tasha solo pensaba, los salvoconductos, los documentos, los salvoconductos, los documentos… Y corrió hacia el dormitorio a buscar su mochila, la busco desesperadamente, fuera de sí, sacada de quicio…movió los muebles, revolvió la ropa, saco todas sus pertenecías una y otra vez…
         –Dios, Dios, Dios… ¡se los han llevado! Me han llevado mi documentación, los papeles, los salvoconductos, –gritaba aterrada
         –cálmate Tashi, tranquilízate… tal vez han tirado tu bolso por aquí cerca, solo han extraído lo que necesitaban, el dinero… y lo otro lo han dejado ahí, seguro han arrojado la mochila en las proximidades, iré a buscarla
         – ¿no te das cuenta?  ¡Lo más valioso para cualquiera son los salvoconductos lo primero que me llevaran! Oh, Dios mío, como regresaré a Moscú…–y rompió en llanto
         –Serénate por favor, te prometo que te traeré esos papeles –dijo Julya, mientras tomaba el fusil y salía rápidamente del apartamento.

         Muchas horas pasaron hasta que Julya regreso, Tashi ya había ordenado el desastre que habían hecho los ladrones y ella misma ante la desesperación de confirmar que sus salvoconductos habían desaparecidos.
         –Lo siento Tashi, no pude averiguar nada… nadie vió, ni escuchó nada, no hay ni rastros de quienes no han robado.
         –No te preocupes, ya veremos cómo lo solucionamos. Discúlpame por mi reacción, pero me asuste al pensar que no podría volver pronto a ver a mi hija, pero mañana mismo voy hablar con el doctor Ledev, algo podremos hacer. Lo que me preocupa es que se llevaron todos nuestros alimentos, todos, ahora mismo no tenemos nada pero nada para comer.
         –Esa situación no es nueva para mí, de todas maneras yo no tengo apetito.
         –Yo tampoco.
         –Bueno vamos a dormir entonces, mañana será otro día.

         A la mañana siguiente ambas dormían  vestidas y abrazadas en la cama de su madre, cuando un fuerte ruido en la sala las despertó, se levantaron rápidamente, Julya tomo el fusil, y al llegar al recinto se encontraron con la señora Smimova y Leyna Repin, la pianista del quinto piso, a quien traía prácticamente en brazos.
         –Buenos días jovencitas, disculpen el alboroto… no sabía, que aún dormían. ¿July que haces apuntando con ese fusil?
         –Ayer nos han robado Sonia
         – ¡Oh! ¿Cómo es posible? …que salvajes
         –Tal vez si usted hubiese estado en casa, eso no hubiese ocurrido–le espeto Julya irritada
         –Tienes razón querida, pero Leyna me necesitaba, está muy mal la pobre ya no puede caminar, mírala ,mira  su estado – le dijo la señora Smimova con tono lastimoso delante de la propia Leyna.–por eso, para que no vuelva a suceder nada como eso, he decidido traerla conmigo, aquí podré atenderla mejor ¿qué te parece?
         Julya abrió muy grande los ojos y miro a Tashi quien se disponía a irse, y solo levanto los hombros como diciendo haz lo que quieras.
         –No tenemos nada de víveres se lo llevaron todo. –le advirtió  Julya.
         –Nos arreglaremos querida, con nuestras raciones y unas cosillas que hemos comprado estos días, tú no te preocupes por nosotras.
         –como desee Sonia, esta también es su casa. –le contesto Julya mirando a la pianista del quinto piso, que no había emitió una sola palabra.


********************






         –Natasha; me alegro que viniera. –la saludo el doctor apenas la vio.
         –Buenos días doctor.
         – ¿Está usted bien? ¿Su hermana está bien? ¿Ha sucedido algo, por qué esa cara?
         –Si doctor, nosotras estamos muy bien, gracias.
         – ¿pero..?
         –Ayer cuando regresamos a casa nos encontramos con que habían entrado ladrones, y se han llevado…bueno, víveres, cosas… y lo más grave, me llevaron mi documentación y mis salvoconductos para regresar a Moscú.
         – ¡Oh! Eso sí que es un problema Natasha, ¿pero cómo es posible que usted no tuviera resguardado esos papeles con todo lo que está sucediendo estos días? ¡Con lo que está costando salir de esta ciudad!
         –Soy una confiada, nunca imagine que podía suceder algo como esto.
         – ¿y ahora?
         –No sé, por eso quería preguntarle a usted, si no podía ayudarme a conseguir un salvoconducto para mí y mi hermana.
         –pero usted no tiene documentación, y la verdad es que aquí no conozco a nadie, en Moscú sí, pero aquí no.
         –Lo entiendo.
         –Déjeme pensar… –y tomándola del brazo dijo– venga vamos a la cafetería, algo se nos ocurrirá.
         Llegaron a la pequeña cafetería atestada e gente y debieron aguardar un rato hasta que se desocupo una mesa en un rincón del modesto salón.


         La chica que los atendió tardo más de veinte minutos en tomarles el pedido, Natasha estaba  que bramaba de la impaciencia.
         – ¿desea comer algo Natasha?
         –Mmm, la verdad es que si doctor, nos llevaron hasta el té, ya sabe…
         –Sí, si entiendo… ¿desea sopa o estofado?
         –No, no un emparedado o un trozo de pastel está bien
         –Por favor, dos porciones de pastel de patatas  y dos tazas de té doble.
         Luego que la chica que le tomo el pedido se retiró, el doctor le pregunto:
         – ¿Natasha me puede decir cómo ha sido tan imprudente para volver a Leningrado en estos momentos, cuando está a punto de estallar el combate?  
         – ¿Tiene hermanos doctor?
         –No
         –Bueno, entonces no me comprendería.
         Luego del almuerzo el doctor Ledev le propuso la única idea que se le había ocurrido
         –Natasha, usted deberá volver a trabajar, lo hará aquí en el hospital militar de Leningrado, necesitan enfermeras… Yo parto mañana de esta ciudad,  debo ir todavía a tres puntos de combates más, antes de regresar a Moscú,  y cuando finalmente llegue allí, seguramente será en quince días a lo sumo veinte,  inmediatamente tramitaré su salvoconducto en el Kremlin. Entonces volveré a Kabona y le enviare los papeles a usted.
         –Se lo agradezco doctor, se lo agradezco…
         –No tiene nada que agradecer, es lo que hacemos por los amigos.
         –Doctor…yo quisiera, pedirle, algo más.
         –lo que sea, la escucho.
         –Cuando regrese a Moscú, me haría el favor de llegarse hasta donde vive mi tía y llevarle noticias mías, mi hijita esta con ella.
         –pero si,  por supuesto, cuente con ello, deme la dirección, y yo voy…para allí apenas llegue a Moscú…Natasha
         –Puede decirme Tasha, si lo desea doctor, como lo hacen todos.
         –Bien Tasha, y usted puede decirme Aleksi.
         Ella sonrió. Él sonrió.
         –Tasha… ¿puedo hacerle una pregunta? …un tanto indiscreta.
         Ella asintió. Sabía cuál sería esa pregunta, muchas de sus compañeras durante casi nueve meses se la habían hecho.
         – ¿El padre de... la niña?
         –Un soldado… que está desaparecido en el  frente…  doctor.
         –ah…Entiendo. ¿Pero, no sabe… si él?
         Natasha respondió lo que siempre había respondido.
         –Nunca más supe de él, deberé esperar a que la guerra finalice.
         –Comprendo…
        
         Julya estuvo de acuerdo que Tasha trabajara  hasta tanto le consiguieran los salvoconductos, para que de esa manera obtuviera, un bono para su ración diaria.  Le dieron un puesto en donde ella dijo era su especialidad, pacientes de casos extremos y terminales, y  pidió  cubrir el turno noche, Tasha era conocedora, por su experiencia, que cuando la luz disminuía,  el reloj biológico de los humanos era acechado por la muerte, eso era algo que había aprendido en  el  pabellón Uno del ex Hospicio Sheremetev con sus viejas compañeras de oficio,  en las horas nocturnas nunca debían parpadear.  Ellas debían estar atentas, alertas y dispuestas a apretar la mano de sus pacientes en los últimos suspiros de vida. Ellos no debían morir solos y con miedo.
         Durante el día dormía algunas horas y otras las pasaba con Sonia Smimova y Lenia Ivánov. Ambas mujeres la hostigaban a preguntas sobre el hospital, sobre la guerra de Moscú, sobre Stalin, el Kremlin, sobre la guerra…
         –¿Puede haber sido tan duro como lo que hemos pasado nosotros en el invierno?–le pregunto incrédula Sonia Smimova
         –Claro que no Sonia, ellos no han sufrido lo que nosotros –respondió Lenia en una de esas conversaciones.
         Tasha cansada de las quejas de las mujeres les soltó:
         –Señoras, cuando se inició la batalla por la capital, en el mes de Octubre, ochocientos mil soldados eran los que alistados para defender Moscú, al finalizar el enfrentamiento en Enero, solo quedaban cerca de cien mil… Así que por favor, agradezcan que ustedes están vivas para poder quejarse, ellos ni eso.
         Desde ese día no se volvió hablar más de quien sufrió más o menos en esa guerra.


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         Los días pasaban lentos y las noches eran largas, Natasha solo las podía atravesar mientras pensaba en su pequeña hija, y en Nikolay, ellos ocupan todos sus pensamientos ellos, eran la fuerza que la movilizaba,  la energía, que la activaba... y el el muro que la sostenía cuando tambaleaba.
         Los bombardeos continuaban implacables e intransigentes, la guerra transcurría cual viento otoñal en aquel Octubre de 1942.


        
          Una noche que tuvo libre en su trabajo se tendió a dormir  al lado de su hermana y antes de entregarse a sueño, hablaron susurrando  como en tiempos de lejanos…

         –Hace diez días  que se fue tu doctor Tashi.
         –No es mi doctor July
         –Cómo es posible que dejes escapar un hombre tan guapo, tan lindo, tan joven, tan inteligente, tan bueno.
         –July, si te gusta a ti, puedes quedártelo
         –puf, ni una sola mirada me dirigió a mí, solo veía por tus ojos.
         –Déjate de tonterías… July, hoy no.
         –Quiero conocer al tal Nikolay de una vez por todas, porque para no prestarle atención a semejante  hombre, entonces tu soldado debe ser… todo un zar ruso.
         –Ni un zar ruso se le compararía. Y a Nikolay lo ofenderías comparándolo con un zar, él es un bolchevique de sangre
         –Bueno, zar en el sentido figurado, como los monarcas eslavos  de nuestros cuentos infantiles ¿recuerdas?... Los que leíamos de niñas,  altos, de ojos azules y cutis blanco, que se distinguían por su valentía...
         –Sí, los recuerdo… así es mi Kolia, …nadie puede quedar libre de su encanto  de su embrujo personal, …es alto, muy alto,  debe medir metro noventa, …su cabello es oscuro, lacio, brillante,  con mechones rebeldes e indóciles,… sus pómulos  son delicados como los de los eslavos,…y sus ojos , …sus ojos son  de un intenso y profundo azul, con  pupilas centellantes.
         –¿qué más..?
         –….cuando te mira sus ojos fulguran,… Su barbilla, es finamente marcada,…y su voz es profunda, pausada, y firme…

         –mmm… continua.
         –Su acento ruso es impecable, no sonríe mucho, pero cuando lo hace… se le ve una hilera de perfecta y cuidada dentadura. …A veces tiene la mirada ausente, pero solo su mirada porque su cuerpo entero emana presencia… Nikolay irradia magnetismo, y  a veces….es muy callado.
         –O tú hablas mucho –la interrumpió Julya
         –cállate, o hasta aquí llego.
         –no, no… perdón, sigue... Sigue...
         –…como te decía a veces es muy callado, otras es muy temperamental, otras, como todo ruso, tiende  a ser dominante, otras  es pacifista, otras no sabe qué hacer, … no sé,  porque creo que al final  me confunde.
         – ¿cómo es eso? ¿No puedes definir el carácter de tu Nikolay?
         –No, no es eso, es que a veces… siento que me quiere  y que  desea con el alma estar conmigo, y otras creo que   antepone sus obligaciones a sus deseos…
         –No estamos en tiempos de tantas dudas, hoy estamos, mañana no sabemos…
         –No hables así July, yo quiero estar mañana y quiero que él también este.
         –Si tú prefieres vivir en la ignorancia.
         –no, yo prefiero seguir creyendo…
         –Estás en tu derecho… Pero ahora, cuéntame, cuéntame más, sobre ese soldado.
         A Tasha se le ilumino la mirada.
         –La belleza siberiana de Nikolay es más impactante que las imágenes… de nuestro atlas  sobre el lago Baikal
         – ¡Oh! ¡Dios mío Tasha!.. Esta noche, soñare con ese hombre… lo sé.
         –ni se te ocurra, con él solo sueño yo…
         –y su esposa.
         – ¿tenías que estropear este momento?
         – ¿qué te importa a ti cuantas sueñan con él, lo que te debería importar es con quien sueña él?

        


      




Capítulo 7


         En  el Cuarte del Norte del Cáucaso, Nikolay estaba reunido con  sus hombres de confianza y con el general Hans Vasíliev que había arribado el día anterior, estaban discutiendo las nuevas órdenes De Stalin, además del incuestionable decreto, ¡Ne Shagu Nazad!, ¡Ni un paso atrás!, se les ordenaba nuevos  preparativos de asaltos hacia las  posiciones alemanas, ya no bastaba, ni convenía  aguardar su arribo, y atacarlos sorpresivamente, porque en los avances hacia el sur,  el ejército alemán estaba destruyendo a cuanto pueblo soviético encontraba.
         – El enemigo envía más y más recursos al frente y, sin importarle sus pérdidas, avanza, penetra cada vez más en la Unión Soviética, captura nuevas regiones, devasta y saquea nuestras ciudades y pueblos, viola, mata y roba al pueblo soviético–hablaba su suegro con voz firme
         –hemos excavado y minado setenta kilómetros de longitud en apenas pocas semanas, cuando llegaron los nazis, sus bajas fueron totales.
         –pero luego enviaron más,  Nikolay.  Definitivamente lo de los campos de minas no funcionará.
         –Lo dicen ahora, cuando ya no nos quedan hombres con espaldas sanas…–hablo el capitán Morozóv.
         – Lo entiendo capitán, pero debemos continuar buscando salidas… en este momento, la lucha se centraliza aquí mismo en el sur de Rusia,  ahora están en el área de Vorónezh, en el Don, Los invasores alemanes quieren capturar a cualquier precio  Stalingrado,  avanzan hacia el Volga,  están a  unos pasos de aquí, de  las puertas del Norte del Cáucaso….quieren nuestras riquezas, nuestro pan


         –Eso no es nada nuevo señor –intervino el teniente Ivanov
         – El enemigo ya ha capturado Voroshilovgrado, Starobelsk, Rossosh, Kupyansk, Valuiki, Novocherkassk, y la mitad de Voronezh. Algunas unidades del Frente Sur, siguiendo a los instigadores del pánico, han abandonado Rostov y Novocherkassk sin oponer seria resistencia y sin haber recibido órdenes de Moscú, cubriendo así sus estandartes con vergüenza.
         – ¿cree que estamos perdiendo esta guerra señor? –pregunto el capitán Morozov
         –Creo que nuestros hombres están flaqueando.–contesto con dudas el general.
         – El pueblo de nuestro país que ama y respeta al Ejército Rojo, ahora está empezando a sentirse decepcionado y a perder la fe en nosotros y muchos de ellos nos maldicen porque nuestros hombres huyen  hacia el Este y abandonan  a la población al yugo alemán. –respondió un oficial que acompañaba al general.
         –Oficial aquí, en este campamento, a mí no  me venga con el discurso estalinista sobre la cobardía rusa, no se lo voy a permitir.  Ninguno de mis hombres necesita ninguna de sus putas palabras ¿¿entendió?!  No hay pruebas de lo que acaba de decir…así que ¡cállese, maldita sea!.. y vuelva a esconderse bajo las polleras de sus comandantes en el Kremlin… los que estamos en combate no necesitamos que nos traten de cobardes. –grito Nikolay luego de escuchar al acompañante del general que venía directamente de la elite del  mando soviético
         –Si… señor
         – Debemos defender tenazmente, con la última gota de sangre, cada posición. –Continuo hablando el general sin prestar atención a la explosiva brusquedad de Nikolay–   debemos aferrarnos a cada pedazo de tierra y defenderlo tanto tiempo como sea posible. Nuestra Patria está pasando por tiempos difíciles. Debemos detener al enemigo, a cualquier precio, para después hacerle retroceder y destruirle. Los alemanes no son tan fuertes como los instigadores del pánico dicen. Ellos están empleando sus fuerzas al límite. Resistir su embestida ahora significa asegurar la victoria en el futuro…Y... Stalin, está dispuesto a oír a sus generales, y sus generales están dispuestos a oír a sus coroneles.
         –Claro… ahora… al fin, lo ha entendido –dijo Nikolay irónico.
         –Nikolay, Coronel Volkov, aquí no estamos para juzgar a nadie, aquí estamos para escuchar ideas. El Décimo Noveno  Ejército Soviético, tiene las mejore tropas siberianas, y se espera mucho de ellas.
         –Por supuesto señor, de eso no tenga dudas.
         En ese momento fueron interrumpidos por un sargento que le anunciaba el arribo al lugar de una comitiva de un servicio especial.
         –Que pasen –dijo el general
         Nikolay farfullo por lo bajo, odiaba las interrupciones, pero el general era el alto mando en ese momento, por lo tanto el decidía.
         El grupo estaba compuesto por dos pilotos mujeres rusos, y tres médicos militares. Uno de ellos a Nikolay le resultaba familiar.
         –Buenos días general –saludaron al unísono
         –Descansen soldados.
         El médico que a Nikolay le resultaba conocido tomo la palabra.
         –General Vasíliev, soy el doctor Ledev, y mis colegas el doctor Sídorov, y el doctor Búbk, las oficiales pertecientes a la flota Brujas de la noche del ejército rojo.
         El general sonrió
         –conozco a las señoritas, y a su apodo doctor. ¿En qué puedo ayudarles?
         –Simplemente quería presentarme  y presentarle a los dos médicos cirujanos destinados al hospital militar de este cuartel, yo lo he acompañado hasta aquí, pero además capacitare a los médicos auxiliares del lugar en un curso intensivo de cirugía, para poder paliar la falta de médicos en esa especialidad.
         –Muy buen cometido doctor, yo mismo hace año, he sido víctima de la falta de un cirujano en destacamento militar, dijo el general. –y mirando hacia la otra punta de la mesa donde estaba sentado Nikolay dijo– pero no es a mí a quien debe presentarle al nuevo personal doctor,  sino al coronel Volkov, quien es el que comandante general de este cuartel.
         El médico y Nikolay se miraron. Y Cuando Nikolay sintió la mirada del otro, lo recordó, no olvidaría esa ojeada de reprobación nunca.

         –Coronel Volkov, tanto tiempo. Que bien que se lo ve. No deja usted de sorprenderme.
         Nikolay se puso de pie y le extendió la mano,  aunque él no lo soportara, sabía perfectamente que  le había salvado la vida meses atrás, en le quirófano. Aleksi tuvo que levantar la vista, debido a que el joven coronel era realmente alto.
         Ambos se apretaron la mano con firmeza.
         –Vaya que esta repuesto, vaya…vaya.
         –Así somos los soldados, o nos recuperamos o nos recuperamos.
         – ¡claro!... pero siempre voy a insistir, que la sangre de ella  fue milagrosa.
         Nikolay se asombró ante ese comentario. Y confió en que su rostro no lo reflejará.
         Miro hacia donde estaba su suegro, y agradeció que aquel estuviese entretenido alabando a las chicas del ejército, para no tener que darle en ese momento explicaciones sobre Tasha.
         Pero mientras pensaba en eso pensó otra duda se le cruzo “¿y si tiene razón el condenado medico? ¿Si al final fue la sangre de ella la que lo salvo?” “¿por qué no?” “él sabe más de eso que yo”  
         –Créamelo coronel, no discuto su gallardía y valentía, pero ella debe haberla potenciado, se lo aseguro
         –No tengo porque objetárselo doctor.
         –mejor así, porque a  las pruebas me remito,  hace tan solo unos días,  me la he encontrado en medio del asedio y se encontraba como si estuviese vacacionando por medio de un campo holandés…
         Nikolay miro al médico, fijamente, “¿Acaso... Ha dicho…?”
         – ¿de qué habla doctor?
         –Cuando le pregunte “¿Natasha me puede decir cómo ha sido tan imprudente para volver a Leningrado en estos momentos, cuando está a punto de estallar el combate?” me respondió   “¿Tiene hermanos doctor?” “No” le conteste yo. “Bueno, entonces no me comprendería”… que chica, así es ella, con soldados  como ella o como las brujas de la noche, podríamos ganar  esta guerra más fácilmente, sino es que ya lo hubiésemos ganado antes. –dijo el doctor con admiración  mientras se dio vuelta y se encamino hacia donde estaban las dos pilotos oficiales, dejando a Nikolay clavado en el medio de la sala con la mirada nublada, y el corazón latiendo violentamente
         –Estoy de acuerdo con usted doctor –contesto el general
         –y yo
         –Y yo –agregaban todos los hombres, sonriendo encandilados por las damas presentes.
         El único que permanecía impasible, tratando de no perder el control era el coronel Volkov.
         – ¿Doctor y como está todo por allá cuéntenos? –le incito el general
         –Usted mejor que yo sabe que el desenlace es inminente, ahora nos han dicho que  están esperando a que en fines de noviembre o principios de diciembre el rio se hiele por completo, así podrán cruzar las tropas–y el medico suspiro con pesar–  Luego de varios intentos fallidos de hacerlo en las barcazas, y que la artillería enemiga se hiciera grandes festines. Luego con respecto a lo que a mí me llevo a Leningrado, debo decirle que lamentablemente ya no quedan muchos médicos en la ciudad... Y los bombardeos aéreos y de artillería continúan sin cesar señor, no sé hasta cuando resistirán señor.
         –Entiendo doctor, lo que los nazis han hecho con esa ciudad, la que lleva el nombre de Lenin, la ex capital de Rusia, la segunda ciudad más importante de nuestro país,  no tiene palabras–y mirando a todos los que estaban reunidos les manifestó– ¿ahora entienden a lo que me refería hace un momento? Debemos detener al enemigo a cualquier precio.
         –Si me disculpan un momento. –interrumpió Nikolay con voz fría  y  sin dar ningún tipo explicaciones se retiró del lugar.
         Caminó rápidamente hacia el primer excusado que encontró, y sin poder controlarse vomito en el fregadero. No podía dominar  la furia, el enojo, el miedo, el pánico que le producía el hecho de imaginar a Tasha en medio de aquel apocalíptico lugar.



         No había transcurrido ni una hora,  no había tenido  tiempo de calmarse un poco, ni siquiera de amainar su rabia, antes de ir al  destacamento hospitalario en busca del médico.
         –Coronel me dijeron que me buscaba
         –Si doctor Ledev, ¿disculpe cuál es su nombre?  La verdad es que tanta formalidad me parece de más, calculo que debe tener prácticamente mi edad.
         –Aleksi, es mi nombre y si, seguro tendremos la misma edad, pero imaginará que yo no podré llamarle por su nombre de pila, usted es un coronel del ejército rojo– le  manifestó el medico mientras le sonreía con ironía
         –Nikolay es mi nombre, yo te lo permito y eso es lo que  cuenta, además tu estas exento de las reglas militares, no eres un soldado ruso, eres un civil, y un médico amigo.
         – gracias por lo de “amigo” –y mirándolo seriamente le dijo– sé a qué has venido
         – ¿ella estaba bien?
         –Sí, estaba bien.
         – ¿estaba… sola?
         –No, estaba con Julya, su hermana mayor,… su otra hermana... había fallecido de distrofia de tercer grado.
         Nikolay asintió con pesar, se lamentó por Tasha, sabia cuanto quería a sus hermanas.
         –Entiendo…–y con temor en el alma pregunto–  ¿Y…la niña? ¿La niña… está bien?
         –la hijita de Tasha  está en Moscú con una tía, me ha pedido que cuando regrese le lleve noticias de ella
         Nikolay hubiese querido  agradecer a Dios por esa noticia, pero no era lo que correspondía en ese momento, luego lo haría en privado.
         –Debo ir a verlas… y ver que estén bien, que no necesiten nada...–seguía hablando Aleksi
         – ¿y porque diablos no regresa ella misma?
         El médico lo miró con desconfianza
         –Perdón por mi exabrupto, es que…me resulta inconcebible que Natasha esté en Leningrado.
         –Lo entiendo coronel, a mí me paso lo mismo….Bueno lo de su regreso a Moscú… se complicó.
         – ¿Cómo que se complicó?
         –Un día antes de que yo partiera de Leningrado ella fue desesperada a buscarme porque le habían robado en el apartamento donde vivían  y le habían llevado su documentación y los salvoconductos que ella tenía para regresar a Moscú. Yo le prometí tramitarle otros apenas regrese a la capital, aun me falta este destino y uno más, vengo atrasado con las capacitaciones debido a que no dispongo cuando deseo de los aviones para que me trasladen ¿me entiendes? Hace tres días que tendría que haber arribado aquí, pero no me buscaban del cuartel del vigésimo cuarto de infantería. Hare todo lo posible por volver a Moscú y partir hacia Kobona con los salvoconductos, cuando llegue ahí buscare quien cruce a buscarlas, te lo prometo. Mientras tanto Natasha está trabajando como enfermera en el ex hotel Astoria que ahora funciona el hospital militar, o sea que está protegida por el ejército y comida tendrá asegurada…quédate tranquilo Nikolay.

         –Aleksi, te lo agradezco, te agradezco todas tus buenas intenciones, y todo lo que has hecho por Tasha…
         –Es lo que corresponde –le interrumpió...
         –Te reitero, te lo agradezco,… Pero de ahora en más... seré yo quien me encargue de ella
         –pero...
         –No hay tiempo que perder, hasta que tú regreses a Moscú, y vuelvas a Kobona, y luego consigas que alguien cruce a buscarlas puede pasar prácticamente mes y medio dos, y no podemos estar seguro de que para esa época no estalle la batalla final, no,  no hay tiempo Aleksi.
         –Tienes razón… bien, entonces, hazlo tú, pero por favor, cuídala.
         Nikolay lo miro fijamente. ¿Acaso? ¿Qué mierda…?
         –Si, por supuesto–murmuro
         –Nikolay puedo preguntarte algo...
         -¡Claro! ..pregunta lo que quieras.

          Pero Aleksy pareció dudarlo...

         En tanto,  él rumiaba raudamente,  mientras esperaba que el médico se atreviera a hablar, “¡Claro, que puedes  pregúntame! y ¡Claro que  quiero contestártela, maldito!”
         – ¿tú eres…?
         Nikolay  sonrió para sus adentros, y pensó:  “ahora al fin aclararemos esto”
         – ¿Tú eres… amigo – el médico titubeó– del soldado… -nuevamente vaciló...-  ...del padre de la niña?  ¿del soldado que Tasha me ha dicho que está desaparecido en el frente desde el inicio de la guerra? al final le largo la pregunta por las claras
           Aleksi sonrió para sus adentros, y pensó : “te mereces esto, por quitármela” "nunca te permitiré levantar el trofeo en mis narices"
         – ¿Qué… está…? –A Nikolay se le endurecieron los músculos faciales–  No, no lo soy, no soy amigo… de ningún soldado,… solo de ella.
         –Ah… entiendo.
         –Bueno Aleksi, debo marcharme, tengo que preparar mi partida cuanto antes.
         –Muy bien Nikolay nos veremos en Moscú.
         Se estrecharon la mano y se despidieron. Nikolay camino a paso firme hacia la puerta cuando la voz de Aleksi lo alcanzo –dales mis cariños y dile que la estaré esperando en Moscú, y que iré a ver a la pequeña Anya... Apropósito,  ¿Tú quieres que le lleve algún mensaje a tu esposa, a la señora Volkova?
         Nikolay agacho la cabeza, exhalo aire ruidosamente, y sin contestar ni mirar al médico se alejó de aquel lugar.

********************


         Hay que cruzar el Neva en barcazas, Hitler no es tonto no esperara a que el hielo se forme –hizo una pausa para poder controlar sus nervios– Quiero ir al frente, estoy hastiado de esperar. Déjame ir a Leningrado
         –Te necesito aquí en el sur Nikolay, deja que en el norte se la arreglen los demás generales
         –No me necesitas aquí Hans, cualquiera de mis hombres de confianza puedes llevar estas tropas que están altamente capacitadas, pero allá necesitan urgentemente ayuda, tú has escuchado al médico ¿Cuántos comandantes han destituidos últimamente en Leningrado?.. Déjame cubrir una de esas vacantes
         –pero quieres ir arriesgar tu vida, eres mi familia caramba.
         –Dijiste hace un momento, que había que detener el enemigo a cualquier precio.
         –pero no quiero hacer viuda a mi hija
         –Joder Hans, yo se cuidarme, no necesito que nadie este protegiendo mis espaladas–y alzando la voz dijo– eres mi suegro, pero antes que eso eres mi general.
         –Si tuviéramos más hombres como tú, hijo, esta guerra se hubiera terminado, hace rato, ve…ve a Leningrado y combate a esos malditos nazi. Hay un coronel para reemplazar en Vóljov, a 122 km de Leningrado, ese será el lugar estratégico en los próximos meses, intentará  combatir a los alemanes  en la  operación de contraataque que se está organizando, denominada  Operación Iskra, chispa, que implicará ataques coordinados desde los frentes de Vóljov y Leningrado.

         Nikolay asintió, sabía que se condenaba con ese traslado, pero no podría quedarse un solo día más en aquel lugar sabiendo que ella estaba abandonada a su suerte en medio del asedio Nazi, debía ir por Natasha y  llevarla lo más lejos posible de Leningrado.
               -Bien, no hay tiempo que perder, comenzare con los preparativos, debo dejar todo en orden en el cuartel antes de partir, tu encargate de anunciar en el alto mando mi traslado y que me esperen en Vóljov en unos días..
        
        

          

                 
       
Capítulo 8


         Leningrado siempre se caracterizó por veranos húmedos y cortos, y largos y fríos inviernos... El río Neva en los límites de la ciudad normalmente se congela en noviembre y diciembre y el deshielo se produce en abril. Desde diciembre a marzo  todos los días están cubiertos por nieve... Pero desde hacía dos años  era en Octubre cuando el frio Ártico  silenciosamente llegaba a la ciudad cual inesperada visita…
         –Lo que para ustedes fue un beneficio, para nosotros fue un martirio.–le dijo Julya mientras caminaban tomadas del brazo esa mañana fría de fines de Octubre– Además del hambre, la falta de combustible coincidió con uno de los peores inviernos que ha vivido la ciudad, cuarenta grados bajo cero.
         –En Moscú, eso nos ayudó a combatir a los alemanes que se congelaban bajo la nieve –le respondió Natasha que estaba envuelta en un largo abrigo y llevaba una gorra de piel con orejeras.
         –Por eso te digo…a ustedes los ayudo, a nosotros no.
         – ¿Tú crees que es buena idea ir a buscar a Sergey?
         –No perderemos nada.
         –Y que haremos nos presentamos en el centro de operaciones del partido comunista y preguntamos “hey ¿esta Sergey Luzhin?”… Recuerda que es un agente de  la NKVD.
         –Bueno, ya veremos. ¿Ahora, Sergey, no se da cuenta que algo sucede, que tu no regresas?
         – ¿y qué puede hacer? Él está en Moscú, o lo mandan de un lado a otro. Yo tenía que llegar a Kobona y buscar a una amiga de Sergey, ella me llevaría hasta la estación de trenes para que  regresáramos a Moscú, o nos enviarían  en un camión de la cruz roja.
         – ¿qué amiga?
         –Una amiga de nuestro primo, no recuerdo el nombre, todo estaba anotado en mis papeles…Oh, qué mala suerte he tenido, que mala suerte.
         –No quiero ni pensar cómo debe estar nuestra tía, pensando que a ti te ha pasado algo y ella con esa niña a carga.
         –Pobrecita mi niña, pero no creo que a nuestra tía le pese, adora a Anya, cualquiera que este con ella cinco minutos la termina  adorándola te lo aseguro…
         –Espero, sino te la llevara a un orfanato
         – ¡Por Dios! Cállate… ¿por qué me dices esas cosas?– Y Tasha se detuvo mirando a la hermana con enojo, estaba sin dormir, irritada, fatigada, había tenido una larga noche y encima debía soportar las mordacidades de su hermana.
          Julya había pasado a buscarla por el hospital justo cuando finalizó su turno, con la intención de ir a buscar a su primo para que le gestionara nuevos salvoconductos, por si el medico se demoraba.
         – ¿Dime por qué me dices estas cosas? ¿Sabes que yo he dejado a mi hija por venir a buscarte a ti y a… y a Nina? ¿Lo sabes verdad? ¿Entonces no crees que merezco un poco de tu consideración?
         –Yo no te pedí que lo hicieras, y desde un primer momento te dije que fue una locura. ¿Sabes que me he enterado?... que Hitler a decido borrar de la faz de la tierra  Leningrado… ¡demos marcharnos de aquí!
         – ¡Oh Dios!
         –Perdóname por lo que te he dicho, pero me enojo contigo cada cinco minutos, porque ahora estoy desesperada por irme, algo que antes nunca se me hubiese ocurrido. Quiero conocer a esa mocosa… Y ya sé que la tía Alina nunca haría eso, si era más buena que mamá. Venga Natasha… perdóname. Venga Natasha… perdóname.  Le extendió los brazos. Ambas se fundieron en un fuerte abrazo.

         –Vamos, vamos… a ver si tenemos suerte hermanita.
         –Bien, vamos…. Y ya verás… July, la adoraras, apenas la veas… caerás rendida ante tu sobrina.
         –Lo sé.
         Pasaron frente al teatro donde funcionaba el recinto de la Orquesta Filarmónica.
         – ¿Natasha sabes lo que sucedió aquí en  agosto?
         –Sonia y Leyna me contaron sobre la séptima sinfonía.
         – Jamás voy a olvidar este  9 de agosto  de este infernal verano,  cuando innumerables altavoces hicieron que la música de Shostakovich recorriese prácticamente todos los  desolados rincones de mi amada ciudad, de mi Leningrado, de mi tierra arrasada por la guerra, el hambre, la desdicha y la violencia…. No creo que en la historia de la humanidad…la música de una sinfonía  pueda haber sido  escuchada por miles de personas en medio de un fragor demencial como ocurrio ese dia
         –Dios Jul, se me eriza la piel al imaginármelo,
         – La partitura  había llegado a la ciudad por transporte militar aéreo en junio y comenzó a ser ensayada por la Orquesta de la Radio de la ciudad, imagínate que en ese entonces la  orquesta estaba completamente diezmada a consecuencia de la guerra.  Si tan solo para al primer ensayo apenas acudieron quince músicos, después de eso el  general al mando de las tropas soviéticas ordenó que todos los músicos competentes dejasen el frente para incorporarse a los ensayos, teniendo que interrumpirse frecuentemente para que los músicos acudieran a sus obligaciones militares, entre ellas– y la voz de julia flaqueo– …por ejemplo, abrir fosas comunes para enterrar en ellas a los cientos y cientos de víctimas diarias del asedio… lo más penoso fue que al menos tres músicos de aquella orquesta que ensayaba para el estreno, murieron de hambre antes de que pudieran hacer sonar sus instrumentos en el día programado…
         –Oh, qué triste…
         –Los alemanes, como siempre,  se enteraron  e intentaron detener la interpretación cañoneando el teatro, sin lograrlo debido a una meticulosa y anticipada contra preparación de artillería rusa que evito un ataque directo al teatro, donde se encontraba presente la plana mayor del Ejército Rojo, el Partido Comunista y el Gobierno Soviético de la ciudad…La música de Shostakovich, fue una batalla espiritual que le ganamos al enemigo… le herimos su orgullo.
         –Esas heridas son las que más duelen.


         Al llegar frente al  predio donde funcionaba el Smolny, el centro de operaciones comunistas de Stalin. Miraron hacia el portón de altas rejas que estaba flanqueado por dos solados con fusiles en manos. Las dos se miraron con dudas.
         – ¿Y ahora?–Pregunto en susurro Tasha
         –Yo te esperare aquí, cruza tú –al ver que su hermana abría muy grande los ojos Julya explico–mírame Tashi, vestida con ropa masculina, puro hueso, y con el cabello más corto que el de ellos… mírate tu tan…encantadora e irresistible.
         –pero…
         –Solo debes pedirle información.
         –Te dije que era una mala idea, que era un absurdo.
         –Nada se pierde por intentarlo.
         –Claro… Total si esos dos, quieren propasarse conmigo, soy yo la que deberé padecerlo.
         –Solo sácales información sobre Sergey, o cuando llegan los de la NKVD…Yo estoy aquí, a unos metros con un fusil en mis manos, ve tranquila.
         –si… si... –dijo Tasha…protestando mientras se dirigía hacia ellos
         –Tashi, Tashi… –musito al alejarse su hermana menor. Cuando Tasha se dio vuelta para mirarla Julia le hizo seña que se quitara la su gorra, Tashi negó con la cabeza sin dar crédito a ese pedido, pero obedeció se lo quito y toda su cabellera se desparramo por la espalda.
         Los centinelas que custodiaban el portón de hierro, dos soldados soviéticos con caras de pocos amigos la miraron ensimismados al mismo tiempo… y lentamente dejaron sus puestos  de vigilancia acercándose a ella que ya había llegado al lado de la inmensa puerta de entrada.

         –Busco a Sergey Luzhin –dijo ella rápidamente, sin darle tiempo a que ellos comiencen con sus interrogaciones –pertenece a La NKVD
         – ¿Luzhin?
         – ¿Esta aquí? ¿Lo conocen? –pregunto ella con ansiedad
         – ¿Y tú quién eres?
         –Su prima
         – ¿Tú eres la prima… de Luzhin?
         – ¿Esta aquí?
         –De acuerdo prima, nosotros te llevaremos con… él, más tarde.
         – ¿No pueden llamarlo? Necesito hablar con él.
          Ambos se miraron con argucia.
         –Si podríamos llamarlo, pero primero… deberemos cachearte… para ver sino traes armas –y señalo una casilla pequeña en un costado de la verja– ven acompañarnos dijo uno de ellos.
         Y ambos soldados se cruzaron el fusil en la espalda de inmediato y le señalaban insistentemente la dirección de la garita de chapa.
         Natasha los miro y una inquietud la recorrió de la cabeza a los pies, sabía que era una vil trampa, lo supo desde que vio esas espantosas sonrisas en la cara de esos dos. Pero lo que ahora temía era la reacción de aquellos hombres que la doblegaban en altura y peso… recordó las palabras de Nikolay cuando le dijo que los soldados se habían convertido por aquellos días en hombres sin almas.
         Cuando ya tenía decidido huir, uno de ellos la había tomado del brazo. Y con la otra mano le abrió el abrigo
         –Madre santa. –Exclamo al mirar su cuerpo apenas cubierto por su fino uniforme de enfermera  Y sin dudarlo, el hombre  apoyo groseramente una mano en uno de sus pechos– juro por lo que más quiera– que seré el mejor primo que hayas tenido preciosa
         –Quítale tus asquerosas manos de encimas o te prometo que tus rancios sesos quedaran estampados en la estúpida cara de tu patético compañero–  le espeto Julia apoyándole el fusil en la cabeza del gorila soviético, con simulada voz varonil.
         –Tranquilo amigo, tranquilo… solo estábamos jugando con la enfermera.
         – ¿jugando? Pedazo de mal nacido, dispárele soldado, dispárele a este pedazo de excremento humano, faltarle el respeto  así a una  persona que seguramente en un futuro le salvaría la vida– dijo Tasha encolerizada y lo abofeteo con fuerza.
         –Cuando vea a mi primo le diré que le corte eso que lleva entre sus piernas, para que nunca más vuelva a amenazar a una camarada… pedazo de nazi malnacido –le grito fuera de sí, dándole un fuerte puntapié en las pantorrillas.
         Julya la tomo del brazo y salieron corriendo dejando a los dos soldados con la boca abierta…
         Corrieron sin parar por tres, cuatro o tal vez veinte cuadras….





         –Dios, Dios, Dios…que demonios ha sido eso…–decía Julya –entre jadeos
         – ¿me lo preguntas a mí?  Esa fue  tu brillante idea. Nunca más vuelvas a ofrecerme en bandeja de plata.
         –Yo no te ofrecí, solo quería que les sacaras información…
         –Información un carajo… te dije que era un absurdo.
         –Está bien, perdóname…tenías razón. Deberemos esperar a tu doctorcito.
         – ¡ya te dije que no es nada mío!
         –Disculpa,… déjalo ya Tashi, no dejes que esos dos idiotas te amarguen todavía más la existencia.

         –Claro, total a ti... ¡No te han toqueteado! ...Le diré a Sergey que los mate.

         Permanecieron sentadas en la acera del pavimento un largo rato, hasta que su respiración se normalizo.
         –Dile a Sergey que le corte lo que llevan entre sus piernas como prometiste – dijo Julia  al rato, para romper el silencio. Y se largó a reír hasta que le salieron lágrimas.
         –Que tonta que eres. Y claro que se lo diré. Nuestro primo los comerá vivo.
         Sergey Luzhin, era tan alto como Kolia pero dos veces más corpulento. Era un oso polar ruso, como le decían ellas cuando eran pequeñas.
         –Y sobre todo cuando se enteren que alguien ha querido tocar a su pequeña Tashi–acotó July– Oye apropósito, ¿cómo es que no ha querido matar al tal Nikolay ese cuando se ha enterado que te ha embarazado siendo casado?
         –Al principio dijo que lo haría–sonrió Tashi, cuando la tía le contó– pero luego desistió cuando además se enteró que no era cualquier soldado
         -¿cómo que no era cualquier soldado?
         –Claro debería matar a un coronel del ejército rojo
         – ¡¿un coronel?! ¿Pero acaso te has enamorado de un viejo?
         Y ahora fue Natasha la que rio con ganas.
         –Pues no, claro que no, es un coronel joven, tal vez es el coronel más joven de toda la unión soviética con tan solo tiene veintinueve años…
         –Ufaaa, realmente…quiero conocerlo, quiero conocer a ese joven coronel de ojos azules y rasgos eslavos que le ha robado el corazón a mi hermana… que me ha dado una sobrina y que me está matando de intriga
         –Sé que lo conocerás, algún día lo conocerás. Regresemos a casa, antes que comiencen los bombardeos ¿tú no vas a la fábrica hoy?
         –No, ya no tenemos más carcazas de minas  para construir… por unos días, así nos han dicho. Tal vez las fabriquen en otros lugares, Leningrado ya no es seguro, para ninguna fábrica...
         –Podrías darnos una mano en el hospital
         –No, no gracias… déjame en lo mío. Ayudare a cavar trincheras.
         –pero Julya… eso no es tarea… para una mujer
         –alguien debe hacerlo Tashi.
         Y emprendieron la marcha en silencio.
         –Si mamá te viera con el cabello corto seguro le agradaría, serias el varoncito que nunca tuvo
         Y ambas rieron.
         –Jul
         –Dime Tashi
         – ¿quieres hablar…de lo que le sucedió a mamá?
         July se detuvo, la miro y le pregunto – ¿quieres saberlo?
         –Sí, quiero saberlo.
         Julya asintió, la tomo del brazo y la llevo caminando a un ritmo lento, sereno y pesaroso,  al compás de  los recuerdos…


         – Cuando comenzaron los bombardeos el año pasado,...al principio tuvimos alarmas cada quince o veinte minutos, y era muy duro para mamá ir a los refugios porque sus piernas con varices no la dejaban correr. Pensábamos que los ataques iban a terminar pronto porque los periódicos decían que terminaríamos con Hitler en dos meses. Pero pronto oímos en la radio que los alemanes se acercaban a Leningrado por todas partes. La gente que huía desde los poblados próximos venían hacia aquí  y Leningrado terminó siendo una ciudad con demasiadas bocas que alimentar, una gran cantidad de personas fueron evacuadas hacía Siberia y otros lugares, pero rápidamente los alemanes rodearon la ciudad y ya no hubo caminos de salida en ninguna dirección. Al comenzar el mes de septiembre Leningrado era constantemente bombardeado. Entonces vivíamos en un sótano con otras noventa personas. Teníamos mucho, mucho frío, sin luz ni agua ni calefacción. El frío era tan duro que no puedes imaginártelo. Mamá no aguanto más, y decidió que subamos a nuestro apartamento.  La fuerza aérea germana bramaba sobre Leningrado, lanzando miles de bombas y convirtiéndola en un brutal infierno ardiente, incendiaron sectores enteros de la ciudad y arrasaron con los almacenes Badayev, acabando con toneladas de harina, grasas y con los cuatro acres de los depósitos de alimentos de la ciudad…Desde casa, veíamos las grandes llamaradas que cubrían  y teñían todo el cielo  de la ciudad, podíamos y percibir   el aroma dulzón proveniente de la combustión  de las reservas de azúcar,  que además se mezclaba con el ruido de las explosiones, los gritos aterrorizados, el penetrante aullido de las sirenas de alarma y también, por supuesto, la furiosa respuesta de la artillería antiaérea soviética … Y en medio de ese caos a  mamá  se le ocurrió ir a  entregar unas prendas que le había confeccionado a la señora Kéldysh, al otro lado de la ciudad, le pedimos que no saliera, que no fuera, se lo suplicamos, le imploramos,  Nina se interpuso en su camino y mamá la abofeteo… ella había perdido la razón Tashi,  no pudimos hacer nada, mascaba odio, se negaba aceptar lo que sucedía… Se marchó, sin oír razón, y  nunca regreso, a la semana  solo nos trajeron su bolso con sus pertenencias y la ropa que llevaba para entregar el día que desapareció.
         Las dos continuaron caminando en absoluto silencio, …un silencio que reflejaba la más pura expresión de luto y condolencia que se le puede hacer a un ser  amado que ha fallecido trágicamente. 



Capítulo 9

         Natasha estaba infiltrando el suero del  último paciente antes de terminar su turno, cuando María, la jefa de enfermera la llamó. Ella suspiro al escuchar su nombre, seguramente la llamaba para darle otro sermón, era lo único que había hecho desde que  trabajaba en el hospital, durante cada día del mes que ella llevaba en ese lugar, la mujer la reprendía  por todo, que si hablaba demasiado con los pacientes, que si perdía tiempo con los moribundos, que si les daba de comer en vez de cambiar vendas,  que si se dedicaba a  platicas chistosas, que si  perdía tiempo escuchando quejas,… que Tasha era en definitiva puro palabrerío. A pesar de las llamadas de atención, ella continuaba creyendo que todo ser humano se merecía una muerte digna, y más si han dado la vida por su patria.
         –Enseguida voy enfermera en jefe –respondió Natasha con voz firme e indiferente.
         Al cabo de media hora con los pies cansados y prácticamente arrastrándolos, se presentó ante el escritorio de la jefa de enfermera.
         –Ah, hasta que se le ocurrió aparecer.
         –lo siento enfermera en jefe se me complico una infiltración.
         –Buen ya, qué caso tiene… –aquí estoy viendo­– y busco unas planillas entre sus papeles que ha derivado en las últimas dos semanas veintidós pacientes de terminales a intensivos ¿es así?

         –Sí, señora… esos veintidós soldados no estaban recibiendo penicilina porque su fiebre era demasiado alta, luego de estabilizarla, le hemos administrado antibióticos, y se han recuperado.
         –Todos ellos, con miembros… amputados, dos de ellos, con sus cuatro miembros amputados…–y apoyando lentamente las planillas sobre la mesa, miro a los ojos a Natasha– ¿tu quién te crees para mandar a esos hombres nuevamente a la vida muchacha? ¿Qué crees que les espera ahí afuera? ¿Qué piensas que será de ellos…? ¿Te has puesto a pensar tan solo un momento… que será de esos seres humanos, que no pueden valerse por sí mismo para nada, pero absolutamente para nada…?
         –Ellos solo suplicaban vivir.
         –Niña, eso no es vida… eso no es lo que ellos quieren. De aquí a unos meses solo querrán estar muertos, y te odiaran a ti por haberlos condenados a ese infierno. Solo querrán pegarse un tiro en la cabeza, con brazos y manos que no poseen. O  ir a tirarse bajo un tren, con piernas que no poseen… imagínate a ti misma sin tus cuatro miembros, esperando por horas y horas  a que alguien se digne a darte un plato de comida, un vaso de agua, que te higienice cuando tengas tus necesidades…¿es inimaginable , ¿verdad? ¿Eso es vida? ¿Eso es lo que un ser humano desea?... No, claro que no.
         Natasha no respondió.
         –No dudo de tu capacidad, has hecho un gran trabajo en ese sector, muchos soldados han partido… no te digo felices, pero si con una linda imagen, la de una enfermera más bonita aún que los ángeles que encontraran arriba –le hablo la dura enfermera en jefe dulcificando la voz por primera vez desde que la conocía.
         Natasha no podía responder, porque lloraría, siempre estaba sensible a esa hora de la mañana.
         –Como le decía,… no dudo de su capacidad, pero creo que ha perdido la objetividad enfermera, por lo tanto he decido transferirla a intensivos..
         –pero señora...
         –necesitamos  urgentemente personal en esa área, hay soldados que necesitan suturas, que le cambien los vendajes, que curen sus heridas para que no se les infecten, que se recuperen pronto para volver al frente, la guerra no ha terminado. A los que están convalecientes, los que van a morir de todas maneras, hay que dejarlos tranquilos, que sus asuntos los arreglen en este momento con Dios, nosotros no tenemos tiempo para ellos, Y si alguno sobrevive que también sea Dios quien lo decida… no ninguna de nosotras.
         –Usted es quien manda, enfermera en jefe. –respondió Natasha en voz baja.
         –Así es muchacha, y necesitamos que nos eche una mano en intensivos. En el turno de la mañana.  Comienza mañana, hoy descanse,  aliméntese, que noto que ha perdido peso últimamente.
         –Sí, señora, lo haré. Gracias. Si no me necesita para nada más ..
         –No por ahora no, puede retirarse.
          Cuando Natasha giro para irse, la otra mujer le dijo.
         –Ah, me olvidaba. La vinieron a buscar.
         Natasha la miro expectante.
         –Un soldado.
         – ¿un soldado?
         –Sí, pregunto por usted... Y le dije que estaba ocupada, que podía esperarla porque su turno ya finalizaba,  espero largo rato, tanto o más que yo, pero después dijo que debía irse, porque un camión con sus compañeros lo esperaba afuera.
         –Le dijo su nombre.
         –No, no me lo dio…Solo me pidió la dirección de su casa.
         – ¿Y usted se la dió?
         –Sí, le dije que creía que vivía en el edificio de los soviéticos, por aquí cerca… ¡oh!… ¿no me digas que hice mal?
         – ¿Y usted que cree?– Natasha a los únicos soldados que conocía en esa ciudad eran a sus pacientes y a  los malnacidos que quisieron propasarse con ellas días atrás en las puertas del SMOLNY.
         – ¿llevaba alguna insignia, algún cargo…?
         –No, era un soldado raso.
        
         “Oh Dios, si, son ellos, malditos sean, me encontraron”
         –Natasha,  disculpe por mi torpeza, no volverá a ocurrir.
         –Está bien no se haga problema, no tiene por qué preocuparse. –respondió Tasha y se marchó  atormentada por el miedo.


*******************
        
         Dos horas más tarde entró en su  apartamento del tercer piso del edificio de los soviéticos, antes había pasado a recoger su ración diaria, aunque no tenía ganas de cocinarse, debía alimentarse, tenía razón la enfermera en jefe había perdido peso últimamente, ella lo notaba en sus prendas que le quedaba cada vez más holgadas.
         –Hola, buen día –saludo al entrar.
         Sonia Smimova, y Leyna estaban alrededor de la mesa tomando té, y tejiendo.
         –Hola querida–le dijo Smimova sin quitar la vista de su tejido
         –Hola Tashi– la saludo la pianista con timidez, un rasgo que la caracterizaba, pero ella era así al principio al rato entraba en total confianza.
         –¿qué hacen?
         –medias, se aproxima el invierno, y se teme que será tan duro como el anterior.
         –Yo estoy tejiendo para ti –le dijo Leyna
         Natasha hubiese querido aclararles, que ella no pensaba estar ese invierno ahí, pero no quiso entristecerlas, y además en el fondo ya ni sabía si podría irse, ya había pasado un mes y no había vuelto a tener noticias del doctor Ledev.
        
         –Querida, ha venido alguien a verte –dijo Sonia con voz cansada,  y al fin levanto la vista.
         A Natasha un escalofrió le recorrió el cuerpo.
         – ¿quién…? –susurro
         –Un soldado
          Sintió que se le aflojaron las piernas, “maldita enfermera en jefe”
         – ¿No lo habrán dejado entrar me imagino?
         –Tashi, pero si era un soldado. –intervino Leyva con vocecilla de niña
         – ¡¿y a quien carajo… le importa que sea un soldado?!
         Las dos mujeres quedaron boquiabierta ante semejante exabrupto de la dulce y  dócil Natasha.
         –Pero… pero –musitó Sonia.
         –pero nada, ustedes dos no tienen derecho a hacer pasar a ningún hombre aquí adentro, sea soldado, sea quien sea, menos sino lo conocen. –les espetó ofuscada Natasha
         –Tashita, déjanos explicarte
         –Leyna, no quiero oír sus explicaciones… simplemente no quiero oírlas.
         –Pero, querida… no era cualquier soldado –hablo Sonia, evidenciando confunsión en su rostro
         – ¿cómo es eso? ¿Acaso lo conocía?
         –No, claro que no… nosotras no, tú lo conoces…
         Natasha se tomó la cabeza, mataría a las dos ancianas, le habían abierto la puerta a uno de esos degenerados, seguramente al que la había tocado… o al otro, al que sea era lo mismo. Debería ir a buscar a Julya, que traiga su fusil .Deberían defenderse.

         –te lo dije Sonia…no teníamos que meternos.
         –Pero él dijo… eso es porque son puro secretos estas jóvenes de hoy…
         Natasha las escuchaba cuchichear
         – ¿Que están diciendo ustedes, ahora?–les increpo Natasha

         – ¡Es suficiente! –y Sonia se puso de pie
         Natasha la miro sorprendida, por el arranque de energía que tuvo la escuálida señora Smimova.
         –Querida mía,… ¿acaso crees que dejaríamos entrar a cualquier soldado que golpea nuestra puerta?... ¡ese soldado nos dijo que era el padre de tu hija! ¿Cómo pretendes  que no lo dejemos entrar? Si casi caemos de espalda, primero que no sabíamos que tenías una hija, y segundo que ese joven tan alto, tan imponente, que es un coronel del ejército rojo... lo que menos tiene es cara de embustero.

         ¿¿Nikolay en Leningrado?! ¡¿Nikolay había ido a buscarla  a su casa?!

         A Natasha se le aceleraron los latidos cardíacos.

         – ¡Kolia! – se llevó las manos al pecho, sentía que su corazón saltaría en cualquier momento
         –Ah… bueno, ahora … nos entendemos– manifestó Sonia con los brazos cruzados.
         Y Leyva aplaudía feliz.

         – ¿Qué ha dicho,…cuando regresará…?–pregunto Natasha emocionada.

         –No, ha dicho cuando regresará, porque te está esperando, está en tu dormitorio, yo le dije que te esperara aquí pero no ha querido…

         Natasha ya no la escucha, corrió hacia su dormitorio, abrió la puerta y se encontró cara a cara con el rostro de él…

         –Tasha
         – ¡Oh Dios mío!  –Lo abrazo  con fuerza y rompió en llanto.

         Nikolay la estrecho contra su cuerpo.







        


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